¿Quién
con devastación en las manos pondría precio a su propia cabeza?
¿Quién
con lágrimas enlutando el llanto daría la espalda al abrazo de aprecio?
¿Quién
con temor a la muerte llamaría a su muerte en oración silenciosa?
“Bajo
la tierra ya no podrás escribir,
lo que
escribiste ahora pesa sobre ti.
Toma tu
tiempo y grita que es tuyo, ya no late el corazón.
La
muerte alcanzo a los altares de muerte.
Un día
sin sol, un cielo sin verte,
y todos
lloran el perderte.”
Más
allá de la niebla tu sombra se ve lenta.
El
fondo de todos los abismos abrió su boca
y te
devoró en pie sobre tu sombra.
Ahora
irás en embrujo a cazar fantasmas
y la
muerte te fermenta por detrás de la mirada.
“”
Te
gustaba quemarte y revivirte.
Nunca
supe que cosa eras ni cual era tu verdadero nombre,
pero
esperar a que murieras era morir despacio.
Debajo
de la tierra no podrás morir,
y en
tus venas la sangre no se lastimará otra vez.
“”
Te has
muerto y me has matado un poco, no eras distinto a mí.
Tú con
todos los muertos… ¡Si con un trago los tragara!
¡Si con
este dolor los apuñalara!
¿Cuál
era la muralla que detenía la muerte?
Te
alejas de repente, tu mano no escribirá nunca más
a la
muerte, ahora la muerte escribirá en tu mano.
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