En ese mismo
instante tropecé y caí al suelo, me levanté presuroso y enfurecido tratando de
patear la piedra con que tropecé, pero cuando intenté patear la piedra que me
había hecho caer, noté que no era una piedra, era un libro viejo, lo levanté y
lo hojeé, el libro se abrió en una parte y decía así:
Soy
un hombre libre, porque he podido plasmar mi vida, mis milagros, mis
experiencias, mis tristezas, mis ilusiones, mis más extraños sueños, mis
anécdotas, las historias tristes que he oído, lo que mis ojos han visto, mis
días de soledad, mis noches de miedo, lo que me gustaría hacer, cada una de mis
batallas, el amor a Dios, el amor inexistente, el gran amor a ti, todo en una
hoja en blanco. Por eso es que soy un hombre libre y encontré la libertad en el
lugar más extraño en que se puede encontrar ese atributo divino, en el vacío
entre la pluma y la hoja, en el punto exacto donde la tinta descansa por la
eternidad.
Si
pudiera volar como un ave, surcando los claros cielos de mi mundo y ver a la
distancia la sutil belleza de un ocaso,
mientras las nubes viajan lentas
observando los montes reverentes que alzan sus brazos hacia el cielo y esos
árboles gigantes dormidos que dejan de ser cobija de los que moran debajo del
sol y se convierten en una sombra más de la oscura noche.
Si
pudiera volar como un ave… mas he podido, en los blancos sueños detrás de mis
ojos, es por eso que soy un hombre libre.
Si pudiera correr como el río,
zigzagueando por antiquísimos
caminos de piedra
y lodo y
escuchar los cánticos de
alabanza, mientras las ramas se mueven en un perfecto vaivén y los campos
verdes se extienden como parte de un enorme ser. Caer por una cascada
refrescante, gota a gota y en un solo torrente, así seguir siendo claro y
oscuro, dulce y salado, hasta llegar al mar.
Si
pudiera correr como el río… mas he podido, en la nueva claridad de mi cansada
alma, es por eso que soy un hombre libre.
Si
pudiera ser invisible como el viento, escuchar en silencio el pillar de las
aves, contemplar las nubes en el horizonte y ver a la luna como un hilo de
plata. Recorrer los valles, las montañas y los desiertos, apurarme en algunos
lugares y detenerme en otros, mecer tus cabellos de fina seda y jugar con el
movimiento de las ramas, tocar lo que quisiera sin ser visto.
Si
pudiera ser invisible como el viento… mas he podido, en el dulce despertar de
mis ilusiones, es por eso que soy un hombre libre.
Si
pudiera encontrar el amor como de un cuento, besar labios de dulce sabor y
acariciar una piel de fineza sin igual, tener en quien confiar en mis momentos
de dolor, tener con quien compartir mis alegrías, tener a quien dedicarle mis poesías,
y que los susurros del alma penetren por la piel como si fueran
espinas que inyectan el deseado veneno del amor hasta llegar al corazón.
Si
pudiera encontrar el amor como de un cuento… mas he podido, a tu lado mujer,
luz de mi camino, es por eso que soy un hombre libre.
He encontrado la
felicidad en los lugares más extraños que uno puede imaginar… en el papel y en
la tinta, en la
naturaleza, en el
amor, en el
sonido del silencio, en las noches solitarias, en lo más profundo
de mi alma y en el más sereno de mis pensamientos.
Le
agradezco a Dios por haberme enseñado los caminos de la libertad.
Por
todo esto y más, soy un hombre libre.
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