lunes, 23 de enero de 2012

21. MAGIA




El día y la noche como feroces soldados se disputaban la potestad sobre la tierra y la noche iba ganando. A la distancia, mis ojos cansados y tristes observaban como los últimos rayos de luz intentaban vanamente atravesar las densas nubes negras y mis oídos escuchaban una melodía de flauta que estremecía el rincón más insólito de mi alma, en eso, un rayo de luz poderoso fermentó el suelo que distante observaba mi figura y me arrancó de mí mismo por unos momentos. Por el cielo ennegrecido por la triunfante noche y por las densas nubes pasaron  varias  parvadas  de  aves,  el  viento  acaricio  mi cabello y jugó con él como el destino juega con nuestras vidas.   
            En ese momento sentí que tus brazos se enredaban en mi cuello y sentí tus pechos aplastándose en mi espalda, tus labios con su delicado y peculiar sabor dulce imprimieron un doloroso tatuaje en mis labios y sentí en toda  mi  piel un  escalofrío  mientras  una  lágrima  que se ahogaba en tus párpados caía lenta como punzante fuego sobre mí.    
Y como si el cielo supiera y sintiera lo que nuestros corazones sentían en ese momento comenzó a llorar, pero fue solo un instante.
Me levanté de mi asiento, te tomé de la cintura y me quedé mirando en la profundidad de ese universo que tienes en tus ojos de mar y fuego, y en silencio, sin decir una sola palabra, a través del poder de una mirada, le contamos al mundo nuestra historia.    
El silencio que existía entre nuestras miradas se rompió como una copa de cristal cuando tu voz retumbó en todo aquel universo que nos rodeaba.
            -Tú no puedes abandonarme, no puedes dejarme de amar, -me dijiste con palabras quebradas y te sujetaste a mi cuerpo como si quisieras fundirme contigo-.
            Yo no te dije nada, sólo te tomé entre mis brazos, te besé en los labios y con todo mi cuerpo te dije cuanto te amo.    
            Cerré mis ojos y te acaricié con palabras el oído.
            Te hago una promesa con los ojos cerrados: 
Esa sustancia que nutre a las almas, esa necesidad de verter mi mirada en tu piel, la desesperación por sentir la calidez de tus labios, esa ausencia de miedo cuando estoy a tu lado, ese miedo a vivir sin ti, la esencia de nuestras  miradas  cruzadas,  la  gran fortaleza  de  los  dos corazones latiendo al unísono, esa ansiedad del golpe de tu voz,  esa fuerza que me da tu amor,  esas noches de llantos serenos en que comimos del pan mojado con nuestras lágrimas y en que nos secamos el agua de los ojos con los labios, esos regaños envueltos de amor, las caricias de ternura y fuego,  esa paz en  tu mirada,  ese sentimiento de vacío cuando estás lejos de mí, cada momento de pasión, cada día de alegría, también los de llanto, cada felicidad, cada tristeza, cada beso, cada golpe, todos los instantes eternos a tu lado, cada segundo de nuestro amor, todo ese cariño, fidelidad, confianza, pasión, comprensión, amistad, consuelo, amor y tantas otras cosas bellas que siento contigo y por ti, jamás terminaran, jamás...    
Sólo Dios y yo sabemos lo que tenía dentro de mi corazón, de mi mente y de mi alma en aquel día, tal vez ese silencio nos lastimó demasiado a los dos, pero... dejarte de amar, abandonarte, no lo podría hacer jamás. ¿Quién puede dejar de amar a la luz de sus ojos, a una parte de sí mismo, a su propia vida? ¿Quién puede abandonar a su sombra, a su corazón, al aire que respira?   Sería como  la sangre  que lastima  al corazón  sin saber que a sí misma se asesina. Yo amo todo en ti, tu cabello, tu rostro bello, tus ojos que alumbran mi camino,  tus manos que acarician mi cuerpo,  tu espalda, tus piernas, tus brazos, tus pies y hasta el suelo por donde caminan, amo tu voz, tus días y tus noches, tu mirada, el color de tu piel, tu estatura, la forma como te mueves cuando te enojas, tus gestos, hasta amo la tristeza que siente tu corazón, y por siempre así será. Ese hermoso sentimiento que me limpió el corazón y que devolvió la luz a mi vida no morirá nunca. Será vencedor de las tormentas y de las dudas. Se alzará triunfante por sobre todas las desgracias de esta vida.   
Con mis labios cierro tus ojos, te envuelvo suavemente entre mis brazos  deseosos  de  ti,   te  digo  al  oído  cosas  bellas  con  mi  boca sedienta de ti, y con pasos lentos y seguros recorremos el camino que nos llevará al  momento  más hermoso de nuestras vidas,  y en la oscuridad  nuestras  bocas  se  buscan  y  se  encuentran, nuestras manos se entrelazan como lo hace una enredadera a un tronco fuerte, nuestros cuerpos buscan fundirse el uno al otro como la oscuridad a la noche o como las  estrellas  al cielo.  Para que  necesitamos  la luz si  somos de fuego, para que necesitemos del agua si de nuestros labios bebemos, para que necesitamos del alimento si de nuestros cuerpos comemos.     
            Hacemos el amor en un silencio tan lleno de palabras de amor, flotando en un vacío tan repleto de recuerdos y sueños, acariciando cada rincón de este universo. Nos envolvemos en una cobija de felicidad, esperanza y anhelos, entre nuestros labios existe un mar de ilusiones, entre nuestros cuerpos un cielo de pasiones, y en el centro de la tormenta que nos ha enseñado lo que es vivir después de haber muerto se gesta una nueva vida, tan llena de amor, del amor nuestro, somos tú y yo en un solo cuerpo, nuestra sangre, nuestra carne, el fruto del amor que por siempre nos tendremos.    
            Pones tu cabeza en mi pecho con una sonrisa que me deslumbra y te abrazas a mí como queriendo evaporarme, yo toco tu espalda suavemente y te digo al oído cuanto te amo. La noche transcurre en su victoria y tú y yo seguimos abrazados en el reino de los sueños teniendo ilusiones maravillosas. Hasta en sueños nos amamos. ¡Ay luz de mi vida! ¿Cómo puedes pensar que algún día te he de abandonar? Antes de eso me abandono a mí mismo.   
En la madrugada nos levantamos y vamos de nuevo a hacerle compañía  al  viento,  miramos  al  cielo  y este  ya no  es  negro,  ahora las estrellas brillan en todo su esplendor y parecen mil sonrisas que se agrandan al ver lo maravilloso de este amor.
            Nuevamente el día y la noche se enredan en una feroz batalla, pero ahora el día fue el que ganó.
            ¡Ah! Que maravilloso ha sido nuestro amor, si no existe la magia, la hemos hecho. 

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