El sol resplandecía fuertemente, los animales se acercaban al río para
beber de sus frescas aguas, los pajarillos metían sus alas en un pequeño pozo
de agua y muchas familias descansaban en los árboles, comían frutas dulces y
bebían aguas frescas. Yo caminaba debajo de la arboleda en compañía de mis
pensamientos.
Caminé
por un buen rato, contemplaba loa árboles y los huecos que los pájaros
carpinteros hacen en ellos, los miraba y tenía la esperanza de encontrar en
alguno de ellos a mi luz perdida. También escuchaba con atención los trinos de
las aves, el viento entre las hojas y el extraño murmullo de voces humanas. De
pronto me encontré con un anciano y un joven que caminaban a paso lento y
platicaban en un tono de discusión, traté de acercarme a ellos lo más que pude
sin que mi presencia les molestara o interrumpiera su plática, no pude escuchar
todo con claridad, pero estas fueron algunas de las cosas que escuché en
aquella plática:
-Abuelo,
yo he visto como se derrite la nieve cuando sale de nuevo el sol y se convierte
en un torrente furioso que llega hasta el mar, y lo que alguna vez fue un copo
de nieve blanco y puro ahora tan sólo es una gota de agua salada inútil para
cualquier cosa sobre este mundo.
También he visto a
las flores de mi jardín crecer, lentamente abren sus
pétalos y se los ofrecen al sol, con su perfume inundan todo el aire de mi
jardín y sus vivos y brillantes colores alegran los ojos de los que las miran a
la distancia, pero toda esta belleza
dura tan sólo un suspiro, porque las flores pronto pierden su aroma y su
color y se marchitan rápidamente hasta convertirse en polvo, y de que sirvió
ese instante de hermosura. Así es en
todo, no sólo las flores se marchitan, todo se acaba en un suspiro.
-Hijo
mío, piensa también que si no hubiera gotas de agua salada, las nubes no se
podrían formar con el agua en forma de vapor y nunca podrían llevarla hasta las
montañas frías para convertirlas en ese hermoso copo de nieve y si después ese
copo no se derritiera y bajara en torrente por los valles, la hierba verde
no tendría forma de crecer y todo lo
que ahora vez sólo sería
un oscuro y seco desierto. Y las flores, es verdad que duran un suspiro,
pero piensa en cuanta felicidad ofrecen, a un enfermo, a alguien que está
triste o a cualquier persona, imagina un mundo sin el color, el perfume y la
hermosura de los jardines de flores, el mundo sería sombrío, monótono y sin
alegría.
-Pero,
también he visto a los delfines nadando junto a los barcos como si aquellos fueran dioses que los guían hacia su eternidad y he visto a las aspas de los barcos
rebanándolos en varias partes, me los he encontrado muertos en las playas, y murieron por sus sueños y no hubo quien los
ayudara. También he visto a los enormes árboles que nos ofrecen alimento,
sombra y oxigeno caer en toda su longitud y mueren en compañía de todo ser
viviente que habitara en su tronco, ramas o raíces. He visto a muchos seres
sufrir atrocidades y mueren sin que a nadie le importe.
-Hay
cosas en éste mundo que no podemos entender, a mí también me duele todo lo que
has dicho, pero todo esto es la consecuencia de la maldad, no nos queda otra
que aceptar que así
es la vida que nos
toco vivir. Pero tenlo por seguro que algún día el cielo nos
recompensará por todo el sufrimiento que hemos tenido aquí y ya no habrá más
dolor, ni muerte, ni llanto. Es una promesa, hijo, no sufras más por esas
cosas.
-Pero
abuelo, acaso no te importa ver como los niños mueren de hambre, o las gentes
que mueren en las guerras o ver como sufre una madre que acaba de perder a su
hijo.
-Claro
que me importa y me duele muchísimo, pero a pesar del dolor y el
sufrimiento, tengo la esperanza de que
algún día recibiremos una recompensa por todo lo que hemos llorado aquí.
-Yo
no puedo creer en eso, nunca he visto cosas buenas y no creo que las haya en
algún lugar.
-Pero,
hijo mío, como puedes decir eso, ¿por qué hay tanta amargura dentro de tu joven
corazón?
-Dentro
de mi corazón hay esa amargura porque no soy feliz y no puedo encontrar la
felicidad.
-Hijo,
infeliz eres porque tú quieres ser infeliz. Si tú buscas la felicidad aquí en
esta tierra puedes caer en muchas trampas, hay muchas cosas que te
ofrecen felicidad pero en
realidad es más dolor disfrazado. La felicidad está en Dios, encuéntralo
a Él.
En
ese momento me detuve y me quedé viendo al joven y al anciano alejarse
lentamente por el camino de la arboleda hasta que escaparon de mi vista. Esa
tarde me fui a la arboleda porque me sentía triste, solo, infeliz y hasta
molesto por el hombre de las mascaras y porque no podía encontrar mi luz.
Levanté mi vista al cielo y recordé todas las cosas bellas que tengo en mi vida
y me grabé las palabras del anciano en lo más profundo de mi corazón....
-La
felicidad está en YHWH encuéntralo a Él.
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