A la cruz de este sueño, a su miedo, a su
infierno,
le dedico esta penumbra, el corazón con su
veneno.
A la luz de este tiempo, a su odio, a su
fuego,
le dedico esta venganza, el alma sin su
dueño.
Si pudiéramos callar lo incallable,
si pudiéramos reír del dolor,
mas no podemos, por eso me voy.
Te abandonaré en tu soledad,
nunca volveré, no en esta tempestad.
Y tus ojos, ese abismo tan profundo,
y tu abismo, ese calor tan infinito.
Y callar y olvidar y matar y llorar,
y cerrar los ojos e irse, nunca mirar atrás,
como un día, como un jamás.
Si pudiéramos olvidar lo inolvidable,
si pudiéramos vivir sin amor,
mas no podemos, por eso me voy.
Te abandonaré en tu oscuridad,
jamás volveré, no con esta tempestad.
A la cruz de este sueño y a la luz de su tiempo,
a su miedo, a su fuego, a su infierno, a su
odio,
le dedico esta venganza, el espíritu que
vaga,
le dedico la verdad, el cielo negro y su
cruda tempestad.

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