jueves, 9 de febrero de 2012

CAP 06 MIEDO


La noche pronto llegó y nuestra embarcación no se recuperaba del sueño. Antes de que la oscuridad nos invadiera por completo encendimos una fogata aún en contra de los deseos de Uram, pues tenía miedo de que el Vedor regresara y lo dañara de nuevo, pero yo lo convencí de que el miedo no lo dejaría volver, el Vedor debía estar muy lejos de ahí, así que no tendríamos problemas.
Ya sentados alrededor del fuego Leuri tuvo una idea, aprovechando mi aventura y el miedo que les había provocado mi posible muerte, se le ocurrió que contáramos algunas historias de miedo para que el tiempo transcurriera más rápido y llegara más pronto la hora de que nuestra embarcación se reparara y así podernos marchar a casa.
-Yo comenzaré, -dijo Cholme-. Tengo una muy buena historia que contar.
Este se acomodo encima de una roca y comenzó a hablar:
-En la más pura inocencia, cuando el mundo aún era de paz y felicidad, sucedió algo que a pesar del paso de los años no puedo explicar.     
Mi hermana hablaba con dos amigas imaginarias. Una se llamaba Chaly y la otra Astroborica. Mi hermana jugaba con sus dos amigas y en ocasiones peleaba con ellas. Yo, al igual que mis padres lo tomábamos todo como un juego, pero un día sucedió algo que me aterró.     
Mi juguete favorito era un caballito de madera que se mecía, entonces mi hermana me preguntó si podían jugar con él, yo le permití, a ella y a sus “amigas” que jugaran con mi caballito. Mi hermana le dijo a Chaly que ella montara primero el caballo, en ese momento el caballito comenzó a moverse e iba aumentando la fuerza con que se movía.    
Yo me asusté mucho pero no corrí.
-¿Cómo es que tus amigas imaginarias pueden mover el caballo?    -Le pregunté a mi hermana-.  
-¿Imaginarias? -Dijo ella-. No porque tú no las veas y no las escuches, quiere decir que no son reales, ellas ahí están, existen de verdad, ese es el silencio invisible, sólo yo puedo entenderlo.   
Muchos años han pasado desde aquel suceso y aún no puedo explicarlo a pesar de que yo también desarrollé el don de ver fantasmas.
Todos soltamos la carcajada por la manera en que brillaban los ojos de Cholme y la forma tan detallada en que movía sus manos. Era bueno para contar historias, aunque a decir verdad a él no le provocó ninguna gracia que nos riéramos, pues su miedo era real.
            El siguiente caballero del miedo que quiso contar una historia fue Uram. Se acomodó cerca del fuego en un ángulo en el cual el fuego le hacía parecer demoniaco. Esto fue lo que nos contó:
-Todas las noches mientras soñaba sueños normales aparecía de la nada una terrible pesadilla, siempre la misma pesadilla pero cada día peor.
Despertaba envuelto en un grito y sudando frías gotas saladas, el cuerpo entumecido y los ojos perdidos en el vacío de la noche. El miedo no me dejaba dormir más en esa noche. A la noche siguiente se repetía la pesadilla. La oscuridad se estaba convirtiendo en mi peor enemiga.    
Esta es mi pesadilla:    
El sueño transcurría normalmente como cualquier sueño, pero de repente aparecía en mi sueño una puerta enorme de madera color negro,  por las rendijas de la  puerta brotaba una luz color  sangre y se escuchaba una voz ronca y penetrante que me llamaba por mi nombre diciendo:     
-Ven, acércate, abre la puerta y entra, ven a mí.    
Yo despertaba lleno de terror. No podía entender porque soñaba eso ni que significaba. Poco a poco me fui acostumbrando al sueño, a tal grado que ya lo ignoraba y podía seguir durmiendo con tranquilidad. El sueño nunca ha desaparecido, pero si he dejado de temerle, ya no me quita el sueño, ni me llena de pavor.    
Muchas veces me he preguntado que significa este sueño. ¿Qué  pasará  si  abro  la  puerta?   ¿Qué  habrá  más  allá  de  la luz roja como sangre? ¿De quien será la voz penetrante que escucho? ¿Por qué me conoce? Y ¿Para qué me llama? No lo sé, lo ignoro por completo y tal vez no deba saberlo.    
Muy probablemente entienda la respuesta a todas estas preguntas el día en que mi mano se atreva a abrir la puerta de la oscuridad y mi  cuerpo y mi alma se atrevan  a cruzar por debajo del umbral de la temible puerta, pero hasta que esto suceda, tendré que aprender a soñar con ella todas las noches y a ignorarla ignorando el miedo que produce, deberé aprender a ignorar la voz que me llama por mi nombre y a pasar de largo por enfrente de la puerta de mi pesadilla hasta que sea el momento de detenerme, abrirla y entrar por ella siguiendo la voz que me llama camino a la oscuridad...
Todos nos quedamos en silencio pues bien sabíamos que las pesadillas de Uram eran reales. Además estábamos petrificados por la apariencia de su rostro,  nunca lo habíamos visto así.
Leuri se levantó con un inusual entusiasmo y nos dijo que era su turno. Su rostro no necesitaba un ángulo específico frente al fuego para parecer demonio. Él, comenzó a hablar. Cosa extraña en Leuri.
-Esta historia yo no la viví, pero mis padres me la han contado, sucedió antes que yo naciera, es la historia de mis hermanos. Se las voy a platicar como mi mamá la cuenta.
Ese día mis dos hijos iban a partir rumbo a su escuela. Ellos estudiaban en otra ciudad muy lejana a casa.     
Mi hija, que era la mayor de los dos lloraba mucho y nos rogaba, a mí y a mi esposo, que no dejáramos que se fuera, pero tenían que irse para continuar con sus estudios, así que la convencimos de que eso era lo mejor.    
Mi hijo era muy callado, él no dijo nada, sólo nos abrazó, nos dio un beso y se subió al auto, pero mi hija seguía insistiendo en que no la dejáramos partir y casi a fuerzas se subió al automóvil en que viajaría el largo camino.    
El auto se puso en marcha y simultáneamente mis dos hijos voltearon a vernos mientras se alejaban, fue en ese momento cuando tuve la sensación más horripilante de mi vida.    
Le dije a mí esposo:     
-Sabes, cuando el auto se alejaba y que los muchachos voltearon a vernos, no vi sus rostros dulces y hermosos, lo único que vi fue un par de calaveras, frías y vacías de amor, las orbitas de sus ojos eran un  par de huecos  sangrantes,  sus mejillas eran duros huesos blancos y sonreían como sonríe la muerte. Sentí una horrible sensación al ver ese funesto cuadro, vamos a alcanzar el auto de nuestros hijos y traigámoslos de vuelta a casa.    
Mi esposo guardó un silencio profundo y me dijo:    
-Estás loca mujer, sólo estas imaginando cosas porque no quieres que se vayan. Yo tampoco quiero que se alejen, también me duele su ausencia, pero el tiempo pasa rápido y pronto serán vacaciones de nuevo y estarán otra vez a nuestro lado.    
Nos quedamos en un terrible silencio mientras el tiempo pasaba lento. La siguiente vez que vimos a nuestros hijos no fue en  vacaciones,  fue al  día  siguiente de  su partida.  Estaban  tan lindos, su rostro limpio y dulce, sus ojos cerrados aparentaban estar teniendo un lindo sueño, sus labios sonreían tiernamente, parecían un par de ángeles dentro de una caja de cristal.    
Mi esposo y yo llorábamos a mares. ¿Cómo era posible que Dios nos hubiera arrebatado a nuestros dos hijos al mismo tiempo?
Sepultamos a nuestros hijos y regresamos a lo que algún día habíamos considerado un hogar,  pero ahora era nuestra prisión,  vacía y oscura, fría y funesta.    
Los años pasaron y con ellos llegó un poquito de resignación, y un día mí esposo me hizo una confesión que me destrozó el alma.
Estas fueron sus palabras:    
-Sabes querida, aquel día cuando nuestros hijos se fueron, yo también vi las calaveras en sus rostros, y una voz interna me decía que no los dejara partir, pero pensé que estaba enloqueciendo y no me atreví a hacer nada.        
Cuan diferente pudo ser nuestra vida si hubiéramos entendido el mensaje de las calaveras, si hubiéramos corrido a detener su  viaje, tal vez ellos estarían aquí y nosotros no seríamos las amargas y tristes criaturas que somos, pero como el hubiera no existe... no comprendimos el mensaje, ignoramos el vislumbre que tuvimos y ahora tenemos que pagar sus tristes consecuencias.
Leuri terminó de contar la historia con lágrimas en los ojos, pues no había conocido a sus hermanos pero de igual forma era un recuerdo doloroso para él.
            Niwde con su característico humor nos contó una extraña historia. Se colocó frente a nosotros y se puso en una posición chistosa. Esta fue la historia.
Cuando era niño, mi familia se mudaba continuamente de casa. Cuando cumplí seis años llegamos a una casa grande, muy bonita y cómoda. Pasaron algunos meses sin que nada sucediera, pero una mañana, mientras jugaba con mis carritos en las escaleras del pasillo vi salir del baño a un hombre adulto, su cabeza sangraba abundantemente y él lloraba lamentablemente. Ese hombre me causo una impresión tan grande que quedé como petrificado, mis pies no respondían, no me podía mover y el hombre se acercaba lentamente a mí. Yo miraba con terror al hombre acercándose a mí y no me podía escapar. El hombre llegó hasta donde  yo estaba y atravesó  mi cuerpo como si fuera producto de mi imaginación. Cuando  miré hacia  atrás para  ver al hombre  alejarse,  noté que él ya no estaba, había desaparecido tan misteriosamente como apareció.    
Unos minutos después se desentumió mi cuerpo y corrí hasta donde estaban mis padres, les platiqué la historia y se miraron misteriosamente uno al otro. Mi mamá me miró fijamente, me abrazó y me dijo las siguientes palabras:    
-Hijo, tenemos que platicarte una historia.
Hace años, el dueño de esta casa estaba tomando una ducha, él resbaló y cayó golpeándose la cabeza en las llaves, la desesperación invadió  al hombre porque no se  podía mover,  ni gritar por causa del golpe y se estaba desangrando. Minutos después el hombre murió.     
La historia impactó mucho a mi mente infantil, ya no vivía a gusto en esa casa, pues pensaba que en cualquier momento aparecería de nuevo el fantasma del baño, pero en realidad nunca volvió a aparecer.     
Los años han pasado y ahora soy un hombre joven y en realidad, (a pesar de la experiencia de ese día) no creo en los fantasmas,  ni en  las almas  que andan penando,  eso para mí no existe. Lo de aquel día fue un eco de una tragedia, la visión de la triste muerte de un hombre que ahora duerme el sueño eterno.
La sonrisa volvió a nuestros labios después de que Niwde contó su historia. Él tenía la capacidad de volver cómico hasta un evento traumático. 
            Siry, sin decir nada se puso de pie y comenzó a hablar.
-Esto no me ocurrió a mí, le pasó a un tío que vive en otro lugar, tampoco es de terror, pero es muy interesante. Al igual que Leuri les voy a platicar la historia como la cuenta mi tío.
Mi juventud fue un lindo sueño, vivía en un lindo rancho donde las cosechas eran abundantes, teníamos las mejores frutas de la región, el mejor ganado, los mejores quesos, era un rancho que progresaba rápidamente, yo era muy feliz.    
Pero algo raro sucedía conmigo, todas las noches me levantaba dormido, recorría la casa y después salía de la casa, caminaba por los corrales, después atravesaba de lado a lado los huertos, corría a lo largo de la pista de aterrizaje y después caminaba con gran agilidad sobre el filo de una delgada barda, al bajar de la barda regresaba a la casa, entraba al cuartito de los tiliches y agarraba una pequeña pala, volvía a salir de la casa y me dirigía a  uno de  los campos  de cultivo,  ahí me paraba bajo un árbol daba diez pasos hacia  enfrente y comenzaba a  escarbar, pero sólo sacaba  dos palas de tierra y regresaba a casa, guardaba la pala, volvía a salir de la casa, me iba directo a la alberca y me lanzaba de clavado al agua. Al sentir el contacto de la fría agua despertaba violentamente.    
Eso era todas las noches, el mismo camino siempre, la misma extraña rutina y siempre escarbaba en el mismo lugar. Mi padre y mi abuelo  sentían   mucha  curiosidad  por  lo  que   hacia  mientras   era sonámbulo y un día decidieron escarbar en el punto exacto donde yo escarbaba.     
Primero escarbaron con pico y con pala, después cuando el hueco ya era muy profundo comenzaron a escarbar con aparatos, pero el hueco se hacía cada vez más profundo y no encontraban nada. El hoyo era ya demasiado profundo cuando mi abuelo y mi padre claudicaron en su intento de encontrar algo,  subieron por la escalera  rustica que habían colocado en la pared del hoyo sintiendo una gran frustración por no haber encontrado nada.    
En la noche siguiente repetí todo mi andar, y cuando mi padre se dio cuenta de que nuevamente andaba sonámbulo se acordó que no habían tapado el hueco y sintió miedo de que fuera a caer en él y muriera. Se levantó apresuradamente y corrió hasta el hoyo, para cuando llegó a la entrada del hueco yo ya venía subiendo con una pequeña piedra negra en mis manos. Estiré mis manos hacia el oscuro cielo de la noche y dije:    
-“He aquí el preciado tesoro que he buscado durante tanto tiempo.”     
Puse la pequeña piedra en mi bolsillo y corrí hasta la alberca, donde desperté nuevamente al contacto del agua. Cuando salí del agua vi a mi padre parado frente a mí mirándome de una forma extraña y en sus labios se dibujaba una sonrisa pícara.
-¿De que te ríes y por qué me miras de esa forma? -Le pregunté-. 
Él me contestó:
–Por fin has encontrado lo que habías estado buscando, tu abuelo y yo nos quedamos a unos escasos centímetros de encontrarlo, pero el indicado para encontrarlo eras tú, busca en tu bolsillo, ahí guardaste tu gran tesoro.      
Metí mi mano al bolsillo y palpé la pequeña piedra, era lisa y suave, la saqué y vi que era una pequeña piedra color negro sin valor alguno.
Me sentí frustrado por mi pobre hallazgo, pero guardé la piedra. Algunos años después encontré la piedra mientras limpiaba uno de mis cajones. Recordé todo lo que había sucedido alrededor de esa piedra y la puse en el librero de la sala.    
Para ese entonces, la vida había cambiado radicalmente. Mi abuelo había fallecido y el rancho estaba casi en el abandono,  el dinero de la familia se  había perdido en manos de los abogados mientras todos peleaban la herencia. Era oficial, estábamos en quiebra y tendríamos que vender el rancho.    
Una semana después de que reencontré la piedra llegó al rancho un hombre muy rico y poderoso que deseaba comprarlo. Le mostramos todo el rancho y él se notaba complacido. Ya por último le mostramos la casa y también le agradó, el hombre estaba dispuesto a comprar la propiedad. Antes de firmar el contrato, el hombre se acercó al librero, vio la piedra y dio un gran suspiro, sus ojos brillaban como si hubiera encontrado algo que había perdido, algo amado, lo más deseado del mundo.     
El hombre nos miró y nos dijo:    
-¿Saben ustedes lo que tienen aquí? Esta piedra es una de las joyas más raras y valiosa de la tierra, esta pequeña piedra vale millones de dólares. Vale más que todos los ranchos de esta región juntos.    
-Usted. ¿Cómo sabe eso? -Le pregunté-.    
-Pues verá usted, -me dijo-.  Yo soy experto en joyas, ese es mi principal negocio. Ya no quiero comprar el rancho, ahora es mi deseo comprar esta piedra.    
Le vendí la piedra al hombre por un gran monto de dólares, con lo que compré el rancho e hice que fuera nuevamente el mejor rancho de todo el estado. Esa pequeña piedra que encontré sonámbulo  me convirtió en multimillonario  y aseguró el futuro de mis hijos. Durante años la menosprecié, no creí que valiera nada, pero después de todo era la piedra más valiosa de todo el mundo.    
Hoy ya soy un viejo y mi rancho sigue siendo el mejor de todos. Los años han pasado y nunca más volví a caminar sonámbulo, sólo lo hice para encontrar la piedra que salvaría mi vida.   
Era verdad lo que Siry había dicho, esa historia fue muy interesante. Además de cierta, su tío era muy rico gracias a ese tesoro que encontró.
            Yo me paré en medio de la fogata, me quedé mirando por unos instantes a cada uno de los caballeros del miedo, quienes interesadamente me miraban. Comencé a platicar una historia propia, la cual sucedió hace años y aún me atemoriza un poco.                      
Los días transcurrían rápidamente, la fecha de ir al campamento estaba cercana. Mis amigos, mi novia y yo hicimos los últimos preparativos para el viaje. Ese campamento sería exclusivo para jóvenes y los adultos que estarían presentes eran muy pocos.    
Los días pasaron y por fin llegó el momento de ir al campamento. El viaje fue absolutamente normal, de igual forma fueron los primeros días de campamento.
El viernes de noche habría un evento sorpresa alrededor de una fogata, en esa mañana de viernes, nos pidieron a Nauj, a Learsi y a mí que colocáramos los troncos para la fogata y con gusto lo hicimos. El tronco principal quedó fuertemente sepultado en la tierra y los troncos restantes quedaron firmes al tronco principal, sabíamos bien lo que hacíamos.    
Antes del evento sorpresa en la fogata habría otro evento en el auditorio  principal  del  campamento,   pero  antes  de  el  sol  se ocultara, misteriosamente se fue la luz del campamento.   Como  la  luz  no  regresaba   los   dirigentes  del  campamento  dieron la orden de  que todos los eventos serían alrededor de la fogata, (esa sería la sorpresa).    
Nauj, Learsi y yo corrimos a prender la fogata y muy pronto ese lugar estaba lleno de jóvenes animosos y alegres. El orador comenzó  a  hablar,  y  al  mismo  tiempo  que  él  hablaba,  unas extrañas nubes comenzaron a formarse en el oscuro cielo. Después de eso, todo fue muy rápido, pronto, el cielo estaba casi en su totalidad nublado y los rayos jugueteaban con la oscuridad de la noche. Lo más extraño de esa tormenta eléctrica era que si mirabas al norte, o al sur, o al este, o al oeste, estaba nublado, pero si mirabas hacia arriba había un circulo en el cielo totalmente   despejado  donde  las  estrellas  brillaban  con   gran intensidad. El ambiente se sentía extraño, una rara presión nos incomodaba.    
Cuando las palabras del orador estaban en su clímax sobrevino la desgracia. (Si es que podemos decirle desgracia a una posible bendición).  Repentinamente comenzaron a saltar pequeñas chispas de fuego que se elevaban en el cielo contrastando con las oscuras nubes y los rayos, y se confundían con las estrellas del pequeño hueco despejado. Después, un crujido de la madera nos sacó del éxtasis de las chispas y de las palabras del orador. Tras el crujido, como si una mano invisible la aplastara, la fogata se derrumbó en su totalidad y la oscuridad reinó en todo el campamento. En ese momento se escuchó un grito detrás de nosotros, algunos jóvenes corrieron a auxiliar a la joven mujer que había gritado pensando que algún  animal   la  había  atacado,    pero  cuando  llegaron  a  ella  se llevaron una espeluznante sorpresa. La joven tenía el rostro desfigurado, hablaba palabras de blasfemia y se retorcía en el aire en forma sobrenatural. Los líderes del campamento pronto fueron a su auxilio, pero la fuerza que tenía la joven era impresionante. La joven tuvo que ser trasladada a un hospital a la ciudad y el resto de los jóvenes nos quedamos en el campamento.     
Los pocos adultos que estaban con nosotros estaban muertos del miedo y querían regresar a sus hogares, mas sin embargo los jóvenes reaccionamos de una forma que nadie imaginó; pronto formamos círculos de oración y cantábamos himnos, así transcurrió bastante tiempo hasta que se nos dio la orden de ir a dormir. Fue una noche larga y tenebrosa, pero aún así algunos de nosotros dormimos tranquilos.    
Al día siguiente Nauj y yo nos levantamos temprano y caminamos hacia el río, ahí, junto a la ribera estaba uno de los dirigentes del campamento, nos acercamos a él y le preguntamos que había sucedido con la muchacha. Lo que nos contó marcó para siempre nuestras vidas, estas fueron sus palabras:    
-Cuando llegamos al hospital, la manifestación demoníaca fue total, el diablo nos habló a través de la boca de la joven, nos decía maldiciones y nos echaba en cara nuestros pecados. El rostro de la señorita cada vez se deformaba más y su voz se hacía hueca, sus ojos enrojecidos disparaban odio, de su boca salía una espuma apestosa, su cuerpo se contorsionaba terriblemente. Nosotros fuimos incapaces de hacer cualquier cosa, excepto de orar, durante horas estuvimos orando y pidiéndole al Señor que expulsara a ese mal espíritu del cuerpo de la muchacha. Después de varias horas de lucha, el demonio salió de ese cuerpo y se marchó.     
La jovencita recuperó su aspecto normal y cuando estuvo controlada nos confesó que había estado jugando con la guija días antes de llegar al campamento, también nos contó que cuando gritó fue porque vio al demonio acercándose a ella, y lo más terrible de todo fue que nos dijo que todo el campamento estaba rodeado por ángeles malignos.    
Han pasado algunos años desde aquel suceso, y al recordarlo,  se me  sigue erizando  la piel,  pero estoy  seguro,  a pesar de que nadie lo vio,  que el campamento  no sólo estaba rodeado  por ángeles  malos, sino que había una cerca protectora de ángeles del cielo. Nuestra fe y valor fue recompensada por Dios, el cual no permitió que fuéramos tocados por el mal, y así salimos triunfantes contra las huestes del mal, siendo un poderoso ejercito de Dios.
Todos estaban en silencio al escuchar mi historia, se les notaba el miedo en la mirada e impacientes por escuchar la historia que seguía.
Omem se levantó de la roca en la que se había sentado y dijo que el seguía. Todos teníamos miedo de lo que pudiera contar, pues en si su vida había sido una historia de terror. Habló con su voz tenebrosa y dijo: 
-Hace años estaba trabajando en un pequeño restaurante, el edificio era viejo, una de esas construcciones que tienen todos los cuartos alrededor de un patio y en el centro un profundo pozo ya seco. Los dueños del restaurante y algunos clientes decían que en el pozo se escuchaban ruidos extraños y que en ocasiones algunas personas habían visto cosas extrañas.
Yo no le daba importancia a esas platicas, ni me interesaban los eventos extraños, pero un día, mientras estaba acomodando unos refrescos en el refrigerador antes de abrir el restaurante, sentí un extraño viento frío a mis espaldas, enseguida voltee a ver lo que era y vi a una mujer de blanco que se  movía   de  una   forma   sumamente   extraña,   yo  pensé  al principio que era una loca que se había metido al local, pero al ver sus pies noté que estaba flotando en la nada. La mujer de blanco siguió caminando en el viento hasta que desapareció en una pared. Esa es la única experiencia extraña que he tenido en mi vida y no quiero tener ni una sola experiencia más. Ese día el miedo me paralizó de una forma dolorosa.
Muchos creen que en ese pozo debe estar enterrado algún tesoro, muchos lo han buscado pero nadie lo ha podido encontrar hasta hoy.
            -Que miedo me da esa historia, -dijo Kire-. Ahora me toca contar mi historia.
            Kire se puso en medio de la fogata, para dar un efecto más tenebroso a su historia y comenzó a hablar.
-Una tarde de verano íbamos de viaje por una carretera desértica,  mi papá estaba manejando y todos los demás venían dormidos, yo contemplaba el sol que se ocultaba por momentos detrás de las montañas. De pronto vi unas extrañas luces entre las montañas y se lo comenté a mi papá, él me dijo que era un fenómeno atmosférico y así quedo la cosa.    
El sol se ocultó y la noche estaba muy oscura, sólo la luz del carro se miraba en todo ese desierto, ni siquiera las estrellas se veían pues una nube  negra había cubierto  todo el cielo.  Más tarde volví a ver las luces entre las montañas, eso ya no me parecía un fenómeno atmosférico. Las luces comenzaron a moverse y se me figuro que se acercaban a nuestro carro. De pronto el cielo se ilumino con una luz etérea y el auto dejó de funcionar por completo, con dificultad mi papá logró maniobrar hasta detener el auto en un lugar seguro, para esos momentos ya todos estaban despiertos y asustados. Las luces comenzaron a bailar a nuestro rededor y parecía que nos investigaban. Ese fenómeno duró como cinco minutos que nos parecieron horas. Después las luces se alejaron de nosotros y el auto volvió a funcionar.
Mi papá aceleró a toda velocidad y el resto del camino nadie comentó nada. Los días posteriores fueron difíciles para mí y para la familia ya que todos estuvimos teniendo extrañas visiones y apariciones, pero unos días después todo volvió a la normalidad.
Estamos seguros que las luces nos provocaron esa situación, pero hasta la fecha  nadie ha podido explicarnos que fue lo que pasó.
Kire terminó de contar su historia y todos quedamos en silencio y mirando al cielo. La situación que había comenzado con sonrisas y bromas alrededor del fuego se había convertido en una situación tensa y cargada de miedo que se sentía en el ambiente.
-Sólo falto yo, -dijo Wu al mismo tiempo que se levantaba de su roca-.
Algunos de los caballeros del miedo miraban hacia las aguas ardientes y otros miraban hacia el mar en donde descansaba nuestra embarcación y solamente Wu miraba hacia el interior desértico de la isla.
Wu comenzó a hablar sin dejar de mirar en esa dirección y sin parpadear:
-Una noche, estaba yo con algunos amigos en una isla desierta, todos habían platicado una historia de horror y sólo faltaba yo, pero en el momento justo en que me levanté a contar mi historia de miedo, vi, más allá del fuego, a los adentros de la isla a un grupo de niños con mirada de demonios que nos observaban atentamente. Ellos parecían comunicarse mentalmente conmigo y me decían que teníamos que abandonar esa isla lo más pronto posible antes de que su maldición nos alcanzara. En la isla había demonios enfurecidos por que era su prisión y maldecían a cualquiera que llegará a ese lugar. Un ave gigantesca había sido el primer enviado de los demonios, pero había fallado en el intento de arrojarlos fuera de la isla, los segundos enviados eran esos niños horribles que se comunicaban conmigo a través de la mente.
-Esa historia si que está fuera de lugar, -dijo Siry con la voz entrecortada-. ¿Que intentas al decir esas tonterías? ¿Quieres matarnos de un susto?
Wu, sin decir nada y sin moverse, levantó su mano y apuntó con su dedo al interior de la isla. Todos miramos hacia el lugar al que apuntaba y vimos con miedo en los ojos que un grupo de niños con la mirada roja y pesada miraban directamente hacia nosotros. Todos nos asustamos y algunos gritaron de miedo y brincaron nerviosos, pero Omem y yo fuimos corriendo como si un impulso interno nos atrajera hacia los niños.
-¿Qué es lo que quieren? –les pregunté-.
-¿Quiénes son ustedes? –Preguntó Omem-.
Ellos con su voz mental respondieron a coro:
-Somos los hijos de los demonios de esta isla y lo que queremos es que se vallan de aquí antes de que la terrible maldición de la isla los alcance. Les damos la oportunidad de irse voluntariamente o nos veremos en la penosa necesidad de asesinarlos.
Omem y yo fuimos con los caballeros del miedo y les informamos de lo sucedido. Nadie estaba dispuesto a tener una lucha con esos seres de la oscuridad, ni yo mismo lo estaba. Esa noche dormimos, los que pudieron, a orillas del mar, en las frías playas lejos de las aguas hirvientes del  ojo.  Hubiéramos querido  partir de  la isla  en ese mismo momento, pero nuestra embarcación aún no se recuperaba del sueño.
Esa fue una noche terriblemente larga que nunca olvidaremos. Mas sin embargo, nunca más volvimos a comentar nada sobre esa noche. No por miedo, sino porque al lugar donde nos llevaría el mar no nos permitiría hablar de ello.      

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