Junto a mi corazón escuché una voz, en esa acallada quietud de la
soledad, inmerso en la oscuridad de la noche, en la tristeza que ahogó mi
llanto.
Y la voz repetía una y otra vez:
-¡Vuelve! Vuelve vida a mi cuerpo;
vuelve amor a mi alma; vuelve luz a mis ojos; vuelve, no importa como, sólo
vuelve. Es verdad, ya te has ido, como se va la primavera, como se van las
aves, como se van los ríos. Es verdad, te has ido, pero vuelve, como vuelve la
primavera, las aves y los ríos.
Escuché la voz junto a mi corazón en
la oscuridad de mi acallada noche, inmerso en la soledad de mi quietud. Escuché
su lastimero clamor y sentí las gotas de su llanto.
Desde mi mente escuché una voz, la
voz de la razón aunque la razón no tenga voz ni existan oídos que la oigan.
Decía la voz constantemente:
-¿Cómo podrá volver lo que
eternamente se ha ido? La primavera vuelve pero no las mismas rosas; las aves
vuelven pero no los mismos cantos; los ríos vuelven pero no las mismas gotas.
Es verdad, algunas cosas vuelven pero nunca igual. Pero otras, ¡date cuenta
corazón! Otras, nunca volverán.
Escuché la voz de la razón, su voz
muda, una razón sin razón. Escuché su dolorosa verdad y sentí las gotas de su
llanto.
A veces, sólo a veces, escucho la
voz de mi corazón y digo vuelve.
Después escucho la
voz de mi razón y digo no vuelvas jamás. El resto
del tiempo estoy en silencio, solo, inmerso en mi acallada oscuridad.
Soy como el llanto ahogado entre dos
universos que se oponen el uno al otro; la razón y el corazón. Poderosas voces
que me vuelven loco.
Vuelve si quieres, no vuelvas si no
quieres regresar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario