martes, 24 de enero de 2012

CAP 03 ALREDEDOR DEL FUEGO


Un día, junto con mis amigos, decidí que viajaría por el ancho y largo del mar. Todo sería hermoso. Ya no había obstáculos que nos impidieran realizar el viaje que desde hace meses esperábamos. En ese viaje, tal vez recuperaríamos la vida que el tiempo y el dolor tan cruelmente nos había robado.  
¿Por qué viajar? Razones sobran, placer, negocio, diversión, estudio, mil motivos pueden existir. Mis compañeros y yo viajábamos por una sola razón. Para escapar de nuestras propias prisiones. Las que habíamos construido con prejuicios, desobediencia, odio y dolor. Nos creíamos invencibles, nuestro bote era indestructible. Nada ni nadie nos podía detener, ninguna tormenta nos podía hundir.
Mil veces viajamos a mil lugares distintos. Conocimos todo lo conocible, realizamos lo imposible. Los caballeros del miedo, como nosotros mismos nos nombrábamos, eran inseparables, la vida nos guiaba a un mismo lugar. Pero un día planeamos nuestro último viaje, sería el más largo y el más lleno de aventuras. Navegaríamos hasta una isla en donde había aguas termales y vegetación exótica, allí pasaríamos unos días increíbles, el mismo viaje fue lleno de aventuras y la estancia en la isla fue triste para todos, excepto para mí, porque conocí lo que había en mi interior y, mi alma y corazón se comunicaron directamente por primera vez. Yo vi lo que los demás no podían y sentí casas que los demás ni siquiera imaginaban. La isla fue bueno conmigo, y con todos, pero sólo yo lo vi así.
Las aventuras más grandes llegarían hasta el regreso. Ese viaje a la isla cambiaría nuestras vidas de tal forma que nunca imaginamos. Después de ese viaje nunca más volvimos a ser los caballeros del miedo, esos que fuimos ya nunca seremos. Nuestras vidas tomaron direcciones contrarias. Pero así debe ser, porque a cada uno el mar lo llevó a donde debíamos estar.  Las olas no se equivocan, tienen un objetivo, un fin, y así debe ser, no hay poder sobre la tierra que consiga evadir estas corrientes.
La nave quedó lista para zarpar después de un arduo trabajo por parte de todos los caballeros del miedo. El equipaje estaba en su lugar y cada hombre ocupaba fielmente su puesto. Ya sabíamos que hacer, nos habíamos vuelto expertos, todos éramos buenos haciendo nuestra labor.
Las aguas estaban quietas, el azul profundo del mar contrastaba con el claro azul del cielo en el horizonte, la redondez de la tierra nos invitaba a ir más allá de lo planeado. Todo estaba perfecto para una gran aventura. No se vislumbraba ninguna dificultad.
Las anclas del barco crujían fuertemente al elevarse desde el fondo del mar. Al liberarse de su opresor, el barco comenzó a moverse tranquilamente sobre las tersas aguas del mar. Era oficial, el último viaje había dado inicio. Todos mirábamos la inmensidad desde el océano fijamente e ignorábamos por completo lo que dejábamos atrás. El viaje había empezado, no nos detendríamos, ya no había vuelta atrás, ni siquiera con los pensamientos.
Varios días de viaje pasaron sin una sola novedad, pero al  quinto día, una mancha negra comenzó a moverse al lado derecho de la embarcación, pronto entendimos que era un monstruo marino de gran tamaño y que estaba dispuesto a destruir el barco y a devorar de un solo bocado a todos los tripulantes. Todos tomamos lanzas y arcos, pistolas y otros objetos filosos para defender nuestra embarcación, pero como si el monstruo comprendiera que su muerte lo miraba desde la altura de la embarcación, huyó nadando a gran velocidad. Todos nosotros nos quedamos mirando hacia el agua en espera de que el monstruo volviera, pero nunca más volvió. Parece que nos tuvo más miedo que nosotros a él. Eso fue muy bueno. Esa fue la primera aventura de nuestro viaje.
La segunda aventura no tardó en llegar. Un día después del encuentro con el monstruo, vimos a la distancia un barco, eso no era normal, pues por el mar en que viajábamos eran escasos los marinos debido al gran peligro de esas aguas, sólo los muy osados o desquiciados se atrevían a navegar por esos mares. La embarcación desconocida  pronto estuvo  cerca de  nosotros y al mirarla con más cuidado notamos que traía la bandera de la calavera  cruzada  por dos  huesos,  esos hombres  eran ladrones, piratas que querían apoderarse de nuestro barco y matarnos. Pero se llevarían una gran sorpresa al descubrir que nosotros éramos aguerridos y fieros. Defendimos nuestra embarcación y nuestras vidas con valentía y furia, ellos también eran grades guerreros pero les faltaba la ira que a nosotros nos sobraba. Al no poder con nuestras fuerzas tuvieron que huir en su barco lo más lejos que pudieron de nosotros. Los seguimos por un breve momento, pero ellos no eran nuestro objetivo, el viaje debía continuar.
Durante el viaje hubo otras aventuras; arrecifes que trataron de destruir el casco del bote; tormentas que sin mucha fuerza  trataron  de hundirnos;  grandes  corrientes  marinas  que buscaron arrastrarnos fuera de nuestra ruta; torbellinos de agua que buscaban vanamente la forma de volcar nuestro barco; fuertes vientos intentando romper las velas; bestias marinas y aves enormes que deseaban devorarnos; piratas y marineros solitarios que querían nuestro bote; pero nada de eso pudo derrotarnos, éramos invencibles, éramos los caballeros del miedo.
El viaje siguió sin novedad por varios días, pero al fin divisamos la isla a la distancia. Nuestra carrera estaba a punto de llegar a su fin, o tal vez ese apenas era el principio. En esa isla descansaríamos de nuestras penas por varios días y después reiniciaríamos el viaje hacia ningún lugar. Nuestro barco estaba exhausto por el viaje y necesitaba descansar. Allí nos llevó el mar cuando el sol estaba en lo más alto del cielo y vimos a unos delfines que jugaban con el barco como si este fuera su esperanza al igual que la nuestra.   
Esa isla sería nuestro hogar por unos días.
El humo se elevaba desde el centro de la fogata hasta la más alta estrella del cielo y allí se reunía con el vapor del ojo de agua que nos observaba sereno. La madera crujía con el fuego lento y las llamas daban una luz fantasmal que sin embargo nos era suficiente para ver nuestros rostros. Así pasaba la primera noche en la isla.   
Nuestra embarcación descansaba de un viaje largo y agotador en donde habíamos vivido momentos de gran aventura. El viaje tuvo su origen en el dolor de nuestras almas y en el cansancio de nuestros espíritus. Estábamos huyendo de nuestras propias vidas y de nuestros miedos. No sabíamos hacia donde huíamos, cualquier  lugar  lejano al  nuestro era  bueno.  Durante  el  viaje fuimos atacados por bestias salvajes, por tormentas, por otros barcos y por muchas otras cosas, pero a pesar de los feroces ataques   nunca   contemplamos   la   posibilidad  de   naufragar, nuestra vista se posaba en la fuga y en un nuevo horizonte y no había lugar para naufragios. Pero nuestra embarcación sufrió el cansancio del viaje y tuvo la necesidad de recuperarse en sueño.   
Era de día cuando desembarcamos en la isla, pero pronto se hizo de noche y encendimos un fuego que nos permitiera ver más allá de nuestros egos. De ese fuego que ya mencioné, con su madera, su luz y sus llamas.
Alrededor de la fogata nos encontrábamos un grupo de caballeros del miedo, estábamos de viaje en esa isla de agua caliente, mientras nuestra embarcación se reparaba del sueño.
El jefe de los caballeros estaba sentado en una roca alta, él era Omem Jerubi, el hijo del auto muerte del mar y el cielo. A su derecha estaba sentado Wu Canhaste, el mirador de cometas y estrellas. El siguiente hombre alrededor del fuego era Kire Vasgalley, el hombre de la soledad y la tristeza. A su derecha se encontraba Niwde Mororti, el soñador y cómico del grupo. Después estaba Cholme Zoge, el rey de los castigos tortuosos. A su  derecha,  de pie  estaba  el príncipe  de las  pesadillas,  Uram  Vage. Junto a Uram estaba sentado Leuri Veleque, el dios de la oscuridad  disfrazado de bondad.  A su derecha el más castigado de todos, el león meditabundo, Siry Baeflo. Y por último, alejado del grupo, bajo un árbol estaba yo, el victima de todos los lloros, Mohamed Vak, quien cuenta esta historia.    
Durante el día habíamos jugado con los seres que no son seres, corrimos  de los  rayos del  sol a las  cimas de  las ramas que  flotan al compás del viento, nos escondimos de nuestras miradas temerosas, nadamos en el tibio aliento del dolor milenario que brota del centro de la tierra y por un momento, sólo un momento nos olvidamos de quienes éramos y que hacíamos en esa isla. Olvidadas las tristezas en ese mundo ajeno. Apartadas las miradas del dolor y la ira. Ahí, éramos otros, tan distintos a nosotros mismos.    
El día transcurrió rápido, como corcel que viaja de la luna al sol o del sol a las estrellas y pronto la oscuridad nos atrapó entre sus fúnebres alas. Los maderos caídos fueron aliados en nuestra lucha contra la oscuridad, y el encender de un cerillo fue nuestra victoria, el fuego iluminó la noche destruyendo sus oscuras alas.    
Los caballeros del miedo se sentaron alrededor de la fogata, pero yo me mantuve alejado, solo con mis fríos pensamientos.
-¿Cuánto durará esta noche? -Le pregunté a la primera estrella del firmamento-.
-¿Dónde quedarán nuestros despojos? -Le pregunté al último rayo de luz-.
-¿Dónde perecerán nuestras ilusiones y nacerá de nuevo el dolor?    -Le pregunté a las lejanas sombras de los árboles-.
-¿A dónde nos llevara el destino? –Le pregunté a las bestias del campo-.
Pero permanecieron mudos, no me contestaron, o tal vez no supe escuchar su voz.    
Poco después me acerqué a los caballeros del miedo alrededor del fuego, pero mantuve distancia entre sus corazones y el mío, pues eran tan distintos, como hermanos gemelos, como las palmas de mis manos. Allí me quedé, debajo de un árbol, escuchando en silencio las voces de sus miedos…
Omem estaba en silencio, pensando en lo que diría esa noche. Su voz tenebrosa rompió el frágil silencio y como si llorara con las palabras nos dijo:
-“¿Qué será de nosotros cuando el destino nos alcance? ¿Qué será cuando se bifurquen los caminos y vayamos a nuestra propia montaña a llorar nuestro propio miedo? ¿A quién consolaré y quién será mi consuelo cuando la vida nos arroje en diferentes direcciones como el viento arroja a las hojas de otoño? ¿Qué será de mí, de nosotros, de ustedes, que será? Si olvidamos esta noche y sólo queda en lo infinito de nuestra más profunda memoria. ¿Qué será de nuestras almas inmortales cuando tengan que morir? Hemos sido como las uvas de un solo racimo en la más grande vid, si mañana nos vuelven vino y nos alojan en  distintas botellas,  ¿acaso nos  encontraremos  en otra forma de vivir? Ya no pensaré más en mis miedos, ahora quiero escuchar su voz rompiendo el viento y el hueco sonido del silencio, hermanos, amigos, compañeros de la aventura llamada vida quiero escuchar de sus labios la promesa de que no nos separara mas que la muerte, si es que no podemos vencerla algunas veces más, quiero escuchar sus voces de promesa, para que esta noche se haga eterna.”    
Wu se puso de pie en el centro de la fogata sin que se quemara con su mirada duplicada y sus labios temblorosos y tomó la palabra:   
-“El día que las traiciones de la vida y su triste ubicación recorran mi mundo entero explorando sin una razón, vestiré de azul a los cometas y miraré más allá de lo que nunca he podido mirar, y aunque esté de luto mi corazón pues murió la  esperanza y murió la razón, aunque la noche esté apagada y el llanto bermejo, herida pasada y este corazón  ya no pinte,  ni  se  sequen estas lágrimas,  yo recordaré  esta noche y lucharé contra mis  ojos  ciegos  y  postreramente  enterraré  la  realidad  en  un cajón y gritarán que los destruya, pero, ¿Quién soy yo? Y envolveré  el  pasado  en  el  mismo  cajón,   con  eso  queriendo obtener su perdón, como si fuera tan fácil olvidar lo que nunca existió. Esa es mi promesa a tus miedos Omem.”    
Kire se puso de pie en cuanto Wu se sentó, se estiro cuan largo es y sus cabellos de erizo se volvieron serpientes con las llamas, con la oscuridad de sus labios él también dio una promesa:
-“Que demencia en el camino, unos vienen otros van, los que vienen van llorando, los que van no lloraran y los fieles avanzan callados y los traidores serán exiliados y ya insensibles podremos caminar  sobre  los  restos,  sobre  el mar.  Mas cuando  suceda lo  que verso esconderé mis manos a mi rostro, esconderé mis palabras a mis oídos, esconderé la luz a mis ojos y buscaré ciego por el mundo sobre mis hombros hasta encontrar esta noche y volver a ser lo que fui, hermano de la noche y la soledad, noche del alma, soledad de ustedes. Y una cruz sin nombre y un hombre sin cruz, serán testigos mudos de la muerte de la luz y escucharán con sus oídos sordos la voz de la promesa que he terminado de versar.”    
Niwde escudriñó un mundo que jamás había escudriñado antes, temblando con su piel pegada al hueso se puso de pie frente a los caballeros del miedo. Por primera vez tenía que hablar con seriedad,  murmuró:
-“Vida, fue un circo sin color, con actores del dolor. Muerte, fue un escape al inconsciente con fugitivos del dolor. Un cuerpo guardado en su pequeña capital deja de sangrar y será por siempre un lirio, guardado entre las malas yerbas, refugiado en el jardín secreto, guardado en su pequeña capital. Sólo eso, si es que no lo podemos derrotar algún día,  podrá hacerme olvidar esta noche. Sé que nunca he dicho nada en serio, pero por el fuego que nos ilumina y nos calienta les digo con la seriedad en los labios que lucharé contra risas y mentiras para volver por el camino que me vio partir. Esa será mi promesa, para esconder sus miedos amigos míos, y a ti Omem te prometo no volverte a llorar.”    
Cholme se elevó con el humo, tan largo y oscuro como el humo mismo y con voz potente como estruendo del cielo prometió:
-“Alejaré mi llanto en cada mañana, nublaré los soles con cada  palabra,  esculpiré ironías  en los rostros dolidos,  olvidaré mis martirios y mis verdugos y elevaré mis manos callando más mis ojos oscureciendo más las noches y sellaré mis labios ahogando en ruido al grito. Todo esto antes de olvidar la noche que nos envuelve y más, si me es posible circundar en invisibilidad sus caminos y cantar con sus voces calladas el canto de los  caballeros del miedo, lo haré con gusto, aunque se destruya mi núcleo e implote mi centro, aunque se olvide mi memoria y muera mi eternidad. Yo lo prometo por cuanto soy el rey de los castigos tortuosos y con la misma tortura tatúo mis palabras.”    
Uram se adentró a la llama y al humo, sus manchas de piel casi se derriten por el fuego y su figura pequeña se alargó por efecto de la luz fantasmal. Dijo:
-“Tantas veces he pasado por este camino y nunca había visto la piedra con que tropecé. Por fin entendí por que no ríes, ya no hay tiempo de sanar, se corto la comunión, ahora es tiempo de olvidar. Ya entendí cual es tu vicio como los que callan el rencor, hoy ya sé porque  no ríes,  el  rencor  lo prohibió.  Pero  hoy  te digo  Omem  y a todos ustedes caballeros del miedo que será la última vez en nuestras vidas que se mueran las sonrisas antes de nacer, porque mañana cuando entendamos que el destino no nos alcanzará jamás reiremos a carcajada abierta. Y si acaso me equivoco y el destino nos alcanza, yo seré el primero en marchar y sólo gritaré, apártate de nosotros cruel destino y apártate de las piedras que caerán en nuestros cuerpos.”     
Leuri habló poco, su semblante sombrío contrastaba con su carácter amable, pero ante la llama y su efecto extraño nos dio temor. El no lo notó y  seguro de sí mismo nos dijo:        
-“Renunciaré por ustedes al placer de los dioses, ver nacer, crecer, vivir, morir, día tras día, siglo tras siglo, a cada una de las vidas y el cielo ya no acordará mi triste mirada que calla y que pide que todo termine. Renunciaré a todo para no olvidar esta noche y sus promesas, para no olvidar  más que los miedos  que   nos  embargan.   Y  seguiré  el  camino  a  oscuras porque mañana tendré que llegar a la vasta isla de mi falsedad. Esa es mi promesa y no prometeré más.”    
Siry abrió sus labios, sus ojos tristes y su color pálido nos afectaron un poco a cada uno y él también elevó su promesa:
-“Un día pasado se unió en condena, embriagamos los dichos con alcohol de protesta, fumándonos cáncer en piel de avena. Y lloramos como la noche sin estrellas y aparecieron rostros bañados en llanto, abrían la boca y vomitaban espanto y se escuchaban voces quebradas de miedo que decían una y otra vez… Dame la risa más triste que tengas, yo te daré la mía. Dame la lágrima más feliz que tengas, yo te daré la mía. Dame la fe más perdida que tengas, yo te daré la mía. Dame el pecado más fiel que tengas, yo te daré el mío. Esa es mi promesa en medio de la noche, les cambiaré el llanto por sonrisas y las sonrisas por el llanto, pero jamás me olvidaré de esta noche. Amigos míos, soy de odio pero no rompo lo que amo.”    
Todos hablaron y dieron sus promesas, sólo yo permanecí en silencio, un tanto alejado de ellos. Los caballeros del miedo me miraban extrañados, como si fuera yo un desconocido para ellos, Siry fue el que se atrevió a preguntarme:
-“¿Acaso no piensas decir nada? Tu silencio nos mata y tu promesa nos hace falta. Ya hemos hablado todos, hemos prometido desde nuestras almas y tú apartado y calado nos tienes en ascuas, habla, promete, mañana tal vez sea demasiado tarde para todos nosotros.”
-No daré promesas,  -les dije a mis amigos-, pues las promesas se rompen y se olvidan, prefiero que cuando el destino nos alcance, si es que no podemos vencerlo y realmente nos alcanza, digan que no prometí nada en vez de decir que asesinó a su promesa. Antes he prometido y jamás he podido cumplir.
Una vez prometí así:
-“Mañana elevaremos nuestras miradas y contemplaremos nuestro futuro.”
Pero tuve que romper la promesa al gritar:
-“Tú no elevaste nunca más tu mirada, nuestro futuro no habrá de existir.”
Otra vez prometí:
-“Obedeceré y confiaré, ya no seré más ese amargo animal.”
Pero olvidé la promesa al decir con ironía:
-“Si bien te obedecí no fue por voluntad, el miedo es traidor, él me obligó. Si crees que confié en ti, te has vuelto ha equivocar, la muerte me aterró me dejó en la soledad.”
También prometí:
-“Nunca más tendrás temor, porque estaré en donde tú estés y protegeré tus sueños con las alas de mi martirio. Siempre has temido, pero no temerás más, porque protegeré con mi muerte lo santo de tu vida.”
Y esa es la promesa que más dolor me ha causado, porque no la olvidé nunca y no la olvidaré jamás, pero la rompí incapaz de no romperla.
Ese día solo dije:
-“Que extraño, tú que temblabas hasta por un año perdido, tú que temías hasta por lo huraño de un río, tú que perdías el sueño por imaginar un negro manto, hoy estando entre los muertos, no tiemblas, no temes, no pierdes el sueño y dormida no soñarás.”    
-Es por eso que no prometeré más, si es menester hacer promesas las haré sólo en lo profundo de mi alma y de mi corazón, de esa forma si  la  promesa  se  rompe,   sólo  se  romperá  mi  corazón  y  no  sus corazones y si la promesa se olvida, sólo se olvidará mi alma y no sus almas. Amigos míos yo también quiero luchar por nuestra embarcación y que no se trunquen jamás los caminos que seguimos, pero esa lucha ha de ser en acciones y no en palabras, las palabras se olvidan y mueren, las acciones perduran para siempre.    
Omem pensó en silencio por un momento, mientras todos se buscaban lágrimas en los ojos, (sin encontrar ninguna, hay ríos que yacen secos) yo permanecí inmóvil, inmutable y frío, así es como la vida me había obligado a ser y la vez el camino que yo había decidido seguir.
Los caballeros del miedo entristecieron sus rostros, que se miraban más tristes al bailar de las llamas, como si fuera el fuego quien los había abofeteado y no mis palabras. Sus ojos se perdieron en la oscuridad del horizonte y sus manos, nerviosas, se entrelazaban. Durante unos instantes incontables, el silencio reino en esa isla solitaria.
Omem rompió de nuevo el frágil silencio y con la mirada más triste que recuerdo en unos ojos de este o cualquier otro mundo, dijo:
-“Tal vez hubiese sido mejor no prometer, porque una promesa hecha no se puede recoger, mas si se puede olvidar o se puede romper.
Pero están hechas las promesas y ya veremos cuando el destino nos alcance.”    
Uno por uno los caballeros del miedo se marcharon al mundo de los sueños, alrededor de la fogata que moría sólo quedamos Omem,  Siry  y  yo.   Nuestra  plática  no  pronuncio  palabras  y nuestras miradas miraban sólo la profundidad de la noche, nuestros oídos sólo escuchaban el tenue murmullo del silencio del bosque, nuestros olfatos sólo olían el miedo de los que dormían y nuestros tactos sólo palpaban el latido de los tres corazones cansados de palpitar. Las miradas esquivas se encontraban por momentos, momentos que parecían eternos, no había más que decir, sólo silencio.  
Envueltos en ese silencio nos encontró el sueño de los amigos, cada uno en su pesadilla, en su propio infierno tan personal. Los tres que negábamos al sueño permanecimos inmóviles aún a los pequeños asesinos que rondaban al campamento. Los sonidos de la noche y del silencio entraron a lo más profundo de nuestros temores. El vació del oscuro cielo y el abismo de agua alrededor de toda la isla nos hacían creer que estábamos inmersos en un pozo sin fondo a merced de un ser que nos despreciaba por nuestra maldad y nuestro odio. El fuego agonizante nos hacia ver como si el fuego viviera en los ojos y se transfiguraban los rostros dolidos en demonios tristes al ser arrojados del paraíso. Eso veíamos y sentíamos mientras los demás se ahogaban en sus pesadillas. Esa noche fue triste, de llanto y de sueño. Hubiéramos querido estar en nuestros hogares para poder llorar a mares en medio de la soledad. 
El fuego se consumía y con él se consumían las esperanzas y las promesas. ¿Será que tan pronto nos alcanzó el destino?

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...