Hoy
pertenezco a ti como la desnudez de un cierzo,
mañana…
¿De quién seré si a ti te estoy perdiendo?
Si
arrojas mis espinas al fuego
y curas
las heridas que hicieron en tu cuerpo,
si
sepultas en tu olvido las alas de tu sueño,
¿De
quién seré mañana?
En la
sabia del néctar amor
despreciamos
la fuerza del dolor,
y le
dijimos no a un principio,
y le
dijimos si a este precipicio.
Hoy
pertenezco a ti como la pasión de un cielo,
mañana…
¿De quién seré si en ti estoy muriendo?
Si
desvelas mis balas de seda
e
ignoras el trabajo que debieron hacer,
si
fermentas en tu insipiencia los cultos de tus manos,
mañana…
¿De quién seré?
En la
orilla del fuerte clamor
desatamos
la condena del hedor,
y
desconfiamos en ayunarle a la vida,
y
desconfiamos de huir.
Hoy
pertenezco a ti como la entrega de un amor completo,
mañana…
¿De quién seré si tú me avientas al olvido?
Si no
cruzas miradas conmigo
Y
enajenas todo el tiempo que te hablé,
Si
abandonas la piel de tu aurora, esa que te salvó,
¿De
quién seré mañana?
En la
sabia del néctar amor
y en la
orilla del fuerte clamor,
ha
muerto de nuevo el amor,
mañana
de la nada seré…
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