Al atardecer te conocí, al atardecer te vi
morir.
Domingo de ramos. ¿Quién fue el que nos hizo
llorar?
Prisioneros en las murallas de Jan, murallas
hechas
para guardarnos del beso del sol en tierra
santa,
y al mismo tiempo es nuestro hogar.
“Envinado fue tu cuerpo para no dejarte
escapar.
Envidiado fue tu tiempo porque estuvo plagado
de felicidad. Envinadas las murallas de Jan y
Jar
con el fin de fermentar tu cuerpo.”
Al atardecer te conocí, al atardecer te vi
morir.
En la línea del último y primer día del año.
¿Quién nos hizo callar? Prisioneros en las
murallas de Jar,
murallas hechas para quemarnos con miel en
tierra roja. “”
Al atardecer te conocí y jamás te vi morir.
¿Quién regaló la muerte envuelta en carne?
Prisioneros en los muros del pastor,
muros hechos para habitar
en lugar lejano del infierno y del
cielo. “”
Al atardecer te conocí, ¿cuando te veré
morir?
Regalos que mueren, muerden, pierden la
razón,
y aún no acaba el día tres.
Regalos que mueren, muerden, muestran el
amor.
Que mueren, muerden, sienten el dolor.
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