lunes, 23 de enero de 2012

18. LA BATALLA



Me encontré a un joven de aproximadamente veinte años, venía vestido de soldado y traía en alto la bandera de la victoria. Al pasar junto a mí lo detuve y le pregunté que si acaso era un verdadero soldado o si  estaba jugando a la guerra, él me sonrió y me dijo que era un verdadero soldado y que apenas unos minutos atrás había ganado su guerra.    
            -Discúlpame joven pero que yo sepa no ha habido ninguna guerra por aquí en los últimos años. ¿Cómo es posible que hallas ganado una guerra?    
            -¡Ah!, es que no es una guerra con armas de fuego, -dijo el joven con un semblante de orgullo y triunfo-, ni entre países, no es una guerra de odio, no es una guerra de muertes atroces, no es una guerra genocida, no es una guerra como las que el mundo conoce, esta  fue una guerra en mi interior. Permíteme platicarte de mi guerra:    
-En una de las batallas que sostenía con migo mismo, sin armas, sin cuartel, sin enemigos y sin campo de batalla, me encontré con un grupo de guerreros que al igual que yo, no sabían porqué, ni para qué, ni contra quién peleaban. Una noche, después de que el combate del día había cesado, nos sentamos todos alrededor de una fogata y desde ahí podíamos observar el reflejo de la luna y las estrellas en las aguas termales que brotaban de la tierra, también podíamos sentir la presencia  de  la  negra  noche  cada   vez  más   adentro  de   nosotros  y  sentimos también como todo sucumbía ante el poderoso contacto de la voz del sueño. Todos estábamos acostumbrados a combatir ferozmente, así que no nos fue difícil pelear contra el  sueño y  vencerlo.  La plática   se extendió  hasta entrada la noche, porque cada uno de los guerreros tenía su historia y su dolor.
            Esta fue la plática:    
            Guerrero 1:
-Mí vida ha estado rodeada de la hipocresía de ser y no ser nada, de esas palabras de ensueño tan vacías como una botella de veneno recién tomada, de ese elixir de dar y salvar sin que nadie té de o te salve,  de maldecir  en nombre  santo  y de  santificar  lo  maldito.  Mi batalla es una esponja de decir lo contrario de lo actuado. Mi batalla es entre el cielo y el infierno. La batalla es contra el tronco de mi flor.
            Guerrero 2:
            -Yo no sé que elegir y siempre elijo mal, cuando creí haber  encontrado mi  lugar en  el  mundo me  di cuenta  que lo  que encontré fue mi prisión, mi esclavitud. Me he erigido a mí mismo sobre las ruinas de mil vidas y he curado mis heridas soplando el aire que no da vida. Mi batalla es un intento fallido de huir cada día. Mi batalla es en la distancia que separa dos cuerpos. Mi batalla es contra el velo de una mujer.    
            Guerrero 3:
            -Nunca he sabido quien soy en realidad, con los hilos que me mueven me he intentado ahorcar pero mi propia cobardía no me ha dejado actuar, he querido ser de todo y sólo he logrado ser nada, me abandono a mí mismo en la orilla de mi desprecio, por eso no soy lo que soy. Mi batalla es encontrar mi camino.  Mi batalla es en la imagen de mi inútil espejo. Mi batalla es contra el monstruo de mi propio miedo.    
            Guerrero 4:
            -Cada día cuando despierto espero mis instrucciones como si fuera un robot, soy incapaz de tomar mi destino entre mis manos, mi objetivo es defender al mundo y no he aprendido ha defenderme de mí mismo, la rebelión la tengo adentro y no sé como sacarla a la luz. Mi batalla es una lucha por dejar la marioneta. Mi batalla es en el fuego de mi origen y de mi ego. Mi batalla es contra los hilos que me mantienen sujeto.    
            Guerrero 5:
            -Me encontraba un día en compañía de mi león, él me protegía y era mi mejor amigo, y de pronto llegaron unos hombres perversos y se llevaron cautivo a mi león,  yo lo busqué en todos lados  pero jamás lo pude encontrar. Ahora soy un pobre solitario, sin protección, ni amigo. Mi batalla es encontrar una nueva vida. Mi batalla es en el campo del olvido. Mi batalla es en contra de los que enjuician los destinos.    
            Guerrero 6:
-Mis ojos han visto lo que otros nunca verán, mis manos han tocado lo que otras nunca tocarán. Mi vida ha sido un caos completo, sin paz, sin sentido, sin amor.  Mi oscuridad y mi luz se han asesinado mutuamente dejándome a la deriva de un mundo sin esperanza. Mi batalla es el olvido del rencor. Mi batalla es en la sangre que recorre mi corazón. Mi batalla es contra los que abandonan su propia vida.
            Guerrero 7:
            -A mí me han robado la inocencia a través de un conjuro de la muerte,  la luz de la mirada  ahora está opaca y se corta la comunión de lo que parecía invencible. Vi las últimas miradas, oí  las  últimas  palabras.  Jamás me  imaginé  que esto me  pudiera suceder a mí, pero así sucedió. Mi batalla es entender que fue lo mejor. Mi batalla es en la torre donde nace mi dolor. Mi batalla es en contra de no volver a ver tu mirada.    
            Terminamos de platicar y nos fuimos a dormir para recuperar las fuerzas para la batalla del día siguiente. Con tal cansancio no se puede soñar, no se puede bien despertar ni bien dormir, quedas flotando entre los mundos, el real y el del sueño. Aún así, descansamos.
            El tiempo corrió como el viento entre batalla y batalla y poco a poco, uno a uno, cada guerrero fue ganando su batalla, las guerras internas fueron terminando, todos éramos triunfadores de nuestras guerras, ni uno solo de los guerreros conoció la derrota,  y nos fuimos contentos porque éramos triunfadores de nosotros mismos y cantábamos esta canción:
            “La batalla en el centro del alma, con guerreros del pasado y del mañana. La batalla en el centro del corazón, con guerreros del adiós y del perdón.”    
            -Así fue como gané mi guerra, al igual que todos los demás guerreros. Si tú tienes alguna guerra, lucha fuertemente hasta lograr la victoria, jamás desistas. Nunca seas un perdedor. Si vas por este camino con un objetivo, nunca mires atrás, sigue adelante hasta que alcances tu triunfo y encuentres lo que buscas. Se un triunfador de ti mismo. Gana tu batalla.     
            Me despedí del joven, lo felicité por su triunfo y le agradecí por sus palabras de aliento. Pensé para mí mismo que si los problemas interiores eran una guerra, yo estaba a un paso del holocausto, pero estaba decidido ha seguir el consejo del joven guerrero, lucharía fuertemente cada batalla y sería un triunfador de mi mismo.

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