Me encontré a un
joven de aproximadamente veinte años, venía vestido de soldado y traía en alto
la bandera de la victoria. Al pasar junto a mí lo detuve y le pregunté que si
acaso era un verdadero soldado o si estaba
jugando a la guerra, él me sonrió y me dijo que era un verdadero soldado y que
apenas unos minutos atrás había ganado su guerra.
-Discúlpame
joven pero que yo sepa no ha habido ninguna guerra por aquí en los últimos
años. ¿Cómo es posible que hallas ganado una guerra?
-¡Ah!,
es que no es una guerra con armas de fuego, -dijo el joven con un semblante de
orgullo y triunfo-, ni entre países, no es una guerra de odio, no es una guerra
de muertes atroces, no es una guerra genocida, no es una guerra como las que el
mundo conoce, esta fue una guerra en mi
interior. Permíteme platicarte de mi guerra:
-En
una de las batallas que sostenía con migo mismo, sin armas, sin cuartel, sin
enemigos y sin campo de batalla, me encontré con un grupo de guerreros que al
igual que yo, no sabían porqué, ni para qué, ni contra quién peleaban. Una
noche, después de que el combate del día había cesado, nos sentamos todos
alrededor de una fogata y desde ahí podíamos observar el reflejo de la luna y
las estrellas en las aguas termales que brotaban de la tierra, también podíamos
sentir la presencia de la
negra noche cada
vez más adentro
de nosotros y
sentimos también como todo sucumbía ante el poderoso contacto de la voz
del sueño. Todos estábamos acostumbrados a combatir ferozmente, así que no nos
fue difícil pelear contra el sueño
y vencerlo. La plática
se extendió hasta entrada la
noche, porque cada uno de los guerreros tenía su historia y su dolor.
Esta
fue la plática:
Guerrero 1:
-Mí
vida ha estado rodeada de la hipocresía de ser y no ser nada, de esas palabras
de ensueño tan vacías como una botella de veneno recién tomada, de ese elixir
de dar y salvar sin que nadie té de o te salve,
de maldecir en nombre santo y
de santificar lo
maldito. Mi batalla es una
esponja de decir lo contrario de lo actuado. Mi batalla es entre el cielo y el
infierno. La batalla es contra el tronco de mi flor.
Guerrero
2:
-Yo
no sé que elegir y siempre elijo mal, cuando creí haber encontrado mi
lugar en el mundo me
di cuenta que lo que encontré fue mi prisión, mi esclavitud.
Me he erigido a mí mismo sobre las ruinas de mil vidas y he curado mis heridas
soplando el aire que no da vida. Mi batalla es un intento fallido de huir cada
día. Mi batalla es en la distancia que separa dos cuerpos. Mi batalla es contra
el velo de una mujer.
Guerrero
3:
-Nunca
he sabido quien soy en realidad, con los hilos que me mueven me he intentado
ahorcar pero mi propia cobardía no me ha dejado actuar, he querido ser de todo
y sólo he logrado ser nada, me abandono a mí mismo en la orilla de mi
desprecio, por eso no soy lo que soy. Mi batalla es encontrar mi camino. Mi batalla es en la imagen de mi inútil
espejo. Mi batalla es contra el monstruo de mi propio miedo.
Guerrero
4:
-Cada
día cuando despierto espero mis instrucciones como si fuera un robot, soy
incapaz de tomar mi destino entre mis manos, mi objetivo es defender al mundo y
no he aprendido ha defenderme de mí mismo, la rebelión la tengo adentro y no sé
como sacarla a la luz. Mi batalla es una lucha por dejar la marioneta. Mi
batalla es en el fuego de mi origen y de mi ego. Mi batalla es contra los hilos
que me mantienen sujeto.
Guerrero
5:
-Me
encontraba un día en compañía de mi león, él me protegía y era mi mejor amigo,
y de pronto llegaron unos hombres perversos y se llevaron cautivo a mi
león, yo lo busqué en todos lados pero jamás lo pude encontrar. Ahora soy un
pobre solitario, sin protección, ni amigo. Mi batalla es encontrar una nueva
vida. Mi batalla es en el campo del olvido. Mi batalla es en contra de los que
enjuician los destinos.
Guerrero
6:
-Mis
ojos han visto lo que otros nunca verán, mis manos han tocado lo que otras
nunca tocarán. Mi vida ha sido un caos completo, sin paz, sin sentido, sin
amor. Mi oscuridad y mi luz se han
asesinado mutuamente dejándome a la deriva de un mundo sin esperanza. Mi
batalla es el olvido del rencor. Mi batalla es en la sangre que recorre mi
corazón. Mi batalla es contra los que abandonan su propia vida.
Guerrero
7:
-A
mí me han robado la inocencia a través de un conjuro de la muerte, la luz de la mirada ahora está opaca y se corta la comunión de lo
que parecía invencible. Vi las últimas miradas, oí las
últimas palabras. Jamás me
imaginé que esto me pudiera suceder a mí, pero así sucedió. Mi
batalla es entender que fue lo mejor. Mi batalla es en la torre donde nace mi
dolor. Mi batalla es en contra de no volver a ver tu mirada.
Terminamos
de platicar y nos fuimos a dormir para recuperar las fuerzas para la batalla
del día siguiente. Con tal cansancio no se puede soñar, no se puede bien
despertar ni bien dormir, quedas flotando entre los mundos, el real y el del
sueño. Aún así, descansamos.
El
tiempo corrió como el viento entre batalla y batalla y poco a poco, uno a uno,
cada guerrero fue ganando su batalla, las guerras internas fueron terminando,
todos éramos triunfadores de nuestras guerras, ni uno solo de los guerreros
conoció la derrota, y nos fuimos
contentos porque éramos triunfadores de nosotros mismos y cantábamos esta
canción:
“La
batalla en el centro del alma, con guerreros del pasado y del mañana. La
batalla en el centro del corazón, con guerreros del adiós y del perdón.”
-Así
fue como gané mi guerra, al igual que todos los demás guerreros. Si tú tienes
alguna guerra, lucha fuertemente hasta lograr la victoria, jamás desistas.
Nunca seas un perdedor. Si vas por este camino con un objetivo, nunca mires
atrás, sigue adelante hasta que alcances tu triunfo y encuentres lo que buscas.
Se un triunfador de ti mismo. Gana tu batalla.
Me
despedí del joven, lo felicité por su triunfo y le agradecí por sus palabras de
aliento. Pensé para mí mismo que si los problemas interiores eran una guerra,
yo estaba a un paso del holocausto, pero estaba decidido ha seguir el consejo
del joven guerrero, lucharía fuertemente cada batalla y sería un triunfador de
mi mismo.
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