La noche pronto llegó y nuestra embarcación no se recuperaba del sueño.
Antes de que la oscuridad nos invadiera por completo encendimos una fogata aún
en contra de los deseos de Uram, pues tenía miedo de que el Vedor regresara y
lo dañara de nuevo, pero yo lo convencí de que el miedo no lo dejaría volver,
el Vedor debía estar muy lejos de ahí, así que no tendríamos problemas.
Ya
sentados alrededor del fuego Leuri tuvo una idea, aprovechando mi aventura y el
miedo que les había provocado mi posible muerte, se le ocurrió que contáramos
algunas historias de miedo para que el tiempo transcurriera más rápido y
llegara más pronto la hora de que nuestra embarcación se reparara y así
podernos marchar a casa.
-Yo
comenzaré, -dijo Cholme-. Tengo una muy buena historia que contar.
Este
se acomodo encima de una roca y comenzó a hablar:
-En
la más pura inocencia, cuando el mundo aún era de paz y felicidad, sucedió algo
que a pesar del paso de los años no puedo explicar.
Mi
hermana hablaba con dos amigas imaginarias. Una se llamaba Chaly y la otra
Astroborica. Mi hermana jugaba con sus dos amigas y en ocasiones peleaba con
ellas. Yo, al igual que mis padres lo tomábamos todo como un juego, pero un día
sucedió algo que me aterró.
Mi
juguete favorito era un caballito de madera que se mecía, entonces mi hermana
me preguntó si podían jugar con él, yo le permití, a ella y a sus “amigas” que
jugaran con mi caballito. Mi hermana le dijo a Chaly que ella montara primero
el caballo, en ese momento el caballito comenzó a moverse e iba aumentando la
fuerza con que se movía.
Yo
me asusté mucho pero no corrí.
-¿Cómo
es que tus amigas imaginarias pueden mover el caballo? -Le pregunté a mi hermana-.
-¿Imaginarias?
-Dijo ella-. No porque tú no las veas y no las escuches, quiere decir que no
son reales, ellas ahí están, existen de verdad, ese es el silencio invisible,
sólo yo puedo entenderlo.
Muchos
años han pasado desde aquel suceso y aún no puedo explicarlo a pesar de que yo
también desarrollé el don de ver fantasmas.
Todos
soltamos la carcajada por la manera en que brillaban los ojos de Cholme y la
forma tan detallada en que movía sus manos. Era bueno para contar historias,
aunque a decir verdad a él no le provocó ninguna gracia que nos riéramos, pues
su miedo era real.
El
siguiente caballero del miedo que quiso contar una historia fue Uram. Se
acomodó cerca del fuego en un ángulo en el cual el fuego le hacía parecer
demoniaco. Esto fue lo que nos contó:
-Todas
las noches mientras soñaba sueños normales aparecía de la nada una terrible
pesadilla, siempre la misma pesadilla pero cada día peor.
Despertaba
envuelto en un grito y sudando frías gotas saladas, el cuerpo entumecido y los
ojos perdidos en el vacío de la noche. El miedo no me dejaba dormir más en esa
noche. A la noche siguiente se repetía la pesadilla. La oscuridad se estaba
convirtiendo en mi peor enemiga.
Esta
es mi pesadilla:
El
sueño transcurría normalmente como cualquier sueño, pero de repente aparecía en
mi sueño una puerta enorme de madera color negro, por las rendijas de la puerta brotaba una luz color sangre y se escuchaba una voz ronca y
penetrante que me llamaba por mi nombre diciendo:
-Ven,
acércate, abre la puerta y entra, ven a mí.
Yo
despertaba lleno de terror. No podía entender porque soñaba eso ni que
significaba. Poco a poco me fui acostumbrando al sueño, a tal grado que ya lo
ignoraba y podía seguir durmiendo con tranquilidad. El sueño nunca ha
desaparecido, pero si he dejado de temerle, ya no me quita el sueño, ni me
llena de pavor.
Muchas
veces me he preguntado que significa este sueño. ¿Qué pasará
si abro la
puerta? ¿Qué habrá
más allá de la
luz roja como sangre? ¿De quien será la voz penetrante que escucho? ¿Por qué me
conoce? Y ¿Para qué me llama? No lo sé, lo ignoro por completo y tal vez no
deba saberlo.
Muy
probablemente entienda la respuesta a todas estas preguntas el día en que mi
mano se atreva a abrir la puerta de la oscuridad y mi cuerpo y mi alma se atrevan a cruzar por debajo del umbral de la temible
puerta, pero hasta que esto suceda, tendré que aprender a soñar con ella todas
las noches y a ignorarla ignorando el miedo que produce, deberé aprender a
ignorar la voz que me llama por mi nombre y a pasar de largo por enfrente de la
puerta de mi pesadilla hasta que sea el momento de detenerme, abrirla y entrar
por ella siguiendo la voz que me llama camino a la oscuridad...
Todos
nos quedamos en silencio pues bien sabíamos que las pesadillas de Uram eran
reales. Además estábamos petrificados por la apariencia de su rostro, nunca lo habíamos visto así.
Leuri
se levantó con un inusual entusiasmo y nos dijo que era su turno. Su rostro no
necesitaba un ángulo específico frente al fuego para parecer demonio. Él,
comenzó a hablar. Cosa extraña en Leuri.
-Esta
historia yo no la viví, pero mis padres me la han contado, sucedió antes que yo
naciera, es la historia de mis hermanos. Se las voy a platicar como mi mamá la
cuenta.
Ese
día mis dos hijos iban a partir rumbo a su escuela. Ellos estudiaban en otra
ciudad muy lejana a casa.
Mi
hija, que era la mayor de los dos lloraba mucho y nos rogaba, a mí y a mi
esposo, que no dejáramos que se fuera, pero tenían que irse para continuar con
sus estudios, así que la convencimos de que eso era lo mejor.
Mi
hijo era muy callado, él no dijo nada, sólo nos abrazó, nos dio un beso y se
subió al auto, pero mi hija seguía insistiendo en que no la dejáramos partir y
casi a fuerzas se subió al automóvil en que viajaría el largo camino.
El
auto se puso en marcha y simultáneamente mis dos hijos voltearon a vernos
mientras se alejaban, fue en ese momento cuando tuve la sensación más
horripilante de mi vida.
Le
dije a mí esposo:
-Sabes,
cuando el auto se alejaba y que los muchachos voltearon a vernos, no vi sus
rostros dulces y hermosos, lo único que vi fue un par de calaveras, frías y
vacías de amor, las orbitas de sus ojos eran un
par de huecos sangrantes, sus mejillas eran duros huesos blancos y
sonreían como sonríe la muerte. Sentí una horrible sensación al ver ese funesto
cuadro, vamos a alcanzar el auto de nuestros hijos y traigámoslos de vuelta a
casa.
Mi
esposo guardó un silencio profundo y me dijo:
-Estás
loca mujer, sólo estas imaginando cosas porque no quieres que se vayan. Yo
tampoco quiero que se alejen, también me duele su ausencia, pero el tiempo pasa
rápido y pronto serán vacaciones de nuevo y estarán otra vez a nuestro
lado.
Nos
quedamos en un terrible silencio mientras el tiempo pasaba lento. La siguiente
vez que vimos a nuestros hijos no fue en
vacaciones, fue al día
siguiente de su partida. Estaban
tan lindos, su rostro limpio y dulce, sus ojos cerrados aparentaban
estar teniendo un lindo sueño, sus labios sonreían tiernamente, parecían un par
de ángeles dentro de una caja de cristal.
Mi
esposo y yo llorábamos a mares. ¿Cómo era posible que Dios nos hubiera
arrebatado a nuestros dos hijos al mismo tiempo?
Sepultamos
a nuestros hijos y regresamos a lo que algún día habíamos considerado un
hogar, pero ahora era nuestra
prisión, vacía y oscura, fría y
funesta.
Los
años pasaron y con ellos llegó un poquito de resignación, y un día mí esposo me
hizo una confesión que me destrozó el alma.
Estas
fueron sus palabras:
-Sabes
querida, aquel día cuando nuestros hijos se fueron, yo también vi las calaveras
en sus rostros, y una voz interna me decía que no los dejara partir, pero pensé
que estaba enloqueciendo y no me atreví a hacer nada.
Cuan
diferente pudo ser nuestra vida si hubiéramos entendido el mensaje de las
calaveras, si hubiéramos corrido a detener su
viaje, tal vez ellos estarían aquí y nosotros no seríamos las amargas y
tristes criaturas que somos, pero como el hubiera no existe... no comprendimos
el mensaje, ignoramos el vislumbre que tuvimos y ahora tenemos que pagar sus
tristes consecuencias.
Leuri
terminó de contar la historia con lágrimas en los ojos, pues no había conocido
a sus hermanos pero de igual forma era un recuerdo doloroso para él.
Niwde
con su característico humor nos contó una extraña historia. Se colocó frente a
nosotros y se puso en una posición chistosa. Esta fue la historia.
Cuando
era niño, mi familia se mudaba continuamente de casa. Cuando cumplí seis años
llegamos a una casa grande, muy bonita y cómoda. Pasaron algunos meses sin que
nada sucediera, pero una mañana, mientras jugaba con mis carritos en las
escaleras del pasillo vi salir del baño a un hombre adulto, su cabeza sangraba
abundantemente y él lloraba lamentablemente. Ese hombre me causo una impresión
tan grande que quedé como petrificado, mis pies no respondían, no me podía
mover y el hombre se acercaba lentamente a mí. Yo miraba con terror al hombre
acercándose a mí y no me podía escapar. El hombre llegó hasta donde yo estaba y atravesó mi cuerpo como si fuera producto de mi
imaginación. Cuando miré hacia atrás para
ver al hombre alejarse, noté que él ya no estaba, había desaparecido
tan misteriosamente como apareció.
Unos
minutos después se desentumió mi cuerpo y corrí hasta donde estaban mis padres,
les platiqué la historia y se miraron misteriosamente uno al otro. Mi mamá me
miró fijamente, me abrazó y me dijo las siguientes palabras:
-Hijo,
tenemos que platicarte una historia.
Hace
años, el dueño de esta casa estaba tomando una ducha, él resbaló y cayó
golpeándose la cabeza en las llaves, la desesperación invadió al hombre porque no se podía mover,
ni gritar por causa del golpe y se estaba desangrando. Minutos después
el hombre murió.
La
historia impactó mucho a mi mente infantil, ya no vivía a gusto en esa casa,
pues pensaba que en cualquier momento aparecería de nuevo el fantasma del baño,
pero en realidad nunca volvió a aparecer.
Los
años han pasado y ahora soy un hombre joven y en realidad, (a pesar de la
experiencia de ese día) no creo en los fantasmas, ni en
las almas que andan penando, eso para mí no existe. Lo de aquel día fue un
eco de una tragedia, la visión de la triste muerte de un hombre que ahora
duerme el sueño eterno.
La
sonrisa volvió a nuestros labios después de que Niwde contó su historia. Él
tenía la capacidad de volver cómico hasta un evento traumático.
Siry,
sin decir nada se puso de pie y comenzó a hablar.
-Esto
no me ocurrió a mí, le pasó a un tío que vive en otro lugar, tampoco es de
terror, pero es muy interesante. Al igual que Leuri les voy a platicar la
historia como la cuenta mi tío.
Mi
juventud fue un lindo sueño, vivía en un lindo rancho donde las cosechas eran
abundantes, teníamos las mejores frutas de la región, el mejor ganado, los
mejores quesos, era un rancho que progresaba rápidamente, yo era muy
feliz.
Pero
algo raro sucedía conmigo, todas las noches me levantaba dormido, recorría la
casa y después salía de la casa, caminaba por los corrales, después atravesaba
de lado a lado los huertos, corría a lo largo de la pista de aterrizaje y
después caminaba con gran agilidad sobre el filo de una delgada barda, al bajar
de la barda regresaba a la casa, entraba al cuartito de los tiliches y agarraba
una pequeña pala, volvía a salir de la casa y me dirigía a uno de
los campos de cultivo, ahí me paraba bajo un árbol daba diez pasos
hacia enfrente y comenzaba a escarbar, pero sólo sacaba dos palas de tierra y regresaba a casa,
guardaba la pala, volvía a salir de la casa, me iba directo a la alberca y me
lanzaba de clavado al agua. Al sentir el contacto de la fría agua despertaba
violentamente.
Eso
era todas las noches, el mismo camino siempre, la misma extraña rutina y
siempre escarbaba en el mismo lugar. Mi padre y mi abuelo sentían
mucha curiosidad por
lo que hacia
mientras era sonámbulo y un día
decidieron escarbar en el punto exacto donde yo escarbaba.
Primero
escarbaron con pico y con pala, después cuando el hueco ya era muy profundo
comenzaron a escarbar con aparatos, pero el hueco se hacía cada vez más
profundo y no encontraban nada. El hoyo era ya demasiado profundo cuando mi
abuelo y mi padre claudicaron en su intento de encontrar algo, subieron por la escalera rustica que habían colocado en la pared del
hoyo sintiendo una gran frustración por no haber encontrado nada.
En
la noche siguiente repetí todo mi andar, y cuando mi padre se dio cuenta de que
nuevamente andaba sonámbulo se acordó que no habían tapado el hueco y sintió
miedo de que fuera a caer en él y muriera. Se levantó apresuradamente y corrió
hasta el hoyo, para cuando llegó a la entrada del hueco yo ya venía subiendo
con una pequeña piedra negra en mis manos. Estiré mis manos hacia el oscuro
cielo de la noche y dije:
-“He
aquí el preciado tesoro que he buscado durante tanto tiempo.”
Puse
la pequeña piedra en mi bolsillo y corrí hasta la alberca, donde desperté
nuevamente al contacto del agua. Cuando salí del agua vi a mi padre parado
frente a mí mirándome de una forma extraña y en sus labios se dibujaba una
sonrisa pícara.
-¿De
que te ríes y por qué me miras de esa forma? -Le pregunté-.
Él
me contestó:
–Por
fin has encontrado lo que habías estado buscando, tu abuelo y yo nos quedamos a
unos escasos centímetros de encontrarlo, pero el indicado para encontrarlo eras
tú, busca en tu bolsillo, ahí guardaste tu gran tesoro.
Metí
mi mano al bolsillo y palpé la pequeña piedra, era lisa y suave, la saqué y vi
que era una pequeña piedra color negro sin valor alguno.
Me
sentí frustrado por mi pobre hallazgo, pero guardé la piedra. Algunos años
después encontré la piedra mientras limpiaba uno de mis cajones. Recordé todo
lo que había sucedido alrededor de esa piedra y la puse en el librero de la
sala.
Para
ese entonces, la vida había cambiado radicalmente. Mi abuelo había fallecido y
el rancho estaba casi en el abandono, el
dinero de la familia se había perdido en
manos de los abogados mientras todos peleaban la herencia. Era oficial,
estábamos en quiebra y tendríamos que vender el rancho.
Una
semana después de que reencontré la piedra llegó al rancho un hombre muy rico y
poderoso que deseaba comprarlo. Le mostramos todo el rancho y él se notaba
complacido. Ya por último le mostramos la casa y también le agradó, el hombre
estaba dispuesto a comprar la propiedad. Antes de firmar el contrato, el hombre
se acercó al librero, vio la piedra y dio un gran suspiro, sus ojos brillaban
como si hubiera encontrado algo que había perdido, algo amado, lo más deseado
del mundo.
El
hombre nos miró y nos dijo:
-¿Saben
ustedes lo que tienen aquí? Esta piedra es una de las joyas más raras y valiosa
de la tierra, esta pequeña piedra vale millones de dólares. Vale más que todos
los ranchos de esta región juntos.
-Usted.
¿Cómo sabe eso? -Le pregunté-.
-Pues
verá usted, -me dijo-. Yo soy experto en
joyas, ese es mi principal negocio. Ya no quiero comprar el rancho, ahora es mi
deseo comprar esta piedra.
Le
vendí la piedra al hombre por un gran monto de dólares, con lo que compré el
rancho e hice que fuera nuevamente el mejor rancho de todo el estado. Esa
pequeña piedra que encontré sonámbulo me
convirtió en multimillonario y aseguró
el futuro de mis hijos. Durante años la menosprecié, no creí que valiera nada,
pero después de todo era la piedra más valiosa de todo el mundo.
Hoy
ya soy un viejo y mi rancho sigue siendo el mejor de todos. Los años han pasado
y nunca más volví a caminar sonámbulo, sólo lo hice para encontrar la piedra
que salvaría mi vida.
Era
verdad lo que Siry había dicho, esa historia fue muy interesante. Además de
cierta, su tío era muy rico gracias a ese tesoro que encontró.
Yo
me paré en medio de la fogata, me quedé mirando por unos instantes a cada uno
de los caballeros del miedo, quienes interesadamente me miraban. Comencé a platicar
una historia propia, la cual sucedió hace años y aún me atemoriza un poco.
Los
días transcurrían rápidamente, la fecha de ir al campamento estaba cercana. Mis
amigos, mi novia y yo hicimos los últimos preparativos para el viaje. Ese
campamento sería exclusivo para jóvenes y los adultos que estarían presentes
eran muy pocos.
Los
días pasaron y por fin llegó el momento de ir al campamento. El viaje fue
absolutamente normal, de igual forma fueron los primeros días de campamento.
El
viernes de noche habría un evento sorpresa alrededor de una fogata, en esa
mañana de viernes, nos pidieron a Nauj, a Learsi y a mí que colocáramos los
troncos para la fogata y con gusto lo hicimos. El tronco principal quedó
fuertemente sepultado en la tierra y los troncos restantes quedaron firmes al
tronco principal, sabíamos bien lo que hacíamos.
Antes
del evento sorpresa en la fogata habría otro evento en el auditorio principal
del campamento, pero
antes de el
sol se ocultara, misteriosamente
se fue la luz del campamento. Como la
luz no regresaba
los dirigentes del
campamento dieron la orden
de que todos los eventos serían
alrededor de la fogata, (esa sería la sorpresa).
Nauj,
Learsi y yo corrimos a prender la fogata y muy pronto ese lugar estaba lleno de
jóvenes animosos y alegres. El orador comenzó
a hablar, y
al mismo tiempo
que él hablaba,
unas extrañas nubes comenzaron a formarse en el oscuro cielo. Después de
eso, todo fue muy rápido, pronto, el cielo estaba casi en su totalidad nublado
y los rayos jugueteaban con la oscuridad de la noche. Lo más extraño de esa
tormenta eléctrica era que si mirabas al norte, o al sur, o al este, o al
oeste, estaba nublado, pero si mirabas hacia arriba había un circulo en el
cielo totalmente despejado donde
las estrellas brillaban
con gran intensidad. El ambiente
se sentía extraño, una rara presión nos incomodaba.
Cuando
las palabras del orador estaban en su clímax sobrevino la desgracia. (Si es que
podemos decirle desgracia a una posible bendición). Repentinamente comenzaron a saltar pequeñas
chispas de fuego que se elevaban en el cielo contrastando con las oscuras nubes
y los rayos, y se confundían con las estrellas del pequeño hueco despejado.
Después, un crujido de la madera nos sacó del éxtasis de las chispas y de las
palabras del orador. Tras el crujido, como si una mano invisible la aplastara,
la fogata se derrumbó en su totalidad y la oscuridad reinó en todo el
campamento. En ese momento se escuchó un grito detrás de nosotros, algunos
jóvenes corrieron a auxiliar a la joven mujer que había gritado pensando que
algún animal la
había atacado, pero
cuando llegaron a
ella se llevaron una espeluznante
sorpresa. La joven tenía el rostro desfigurado, hablaba palabras de blasfemia y
se retorcía en el aire en forma sobrenatural. Los líderes del campamento pronto
fueron a su auxilio, pero la fuerza que tenía la joven era impresionante. La
joven tuvo que ser trasladada a un hospital a la ciudad y el resto de los
jóvenes nos quedamos en el campamento.
Los
pocos adultos que estaban con nosotros estaban muertos del miedo y querían
regresar a sus hogares, mas sin embargo los jóvenes reaccionamos de una forma
que nadie imaginó; pronto formamos círculos de oración y cantábamos himnos, así
transcurrió bastante tiempo hasta que se nos dio la orden de ir a dormir. Fue
una noche larga y tenebrosa, pero aún así algunos de nosotros dormimos
tranquilos.
Al
día siguiente Nauj y yo nos levantamos temprano y caminamos hacia el río, ahí,
junto a la ribera estaba uno de los dirigentes del campamento, nos acercamos a
él y le preguntamos que había sucedido con la muchacha. Lo que nos contó marcó
para siempre nuestras vidas, estas fueron sus palabras:
-Cuando
llegamos al hospital, la manifestación demoníaca fue total, el diablo nos habló
a través de la boca de la joven, nos decía maldiciones y nos echaba en cara
nuestros pecados. El rostro de la señorita cada vez se deformaba más y su voz
se hacía hueca, sus ojos enrojecidos disparaban odio, de su boca salía una
espuma apestosa, su cuerpo se contorsionaba terriblemente. Nosotros fuimos
incapaces de hacer cualquier cosa, excepto de orar, durante horas estuvimos
orando y pidiéndole al Señor que expulsara a ese mal espíritu del cuerpo de la
muchacha. Después de varias horas de lucha, el demonio salió de ese cuerpo y se
marchó.
La
jovencita recuperó su aspecto normal y cuando estuvo controlada nos confesó que
había estado jugando con la guija días antes de llegar al campamento, también
nos contó que cuando gritó fue porque vio al demonio acercándose a ella, y lo
más terrible de todo fue que nos dijo que todo el campamento estaba rodeado por
ángeles malignos.
Han
pasado algunos años desde aquel suceso, y al recordarlo, se me
sigue erizando la piel, pero estoy
seguro, a pesar de que nadie lo
vio, que el campamento no sólo estaba rodeado por ángeles
malos, sino que había una cerca protectora de ángeles del cielo. Nuestra
fe y valor fue recompensada por Dios, el cual no permitió que fuéramos tocados
por el mal, y así salimos triunfantes contra las huestes del mal, siendo un
poderoso ejercito de Dios.
Todos
estaban en silencio al escuchar mi historia, se les notaba el miedo en la
mirada e impacientes por escuchar la historia que seguía.
Omem
se levantó de la roca en la que se había sentado y dijo que el seguía. Todos
teníamos miedo de lo que pudiera contar, pues en si su vida había sido una
historia de terror. Habló con su voz tenebrosa y dijo:
-Hace
años estaba trabajando en un pequeño restaurante, el edificio era viejo, una de
esas construcciones que tienen todos los cuartos alrededor de un patio y en el
centro un profundo pozo ya seco. Los dueños del restaurante y algunos clientes
decían que en el pozo se escuchaban ruidos extraños y que en ocasiones algunas
personas habían visto cosas extrañas.
Yo
no le daba importancia a esas platicas, ni me interesaban los eventos extraños,
pero un día, mientras estaba acomodando unos refrescos en el refrigerador antes
de abrir el restaurante, sentí un extraño viento frío a mis espaldas, enseguida
voltee a ver lo que era y vi a una mujer de blanco que se movía
de una forma
sumamente extraña, yo
pensé al principio que era una loca
que se había metido al local, pero al ver sus pies noté que estaba flotando en
la nada. La mujer de blanco siguió caminando en el viento hasta que desapareció
en una pared. Esa es la única experiencia extraña que he tenido en mi vida y no
quiero tener ni una sola experiencia más. Ese día el miedo me paralizó de una
forma dolorosa.
Muchos
creen que en ese pozo debe estar enterrado algún tesoro, muchos lo han buscado
pero nadie lo ha podido encontrar hasta hoy.
-Que
miedo me da esa historia, -dijo Kire-. Ahora me toca contar mi historia.
Kire se puso en medio de la fogata,
para dar un efecto más tenebroso a su historia y comenzó a hablar.
-Una
tarde de verano íbamos de viaje por una carretera desértica, mi papá estaba manejando y todos los demás
venían dormidos, yo contemplaba el sol que se ocultaba por momentos detrás de
las montañas. De pronto vi unas extrañas luces entre las montañas y se lo comenté
a mi papá, él me dijo que era un fenómeno atmosférico y así quedo la cosa.
El
sol se ocultó y la noche estaba muy oscura, sólo la luz del carro se miraba en
todo ese desierto, ni siquiera las estrellas se veían pues una nube negra había cubierto todo el cielo. Más tarde volví a ver las luces entre las
montañas, eso ya no me parecía un fenómeno atmosférico. Las luces comenzaron a
moverse y se me figuro que se acercaban a nuestro carro. De pronto el cielo se
ilumino con una luz etérea y el auto dejó de funcionar por completo, con dificultad
mi papá logró maniobrar hasta detener el auto en un lugar seguro, para esos
momentos ya todos estaban despiertos y asustados. Las luces comenzaron a bailar
a nuestro rededor y parecía que nos investigaban. Ese fenómeno duró como cinco
minutos que nos parecieron horas. Después las luces se alejaron de nosotros y
el auto volvió a funcionar.
Mi
papá aceleró a toda velocidad y el resto del camino nadie comentó nada. Los
días posteriores fueron difíciles para mí y para la familia ya que todos
estuvimos teniendo extrañas visiones y apariciones, pero unos días después todo
volvió a la normalidad.
Estamos
seguros que las luces nos provocaron esa situación, pero hasta la fecha nadie ha podido explicarnos que fue lo que
pasó.
Kire
terminó de contar su historia y todos quedamos en silencio y mirando al cielo.
La situación que había comenzado con sonrisas y bromas alrededor del fuego se
había convertido en una situación tensa y cargada de miedo que se sentía en el
ambiente.
-Sólo
falto yo, -dijo Wu al mismo tiempo que se levantaba de su roca-.
Algunos
de los caballeros del miedo miraban hacia las aguas ardientes y otros miraban
hacia el mar en donde descansaba nuestra embarcación y solamente Wu miraba
hacia el interior desértico de la isla.
Wu
comenzó a hablar sin dejar de mirar en esa dirección y sin parpadear:
-Una
noche, estaba yo con algunos amigos en una isla desierta, todos habían
platicado una historia de horror y sólo faltaba yo, pero en el momento justo en
que me levanté a contar mi historia de miedo, vi, más allá del fuego, a los
adentros de la isla a un grupo de niños con mirada de demonios que nos
observaban atentamente. Ellos parecían comunicarse mentalmente conmigo y me
decían que teníamos que abandonar esa isla lo más pronto posible antes de que su
maldición nos alcanzara. En la isla había demonios enfurecidos por que era su
prisión y maldecían a cualquiera que llegará a ese lugar. Un ave gigantesca
había sido el primer enviado de los demonios, pero había fallado en el intento
de arrojarlos fuera de la isla, los segundos enviados eran esos niños horribles
que se comunicaban conmigo a través de la mente.
-Esa
historia si que está fuera de lugar, -dijo Siry con la voz entrecortada-. ¿Que
intentas al decir esas tonterías? ¿Quieres matarnos de un susto?
Wu,
sin decir nada y sin moverse, levantó su mano y apuntó con su dedo al interior
de la isla. Todos miramos hacia el lugar al que apuntaba y vimos con miedo en
los ojos que un grupo de niños con la mirada roja y pesada miraban directamente
hacia nosotros. Todos nos asustamos y algunos gritaron de miedo y brincaron
nerviosos, pero Omem y yo fuimos corriendo como si un impulso interno nos
atrajera hacia los niños.
-¿Qué
es lo que quieren? –les pregunté-.
-¿Quiénes
son ustedes? –Preguntó Omem-.
Ellos
con su voz mental respondieron a coro:
-Somos
los hijos de los demonios de esta isla y lo que queremos es que se vallan de
aquí antes de que la terrible maldición de la isla los alcance. Les damos la
oportunidad de irse voluntariamente o nos veremos en la penosa necesidad de
asesinarlos.
Omem
y yo fuimos con los caballeros del miedo y les informamos de lo sucedido. Nadie
estaba dispuesto a tener una lucha con esos seres de la oscuridad, ni yo mismo
lo estaba. Esa noche dormimos, los que pudieron, a orillas del mar, en las
frías playas lejos de las aguas hirvientes del
ojo. Hubiéramos querido partir de
la isla en ese mismo momento,
pero nuestra embarcación aún no se recuperaba del sueño.
Esa fue una noche terriblemente larga que nunca
olvidaremos. Mas sin embargo, nunca más volvimos a comentar nada sobre esa
noche. No por miedo, sino porque al lugar donde nos llevaría el mar no nos
permitiría hablar de ello.
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