jueves, 26 de enero de 2012

LA FELICIDAD ESTA EN YHWH



 
El sol resplandecía fuertemente, los animales se acercaban al río para beber de sus frescas aguas, los pajarillos metían sus alas en un pequeño pozo de agua y muchas familias descansaban en los árboles, comían frutas dulces y bebían aguas frescas. Yo caminaba debajo de la arboleda en compañía de mis pensamientos.
Caminé por un buen rato, contemplaba loa árboles y los huecos que los pájaros carpinteros hacen en ellos, los miraba y tenía la esperanza de encontrar en alguno de ellos a mi luz perdida. También escuchaba con atención los trinos de las aves, el viento entre las hojas y el extraño murmullo de voces humanas. De pronto me encontré con un anciano y un joven que caminaban a paso lento y platicaban en un tono de discusión, traté de acercarme a ellos lo más que pude sin que mi presencia les molestara o interrumpiera su plática, no pude escuchar todo con claridad, pero estas fueron algunas de las cosas que escuché en aquella plática:    
-Abuelo, yo he visto como se derrite la nieve cuando sale de nuevo el sol y se convierte en un torrente furioso que llega hasta el mar, y lo que alguna vez fue un copo de nieve blanco y puro ahora tan sólo es una gota de agua salada inútil para cualquier cosa  sobre  este mundo.  También  he  visto a   las  flores  de mi jardín crecer, lentamente abren sus pétalos y se los ofrecen al sol, con su perfume inundan todo el aire de mi jardín y sus vivos y brillantes colores alegran los ojos de los que las miran a la distancia,  pero toda  esta belleza  dura tan sólo un suspiro, porque las flores pronto pierden su aroma y su color y se marchitan rápidamente hasta convertirse en polvo, y de que sirvió ese instante de hermosura.  Así es en todo, no sólo las flores se marchitan, todo se acaba en un suspiro.
-Hijo mío, piensa también que si no hubiera gotas de agua salada, las nubes no se podrían formar con el agua en forma de vapor y nunca podrían llevarla hasta las montañas frías para convertirlas en ese hermoso copo de nieve y si después ese copo no se derritiera y bajara en torrente por los valles, la hierba verde no  tendría  forma de crecer  y todo lo  que  ahora vez  sólo sería  un oscuro y seco desierto. Y las flores, es verdad que duran un suspiro, pero piensa en cuanta felicidad ofrecen, a un enfermo, a alguien que está triste o a cualquier persona, imagina un mundo sin el color, el perfume y la hermosura de los jardines de flores, el mundo sería sombrío, monótono y sin alegría.       
-Pero, también he visto a los delfines nadando junto a los barcos como si  aquellos fueran dioses que los guían  hacia su eternidad  y he visto a las aspas de los barcos rebanándolos en varias partes, me los he encontrado  muertos en las playas,  y murieron por sus sueños y no hubo quien los ayudara. También he visto a los enormes árboles que nos ofrecen alimento, sombra y oxigeno caer en toda su longitud y mueren en compañía de todo ser viviente que habitara en su tronco, ramas o raíces. He visto a muchos seres sufrir atrocidades y mueren sin que a nadie le importe.    
-Hay cosas en éste mundo que no podemos entender, a mí también me duele todo lo que has dicho, pero todo esto es la consecuencia de la maldad, no nos queda  otra  que  aceptar  que así  es la  vida que  nos  toco vivir. Pero tenlo por seguro que algún día el cielo nos recompensará por todo el sufrimiento que hemos tenido aquí y ya no habrá más dolor, ni muerte, ni llanto. Es una promesa, hijo, no sufras más por esas cosas.    
-Pero abuelo, acaso no te importa ver como los niños mueren de hambre, o las gentes que mueren en las guerras o ver como sufre una madre que acaba de perder a su hijo.    
-Claro que me importa y me duele muchísimo, pero a pesar del dolor y el sufrimiento,  tengo la esperanza de que algún día recibiremos una recompensa por todo lo que hemos llorado aquí.    
-Yo no puedo creer en eso, nunca he visto cosas buenas y no creo que las haya en algún lugar.    
-Pero, hijo mío, como puedes decir eso, ¿por qué hay tanta amargura dentro de tu joven corazón?    
-Dentro de mi corazón hay esa amargura porque no soy feliz y no puedo encontrar la felicidad.    
-Hijo, infeliz eres porque tú quieres ser infeliz. Si tú buscas la felicidad aquí en esta tierra puedes caer en muchas trampas, hay muchas cosas  que te  ofrecen  felicidad  pero en  realidad es más dolor disfrazado. La felicidad está en Dios, encuéntralo a Él.
En ese momento me detuve y me quedé viendo al joven y al anciano alejarse lentamente por el camino de la arboleda hasta que escaparon de mi vista. Esa tarde me fui a la arboleda porque me sentía triste, solo, infeliz y hasta molesto por el hombre de las mascaras y porque no podía encontrar mi luz. Levanté mi vista al cielo y recordé todas las cosas bellas que tengo en mi vida y me grabé las palabras del anciano en lo más profundo de mi corazón....
-La felicidad está en YHWH encuéntralo a Él.     

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