domingo, 26 de febrero de 2012

LA SONRISA DE LAS MARIPOSAS



Todo en mi vida era un solo quejar. Demasiado trabajo, vida aburrida, la hipocresía de los hombres, la guerra, el hambre, la monotonía, el crimen, la indiferencia entre los humanos, la destrucción de la naturaleza, el frío, el calor, la contaminación y un interminable etcétera.    
Muchas personas, incluyendo a mis familiares preferían alejarse de mí. No soportaban estar escuchando mis lamentables quejidos. Todo era oscuro y malo para mí, nada me causaba felicidad, tal parecía que no existía nada positivo en la vida.    
Pero un día sucedió algo impresionante. Al salir el sol por la mañana abrí mis ojos y vi a un ser hermoso lleno de luz parado frente a mí cama.
–No te asustes, -me dijo el ser-. Yo soy tu ángel guardián. Sabes, -continuó hablando el ángel-. Estoy harto de tus quejas y de tu negativismo, así que te llevaré a pasear para que veas lo maravillosa  que  es tu  vida  comparada  con la  de otros  menos afortunados, haber si así logro que tu boca deje de maldecir y de quejarse sin motivos reales.    
El ángel me tomó entre sus brazos y nos elevamos al cielo. Desde las alturas lo podíamos mirar todo,  veía mi casa,  a mis seres queridos, a mis compañeros de trabajo y todo el resto del mundo.
Un rato después de estar flotando en el aire el ángel me dijo:
-Mira aquella familia, sus pies están descalzos y sus cuerpos desnudos, no tienen un hogar donde refugiarse y sus cuerpos sobreviven con hambre, más sin embargo, si te fijas bien, podrás notar que sus labios sonríen.    
Yo guardaba silencio mientras el ángel me transportaba a otro  lugar.  Pronto  llegamos  al  cielo  de  una  gran  ciudad,  la contaminación apenas nos permitía ver, pero aún así el ángel me mostró:
-Mira la ciudad, todos están apurados, no tienen tiempo para ayudar a otros, nadie se saluda, hay crímenes, accidentes y tantas otras cosas malas. Eso se ve a simple vista y muchos son los que lo ven, pero hay cosas buenas en la ciudad y sólo unos cuantos escogidos son capaces de ver esas cosas.
Mira allá, -continuó hablando el ángel-. Esa mujer le está dando unas monedas a un pobre. Aquel joven está ayudando a la anciana a cruzar la calle. Ese niño está rescatando a un gatito que fue arrollado. Aquellas personas se aman y se ayudan mutuamente. Ves, siempre hay algo positivo que rescatar, aún de las cosas más tristes.    
Yo seguía guardando profundo silencio, mientras el ángel me llevaba volando a otro lugar.
Cuando llegamos a un país en guerra el ángel me dijo:
-Este país ha sido devastado por la guerra, las casas han sido destruidas, no hay alimentos, no hay medicinas, no hay agua, ni cualquier otro servicio básico. La muerte ha llegado a todas las familias de este país y los cuerpos putrefactos infectan al aire de miles de  enfermedades más  mortales que  la propia guerra.  Tal parece que no puede existir nada bueno en este tétrico paisaje. Pero sin embargo, observa aquella caravana que viene por el destruido camino. Ellos traen alimentos y medicinas y un poco de alegría a las victimas de la guerra.
Ve, allá a lo lejos se ve un refugio donde brindan calor y protección a los que se han quedado sin hogar. Ahora ellos también tienen un motivo para sonreír.    
El ángel continuó su vuelo mientras yo seguía sumido en un hondo silencio.
El ángel me mostró la destrucción  de los bosques, del mar, del reino animal y de todos los ecosistemas, pero también me mostró que hay personas que luchan por evitar toda esa maldad. También pude  ver que los seres de  la tierra  continuaban su  lucha  por sobrevivir sin quejarse en un solo momento.     
Todo esto me mostró mi ángel guardián y muchas otras cosas. Todo lo malo que veía yo en la vida tenía un lado positivo, pero no había sido capaz de verlo.    
El ángel me regresó a tierra y me dejó en una calle lejana a mi casa.
Antes de irse al mundo invisible me dijo:
-Por el camino quiero que observes todo y busques lo positivo sin fijarte en lo negativo. De aquí en adelante serás un hombre diferente.     
Comencé a caminar por las calles sintiéndome el mismo hombre amargado y quejumbroso, tal parece que el viaje con el ángel no me había sido de gran utilidad. Me esforcé mucho para ver lo positivo de la vida pero me era muy difícil.
Más adelante en mi camino vi a una niña pequeña y me llamó mucho  la  atención  que  la  niña  tenía  en  su  hombro  una  mariposa blanca. Me quedé observando a la niña por un largo momento, ella, al sentir la mirada volteó a verme y me regaló una sonrisa preciosa  del tamaño del cielo y aunque ustedes  no  lo  crean,  la  mariposa  también   me   sonrió   con   su  pequeña  boca y  esas  dos sonrisas penetraron a lo más profundo de mi corazón arrancando de tajo a lo negativo.
Desde ese día he sido capaz de ver lo positivo y hermoso de la vida. No me ciego ha que existe la maldad y el dolor, pero trato de que no me afecte tanto como antes.    
Es increíble como una sonrisa cambió por completo mi vida, ahora todos se agradan de estar conmigo, soy feliz y alegre y puedo ver las cosas buenas aún en lo más triste y doloroso.    
El ángel no mencionó con palabras lo que les voy a decir, pero pude verlo en sus ojos y en la expresión de su rostro.
La más grande fuente de felicidad no es el amor, ni la paz, ni la salud, ni la sonrisa de las mariposas, la fuente más grande de felicidad es Dios. Un corazón que está vacío de Dios verá todo triste y negativo, verá la mancha negra en el papel blanco, verá la nube oscura en el día claro, verá el pequeño defecto en la gran virtud, pero al contrario, un corazón rebosante de gozo verá todo feliz y positivo, verá la blancura del papel negro, verá la brillante estrella en la noche oscura, verá la gran virtud del defecto.     
Sólo así, estando lleno del amor de Dios podrás ser capaz de ver la sonrisa de las mariposas.  
     

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