(Entre
la penumbra de una noche fría
dos
cuerpos se buscaban sin cesar,
el mío,
blanco y fino como la pureza,
el
tuyo, tembloroso y herido como la soledad.
Se
encontraron en medio de la oscuridad
y
rompieron todo rastro de dolor.)
Pude
escuchar las voces de los que nunca quisieron hablar
y vi la
luz del mundo desde unos ojos en oscuridad
y no
entendí, porque derramar costras al andar.
“1.Hay
una fuga de estrellas detrás de la luz de una vela
y se
esconden entre la niebla que flota en el río de la soledad.”
En la
tierra de gigantes invencibles me di cuanta de mi fragilidad,
adentro
de la mirada vacía hay un llanto que no se atreve a brotar.
En la
tierra de seres invisibles me di cuenta de mi soledad,
detrás
de la dureza de un rostro hay una tristeza que no quiere sanar.
Y me
gritaron voces calladas: la venganza no te quita el dolor,
la
esperanza tampoco, mucho menos el odio y la fe.
Sólo la
perla del conchos puede sanar la frialdad.
“2.Hay
una fiesta de lunas encerradas en la frialdad de una jaula
y se
abrazan mirando a la tierra y disfrazan su paz de oscuridad.”
Bocanadas
de fino humo de tu boca
rozan
la piel de mis labios.
Camina
regando tus costras
devoraré
de tu piel la ilusión. “1”
Riega
estrellas en tu andar perla del conchos.
Una
nube bostezaba de asombro a tu pasar.
Entre
nopales y gardenchis la flor más delicada
bebe
agua en un pajar. “2”
(Entre
la niebla que flota en el conchos
hubo
una fuga de estrellas
y las
lunas encerradas están.
Dos
almas se encontraron en la oscuridad,
la mía
como la luz, la tuya en oscuridad,
juntas
crearon un sol.)
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