Te
amarraré con alambres de púas.
Te daré
a beber con una esponja vacía.
Te
ataré con listones de fuego.
Te
alimentaré con copos de hielo.
Tu vida
y mi vida una serán.
Con el
fuego de mis ojos polvo te haré y te respiraré,
para
que siempre andes por mi cuerpo y nunca te deje de ver.
Con el
miedo de mi todo aire te haré y te respiraré,
para
que vivas por siempre en mi cuerpo y nunca te deje ver.
Te
esconderé en una caja sin fondo.
Respirarás
aire en un copo.
Te
guardaré en una playa desierta.
Tu
sangre primero por mis venas pasará.
Tu vida
y mi vida una serán.
Con el
llanto de mis días tierra te haré y te comeré,
para
que siembres en mí un desierto y nunca te deje de ver.
Con el
cansancio de los tiempos huracán te haré y te comeré,
para
que hagas de mí un tormento y nunca te dejé de ver.
Ya la
costumbre nos grita al oído,
ya lo
pasado lo hemos repetido,
y se
vuelve monótona la monotonía,
tú en
lo tuyo yo en lo mío,
versando
placeres que nunca existieron,
mirando
ayeres que ya se escribieron.
No
tengo porque llorar,
al fin
y al cabo te he de encontrar.
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