El león
que arde grita: ¿Acaso hay lado correcto al despertar?
¿A
quién le importa si me ha ido mal?
“Y
podría jurar que tiemblas de miedo
pues el
león que arde y el de tu propia sangre
te
enseñaron el abismo en una noche estrellada
a dos
kilómetros del odio a diez mil del hogar.”
El
terror de los reinos es la apoplejía cerebral
muerte
de arriba hacia abajo.
Escudriña
las vidas de tu lado, que nuca sean abandonadas.
El
tatuaje en tu brazo no te hace más hombre, no.
“”
Y un
lamento se elevó desde la piel de la tierra,
saltó
la necedad a la mente de ideas
y
alguien caminó hacia mí gritándome necio
y me
sorprendió con su sombrero enseñándome el abismo. “”
Estoy
seguro que no querías bajar. ¿Qué podías hacer?
El león
que arde gritaba: ¿Acaso hay lado correcto de hablar?
El
pendiente en tu pecho no te hace más bella, no. “”
El giro
en el árbol, el pasillo del árbol,
no hay
testigos ni espectadores,
todo
sigue girando entre lentes oscuros.
Tu
largo cabello no te da la fuerza,
tú no
eres Sansón.