jueves, 20 de junio de 2013

LA ÚLTIMA MALDICIÓN

Dos pétalos de rosa vi caer desde tu mano hasta la tierra, como gotas de lluvia cayendo de la nube al mar. lo vi desde el sol y la luna me lo platicó como si nunca lo hubiera visto. 
      -Maldita sea la tierra -grité-, como si la tierra fuera la culpable de tu caída.
      -Malditos rosales -grité-, como si ellos hubieran abierto tu mano.
      Y que perverso sol que me aprisiona en sus llamas y no me deja verte. Y que sangrante luna que abre el recuerdo de la herida una y otra vez. Y lloré hasta sofocar el fuego del sol y le maté, y la luna se lleno de agua y la ahogué. Así quedé libre de mi prisión y fui a verte, más no te encontré, pero encontré escrito en una piel la verdad; los pétalos no eran pétalos, el rosal no era rosal, los pétalos eran gotas de sangre, el rosal la herida de tu piel. Y el sol no era sol, y la luna no era luna, el sol era mi corazón y la luna mi conciencia. Y la tierra que maldije no era tierra, era tu sepulcro natural, abismo de los dioses, prisión de libertad. Maldita sea la hora en que solté tu mano enviándote a la inmensidad.
      Esta es la última maldición que mis labios pronunciarán.

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