martes, 28 de febrero de 2012

MI TRISTEZA Y MI SOLEDAD




Una voz lejana transformó mis sueños en vida y me sentí tan extraño. Quise ser el mismo de siempre y no pude. Intenté llorar y no pude porque mi tristeza no estaba conmigo, en su lugar estaba algo extraño a mí, su nombre; felicidad. Busqué estar solo y no pude porque mi soledad se había ido, en su lugar un nuevo misterio llamado; compañía.
            No estaba tranquilo sin mi tristeza y sin mi soledad, así que salí a buscarlas con el firme propósito de obligarlas a regresar. Busqué en las montañas y en los bosques pero no estaban. Busqué en los desiertos y en los mares mas estaban vacíos. En todos lados busqué y me fue imposible encontrarlas. Mi felicidad y mi compañía trataron de consolarme, sin embargo, me era imposible vivir sin mi tristeza y sin mi soledad, tantos años habían estado junto a mí y ahora estaba en el abandono. El último intento por encontrar a mi tristeza y a mi soledad consistió en buscar en los corazones humanos y encontré mucha tristeza y mucha soledad pero no eran las mías. Me rendí, tal vez tendría que vivir con felicidad y compañía el resto de mi vida. ¿Será que pueda olvidar a mi tristeza y a mi soledad?
            Volví a casa feliz con mi felicidad y acompañado con mi compañía y descubrí a mi tristeza escondida detrás de mi sombra.
            -¿Por qué me abandonaste amada tristeza?
            -No llores sin mí, no te abandoné, sólo quería llorar por mi misma un momento. Pero ya estoy aquí junto a ti.
La tristeza volvió a mi vida y la felicidad se negó a partir, sólo se hacía  a un lado por momentos.
            Poco rato después  encontré a mi soledad en un rincón de mi oscuro corazón.
            -¿Por qué te has ido querida soledad?
            -No tengas miedo, no me voy, sólo quería estar sola un momento. Pero ya volví junto a ti.
            La soledad volvió a mi lado y mi compañía no quiso irse, únicamente se alejaba de mí por momentos.
            Desde ese día mi felicidad, mi compañía, mi tristeza y mi soledad, viven conmigo y de vez en cuando se alejan de mí. Mi felicidad se aleja para reír, mi compañía para acompañar, mi tristeza para llorar y mi soledad para estar sola.

¿QUÉ ES UN NIÑO?


(De Raúl Vázquez Medrano)


-¿Qué es?
-¡Un niño!
-¿Un niño? ¿Y qué es un niño?
-No. No es qué, sino quién.
Un niño es:
Una sonrisa, inmensa alegría, manitas inquietas, juguetonas, ojitos llorosos, ojitos contentos, piecitos pequeños, correlones y saltarines.
Un niño es:
Viveza, imaginación, felices días, a veces tristeza, a veces desvelo, preocupación, travesura sin maldad, una pequeña gran montaña de ternura e inocencia.
Un niño es… alguien en serio; ¡Enorme razón humana! Un niño eres tú, ¡Grande!... pero en pequeño.

LA ESPINA



Té vi en un camino de espinas envuelta entre pétalos de estrellas y lunas, dabas grandes pasos de flor en flor sin que las espinas rasgaran un milímetro de tu piel de seda. Tus ojos brillaban como el lucero del amanecer, tan llenos de sueños, tan lindos como el cielo. Tu cabello rizado caía por tu rostro y por tus hombros y se enredaba con el aroma del viento. Como blancas carcajadas sonreían tus dientes y tus labios rosas incitaban a morderlos como a una manzana. Tu cintura delicada era ceñida por un cinturón de fuego y tus piernas estremecían cada hoja y cada flor. Tu rostro de hermosura ancestral irradiaba felicidad y tu piel morena desorbitaba a los planetas. Tus pechos como hermosos símbolos de la vida exaltaban la belleza de la mujer. Tus manos exquisitas, tus brazos excelsos, tus pies de miel, tus caderas bellas. Todo en ti era hermoso.
            Te vi en un camino de espinas, hermosa como tu vestido de estrellas y lunas. Me pareciste perfecta. Extasiado te observaba como saltabas de flor en flor mientras las espinas té hacían reverencia. Sin embargo, la perfección se rompió cuando miré un hálito de dolor en la profundidad de tus ojos.
            Yo caminaba por el mismo camino de espinas que tú, pero a mí las espinas me habían rasgado toda la piel. Al mirarte dejé de sangrar y olvidé el dolor de mis heridas. A pesar de la tristeza en la profundidad de tus ojos, me encantaste inmensamente.
            En un éxtasis visual te miraba saltando de flor en flor cuando de pronto una de las flores rompió su tallo haciéndote caer sobre una espina que se clavó cerca de tu corazón. Corrí presuroso a tu lado y limpié con mis manos tu tibio llanto.
            -Me duele el corazón, -dijiste-. Pero, ¿qué es este dolor de una espina comparado con tus mil heridas?
            -Mis heridas no importan, la tuya es en el corazón.
            -Pero no mata, sólo duele un poco.
            Tu voz fue un canto de mil ángeles al contacto de mi oído y tu sangre un elixir a mi vida. Traté de curar tu herida con mis labios, mas la espina se había clavado hasta el centro de tu corazón, la herida sería eterna.
            -¿Cómo puedo pagarte tu bondad? –Preguntaste con ojos de ilusión-.
            -Permíteme tomar una pequeña parte de tu vida y de tu corazón. Con eso me daré por bien pagado.
            -Tómala toda.
            Miré tu hermosura de cerca y me pareciste aún más hermosa. Tus palabras se clavaron en mi mente y en mi alma como la espina en tu corazón y me hicieron sangrar de alegría.
            Con voz de canto y trompeta te dije:
            -Tú me ofreces tu vida, yo te ofrezco mi todo. Te ofrezco la luz de mis ojos y la sangre de mis heridas. Mis días y noches son tuyos. Cada centímetro que ocupe mi cuerpo en el universo es para ti. Mis dolores y alegrías. Todo te lo doy. Mis ojos cansados y mis manos ásperas. Mis pies. Mis labios llagados. Todo lo que tengo es tuyo.
            Nos tomamos de las manos y caminamos entre las espinas sin lastimarnos más, hasta que llegamos al final del camino. Más allá del camino de espinas estaba un valle fértil, repleto de frutos, agua, vida y flores sin espinas. Nosotros avanzamos hacia el valle envueltos en pétalos de estrellas y lunas y ahí permanecimos largo tiempo. Besamos nuestros labios y la piel. Acariciamos nuestros cuerpos. Éramos felices en el valle fértil.
            -Veamos que hay más allá, -dijiste un día-.
            -Veamos, -contesté con ironía-.
            Salimos del valle y más allá sólo había un desierto estéril, sólo sol, arena y ponzoña vivían en el desierto. Tus labios se secaron al igual que los míos. La piel agrietada exigía el agua sagrada de los manantiales y las montañas. El calor nos secó hasta los huesos.
            -Volveré al valle, -dijiste-. Tú busca la vida en otra parte.
            -¿Por qué en otra parte? Volvamos juntos a nuestro fértil valle.
            -Quiero ir sola, no quiero verte más.
            -¿Qué? Yo te ofrecí mi todo y tu me ofreciste tu vida.
            -No hay más que decir, volveré al valle sin ti. El veneno de la espina ha matado tu amor en mi corazón.
            Ella se fue al valle fértil con los ojos secos, yo me quedé en el desierto estéril con lluvia en los ojos.
            -Me iré de aquí, -pensé después-. Tal vez en otro valle encuentre a otra mujer que no tenga una espina en el corazón.
            Y me fui, pero nunca encontré a otra mujer que me supiera a miel ni envuelta en pétalos de estrellas y lunas. Mi vida fue amarga y solitaria. Pero un día, algún tiempo después, escuché la voz de mi amada que decía:
            -¡Albricias, albricias! La espina ha sido arrancada del corazón y te he buscado por el mundo para decirte que en mí no ha muerto tu amor y quiero volver al valle fértil contigo. Si me perdonas y regresas a mi lado, seremos felices por la eternidad.
            Por supuesto que te perdoné y volvimos juntos al valle fértil a vivir de nuestro amor.
            ¡Gracias al cielo por haber arrancado la espina de tu corazón!

SIN MASCARAS


 

Que sea como yo. –Gritaba el rey sol-.
Que sea como soy yo. –Gritaba la reina luna-.
Y los educandos, cultos sabios de las materias, y los guías del espíritu, los amigos, los que van delante y los que van atrás, los desconocidos a la distancia, todos y cada uno de ellos gritaban lo mismo: “Que sea como yo”.
Pero yo no quería ser como ninguno de ellos, yo quería ser como yo. Un ser único y original, no una copia mal hecha de otras copias. La presión fue grande en mi cerebro, el dolor mental y la fatiga espiritual me llevaban de la mano hacia un mundo perdido entre la oscuridad del escándalo.
Así, con toda esa presión en mi cabeza decidí escabullirme de mis espejos humanos y huir de ellos lo más lejos posible. En mi fuga miraba de vez en cuando hacia atrás y miraba que todos me seguían a la distancia y me gritaban que fuera como ellos. Cuando estuve suficientemente lejos de todos, me senté a descansar de la fuga en la banca metálica de una plaza. Allí, debajo de los árboles y de los cantos de las aves, me puse a meditar acerca de todo lo que había sido y de todo lo que había dejado de ser: cuando era niño, no sonreía, todos se preocupaban por esto y querían que sonriera, pero a mí no me gustaba sonreír y era feliz en mi mutismo. Pronto aprendería a sonreír, y también sería feliz en mi sonrisa; tampoco tenía amigos, yo era solitario y callado, mis padres pensaban que tenía algún tipo de problema en la cabeza, pero yo era feliz en mi silencio y en  mi soledad. Más tarde en la vida,  aprendería a tener amigos,  iguales a mí y sería feliz con ellos; cuando fui joven perdí el interés por la religión y la escuela, todos se preocuparon pensando que perdería mi alma y que mi vida sería un fracaso, pero yo conocía bien mi mente y mi corazón. Mi mente es capaz  de aprender casi  cualquier cosa sin  esforzarme  demasiado, eso me daba la oportunidad de no estudiar mucho y mi corazón lleno de Dios no necesitaba la religión creada por humanos pecadores como yo. Tiempo después aprendería a estudiar y amaría a Dios, y sería feliz siendo así.
Así fue mi vida, todos querían que fuera un reflejo de sus vidas, pero yo nunca les hice caso y fui quien soy. Sin espejos y sin mascaras.

DETRÁS DE LAS ESPINAS



La noche, serena y oscura nos escuchaba filosofar acerca del amor y el odio.    
-¿Cómo puede haber cabida para el amor en el corazón del odio?   –preguntaste-. 
Y después de pensar por un instante contesté:
-Eso es lo que te hace tan especial, ser amada por el odio.    
El silencio nos aprisionó, y la noche nos regaló un hermoso cuadro natural. Sentados bajo un árbol espinoso vimos, detrás de las espinas, una hermosa luna llena y un cielo estrellado. Entonces, juntos comprendimos porque el amor supera a los defectos, es porque hemos aprendido a ver la belleza detrás de las espinas y a ignorar el dolor que provocan.    
El resto del tiempo lo usamos para besos y caricias, el amor no tiene tiempo para filosofías y silencios.    
Quedamos envueltos de amor contemplando el regalo reflejado en los ojos enamorados, porque no sabemos cuantos siglos pasarán para que los ojos vuelvan a ver la belleza detrás de las espinas.

EN MEMORIA DEL AMOR



No tenemos opción, es dolor o dolor y dolor será…
            En memoria del amor que se me fue escribiré:
            El amor es una lágrima sin sabor; la renuncia de lo amado; formar una tormenta con una gota de agua y una avalancha con un copo de nieve; una traición al corazón; el adiós; el secar de una flor sin que nadie la haya olido ni visto su color; tristeza y frustración; dolor en el alma; historia olvidada; la muerte de los sueños; los recuerdos destrozados ante la vista de la ira; el amor es el amor, aunque se vaya y nunca vuelva a ser.
            En memoria del amor que me quedó escribiré:
            El amor es una sonrisa en el interior; un sueño secreto; pelear por lo amado; una lágrima envuelta en un grato sentimiento; un suspiro; leer una carta vieja y seguir creyendo sus palabras; vivir sin temor a morir; la bienvenida; el beso en la herida; correr tras el viento; abrazar la soledad y besarle los labios a un anhelo; la flor; una mirada de esperanza; la caricia de salvación; el amor es el amor, aunque a mitad del camino de un sí y un no.
            En memoria del amor que llegará escribiré:
            El amor es ver más allá de lo que hay; nunca dejar de soñar; un beso en el alma; una canción que haga llorar; mirarse siempre en el espejo de la felicidad; morir por lo amado; nunca dejar de luchar; el más grande motivo de vivir; la enseñanza de cómo crear; sufrir sin perder la sonrisa; perdonar y olvidar; la paz, la esperanza; unir las almas en un solo destino; el amor es el amor, aunque aún no haya llegado al corazón.
No teníamos opción, era dolor o dolor y dolor fue…

SABIO





Un sabio y su lacayo caminaban en una oscura noche por el bosque.
            -Que noche tan tenebrosa, no puedo ver más allá de mi conciencia, -dijo el lacayo-.
            El sabio, caminando lentamente ante la oscuridad y escuchando el sonido de sus pasos para no caer, dijo:
            -La noche es bella si aprendes a ver en ella y tras su velo se esconde la más maravillosa mañana.
            Siguieron caminando y de vez en cuando el sabio daba lecciones a su lacayo:
            -Las estrellas son las sonrisas que Dios puso en el cielo para salvar a los que viven en la oscuridad.
            Silencio.
            -Las sombras de la noche son guías que nos llevan al silencio de los sueños y al descanso del cansancio.
            Más silencio.
            -La luna es el vigía que la Madre naturaleza brindó a los extranjeros del día.
            Un último silencio hasta que la mañana llegó.
            -Que día tan caluroso, me derrito ante los poderosos rayos del sol, -dijo el lacayo-.
            El sabio, disfrutando cada gota de sudor y viendo siempre al frente del camino, dijo:
            -El día es hermoso si aprendes a ver en él y tras su fuego se esconde la más bella noche.
Continuaron caminando en silencio hasta que el sabio preguntó:
            -Lacayo, ¿qué quieres ser en la vida?
            -Quiero ser grande, -respondió sin duda-. Quiero ser el más grande de todos los hombres.
            El sabio, con toda la sabiduría que el tiempo le había brindado, dijo:
            -Para ser grande debes primero ser pequeño. Mira esa pequeña planta, algún día, con mucho esfuerzo y sorteando peligros, llegará a ser el árbol más majestuoso del bosque. Mira esa piedra, es insignificante y muerta, pero en el futuro, con el esfuerzo, sudor y la sangre de mil hombres llegará a ser un templo. Mira a los hombres, pequeños, insignificantes a la inmensidad del universo, pero algún día será el tesoro del cielo y del paraíso. Debes ser pequeño lacayo, muy pequeño y esforzarte grandemente para llegar a ser grande.
            El sabio y el lacayo continuaron su camino en silencio como un par de diminutas hormigas en el más grande de los universos.

EL POETA, LA ENAMORADA Y LA NUBE



El poeta no podía escribir porque su inspiración era la lluvia y no llovía. Y no llovía porque la enamorada no lloraba y no había agua que se transformara en vapor para la nube. Y la enamorada no lloraba porque el poeta no escribía sus tristes poemas.     
El poeta le gritó a la nube:
-Llueve-.
Y la nube le contestó:
-No puedo, porque la enamorada no llora.
La nube le gritó a la enamorada:
-Llora-.
Y la enamorada le contestó:
-No puedo, porque el poeta no escribe.
La enamorada le gritó al poeta:
-Escribe-.
Y el poeta le contestó:
-No puedo, porque la nube no llueve.    
El tiempo pasó y el poeta seguía sin escribir, la enamorada sin llorar y la nube sin llover. Un día el poeta murió y la enamorada se entristeció tanto que también murió y la nube al ver que ambos habían muerto se dijo a si misma:
-No tiene sentido que yo esté en este lugar, pues ya no hay nadie que necesite la lluvia y se fue hacia el mar.
Tiempo después llegó un poeta al pueblo y escribió poemas de las rosas, de los valles y de las montañas, también escribió poemas de las mujeres, de la vida y de Dios.   Este   nuevo   poeta  se   inspiraba  en   todo  y   no exclusivamente  en  la  lluvia.   Las  otras  enamoradas  se dieron cuenta de que también de felicidad se llora y no sólo de los poemas tristes.
Las nubes nuevas que llegaron al cielo del pueblo se dieron cuenta que había otras fuentes de vapor y no sólo las lágrimas de las enamoradas, tomaron vapor del río, y del lago, y de los arroyos, y llovió lo suficiente en aquel pueblo como para recoger la mejor cosecha de su historia. 
-A nosotros nos queda esperar que llegue un nuevo poeta, que haga llorar a las enamoradas del pueblo y que las nubes quieran llorar junto con ellas.  
   

domingo, 26 de febrero de 2012

ARLEQUÍN



En el arlequín de un suspiro, maraña sin sentido. Mis pasos se alejaban de ella y en mi pensamiento sólo un pensar:    
Le diré que el rechazo ha sustituido al amor y que la monotonía ha sustituido a la pasión. Le diré que se han agotado las fuerzas de mi corazón y que se han consumido los besos de mis labios. Le diré que mis ojos son ciegos a su belleza y mis oídos sordos a sus palabras de amor. Le diré, cuando me pregunté que seré en su vida, que quiero ser sólo un recuerdo doloroso.    
Y lo dejé a la suerte, volver o partir, matar o morir. Y la suerte me dijo:
“Volver y matar”.
En mi mente analizaba el dialogo, yo saldría triunfante, ella llorando. Cuando volvía a estar junto a ella, antes que mis labios lanzaran balas asesinas, me dijo:
-Yo sé porque has vuelto, has olvidado algo importante, olvidaste abrazarme, besarme y decirme que me amas.
–Estás en lo cierto, -le dije-.
La abracé, la besé, le dije te amo e intenté emprender la huída de nuevo, pero cuando me alejaba me dijo:
-¿Qué serás en mi vida?
Yo, le contesté:
-Sólo un bello recuerdo, tu anhelo, tu presente y tu futuro, tu mundo, tu todo y tu nada, tu siempre y tu nunca, tu vida y tu muerte,  seré en tu vida el amor,  seré lo que tú quieras ser. Pero lo que nunca mas he de ser, es el arlequín que he sido en tú corazón.    
Nuevamente me alejé de ella. Ella se quedó sonriente, había triunfado. Yo me fui llorando, también había triunfado.
El amor no es una guerra, es una alianza. Y me di cuenta que no hay rechazo, sólo  amor  que  piensa.  Me  di  cuenta que  no  hay monotonía, sólo pasión que aguarda. Sentí nuevas fuerzas en mi corazón y mis labios se llenaron de besos. Mis ojos se abrieron a su belleza y mis oídos a sus bellas palabras. Entendí que quiero ser su todo, excepto su arlequín.    
Antes de irme por completo el ángel del amor me habló al oído y me dijo:
-La suerte dijo, volver y matar, pero fue más fuerte mi voz que dijo, amar y vivir.    
En ese momento comprendí que ella lo es todo para mí y si la hubiera matado hubiera muerto yo, pero la verdad es que sólo olvidé algo;
Decirle que la amo, abrazarla, besarla y firmar en su corazón mi más eterno amor. 

EL CABALLO


 

Una vez escuché que un caballo decía:
-Cuando muera quisiera reencarnar en un delfín, así no tendría que cargar a nadie en mi lomo.    
Cien años después escuché a un delfín decir:
-Cuando muera quisiera reencarnar en una águila, así no tendría que estar siempre en el agua.    
Cien años después escuché a un águila decir:
-Cuando muera quisiera reencarnar en un humano, así no tendría que vivir en las alturas.    
Cien años después escuché a un humano decir:
-Yo no creo en la reencarnación, pero si reencarnara me gustaría ser un caballo…

HUESOS



 
Conocí a un hombre que no tenía brazos y construyó un majestuoso templo, con la fuerza de su corazón y la rectitud de su alma. Cada ladrillo fue colocado con los invisibles brazos de su voluntad.
            Conocí a una mujer que no tenía piernas y ganó una carrera de larga distancia, con el ímpetu de su espíritu y la fortaleza de su mente. Cada paso fue dado con las invisibles piernas de su aguerrida vida.
            Conocí a un niño cuadraplejico y conquistó al mundo entero, con los sueños de sus ojos profundos y el amor de su inmóvil cuerpo. Cada batalla fue ganada con el cuerpo invisible de su fuerza interior.
            Conocí a miles que sin tener nada lo daban todo. Conocí sordos y mudos que componían bellos poemas y cantaban hermosas canciones. Conocí ciegos que le daban luz al mundo. Conocí personas que sin tener manos, tejían, construían y ayudaban para salvar a otros.
            Conocí a toda esta gente mientras yo me quejaba de mi estéril dolor de huesos…

QUE VENGA LA NOCHE



 
Que venga la noche, fría, oscura, silenciosa, así como es, con sus puntillos de luz que engalanan a la oscuridad y con la sonrisa que le da la luna. Que venga la noche de los enamorados, de los poetas, de los que lloran. Que venga  a despertar los sueños de los que duermen.
            ¡Oh noche que vagas en la oscuridad del infinito! Ven, ven a caer sobre mis párpados, regálame nuevas fuerzas y esperanzas, dame una razón para seguir viviendo. ¡Oh noche que para unos eres monstruo y para otros refugio! Ven con tu espada de miedo a los que te temen y con tu cobija de amor a los que te veneran. ¡Oh noche incomprendida! Ven en tu profundidad de luz opaca, inexistente, ven y abracémonos en la incomprensión de los que nos rodean. Ven a mí, ¡Oh noche de las noches!
            Sereno y callado me pregunté:
            -En realidad, ¿qué es la noche?
            -La noche, -me dijo un ciego-, es el vestigio de luz que quedó en mis ojos; es mi escondite eterno. Para todos es un sueño para mí es un momento. Yo soy la noche y mis ojos su lucero.
            -La noche, -me dijo un mudo-, es el grito que se ahoga en la garganta, que aún siendo un grito ensordecedor de esperanza jamás se alcanza a escuchar. Yo soy la noche y mi voz su estrella.
            -La noche, -me dijo un sordo-, es el canto de mil voces en el cielo que se pierde en el silencio de los que no saben escuchar. He palpado su sonido con mis manos. Yo soy la noche y mi oído su luna llena.
-La noche, -me dijo un hombre completo-, sólo es la noche, que sirve para dormir y como guarida de asesinos y ladrones.
            Que vacío y falto de profundidad es el hombre que lo tiene todo, que siendo noche se cree día, que siendo oscuridad se cree luz. Que escaso de sabiduría es el hombre que ignora y teme a la noche.
            Que venga la noche, hasta que los que son dejen de ser y hasta que sean los que ya no son, hasta que sus almas lleguen a la luz de la luna y se conviertan en estrellas para que no se pierdan en el olvido de la tierra. Que venga la noche como columna de humo de incienso y bese tiernamente mis párpados cansados. Que venga la noche…

REVOLUCIÓN INTERNA




En el cuerpo de una persona vivían un gran número de órganos que se coordinaban para que pudiera seguir viviendo. Cada uno de los órganos realizaba su función con alegría y vivían en total armonía. Pero uno de los órganos era un amargado, siempre decía cosas malas y su infelicidad afectaba a los demás órganos. Ese órgano amargado era el corazón.
Un día se reunieron a escondidas todos los órganos. Ellos se quejaban del amargado corazón y decidieron darle una valiosa lección. Los órganos comenzarían una revolución interna.
Al día siguiente se volvieron a reunir y fueron con el corazón.
-Mira corazón, -dijo el cerebro-. Estamos hartos de tu amargura y tu negativismo. Venimos a exigirte que cambies o si no tendremos que formar una revolución en tu contra.
El corazón, arrogante y grosero, dijo:
-Ahora yo soy el amargado, yo tengo la culpa de todo. Vean la razón de por que soy un amargado. Todo lo que los ojos ven es triste, malo y feo, si alguien tiene la culpa de mi amargura, son los ojos.
Al escuchar esto los ojos apagaron su luz y aquel cuerpo quedó ciego. Ya no había razón para que el corazón se amargara.
Pasó un tiempo y el corazón seguía en las mismas. Nuevamente los órganos se reunieron con el corazón y esta vez el corazón culpó a las horribles cosas que escuchaban los oídos.
-Los oídos sólo escuchan tragedias, malas palabras y llantos. Reconozco que soy un amargado, pero los oídos tienen la culpa de que lo sea.
Los oídos al escuchar que el corazón los culpaba por su amargura se hicieron nudos y aquel cuerpo quedó sordo. Ya no había pretexto para la amargura del corazón.
El cuerpo era ciego y sordo, pero el corazón seguía siendo un amargado. Todos los órganos que aún funcionaban se reunieron de nuevo con el amargo corazón y le exigieron cambiar su conducta, mas el corazón nuevamente culpó a otros.
-La lengua es una falsa, sólo se mueve para maldecir y contar chismes, es por culpa de la lengua que soy un corazón amargo.
Al escuchar esto la lengua se trabo y el cuerpo quedó mudo. Siendo ciego, sordo y mudo, ya no habría pretexto para ser un amargado.
Algunos días pasaron y el corazón cada día estaba peor. El cerebro exigió el cambio de conducta al corazón, pero este continuaba culpando a otros por su amargura.
-La piel siente dolor constantemente y ese dolor me amarga. La nariz huele cosas desagradables y esa pestilencia me amarga. Los huesos y los músculos se lesionan y ese dolor me amarga. Las manos y los pies tocan cosas indebidas y se mueven a lugares prohibidos y su desobediencia me amarga. Y que puedo decir de los órganos internos, todos se enferman y su sufrimiento me amarga.
Al escuchar esto, la piel se insensibilizó, la nariz se tapó, los huesos y los músculos dejaron de moverse, las manos y los pies se paralizaron y los órganos internos dejaron de funcionar.
El cuerpo quedó en estado vegetal, sólo el cerebro y el corazón seguían funcionando y mantenían con vida al cuerpo.
-Ya sólo quedamos tú y yo, -dijo el cerebro-. Si cualquiera de nosotros dos deja de funcionar el cuerpo morirá y por lo tanto todos moriremos. Tú decide corazón, si continúas con tu amargura yo dejaré de funcionar y tendrás que morir mi muerte.
El corazón se quedó en silencio como pensando en lo que haría, y después dijo:
-Cerebro, tú tienes la culpa de mi amargura, siempre estás pensando en cosas malas y tu maldad me amarga.
-¡Basta ya! Deja de culpar a otros por tu amargura. Dejaré de funcionar porque estoy harto de tu estupidez.
-¡No, espera! No dejes de funcionar por favor, te prometo que voy a cambiar, me quitaré toda la amargura y pediré perdón a los otros órganos.
Al escuchar las palabras sinceras del corazón, todos los órganos despertaron; los ojos vieron de nuevo, los oídos escucharon, la lengua habló, la piel sintió, la nariz olió, los huesos y los músculos funcionaron, las manos tocaron y los pies caminaron, y todos los otros órganos volvieron a funcionar.
Desde ese día en que el corazón arrancó su amargura, el cuerpo volvió a vivir en armonía y todos los órganos son felices porque recuperaron a su hermano el corazón.

DOS CAMINOS, TRES CAMINANTES


 

En la vida sólo hay dos caminos que recorrer.
El camino correcto y el camino incorrecto.
Tú debes elegir uno de los dos, que mejor si es el camino correcto, pero debes de tener sumo cuidado, porque sólo hay dos caminos, pero hay tres tipos de caminantes.
El primer tipo de caminante es el que va por el camino correcto, con estos  caminantes  no hay ningún problema,  pues van por el camino correcto y siempre hacen lo correcto.
El segundo tipo de caminante es el que va por el camino incorrecto, con estos caminantes tampoco hay problema, pues siempre van por el camino incorrecto y siempre hacen lo incorrecto.
El tercer tipo de caminante es el que camina durante un tiempo por el camino correcto y otro tiempo por el camino incorrecto, con estos caminantes si hay problema, pues nunca se sabe por cual camino van, ni tampoco se sabe si harán lo correcto o lo incorrecto.    
Tú debes de cuidar de seguir uno de los dos caminos, pero nunca sigas los dos. También deberás aliarte con gente que vaya por tu mismo camino, pero nunca con gente que vaya por el otro camino y mucho menos con gente que ande por un camino en un momento y al momento siguiente por el otro camino, porque ésta gente es la más peligrosa del mundo.

LO QUE SIEMPRE QUISE CREER Y LO QUE NUNCA QUISE CREER



Hay cosas que nunca quise creer pero que siempre tuve suficientes motivos para creerlas:
·         Los humanos somos seres egocéntricos y destructivos.
·         A veces a las personas buenas les va mal y a las malas les va bien.
·         Al morir se pierde la completa conciencia y jamás se ve una vislumbre de la eternidad.
·         El amor es un sentimiento hermoso que duele profundamente.
·         La soledad nunca te deja solo y la traición nunca te abandona.
·         Dios no castiga vengativamente la maldad de los seres.
·         Sufrir es algo necesario en la vida en este planeta.
·         La venganza siempre llega sola y en el momento adecuado.
·         La sabiduría es una fuente de infelicidad y de soledad.
·         Existen momentos en que la verdad debe ser sepultada en el silencio.
·         Los consejos de los que nos aman siempre son buenos aunque no nos agraden.
·         El camino más seguro es aquel que ya ha sido recorrido sin problemas.
·         La fe, la esperanza y los sueños son parte natural del ser.
·         La desobediencia sin arrepentimiento nos lleva fuera de la eternidad.
Nunca quise creer estas cosas y aunque algunas  de ellas todavía no me pasan, he tenido suficientes motivos para creerlas.
Hay cosas que siempre quise creer pero que nunca tuve el suficiente valor para creerlas.
·         Sólo hay un amor verdadero y es para siempre.
·         Todo lo que pasa, incluido lo malo, es para bien.
·         No importa la injusticia, porque tarde o temprano se convierte en justicia.
·         No hay mejor tiempo que este tiempo.
·         Cada día es una gran aventura.
·         Algún día sonreiré ante el recuerdo de mis lágrimas.
·         En el amor, la belleza que importa es la interior.
·         Dios dirige cada evento de nuestras vidas.
·         Siempre estás en el lugar en que debes estar.
·         Las maravillas de la vida son los pequeños detalles.
·         Habrá una vida mejor después de esta vida.
·         El destino está predestinado y nada lo hará cambiar.
·         Todo lo malo del mundo tiene una razón de ser.
·         Dios nos ama aunque seamos el peor de los seres.
·         El amor al final siempre gana.
·         Sólo llegan a la eternidad aquellos que en la tierra la buscaron. (K. Gibran)
Siempre quise creer estas cosas y aunque algunas de ellas me han pasado, no he tenido el suficiente valor para creerlas.

LAS HIENAS




Un grupo de hienas platicaba a la luz de la luna en el desierto.
            Una de ellas dijo:
            -No soporto a esos coyotes, siempre buscando comida, son tan montoneros y se comen todo lo que encuentran.
            -Eso dices de los coyotes, -dijo otra-. Pero, ¿qué me dices de los lobos? Siempre con su astucia y su mirada maligna. Los lobos son perores que los coyotes.
            Otra de las hienas con mucha seriedad dijo:
            -Eso no es nada, los buitres son peores, siempre esperando que otros mueran para alimentarse de sus restos. Eso es terrible.
            -Sí, es verdad, -dijo una cuarta hiena-. Sin embargo los peores de todos son los leones que con su gran poder se vuelven los tiranos de otros seres.
            Así estuvieron durante mucho tiempo, las hienas criticando a los demás seres bajo la luz de la luna. De pronto, cuando más interesadas estaban las hienas en su palabrería, llegó una serpiente y les dijo:
            -Señoras hienas, quiero darles un sabio consejo, espero que lo acepten. Mi consejo es; no muerdan, morder es malo.
            Las hienas soltaron una estridente carcajada y la líder del grupo le dijo a la serpiente:
            -No seas hipócrita, tú vives de morder a otros y vienes a decirnos que no mordamos porque es malo.
            -Exacto, -dijo la serpiente-. Me escuché ridícula e hipócrita, igual que ustedes en su plática trivial. Todos los defectos que   dijeron de  los  animales  los tienen  ustedes mismas y muchos más. ¿Cómo se atreven a criticar a sus hermanos?
            La víbora se fue reptando en la arena del desierto y las hienas se quedaron en un sepulcral silencio al ser abofeteadas por las palabras de la serpiente. Las hienas ya no hablaron más bajo la luz de la luna en el desierto.

LA SONRISA DE LAS MARIPOSAS



Todo en mi vida era un solo quejar. Demasiado trabajo, vida aburrida, la hipocresía de los hombres, la guerra, el hambre, la monotonía, el crimen, la indiferencia entre los humanos, la destrucción de la naturaleza, el frío, el calor, la contaminación y un interminable etcétera.    
Muchas personas, incluyendo a mis familiares preferían alejarse de mí. No soportaban estar escuchando mis lamentables quejidos. Todo era oscuro y malo para mí, nada me causaba felicidad, tal parecía que no existía nada positivo en la vida.    
Pero un día sucedió algo impresionante. Al salir el sol por la mañana abrí mis ojos y vi a un ser hermoso lleno de luz parado frente a mí cama.
–No te asustes, -me dijo el ser-. Yo soy tu ángel guardián. Sabes, -continuó hablando el ángel-. Estoy harto de tus quejas y de tu negativismo, así que te llevaré a pasear para que veas lo maravillosa  que  es tu  vida  comparada  con la  de otros  menos afortunados, haber si así logro que tu boca deje de maldecir y de quejarse sin motivos reales.    
El ángel me tomó entre sus brazos y nos elevamos al cielo. Desde las alturas lo podíamos mirar todo,  veía mi casa,  a mis seres queridos, a mis compañeros de trabajo y todo el resto del mundo.
Un rato después de estar flotando en el aire el ángel me dijo:
-Mira aquella familia, sus pies están descalzos y sus cuerpos desnudos, no tienen un hogar donde refugiarse y sus cuerpos sobreviven con hambre, más sin embargo, si te fijas bien, podrás notar que sus labios sonríen.    
Yo guardaba silencio mientras el ángel me transportaba a otro  lugar.  Pronto  llegamos  al  cielo  de  una  gran  ciudad,  la contaminación apenas nos permitía ver, pero aún así el ángel me mostró:
-Mira la ciudad, todos están apurados, no tienen tiempo para ayudar a otros, nadie se saluda, hay crímenes, accidentes y tantas otras cosas malas. Eso se ve a simple vista y muchos son los que lo ven, pero hay cosas buenas en la ciudad y sólo unos cuantos escogidos son capaces de ver esas cosas.
Mira allá, -continuó hablando el ángel-. Esa mujer le está dando unas monedas a un pobre. Aquel joven está ayudando a la anciana a cruzar la calle. Ese niño está rescatando a un gatito que fue arrollado. Aquellas personas se aman y se ayudan mutuamente. Ves, siempre hay algo positivo que rescatar, aún de las cosas más tristes.    
Yo seguía guardando profundo silencio, mientras el ángel me llevaba volando a otro lugar.
Cuando llegamos a un país en guerra el ángel me dijo:
-Este país ha sido devastado por la guerra, las casas han sido destruidas, no hay alimentos, no hay medicinas, no hay agua, ni cualquier otro servicio básico. La muerte ha llegado a todas las familias de este país y los cuerpos putrefactos infectan al aire de miles de  enfermedades más  mortales que  la propia guerra.  Tal parece que no puede existir nada bueno en este tétrico paisaje. Pero sin embargo, observa aquella caravana que viene por el destruido camino. Ellos traen alimentos y medicinas y un poco de alegría a las victimas de la guerra.
Ve, allá a lo lejos se ve un refugio donde brindan calor y protección a los que se han quedado sin hogar. Ahora ellos también tienen un motivo para sonreír.    
El ángel continuó su vuelo mientras yo seguía sumido en un hondo silencio.
El ángel me mostró la destrucción  de los bosques, del mar, del reino animal y de todos los ecosistemas, pero también me mostró que hay personas que luchan por evitar toda esa maldad. También pude  ver que los seres de  la tierra  continuaban su  lucha  por sobrevivir sin quejarse en un solo momento.     
Todo esto me mostró mi ángel guardián y muchas otras cosas. Todo lo malo que veía yo en la vida tenía un lado positivo, pero no había sido capaz de verlo.    
El ángel me regresó a tierra y me dejó en una calle lejana a mi casa.
Antes de irse al mundo invisible me dijo:
-Por el camino quiero que observes todo y busques lo positivo sin fijarte en lo negativo. De aquí en adelante serás un hombre diferente.     
Comencé a caminar por las calles sintiéndome el mismo hombre amargado y quejumbroso, tal parece que el viaje con el ángel no me había sido de gran utilidad. Me esforcé mucho para ver lo positivo de la vida pero me era muy difícil.
Más adelante en mi camino vi a una niña pequeña y me llamó mucho  la  atención  que  la  niña  tenía  en  su  hombro  una  mariposa blanca. Me quedé observando a la niña por un largo momento, ella, al sentir la mirada volteó a verme y me regaló una sonrisa preciosa  del tamaño del cielo y aunque ustedes  no  lo  crean,  la  mariposa  también   me   sonrió   con   su  pequeña  boca y  esas  dos sonrisas penetraron a lo más profundo de mi corazón arrancando de tajo a lo negativo.
Desde ese día he sido capaz de ver lo positivo y hermoso de la vida. No me ciego ha que existe la maldad y el dolor, pero trato de que no me afecte tanto como antes.    
Es increíble como una sonrisa cambió por completo mi vida, ahora todos se agradan de estar conmigo, soy feliz y alegre y puedo ver las cosas buenas aún en lo más triste y doloroso.    
El ángel no mencionó con palabras lo que les voy a decir, pero pude verlo en sus ojos y en la expresión de su rostro.
La más grande fuente de felicidad no es el amor, ni la paz, ni la salud, ni la sonrisa de las mariposas, la fuente más grande de felicidad es Dios. Un corazón que está vacío de Dios verá todo triste y negativo, verá la mancha negra en el papel blanco, verá la nube oscura en el día claro, verá el pequeño defecto en la gran virtud, pero al contrario, un corazón rebosante de gozo verá todo feliz y positivo, verá la blancura del papel negro, verá la brillante estrella en la noche oscura, verá la gran virtud del defecto.     
Sólo así, estando lleno del amor de Dios podrás ser capaz de ver la sonrisa de las mariposas.  
     

EL PARAISO DEL AMOR



 
Nunca digas que es un misterio este misterio, porque yo lo vi, en el amanecer que hay en cada atardecer y en el atardecer de cada amanecer, lo vi en el día que vive en el corazón de la noche y en la noche que vive en el alma del día, yo lo vi en esto y en más.
            Un camino sinuoso al principio y al final en el centro del bosque de las ilusiones me encaminaba al paraíso del amor, un lugar escondido a este mundo en donde muy pocos han logrado llegar y menos son los que han regresado. Caminé en el bosque de las ilusiones durante mucho tiempo y me detenía de vez en cuando a observar la naturaleza, poco a poco fui entendiendo que todos somos un todo, el árbol está desnudo y el venado también y el águila y todos, pero no importa, porque todos somos una misma naturaleza.
            El camino sinuoso no seguía más, frente a mí estaba la entrada al paraíso del amor, sin embargo, este extraño paraíso estaba protegido por grandes muros de espinas y su reja principal estaba envuelta en fuego y hielo a la vez.
            -Quiero entrar al paraíso del amor, -grité en alta voz-.
            Una voz poderosa y dulce contestó:
            -Únicamente los que tengan el símbolo del amor en el corazón pueden entrar al paraíso del amor, los que no tienen el símbolo deben vivir para siempre en el bosque de las ilusiones.
            -Yo tengo el símbolo del amor en el corazón, -dije lleno de esperanzas-. Tengo a quien amar y quien me ame, me he entregado completamente al amor. Estoy seguro de que puedo entrar al paraíso del amor.
            -Eso es mentira, -dijo la voz-. Amar no es lo mismo que querer. No es besar y acariciar. Amar es vivir y morir por lo amado. Tú no tienes el símbolo del amor en el corazón, no puedes entrar en este paraíso.
            Me alejé del paraíso del amor con lágrimas en los ojos, había caminado mucho para llegar a ese lugar, el camino había sido sinuoso y múltiples problemas me habían atacado. Siempre creí que tenía amor en mi corazón y todo para qué, fui rechazado del paraíso del amor.
            Regresaba por el camino sinuoso en medio del bosque de las ilusiones cuando me embargó un pensamiento. No era justo que únicamente los que tuvieran el símbolo del amor en el corazón entraran al paraíso del amor, tal vez si lograba entrar conocería al verdadero amor. Con ese pensamiento en mente regrese a la puerta del paraíso y le reclamé a la voz mi pensamiento. La voz del paraíso del amor guardó silencio mientras pensaba y después de un momento me dijo:
            -Tal vez tengas razón, tal vez adentro encuentres al amor. Pero te aviso que si te dejo entrar no me haré responsable de lo que te pueda suceder.
            -¡Está bien!, -contesté ilusionado-.
            En ese momento la puerta de fuego y hielo del paraíso comenzó a abrirse. Adentro había un maravilloso jardín, con cascadas, ríos, nubes y seres perfectos. El paraíso del amor era exactamente eso, un paraíso, sin embargo el amor no lo pude ver en ningún lugar del paraíso.
Antes de entrar noté que no había hospitales porque no había enfermos; ni santos porque no había demonios;  tampoco cárcel porque no había crimen.  Todo esto noté y me animé a entrar al paraíso a pesar de no tener el símbolo del amor. En cuanto entré al paraíso perdí todos mis sentidos, ni uno solo de ellos quedó en mí. El viento era tan fuerte que silbaba en cada lugar que tocaba y me mecía de un lado a otro como si fuera una hoja seca, mas no lo pude sentir porque toda mi piel era insensible. Un fuego abrasador brincaba de un lado a otro dentro del paraíso y me quemaba el ser, mas no lo pude ver porque mis ojos eran ciegos. Una lluvia de relámpagos caía a mi alrededor y sacudía todo ese mundo nuevo, mas no los pude oír porque mis oídos eran sordos. En el viento, en la yerba, en la tierra y en el agua había un dulce sabor, mas no lo pude gustar porque había perdido el sentido del gusto. Un aroma delicado se escondía en cada molécula del viento y me transportaba como un río a un fragmento de piel, mas no lo pude oler porque mi olfato estaba muerto. Después recuperé mis sentidos, sentí al viento como a una caricia, vi al fuego como una chispa, escuché los relámpagos como a un canto, gusté del sabor del paraíso y olí el delicado aroma del amor.
            Comencé a caminar por el paraíso en busca del símbolo del amor y de pronto me encontré con una musa desnuda en su totalidad, vestida con la ropa que Dios le dio y pude verla sin morbo porque el morbo no existe en el amor. La  musa con voz de miel me dijo:
            -Estás en busca del símbolo del amor en este paraíso, pero para encontrar debes primero perder.
            Entonces la musa tocó mi corazón con su delicada mano y me arrancó una tela oscura invisible que lo cubría por completo y con la misma tela cubrió mis labios.
-Esto es simple, -dijo la musa-. La tela te impide sentir amor en tu corazón,  pero al quitártela,  sentirás todo el amor. Al poner la tela en tus labios aprenderás a callar lo que no debes decir. Ya estás listo para recibir el símbolo del amor.
            La musa besó mis labios y me desnudó, con un leve toque de su dedo marcó el símbolo del amor en mi corazón. Inmediatamente me sentí diferente, más feliz, más completo.
            La musa con una perla de sal y agua en sus ojos y con mis labios aún marcados en su piel, me dijo:
            -Vete del paraíso del amor, que tal cosa no existe, el paraíso lo hace cada quien en su corazón y en el corazón de lo amado.
            Me fui del paraíso del amor con su símbolo en mi corazón. El camino fue tranquilo y hermoso. El bosque de las ilusiones sonreía junto con todos sus seres. Mi destino también me esperaba lleno de amor.
            Nunca digas que es un misterio este misterio, porque tan sólo es un secreto.

EL ÁNGEL DE LA MUERTE


 

Un instante un poco más largo que un latido y un poco más profundo que un suspiro. Una gota de sudor despertó a mis ojos arrancándome de la pesadilla tan sólo para darme un instante de terror. Frente a mi cama estaba el ángel de la muerte.
            -No temas, -me dijo-. No he venido a besar tus labios con el beso de la muerte, ni a envolver tu cuerpo con el manto del olvido. Tan sólo he venido a regalarte un racimo de estrellas a cambio de una daga en el corazón. He venido a obsequiarte un mensaje de amor en la luna a cambio del veneno en el alma.
            -¿Qué deseas de mí? ¡Oh terrible ángel de la muerte!
            -Quiero mostrarte la sabiduría que se esconde detrás de las cruces,  que se entierra en los sepulcros, que habita en los cementerios.
            El ángel de la muerte me llevó en sus negras alas hasta un cementerio. Ese lugar era horrible, la yerba no se había cortado en años, tal vez en siglos. Las espinas cubrían a las cruces derruidas por el tiempo y la tierra sepultaba a los sepulcros. Las tumbas viejas se caían a pedazos y en todo el cementerio no había ni una sola flor. Todo era viejo, oxidado y destruido en aquel horrible cementerio.
            -Este es el cementerio de los condenados, -dijo el ángel de la muerte con voz de llanto-. Aquí está sepultado el lascivo, aquel que piensa en su propio placer sin importarle nada más. También está el sepulcro de los traidores,   aquellos   que   han   clavado   espinas   en   los corazones que los amaban. Más allá está la lápida del envidioso, ese que siempre quiso lo que no era suyo.
También está el sepulcro del orgulloso, del ladrón, del perverso y de otros muchos que se entregaron al mal. En el último rincón del cementerio está el sepulcro del asesino, del asesino de cuerpos, de almas y de sueños. Como podrás ver, este cementerio y sus sepulcros está en el abandono, nadie viene a visitarlos ni a traerles flores.
            El ángel de la muerte me envolvió entre sus negras alas mientras yo miraba la escena en silencio. Pronto, el ángel me llevó hasta otro cementerio. A diferencia del anterior, este cementerio era hermoso dentro de lo que cabe. El pasto estaba hermoso, las flores perfumaban el aire y llenaban de color al día, las cruces y las estatuas de mármol embellecían un lugar triste. Todo era bello en el cementerio, incluyendo a los cientos de personas que con sonrisas en los labios visitaban a sus seres amados que descansan en el cementerio.
            -Este es el cementerio de los benditos, -dijo el ángel de la muerte con voz de canto-. Aquí está sepultado el bondadoso, ese que dio todo lo que tenía a cambio de nada. También el amoroso, aquel que amó a todos y todo a su alrededor. También está el sepulcro de los sabios, de los amables, de los pacificadores y de todo ser bueno que ha salvado a un cuerpo, a un alma o a un sueño. Como podrás ver este cementerio es hermoso porque sus muertos son hermosos y hay muchas personas que vienen a visitarlos y a traerles flores de mil colores.
            Después de observar el cementerio de los benditos, el ángel de la muerte me llevó de vuelta a casa.
            -¿Para que me has mostrado esto? –Pregunté con miedo-. Acaso besarás mis labios con el mortal beso de la muerte,  envolverás mi  cuerpo con  la tiniebla  de tus alas, mandarás al olvido mi vida con el fuego negro de tus ojos secos. ¿Qué quieres de mí?
El ángel de la muerte sonrió con una sonrisa que me heló la sangre y tocando con sus frías manos mi rostro asustado, me dijo:
            -Tú me has amado como pocos lo han hecho. Algún día vendré por ti pero todavía no es tiempo. Te mostré todo esto para que entiendas que lo que seas en vida serás en muerte. Lo mostré para que te esfuerces en ser de los benditos y siempre tengas flores en tu sepulcro y más allá, la victoria final. Por eso te mostré mis secretos.
            El ángel de la muerte desapareció de mi vista y se fue en busca de las almas que tengan que marchar al olvido. En su partida me dejó un racimo de estrellas y un mensaje de amor en la luna.
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