Una
mañana de oscura muerte
le
propuse al señor un instante de paz,
no me
escuchó o se negó a contestarme,
y me
quedé mirando a la muerte y su negra faz.
“Dime
por favor sin mentiras en donde puedo sepultar a mi alma.
Muéstrame
sin hipocresía en donde clavé a mi fe.
Enséñame
el camino verdadero para alcanzar a mi espíritu.
Reacuérdame
donde he dejado mi destrozado corazón.
¿Cómo
envenenar la tristeza de tus ojos?
Princesa
de la eterna oscuridad.
Si tu
sepulcro es la cruz de mi conciencia
y tu
olvido es el silencio de mi soledad.
¿Cómo
borrar tu opaca luz de la inmensidad?
Si
vives en lo profundo de mi alma
y es el
único lugar donde vivirás.
Pesadillas
que gritan dolidas a la belleza olvidada.
Pesadillas
que lloran por la paz que se fue.”
Una
noche de agrio dolor
le
propuse al señor un poco de amor,
me dijo
que no con su largo silencio,
y me
quedé hundido en un amor que nunca existió.
“”
Dame un
ramo de rosas para la cruz de mi alma.
Escribe
un epitafio sincero para el sepulcro de mi fe.
Llora
viento funesto ante el ataúd de mi corazón.
Grítale
al mundo mi pesadilla, grítale, por un poco de amor.
La
oscuridad de la noche se pintó con el rojo de tu sangre.
Se
cortó el aire de mis venas con el frío aliento de la muerte.
Entre
la oscuridad de la muerte y el dolor del adiós.
Entre
la luz de tu sangre y la traición de lo amado.
Me
dejaron en un lugar prohibido,
entre
el dolor y el fastidio,
recordando
a cada instante un cielo sin sol. “”
En una
mañana de oscura muerte
después
de una noche de agrio dolor,
le
propuse al señor un poco de amor
y un
instante de paz.
Han
pasado los años y el silencio ha ganado
y aquí
sigo al pie de tu cruz
rogándole
al cielo, con pesadillas que gritan por un instante de paz.

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