Todo en mi vida era un solo quejar. Demasiado trabajo, vida aburrida, la
hipocresía de los hombres, la guerra, el hambre, la monotonía, el crimen, la indiferencia
entre los humanos, la destrucción de la naturaleza, el frío, el calor, la
contaminación y un interminable etcétera.
Muchas
personas, incluyendo a mis familiares preferían alejarse de mí. No soportaban
estar escuchando mis lamentables quejidos. Todo era oscuro y malo para mí, nada
me causaba felicidad, tal parecía que no existía nada positivo en la vida.
Pero
un día sucedió algo impresionante. Al salir el sol por la mañana abrí mis ojos
y vi a un ser hermoso lleno de luz parado frente a mí cama.
–No
te asustes, -me dijo el ser-. Yo soy tu ángel guardián. Sabes, -continuó
hablando el ángel-. Estoy harto de tus quejas y de tu negativismo, así que te
llevaré a pasear para que veas lo maravillosa
que es tu vida
comparada con la de otros
menos afortunados, haber si así logro que tu boca deje de maldecir y de
quejarse sin motivos reales.
El
ángel me tomó entre sus brazos y nos elevamos al cielo. Desde las alturas lo
podíamos mirar todo, veía mi casa, a mis seres queridos, a mis compañeros de
trabajo y todo el resto del mundo.
Un
rato después de estar flotando en el aire el ángel me dijo:
-Mira aquella
familia, sus pies están descalzos y sus cuerpos desnudos, no tienen un hogar
donde refugiarse y sus cuerpos sobreviven con hambre, más sin embargo, si te
fijas bien, podrás notar que sus labios sonríen.
Yo
guardaba silencio mientras el ángel me transportaba a otro lugar.
Pronto llegamos al
cielo de una
gran ciudad, la contaminación apenas nos permitía ver,
pero aún así el ángel me mostró:
-Mira
la ciudad, todos están apurados, no tienen tiempo para ayudar a otros, nadie se
saluda, hay crímenes, accidentes y tantas otras cosas malas. Eso se ve a simple
vista y muchos son los que lo ven, pero hay cosas buenas en la ciudad y sólo
unos cuantos escogidos son capaces de ver esas cosas.
Mira
allá, -continuó hablando el ángel-. Esa mujer le está dando unas monedas a un
pobre. Aquel joven está ayudando a la anciana a cruzar la calle. Ese niño está
rescatando a un gatito que fue arrollado. Aquellas personas se aman y se ayudan
mutuamente. Ves, siempre hay algo positivo que rescatar, aún de las cosas más
tristes.
Yo
seguía guardando profundo silencio, mientras el ángel me llevaba volando a otro
lugar.
Cuando
llegamos a un país en guerra el ángel me dijo:
-Este
país ha sido devastado por la guerra, las casas han sido destruidas, no hay
alimentos, no hay medicinas, no hay agua, ni cualquier otro servicio básico. La
muerte ha llegado a todas las familias de este país y los cuerpos putrefactos
infectan al aire de miles de
enfermedades más mortales
que la propia guerra. Tal parece que no puede existir nada bueno en
este tétrico paisaje. Pero sin embargo, observa aquella caravana que viene por
el destruido camino. Ellos traen alimentos y medicinas y un poco de alegría a
las victimas de la guerra.
Ve,
allá a lo lejos se ve un refugio donde brindan calor y protección a los que se
han quedado sin hogar. Ahora ellos también tienen un motivo para sonreír.
El
ángel continuó su vuelo mientras yo seguía sumido en un hondo silencio.
El
ángel me mostró la destrucción de los
bosques, del mar, del reino animal y de todos los ecosistemas, pero también me
mostró que hay personas que luchan por evitar toda esa maldad. También pude ver que los seres de la tierra
continuaban su lucha por sobrevivir sin quejarse en un solo
momento.
Todo
esto me mostró mi ángel guardián y muchas otras cosas. Todo lo malo que veía yo
en la vida tenía un lado positivo, pero no había sido capaz de verlo.
El
ángel me regresó a tierra y me dejó en una calle lejana a mi casa.
Antes
de irse al mundo invisible me dijo:
-Por
el camino quiero que observes todo y busques lo positivo sin fijarte en lo
negativo. De aquí en adelante serás un hombre diferente.
Comencé
a caminar por las calles sintiéndome el mismo hombre amargado y quejumbroso,
tal parece que el viaje con el ángel no me había sido de gran utilidad. Me
esforcé mucho para ver lo positivo de la vida pero me era muy difícil.
Más adelante en mi
camino vi a una niña pequeña y me llamó mucho
la atención que la niña
tenía en su
hombro una mariposa blanca. Me quedé observando a la
niña por un largo momento, ella, al sentir la mirada volteó a verme y me regaló
una sonrisa preciosa del tamaño del
cielo y aunque ustedes no lo
crean, la mariposa
también me sonrió
con su pequeña
boca y esas dos sonrisas penetraron a lo más profundo de
mi corazón arrancando de tajo a lo negativo.
Desde
ese día he sido capaz de ver lo positivo y hermoso de la vida. No me ciego ha
que existe la maldad y el dolor, pero trato de que no me afecte tanto como
antes.
Es
increíble como una sonrisa cambió por completo mi vida, ahora todos se agradan
de estar conmigo, soy feliz y alegre y puedo ver las cosas buenas aún en lo más
triste y doloroso.
El
ángel no mencionó con palabras lo que les voy a decir, pero pude verlo en sus
ojos y en la expresión de su rostro.
La
más grande fuente de felicidad no es el amor, ni la paz, ni la salud, ni la
sonrisa de las mariposas, la fuente más grande de felicidad es Dios. Un corazón
que está vacío de Dios verá todo triste y negativo, verá la mancha negra en el
papel blanco, verá la nube oscura en el día claro, verá el pequeño defecto en
la gran virtud, pero al contrario, un corazón rebosante de gozo verá todo feliz
y positivo, verá la blancura del papel negro, verá la brillante estrella en la
noche oscura, verá la gran virtud del defecto.
Sólo
así, estando lleno del amor de Dios podrás ser capaz de ver la sonrisa de las
mariposas.
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