Es
oscuro, no porque exista maldad en él, sino por la tristeza que se ha hecho
vieja desde su centro.
No
todos los ojos han visto lo mismo.
Muchos no han visto nada, otros han visto cosas tan horribles que perturban el
sueño y ennegrecen aun al corazón más duro y fuerte. Y no todos los oídos han
escuchado lo mismo, algunos solo han escuchado el sonido del silencio, otros
han escuchado los gritos más desgarradores que puedan imaginar y el corazón se
enluta por ellos. Y no todas las manos han tocado lo mismo, algunas solo han
tocado la suavidad del viento, otras han tocado heridas sangrantes que dejan su
huella para siempre, en los agrietados y negros corazones del dolor.
Pero
no hay eternidad en el dolor. Algún día el dolor se termina, y aunque el
corazón quede negro el dolor ya no se siente. El dolor es cambiado por la paz y
el amor y por unas gotas de olvido que receta el doctor tiempo. Y poco a poco
el corazón va clareando, hasta volver a su color natural.
Los
que tienen la fortuna de abandonar esta tierra llevando en su pecho un nuevo
corazón alcanzarán el más alto anhelo de los siglos, pero los que mueran en
compañía de un corazón oscurecido por el rencor, el odio y tantos otros
sentimientos negativos. ¿Qué alcanzarán?
No
es cuestión de suerte, es cuestión de fe, de esperanza, de luchar por tu propio
corazón. No esperes que alguien te
arranque el corazón o su lado
oscuro y te ponga un joven y
nuevo corazón, tienes que luchar por ello, tener fe que el mejor médico del
universo te sanará.
Sólo
tomado de la mano de Dios podrás arrancarte el lado oscuro del corazón.
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