El
polvo de los siglos te borró de mi memoria,
las
alas de los dioses me enseñaron a olvidar.
Te
lloré como se llora a la muerte
y pensé
que de este dolor jamás iba a sanar.
“Hoy
mis alas han brillado, hoy han vuelto a volar
y
remontándose hacia el cielo, llegaron a su lugar, la eternidad.
En el
siniestro andar de la luna vagaba un alma,
amenazaba
con irse y nunca llegar ni regresar,
amaneció
un día esa alma y preguntó:
¿Por
qué este dolor? No hay una razón.
Ve en
busca de la luz oculta y empieza a vivir,
fue
cuando encontré la libertad.”
Tus
ojos tristes que no miraban nada
hablaban
más que tu boca rota de angustia
y esa
piel hermosa y blanca que no debió sangrar jamás
me
escurría una pena que creí nunca iba a sanar.
“”
No
escuchaste su voz en la oscuridad
y te he
de extrañar cada día más.
Grité
enfurecido por tu ausencia y tu adiós.
Pensé
que esta tristeza jamás se iba a olvidar.
“”
Esa
alma se marchó tras el polvo de los siglos
encontrando
libertad y algo más.
En el
siniestro andar de la luna sólo quedó
una
huella invisible de dolor.
Hoy mis
las han brillado, hoy han vuelto a volar,
han
llegado, por fin, a su lugar, la eternidad.
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