Mirando estrellas apagadas me vio el lucero
de piel femenina.
Tocando lunas invisibles me vio el lucero de
piel femenina.
Y miré más estrellas apagadas y toqué más
lunas invisibles,
y se alejó de mí con su piel femenina la
mujer que yo quiero.
Entre tus manos la razón del engaño,
en tu corazón la oscuridad del momento,
frente a tus ojos el abismo traidor,
en tu cabeza el poder perdedor,
y yo a tu lado implorando perdón.
Soñando estrellas olvidadas me vio el lucero
de piel femenina.
Besando labios ensangrentados me vio el
lucero de piel femenina.
Y soñé más estrellas olvidadas y besé más
labios ensangrentados,
y se olvidó de mí con su piel femenina la
mujer que yo amo.
Tú reciclando lágrimas, yo en los brazos del
ciego amor.
Tú escudriñando lágrimas, yo en los labios
del tétrico candor.
Tú inocente respirando el mismo aire lleno de
rencor,
yo pecador inconsciente haciendo gala de la
pasión.
Luceros de piel femenina. ¿Qué ven cuando ven
en mí?
Que sangra mi vida olvidándome a mí y a mi
caída.
Que busquen entre las ramas, en los abismos,
entre las camas.
Que busquen entre raíces, en los abismos,
entre tus canas.
Haber si encuentran mañanas que te regalen ya
sin presencia.
Estrellas apagadas, lunas invisibles,
estrellas olvidadas, besos ensangrentados,
y pasados que duelen y más estrellas…
No son estrellas, son lágrimas bellas
que derramó ella cuando le dije adiós.
Lloró, lloró y el lucero de piel femenina
con su llanto me lastimó.
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