viernes, 27 de enero de 2012

02.SED EN MI PIEL



Aparté mi vista de aquella montaña.
Se cayó mi vida como se cae cada mañana.
Y olvidé lo cierto, lo bueno y tu aroma,
ignoré tu miedo, tu celo y tu corona.
Y tú me diste la mano y tú me dijiste hermano
volviéndote sed en mi piel.

Déjame morir tranquilo
entre tus labios de aroma herido.
Y es verdad, sólo al momento
que para matar existe su tiempo
y que hiriendo se puede salvar.

Alejé mi llanto de aquella tormenta.
Se veló mi vida como se vela cada palabra.
Y besé tu labio, tu mano y tu cara,
acaricié tu ojo, tu espanto y tu espalda.
Y tú me amaste tanto y tú me dijiste hermano
volviéndote sed en mi piel.

Déjame morir tranquilo
entre tus labios de calor y olvido.
Y es verdad, en todo momento
que al amar se hiere a lo incierto
y que olvidando se puede matar.

Aparté mi vista de aquella montaña,
alejé mi llanto en cada mañana.
Déjame morir tranquilo durmiendo en tu almohada
y déjame soñar contigo durmiendo en tu nada.
Entre tus labios de aroma herido
y tus brazos de calor y alivio.
Y tú me devolviste la vida
y tú me diste alegría
volviéndote sed en mi piel.

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