Lleno el vacío con un vacío más grande
mientras se muere mi alma y se enluta mi
sangre.
Estoy conservando recuerdos nublados
en un cielo seco de adiós.
Si te pudiera mirar una vez más, sólo una vez
más.
Desenredaría de mi alma lo malo,
llenaría de luz a mi oscuridad,
acompañaría a mi soledad.
No me obligues, ten piedad.
“Siempre quise ser una estrella apagada,
un sol que no alumbra, una antorcha mojada.
Siempre deseé ser una luciérnaga oscura,
un ángel caído, del día la sombra.”
Pero no falto aquel que a gritos de voz
dijera:
Es luz esa tiniebla más allá de su disfraz,
es un astro la tierra muerta e irradia
soledad.
Curo mis heridas con heridas más hondas,
mientras huye mi espíritu entre corazones
partidos.
Voy recogiendo los pétalos de tu sangre
en un camino empapado en dolor.
Si te pudiera mirar a los ojos sólo una vez
más.
Olvidaría la violencia de mi vida,
llenaría de amor la traición,
reuniría mi alma y mi corazón.
No me obligues, ten piedad. “”
Pero no falto aquel que a fuego escribiera:
Es día esa noche a la vuelta de su oscuridad,
es color blanco esa negrura e imagina
claridad.
Una lágrima tibia en la suavidad de tu piel
se mezcla con el dulce sabor de la sangre.
Hoy mis brazos no pelean, se han cansado de
luchar.
Hoy mis alas ya no vuelan, se han cansado de
sangrar.
No me obligues a morir por ti,
no me obligues, ten piedad.

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