¿Cómo
encontrar esperanzas sintiendo bajo los pies ya las llamas?
Escucha
voz un soplido lento eterno en el centro de la razón,
con
caricias leves bellas al corazón, simplifica los dominios,
sacrifica
los destinos de una oración consumida en cerrazón.
Se
mueven los cielos, se mueren los suelos,
se
mueren las tropas de los hombres enfermos.
Se
mueven las aguas, se mueven las ramas,
se
mueren los hijos de las gentes hurañas.
Ofréceme tu aire, ofréceme tu voz,
ofréceme tu sangre, la tomaré hoy.
Regálame tu alma, regálame tu paz,
regálame tu vida que la tomaré hoy.
Huele a magia recién creada en un rito de
pasión.
Sabe el aire, sabe a gloria después de hundir
mi mano en tu corazón.
Y se siente dormido el párpado que alucinó
cielos y la mano
que recorrió un mundo entero se vuelve beso,
beso eterno.
Y a pesar de jurarle humillación al cielo
mutilé insensato lo que prohibió ese fuego,
y…
¿Quién cuidará de ti, de tus lágrimas, de tus
risas,
de tus noches de insomnio, de tus días de
intranquilidad?
Si yo traigo la sangre mala de pus y el alma
infectada sin luz.
¿Cómo encontrar esperanzas sintiendo bajo los
pies ya las llamas?
Escucha voz… ofréceme tu perdón…
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