lunes, 30 de enero de 2012

1. LA TRISTEZA DEL ALMA




Déjenme que les cuente la forma en como me convertí en lo que soy...
            Esta es la tristeza de mi alma.
Hace un año y siete más en algún lugar del mundo un reloj se detuvo a las nueve y quince y una mujer dejó de respirar. Se truncó el camino que nos guiaba a la conclusión de nuestros sueños, el ave en la que volábamos sobre los vientos oscuros y rojos se estremeció, zigzagueó y se derrumbó sobre las rocas y la tierra. Los sueños cayeron, las ilusiones murieron, todo un gran futuro que nunca será, un maravilloso pasado que no volverá. Las estrellas como testigos mudos lloraban su luz, las piedras como frías cobijas recibían su vida y alguien encendió una  fogata y me soñé dentro del fuego que ahora crema tu cuerpo,  y me soñé dentro del fuego que ahora consume tu recuerdo, y me soñé dentro del fuego que ahora quema tu amor.    
En el día de nacer recuerdo mi penúltima felicidad contigo, en silencio me hiciste sonreír, labios que no solían hacerlo, sin darme cuenta me diste el mundo a los pies e intentaste vaciarme el mar en el rostro. Tú y el león que arde. Los días pasaron como segundos y pronto estuvimos listos para ir al nuevo origen. Escuchamos la voz del sol a la distancia, nos adentramos al centro de la Madre  más  antigua,  casi pudimos  tocar el  cielo con  los dedos, viajamos en un gusano de metal y hule y esparcimos estrellas en las tersas aguas encantadas. El aire olía a felicidad, la paz nos invadía, pero así de rápido transcurrieron los días y pronto tuvimos que regresar.    
Tensa la aventura de ir en bólidos de acero y plástico, nuestras miradas al cielo contemplaban el firmamento profundo y eterno.
-El rencor no existe -me dijo tu voz-.
-El dolor aún existe -me dijeron tus ojos-.
Yo guardaba el silencio que habría de prolongar por años, como si fuera una luz al final del camino.
Después el silencio reinó como si supiera lo que habría de venir. Recostado en tus caminos te miré por última vez.
-Hasta mañana –dije- (el mañana sólo habría de existir para mí).
-Hasta mañana –contestaste- (sin velo de temor en los labios).    
-¿Quién grita? ¿Quién trata de arrancarme la piel? ¿Quién me ha cegado? ¿Quién me ha dejado en inconciencia?
Los ojos se abren, mas lloran sangre, la piel casi marchita como si los años hubieran pasado por ellos en  un instante, y el dolor, ¡ay que dolor!, en cuerpo, alma y corazón, ¡ay que dolor!
A la distancia observo una silueta delicada e inmóvil, bañada en sangre, fría, lacerada. Fue entonces cuando encendieron la fogata y aún así el frío triunfó, el fuego no calentaba nada.  Me dejé caer,  los segundos pasaron como años, después nada está claro, sólo el recuerdo  de la  tristeza  y del  dolor  que se  extendían  por  mí,  como enredaderas en un árbol.    
Yo terminé el viaje, en las alas de otra ave, mientras desenterraban las espinas de metal y de cristal de mi carne lacerada, mis heridas eran cubiertas con sal para que ya no sangraran. Pero tú, terminarías el viaje en un ave sin alas, en silencio, sin dolor.
Los que me dieron la vida llegaron lentos y se abrazaron a mi llanto. Como en un sueño llegamos al lugar en donde tantas veces adoramos, sólo que ahora veníamos a llorar, mis pasos al centro del templo, mi mirada a un cajón rosa, el objeto más horrible de la tierra, estaba rodeado de tantas y tantas flores de distintos colores que morirían tu muerte, que junto contigo correrían tu suerte, y me senté cansado de esperar el milagro que no llegará y me negaba a verte, mas pensé que mi recuerdo de ti sería oscuro, frío y triste, así que me asomé a tu pequeña capital y te vi, tan linda como siempre, con esa sonrisa en los labios, la que siempre tuviste y me pregunté:
-¿Por qué sonríes?
Y el llanto sacudió mi ser y las lágrimas chocaban con tu  cristal,  estrellándose en  mil partes  como nuestros cuerpos en las piedras. Más tarde antes de que el sol se ocultara, te llevamos al abismo que el león que arde y yo te habíamos enseñado hacía unos instantes de tiempo atrás y te abandonamos por la eternidad. Mientras descendías, un hombre silbó tu himno favorito con su armónica y un ave le hacía compañía, y el cielo lloró con todos nosotros mientras con el corazón quebrado te decíamos adiós.    
Hace un año y siete más que esto sucedió... 
Así amigos míos, fue como me convertí en lo que soy…

2. DE CORAZONES OSCUROS




Es oscuro, no porque exista maldad en él, sino por la tristeza que se ha hecho vieja desde su centro.     
No todos los ojos han visto  lo mismo. Muchos no han visto nada, otros han visto cosas tan horribles que perturban el sueño y ennegrecen aun al corazón más duro y fuerte. Y no todos los oídos han escuchado lo mismo, algunos solo han escuchado el sonido del silencio, otros han escuchado los gritos más desgarradores que puedan imaginar y el corazón se enluta por ellos. Y no todas las manos han tocado lo mismo, algunas solo han tocado la suavidad del viento, otras han tocado heridas sangrantes que dejan su huella para siempre, en los agrietados y negros corazones del dolor.    
Pero no hay eternidad en el dolor. Algún día el dolor se termina, y aunque el corazón quede negro el dolor ya no se siente. El dolor es cambiado por la paz y el amor y por unas gotas de olvido que receta el doctor tiempo. Y poco a poco el corazón va clareando, hasta volver a su color natural.  
Los que tienen la fortuna de abandonar esta tierra llevando en su pecho un nuevo corazón alcanzarán el más alto anhelo de los siglos, pero los que mueran en compañía de un corazón oscurecido por el rencor, el odio y tantos otros sentimientos negativos. ¿Qué alcanzarán?
No es cuestión de suerte, es cuestión de fe, de esperanza, de luchar por tu propio corazón. No esperes que alguien te  arranque  el corazón  o su lado  oscuro  y te ponga un joven y nuevo corazón, tienes que luchar por ello, tener fe que el mejor médico del universo te sanará.   
Sólo tomado de la mano de Dios podrás arrancarte el lado oscuro del corazón.

3. EL CONSTRUCTOR



Un hombre laboraba fuertemente en la construcción de una pared, pero era extraño, algo no encajaba en la forma de trabajar del hombre. Me acerqué un poco para observar detenidamente y vi algo muy raro. Los ladrillos que el hombre iba poniendo en la pared los estaba quitando de otra pared ya construida. Él pensaba que hacia mucho, pero en realidad no hacia nada, porque construía al mismo tiempo que destruía.
            Pensé en la similitud que esto podría tener con la vida de muchos. Hacemos mucho, trabajamos mucho, nos esforzamos y creemos que estamos bien con nuestro grandioso esfuerzo, pero estamos equivocados, porque de un lado hacemos y del otro deshacemos. 

domingo, 29 de enero de 2012

4. LA TIENDA DE LOS CORAZONES NEGROS



Frente a mis ojos había un letrero luminoso que decía:
“La tienda de los corazones negros.”
Mi curiosidad me obligó a entrar a la extraña tienda, pero una vez que estuve adentro noté que no había nada, las paredes eran totalmente blancas, no había cuadros colgados en ella, ni siquiera una pequeña mancha sobre la blancura, tampoco había muebles, ni plantas, no podía distinguir que era lo que se vendía, pues no había nada en ella, sólo estaba un sillón y un escritorio, y detrás del escritorio un hombre muy extraño, al igual que su tienda. El hombre era alto, bastante alto, su blanco rostro tenía una dulzura indescriptible y sus ojos brindaban tranquilidad revuelta con un poco de temor. Su barba era larga y ya caneaba, sus manos eran fuertes y grandes. La ropa del hombre era un elegante traje blanco. Aún así, el hombre me parecía de lo más extraño.
El hombre se levantó y extendió su mano hacia mí y me dijo:
-Bienvenido seas a mi tienda, será un placer servirte, ¿en qué te puedo ayudar?
-No lo sé, -le contesté-. ¿Qué es lo que vende o qué servicios ofrece?
-Pues verás, -me dijo-. Lo que yo ofrezco son corazones nuevos, tú me entregas tu corazón negro y yo te doy uno nuevo, totalmente limpio.
-Pero eso no es posible, -le recriminé-. Como podré  entregarte  mi corazón y  como  podrás  entregarme uno nuevo, me parece que eres un loco o un estafador. Será mejor que me vaya.   
El hombre se sonrió y me dijo:
-Nadie cree en lo que digo, tú no podías ser la excepción, pero para eso puse en  la parte de atrás de mi tienda  una sala de exhibición, en  donde  demuestro lo que te estoy diciendo.   Sígueme por  favor  y mataré tú incredulidad.
Él abrió una puerta que se camuflaje haba perfectamente con la  pared  y  casi  era  imposible distinguirla  si  no sabías  en  donde estaba y me invitó a entrar.     
Mis ojos se maravillaron por lo que vieron. La habitación era de un color blanco tan puro que me encandiló, del techo colgaban unos alambres de oro puro que sostenían unas cajas de cristal transparente y de gran limpieza,  las cajas tenían un pequeño hueco en la parte de enfrente, y dentro de las cajas había corazones con pedazos negros. En ese cuarto colgaban muchísimas cajas, y los corazones que estaban adentro de las cajas eran muy diversos,  tanto en tamaño, en forma, en color y en sus manchas negras. Durante bastante tiempo estuve admirando absorto aquella imagen, me parecía atractivo lo que miraba, pero a la vez creía que era un rito enfermizo. Los corazones negros, tal vez este hombre esté loco y lo que vende en su tienda son estos corazones, pero... ¿qué utilidad se le puede dar a un corazón medio podrido dentro de una caja de cristal colgando del techo con hilos de oro?
No entendía, pero seguí mirando los corazones con gran interés, como si algo en ellos me atrajera a un mundo que antes había conocido. Pero todavía no era capaz de creer que el  hombre  pudiera cambiar  los corazones  negros del pecho de las personas por uno nuevo totalmente limpio, a pesar de que tenía frente a mí una prueba irrefutable.    
La escena me sorprendió mucho y al ver mi sorpresa el extraño hombre me dijo.
-Sabes, todos los que ven esto piensan que no saldrán vivos de aquí, piensan que soy un asesino que les arrancará el corazón y salen corriendo como locos, pero los que se quedan y creen en lo que les digo, me entregan voluntariamente su corazón y reciben uno nuevo.    
Tal vez no estés convencido, así que te daré una prueba. Mete  tu   mano  por  el   hueco  de  la  caja  y  toca  el  corazón,  inmediatamente sentirás la historia de ese corazón, no la escucharás, ni la verás, sólo la sentirás dentro de ti.     
-Eso me parece muy extraño y enfermizo, ¿tocar con mi mano estos corazones pútridos? Es asqueroso,  pero lo haré, -le dije-.  
-Está bien, -me dijo-. Que te parece si empiezas por aquel corazón de allá, el que tiene sólo una mancha pequeña de color negro. Ese corazón sólo tiene una pequeña mancha, tal vez porque no fue un sufrimiento enorme lo que tenía dentro de sí. Anda, ve y siente su historia. Pero antes de que lo hagas déjame advertirte algo. Cada corazón habla en su propio idioma y cuenta las cosas según su sentir, así que es probable que no alcances a comprender algunos corazones, pero si prestas atención y abres tu mente y tu propio corazón, entenderás las razones por las cuales estos corazones ennegrecieron.    
No muy convencido me acerqué a la caja y estiré mi mano introduciéndola por el hueco en el cristal. Toqué el corazón y sentí un miedo increíble y como si los pensamientos de ese corazón fueran los míos propios.
Toqué todos los corazones y sentí gran variedad de historias.    Había   historias   de   muerte,    de   dolor,   de sufrimiento, de traiciones, de guerra, de hambre, de tantas cosas tristes que oscurecieron aún más mi corazón sin luz. Cada uno de los corazones tenía una mancha negra diferente, esas manchas estaban relacionadas con la historia, un corazón de mujer tenía una mancha en forma de feto y su historia era haber perdido a su bebe. Otros corazones tenían manchas en forma de rayos, fuego, dagas, lágrimas, piedras y de muchas otras formas, todas relacionadas con su historia. Pensé que tal vez lo que el extraño hombre de los corazones negros me había dicho era verdad, tal vez si podía cambiar mi corazón negro por uno totalmente nuevo. No muy convencido le dije:
-Bueno, tal vez sea cierto. Pero antes de decidirme a cambiar mi corazón necesito que me expliques como logras cambiar los corazones. ¿De donde obtienes los corazones nuevos?    
El hombre sonrió y me dijo que yo era el único que había hecho esa pregunta. Él, caminó hasta la pared y abrió otra puerta que se camuflaje haba perfectamente, entró en ella y me dijo:
-Ven, aquí adentro está la respuesta a tu pregunta, aquí es la sala de los capullos. Te mostraré como lo hago, pasa por favor.
En ese salón había cinco capullos de color lila, sus raíces se enterraban profundamente en el piso de mármol, en sus costados crecían rápidamente unas hojas que morían  igual  de rápido  y  volvían  a  crecer  de la  misma forma continuamente. Los capullos se abrían y se cerraban como si fueran grandes pulmones, en cuanto uno se cerraba se abría el otro y así continuamente en un perfecto orden, eran extraños, algo que mis ojos nunca habían visto o  ni   siquiera   pensado  en   mi   imaginación.    También despedían un aroma muy particular, agradable, pero irreconocible a mi olfato, eran tan altos como yo y su forma era exquisita. Los capullos eran sumamente extraños, los cinco se parecían mucho, pero tenían sutiles diferencias que los hacían ser reconocibles fácilmente. Yo los  observé   detalladamente   por   un   largo   periodo  de tiempo,   los  quería   grabar  en  mi   mente  como  en  una fotografía. Estaba impresionado con esos seres vivos, (sí acaso lo eran).
El hombre, al ver lo impresionado que estaba con los capullos, me explicó la función de cada uno de ellos.
Esto fue lo que me dijo:    
-El primer capullo es el que fabrica los corazones. Sólo tengo que sembrar en su interior las semillas de corazón que provienen de los místicos montes del fondo del mar. El capullo al sentir las pequeñas semillas, segrega una sustancia nutritiva parecida a la sangre que hace que el corazón crezca hasta el tamaño necesario, después, ya cuando el corazón ha alcanzado su tamaño, el capullo lo hace nacer en la forma en que nacen las flores en un árbol. En ese momento el corazón está listo para pasar al siguiente capullo;    
El segundo capullo es el que transmite todos los sentimientos buenos que quedaron en el corazón negro y desecha los  sentimientos  malos.  También  transmite  todos  los recuerdos del corazón negro al nuevo corazón, pero sin el dolor. Después de que fue transmitida toda la información, este mismo capullo le da al nuevo corazón la forma idéntica del corazón antiguo, el color idéntico también es transmitido y su textura de la misma manera. Al terminar este proceso, el nuevo corazón está listo para pasar al siguiente capullo;  
El  tercer  capullo  se encarga de  envolver al nuevo  corazón  en una suave tela de piel que servirá de protección contra nuevas manchas negras que puedan surgir. Es por eso que me extraña en demasía que tu corazón se halla ennegrecido de nuevo, muy  probablemente no  funcionó la  tela.  Pero bueno,  como te decía, esta tela no permite que las manchas se adhieran al  corazón. Después de que el capullo termina de envolver hasta el último milímetro del corazón, se abre y arroja al corazón hacia el siguiente capullo;    
El cuarto capullo se encarga de colocar en el interior  del  corazón   las  semillas  del  amor,   la paz,   la felicidad, la esperanza y algunas otras semillas que harán que este nuevo corazón y su dueño se mantengan alejados del dolor y la tristeza. Cuando han sido sembradas todas las semillas necesarias, el capullo deja de ser color lila y se vuelve blanco. Esta es la señal para comprender que el corazón está listo para pasar al último capullo;    
             El quinto y último capullo es el inspector de corazones. Este capullo revisa que el nuevo corazón sea del tamaño adecuado, que los sentimientos buenos y los recuerdos estén bien acomodados y que todo lo malo halla sido desechado. También revisa que la forma, el color y la textura del nuevo corazón sean idénticos a la del corazón que se va a cambiar. El capullo revisa que la tela protectora esté bien colocada y por  último revisa que todas las  semillas estén germinando y creciendo rápidamente.  Cuando la  inspección  termina  y el  capullo cambia de color indicando que todo esta perfecto es el momento de transplantar el nuevo corazón a su cuerpo.    
Al terminar el proceso el nuevo corazón es colocado en el cuerpo de   su  dueño  y   todos  se van   felices y llenos de vida ya sin dolor ni sufrimientos.    
Me pareció increíble la forma en que nacían los nuevos corazones y me interesó mucho poder cambiar el corazón que me dolía con cada latido en mi pecho por uno nuevo. Pero antes de tomar esa importante decisión tenía que hacer una última pregunta.
-¿Cuál es el costo de todo el complicado proceso de cambiar de corazón?
El hombre se rió de mi pregunta y me dijo:
-No te preocupes por el precio, pues no es gran cosa,  sólo tienes  que  darme  todo  el  oro y  todas  las perlas  que  tengas y ese será el pago.  
Inmediatamente me alteré y le dije.
-No tengo ni oro ni perlas, no puedo pagarte para que me cambies el corazón, y  todavía me dices que no preocupe por el precio. ¿Acaso té estás burlando de mí? Me ofreces todo un servicio para cambiar mi vida y la de mis amados, me convences de aceptarlo mostrándome tantas historias dolorosas y luego me dices que tengo que pagarte con todo el oro y las perlas que tenga. He perdido mi tiempo contigo, pues jamás podré pagarte.
–De ninguna manera sería capas de hacer tal cosa, no me he burlado de ti, tampoco te he hecho perder el tiempo con falsas ilusiones, lo que pasa es que no has entendido de forma correcta el pago que debes hacer por el servicio, permíteme explicarte como funciona el sistema de pago.    
El hombre se acercó de nuevo a la pared y abrió otra  puerta   perfectamente  camuflaje hada  y me  invitó a entrar  por ella para que comprendiera el precio de cambiar mi corazón.
Esto fue lo que sucedió...
En ese nuevo salón había dos capullos más, sólo que estos eran mucho más grandes  que los anteriores y su color era azul claro.   En la parte superior de los capullos salían una especie de tentáculos que se perdían al incrustarse en el techo del salón. Los tentáculos se movían por todas partes de ese salón y rompían el cielo de yeso.
Yo miraba a los capullos con mucho interés, pues estos, aparte de ser muy bellos, eran muy ruidosos y se movían de una manera muy extraña. Más que capullos parecían alguna especie de fábrica, era como si transformaran una materia en metal.     
El extraño hombre miró mi asombro y me dijo:     
-Estos dos capullos son los encargados de cobrar mis honorarios. Los tentáculos que ves en la parte superior son tubos que llegan hasta la puerta principal de la tienda de los corazones negros y su trabajo es recoger las lágrimas de las personas que van entrando, no sólo recogen las lágrimas de los ojos, sino que también recogen las lágrimas del alma, que son más abundantes. Ambos tipos de lágrimas son transportados por los tentáculos hasta este salón. Las lágrimas de los ojos son colocadas en el capullo de la derecha y este a su vez transforma las lágrimas de los ojos en perlas. Las lágrimas del alma son colocadas en el capullo de la izquierda y se transforman en oro. Como podrás ver, tus lágrimas ya han sido recolectadas por los tentáculos y están dentro de los capullos transformándose en oro y perlas. Y eso es todo lo que tú tendrás que pagar por el servicio, sólo cambiar tus lágrimas,  tanto las de tus ojos como las de tu alma, por un nuevo corazón lleno de felicidad, paz, amor, esperanza y cientos de sentimientos hermosos.            
-¿Pero que pasa si no acepto que mi corazón sea cambiado?  -Le pregunté-.
Él, me contestó:
-En ese caso, las lágrimas son devueltas a ti, pero no regresan a tus ojos ni a tu alma, las lágrimas van directo al corazón y se vuelven manchas negras que producen dolor y mucho sufrimiento. Así que tú decides, ¿Cambias tu corazón ennegrecido por uno nuevo? O ¿Sigues sufriendo cada día más y haces sufrir a los que amas?    
-¿Qué importa sufrir y hacer sufrir? Ya he hecho el daño que podía hacer, tal vez no tengo interés en cambiar las cosas.
            Él, agachó su cabeza y dijo: 
-Es una verdadera lastima que pienses de esa forma, nunca es tarde para arreglar la vida. Piénsalo, tómate tu tiempo.
-Lo pensaré, mientras busco mi luz.
-Está bien, si algún día decides cambiar tu corazón aquí te estaré esperando.
-Espera, antes de irme tienes que contestarme otra pregunta. ¿Por qué dijiste que se te hacía raro que mi corazón hubiera ennegrecido de nuevo?
-Sabes, tú ya habías estado conmigo, ya te cambié una vez el corazón. Cuando me di cuenta de que tu corazón había ennegrecido otra vez me sentí en la obligación de ayudarte de nuevo, es por eso que te atraje de nuevo a la tienda.
-Eso es imposible, yo no recuerdo nada de eso y mira que las cosas que tienes aquí no son fáciles de olvidar.
-Tienes razón, no son fáciles de olvidar. Lo que pasa es que cuando las personas salen de la tienda de los corazones negros inmediatamente olvidan todo lo que sucedió en  su interior  y sólo  les queda la dulce sensación de un corazón nuevo y de una nueva vida. Ellos nunca se pueden explicar la verdadera razón de su maravilloso cambio y lo adjudican a cosas extraordinarias. Nunca más se acuerdan de la tienda ni de mí y así debe ser porque no es bueno que los humanos sepan cosas que están por encima de sus prejuicios y de lo poco entendible para sus mentes.
-Quieres decir que en cuanto salga de la tiendas de los corazones negros me voy a olvidar de todo lo sucedido.
-Lamentablemente no. Tu memoria ya fue borrada una vez y sería fatal para tu existencia volverla a borrar. Tengo que advertirte, cambies o no tu corazón, de igual forma vas a recordar todo lo que sucedió, tú sabes si lo platicas o lo guardas en secreto, de todas formas la gente te va a juzgar loco y no te van a comprender.
-Está bien, yo sabré que hacer con esto. Claro que no voy a ir por el mundo diciendo de una tienda de corazones negros atendida por un ser de no sé que mundo, no estoy tan loco para decir esas cosas.
Comencé a caminar hacia la salida de la tienda con el firme propósito de irme y nunca más volver. No quería que ese loco me tocara el corazón. Sin embargo algo dentro de mí me obligó a regresar, el dolor que sentía en mi negro corazón era insoportable y nada podía perder si lo intentaba.
-Disculpe señor, lo he pensado bien y quiero que me cambié el corazón.
-Eso es excelente. Voy a preparar todo.
-Espere, lo quiero cambiar, pero no hoy, tal vez deba de buscar mi luz y mi felicidad por mí mismo, sin embargo si fracaso en mi búsqueda quisiera saber si puedo venir con usted para que cambie mi negro corazón por uno nuevo y puro.
-Me parece que no hay necesidad de eso, puedo cambiarte  el  corazón  hoy  mismo,  pero,  si  ya  decidiste buscar tu luz con tu propia fuerza respetaré tu decisión y puedes estar seguro de que si fracasas aquí estaré esperándote para ayudarte.
Le agradecí al hombre de los corazones negros por su comprensión y me retiré de la tienda. En cuanto salí de la tienda sentí que todas las lágrimas de mis ojos y de mi alma volvían a mi cuerpo e inmediatamente se convirtieron en veneno. Mi corazón estaba más negro que antes. En verdad necesitaba encontrar mi luz. Todo era muy extraño, me pareció estar mucho tiempo dentro de la tienda de los corazones negros, sin embargo, al mirar el reloj noté que sólo habían pasado dos minutos desde que había entrado al extraño lugar.
Decidí dormir esa noche en casa y al día siguiente comenzaría mi viaje por cualquier lugar con el fin de encontrar mi luz perdida y arrancarme el lado oscuro de mi corazón.
Muchas fueron las batallas que enfrenté, pero por más esfuerzo que hice no logré nada, no encontraba mi luz y no podía arrancarme el lado oscuro de mi corazón. Mis fuerzas fueron insuficientes en todo momento, así que me rendí. Ya no iba a luchar con mis propias fuerzas.
Inmediatamente recordé a dónde debía ir, a la tienda de los corazones negros. Ya estaba cansado de la terrible vida que tenía, tal vez era hora de armarme de valor e ir a cambiar mi corazón. Me despedí de mis amadas que seguían durmiendo plácidamente el sueño de los santos y me retiré rumbo a mi solitario hogar. (Si es que tengo el valor de llamarlo de esa manera).
Durante algunos días estuve tentado en ir, pero algo dentro de mí me detenía, no sé si era miedo o una fuerza  oscura.  Por  fin  me  decidí.  Salí de  mi casa  y me dirigí hacia el centro comercial, llegué a la tienda y entré presuroso. En cuanto entre sentí que de mi alma y de mis ojos era arrancado un terrible peso.
-Vengo a que me cambié el corazón negro por uno nuevo, -dije exaltado-. Usted me prometió que lo haría cuando yo estuviera listo y dispuesto, y aquí estoy.
-Que bueno que volviste, -dijo el hombre de los corazones negros-. No te defraudaré. Permíteme alistar algunas cosas.
El hombre preparó algunos instrumentos extraños y de una pequeña bolsa de seda sacó una semilla que depositó en el primer capullo. Rápidamente el capullo hizo su trabajo y mi nuevo corazón comenzó a crecer al contacto de la savia nutritiva y después de un corto periodo de tiempo, mi nuevo corazón broto como una flor del capullo. El hombre de los corazones negros tomó al nuevo corazón con mucho cuidado y lo colocó en el interior del segundo capullo, este comenzó a hacer un ruido extraño y se movía de forma curiosa;
-Está transmitiendo los sentimientos buenos y los recuerdos de tu antiguo corazón al nuevo y a la vez está desechando todo lo malo. –Me dijo el hombre-.
Cuando el corazón tuvo toda la información requerida, el capullo cambió de color y pasó el corazón al tercer capullo. En este, el corazón parecía estar flotando y girando sobre su propio eje. Un momento después apareció una delgada y elástica tela de piel que envolvió al corazón,   el  capullo  cambió  de  color  y  el  corazón  fue enviado al cuarto capullo, la protección contra manchas negras estaba lista. El cuarto capullo colocó dentro del nuevo corazón una gran cantidad de semillas; amor, paz, felicidad, fe, esperanza y muchos otros sentimientos buenos.
-Tienes que regar esas semillas para que puedan florecer. –Me dijo-.
El quinto capullo tomó al corazón con sus tentáculos y le hizo una minuciosa revisión que duró varias horas. Al parecer, todo estaba perfecto, mi nuevo corazón se veía hermoso, latía de una forma sana y se veía ansioso de distribuir la vida por todo lugar que se requiriera. Debo decir que yo también estaba ansioso de recibir la nueva vida que tanta falta me hacía.  
-Este será tu nuevo corazón. Ya tiene toda la información requerida. Únicamente falta quitarte el corazón ennegrecido.
El hombre se acercó a mí, puso su mano en mi pecho y arrancó de tajo el corazón ennegrecido sin lastimarme en lo más mínimo. Puso el negro corazón en una charola de plata y tomó del quinto capullo el nuevo corazón.  En cuanto el hombre  acercó el nuevo  corazón a mi pecho, éste comenzó a latir fuertemente y se introdujo sin dolor y sin sangre hasta estar instalado donde debía. Inmediatamente sentí un cambio, ya no me dolía la vida, ya no sentía amargura, dentro de mí había una paz enorme que no puedo explicar, todo me parecía maravilloso en ese momento.
El extraño hombre de la tienda de los corazones negros sonrió ampliamente y me dijo:
-Estás listo para empezar una nueva vida. De aquí en adelante serás feliz y harás felices a los demás. 
Le agradecí al hombre de los corazones negros por el maravilloso milagro que acababa de efectuar en mi vida. Salí de la tienda y cuando miré hacia atrás para despedirme, la tienda de los corazones negros ya no estaba ahí, ya sólo quedaba una pared. Tomé la situación como un verdadero milagro de Dios y me fui a casa a comenzar una nueva vida ya sin dolor. Puedo decirles que aun recuerdo a mi hermana, a mi esposa y a mis amigos, pero los recuerdo sin el dolor y la ira que provoca la muerte, hoy los recuerdo con un dulce sabor en mi memoria. Puedo ver las flores que murieron su muerte y apreciar su aroma. Recuerdo los himnos que se cantaron mientras bajaba el ataúd y ya no derramo lágrimas de odio. Los recuerdos ya no me duelen.

sábado, 28 de enero de 2012

5. EL REY DE LAS MINAS DE AGUA



Como el polvo más fino que cae del cielo y se ve flotando en los tenues rayos de luz, así caí yo entre las rocas de la profundidad de este paraíso y mientras caía venían a mi mente los recuerdos de los momentos de cerrazón, soledad y angustia, cada momento desaprovechado,  cada palabra ignorada, cada beso negado y cada segundo que de una forma u otra olvidé. La caída parecía eterna, ¿acaso estaba en un pozo sin final? Al ir descendiendo se vino una imagen a mi mente que no me dejaba ni un instante; el recuerdo de la muerte de mi luz.    
Mi caída seguía y por más que estiré la mano no hubo quien me ayudara. Mi ropa y mi carne se rasgaban cruelmente contra las afiladas rocas de la barranca, y sentía que las gotas de mi sangre caían junto conmigo mi propia caída. De  pronto reconocí a la distancia al piso, mi caída estaba  apunto de acabar.     
Todo era oscuro y confuso, el dolor me cegaba por completo, mi mente, aturdida por la  gran caída y los golpes, no alcanzaba a comprender lo sucedido. Tal vez había muerto, ¿quién sobreviviría a semejante caída? Pero aún sentía mucho dolor y desesperación, y esos síntomas eran la mejor prueba para comprobar que seguía vivo. (De alguna forma y lo que estar vivo signifique). Lo primero que recordé al recobrar completamente la conciencia fue el constante golpe de una gota que caía desde lo alto de una roca hasta la dureza del húmedo suelo, abrí mis ojos lentamente y vi  que  no  era  una  gota,  eran  millones  de  gotas  que  caían  en  un  constante concierto, era como si lloviera en el centro de un huracán que carecía de cielo y de nubes.                                            
Me levanté de aquel húmedo lugar y caminé entre las rocas como si tuviera la certeza de saber hacia donde iba, caminé por las oscuras cavernas y bebí del agua de miles de lagos subterráneos, me bañé en los ríos de la tierra y en todos sus lugares escurría agua como si fueran lágrimas o pus de su veneno. La caverna era impresionante. Existían en ella miles de formas rocosas, algunas  provocaban  miedo  y  otras  risas.  Algunas  eran planas, otras picudas, otras redondas y de mil formas. En algunas partes había piedras preciosas, en otras había hongos. Pero a pesar de la diversidad de la caverna había algo en común en cada roca, todas destilaban agua.   
Continúe mi camino con sentido y sin sentido, no sabía a donde iba pero si lo sabía, entonces fue cuando sucedió lo sorprendente, a la distancia, al final de la caverna húmeda, vi una luz de sin igual blancura y escuché un ruido como de vagones de tren moviéndose con solemne lentitud, paso a paso me arrastré hacia aquel lugar y mis  ojos se  maravillaron al  contemplar  la escena que me esperaba, ahí, en una fila interminable, como si fueran hormigas, estaban millares de seres que empujaban   lentamente  carretillas  cargadas  de  agua   y vaciaban su carga en un río de proporciones infinitas que no tenía ni principio ni fin. Los seres eran extraños, pues sus vestidos eran azules cada uno de un azul distinto. En sus cabezas tenían aletas de mil colores y sus ojos eran de un color azul profundo como el mar.   
Yo veía toda la escena escondido detrás de una roca, pero uno de los seres me descubrió y al verme gritó:
-“Ha llegado el nuevo rey, ha llegado nuestro rey.”
Inmediatamente todos dejaron de hacer su trabajo y corrieron presurosos hacia mí, me tomaron de los brazos y me levantaron en los hombros como si fuera yo el ganador de la competencia más importante del universo. Al parecer se volvieron locos con mi presencia, como si fuera su más preciado tesoro.           
-¿Pero qué es este lugar? ¿Por qué dicen que soy su rey?           
-Estas son las minas de agua, -me contestó una mujer de blanca piel, ojos claros y sonrisa de cielo-, y tú eres  el   rey  de   las  minas   de  agua,   hace  tiempo   que esperábamos por ti, el destino así lo decidió y aquí están tus súbditos que obedecerán tus órdenes.
Miré a la mujer que acababa de hablar y tuve la sensación de que ya la había visto antes, pero no fui capaz de reconocerla en ese momento.   
No salía yo aún de la impresión que me provocó aquel extraño lugar cuando la mujer me dijo que me llevaría a conocer el reino completo. Antes de partir a conocer aquel extraño reino, los seres que habitaban en él me curaron las heridas, me dieron alimento y agua refrescante, me vistieron con ropas semejantes a la de ellos,   pero  claramente  más  finas  y  me  permitieron  un descanso de mi huída y mi caída. Al despertar, la mujer me guió por el mundo subterráneo.
Conocí el gran lago de agua transparente y dulce, conocí las montañas de hielo azul, conocí cada río y cada cascada, conocí cada roca y cada salón dentro de aquel mar infinito de cavernas húmedas, conocí también a cada ser del reino, todo conocí de aquel lugar. Mas hubo un lugar que nunca jamás olvidaré, en aquel lugar el cielo se veía de un color hermoso pero extraño, las estrellas brillaban de una singular manera y a pesar del brillo de las estrellas en aquel lugar no dejaba de llover, duré mucho tiempo observando aquella imagen y por más que esperé el sol nunca salió.
            -Este lugar no es parte de las minas de agua, -le dije a la mujer-.
-Claro que sí, -me contestó ella-, este es el salón principal del reino, es tu templo, tu palacio y tu hogar, desde aquí gobernarás el reino de las minas de agua.
-Pero, ¿por qué estoy fuera de las minas?
-No lo estás, aquí también estamos dentro de la mina.       
-Pero no puede ser, -le refuté-, como podemos estar dentro de la mina si se ve el cielo, las estrellas y llueve en todo momento. Es obvio que estamos en un valle enorme y vacío fuera del encierro cavernoso de lo que ustedes llaman las minas de agua.    
-No, -me dijo con toda la seguridad del reino-. Si tú observas con calma podrás ver que lo que tú crees que es el cielo realmente es la tierra y las gotas de lluvia no caen desde el cielo, si ves bien te darás cuenta que está sudando el suelo y los millones de puntitos luminosos que tú llamas estrellas en realidad son puertas que sólo se abren de afuera hacia a dentro, cada puerta tiene un nombre escrito y sólo esa persona puede entrar por esa puerta,  mas no puede salir hasta  que la guerra concluya y sean abiertas todas las puertas.
-¿Cuál guerra? –Pregunté indignado al saber que en ese momento no había ninguna guerra-.
La mujer, con una cálida y hermosa sonrisa, contestó:
-Esa guerra milenaria entre las cumbres y los desiertos, entre el fondo del mar y  el fin del universo. Entre el bien y el mal. Cuando la guerra concluya y el bien gane serán abiertas todas las puertas y todos lo seres de las minas de agua seremos libres para disfrutar de una eternidad sin guerra. Pero nadie sabe cuando terminará la guerra, hace miles de años que comenzó y quien sabe cuando terminará.
            -Quieres decir que estoy atrapado en este lugar para siempre y que sólo podré salir en caso de que la guerra termine.
-Bueno, -me dijo-, tú eres el rey y tienes la capacidad de salir  cuando quieras,  sólo que  para salir  tienes que usar  las  puertas especiales que están escondidas en el reino. Son diez puertas y cada una conduce a un lugar especifico y sólo una de ellas  es la verdadera salida, si quieres salir de las minas de agua tendrás  que  descubrir  los  secretos  de  cada  una   de  las puertas y  por último debes descubrir  el secreto de todas juntas y sólo así podrás salir de las minas cuando gustes…  
Mientras ella me explicaba lo de las puertas hizo algo que me dejó maravillado. Extendió su mano y con su dedo índice comenzó a dibujar una especie de mapa en el viento, en donde me mostraba las puertas y su posible ubicación. Yo miré atentamente el mapa, tratando de memorizarlo, pero inmediatamente se transformó en humo y desapareció. La mujer vio mi preocupación, y con palabras tranquilizadoras me dijo:
-No te preocupes, este mapa lo tienes guardado dentro de ti, únicamente debes buscarlo bien y encontrarás tu camino hacia la libertad.
La mujer me parecía extrañamente conocida y sentía dentro  de mí  un placer  inmenso  al  estar cerca  de ella. Pero a pesar de ello, la mina me parecía una fría prisión y deseaba regresar a mi mundo para continuar buscando mi luz que obviamente no estaba en ese oscuro mundo subterráneo.    
Que extraño me parecía todo. Yo no me sentía a gusto, así que comencé a buscar las puertas, caminé mucho por todos los pasadizos rocosos de la mina, busqué la puerta debajo de cada roca y en cada túnel húmedo, busqué en cada raíz proveniente de la superficie, pero la puerta no  estaba ahí.  Cada gota parecía darme una pista, pero todas resultaban falsas. Nadé en  cada profundidad  acuosa, en los ríos y en los lagos, en los pozos y en los charcos, hasta la profundidad del mar subterráneo llegué, pero la puerta de mi salvación no estaba ahí.  Escalé las montañas de roca y hielo, resbalosas por la humedad. Escalé todo lo que se podía escalar, pero en ninguna montaña estaba la puerta. Busqué con determinación, pero al parecer todo mi esfuerzo estaba destinado al fracaso, la puerta no se veía por ningún lado, llegué a pensar que la mujer me había mentido con lo de las puertas, con tal de que no me fuera del reino y mantenerme entretenido. Pero mi fuerza de voluntad era grande y no desistí, recordé las palabras de la mujer; yo tenía el mapa dentro de mí,  si me  esforzaba  podía saber  en donde  estaban las puertas. Luché con valor hasta que encontré la primera puerta. Estaba en una bóveda tan oscura, no había ni una molécula de luz, me tuve que arrastrar entre las rocas, el polvo y las raíces. A tientas buscaba la puerta y por fin toqué una puerta que tenía bordado en Braille su nombre y una estrella. El nombre de la puerta era…

Primera puerta:
La puerta del infinito y de la eternidad.


Di el paso hacia el interior del infinito y de la eternidad. Al abrir la puerta tuve una extraña sensación dentro de mi cuerpo,  sentí que un calor me inundaba por completo.  No le di mucha importancia y comencé a caminar bajo el ancho umbral de la puerta. El calor estaba aumentando, mi sudor corría como uno de los ríos de la caverna y tenía la sensación  de   estarme  derritiendo.   Mis  piernas   y  mis brazos comenzaron a estirarse en forma de cono, de mis ojos, de mi boca, de mi nariz, de mis oídos y de todos y cada uno de mis poros comenzó a salir una brillante luz. Esa luz me quemaba la piel y el estiramiento me provocaba mucho dolor. Como pude seguí avanzando para dejar el umbral de la puerta detrás de mí. Fue en ese momento cuando me di cuenta de que me había transformado en una estrella brillante flotando en un universo desconocido. Dejé atrás el umbral y el dolor y la transformación desaparecieron, pero de nuevo empezó mi caída y no se detenía, caía como una gota de lluvia sin encontrar el suelo (¿al entrar al mar pensará la gota que sigue cayendo?)    
En mi caída observé planetas, lunas, estrellas, galaxias y tantos otros astros del universo y en cada uno de ellos había habitantes que me veían pasar como si fuera un cometa y yo los observaba en mi camino, tan diferentes e iguales a nosotros (pensaremos con envidia que somos la única vida de este infinito, que desperdicio de tiempo y de espacio.)      
Seguí cayendo en el infinito y en mi caída recordé las palabras de la mujer:
-“Tienes que descubrir los secretos de cada una de las puertas” 
-¿Cuál será el secreto de esta puerta?
Sentía que enloquecía y no podía descubrir el secreto. El tiempo pasó sin que realmente pasara y se prolongó mí caída más que el mismo infinito y que la eternidad.    
Cerca de un sistema solar doble me topé con un cometa que estaba de viaje al igual que yo, y me gritó: 
-“El infinito y la eternidad,  nada  ha nacido, nada morirá jamás. Es el principio del principio y el final de lo que nunca terminará…”    
El cometa se alejó gritando otras cosas sobre el infinito y la eternidad. Yo me detuve un momento y regresé a la puerta. Pero no pude entrar por ella, pues era una estrella grande y la puerta era chica.
Como pude introduje una parte de mi cuerpo en el umbral de la puerta y dejé de ser una estrella, de nuevo era humano y estaba parado afuera de la puerta.     
He enloquecido tratando de descubrir el secreto del infinito y de la eternidad. Cuando estaba a punto de cerrar la puerta escuché una voz que me pareció familiar, pero que no distinguía, y me dijo:
-“Si cierras la puerta sin descubrir el secreto ya no podrás continuar buscando las otras puertas ni descubrirás el secreto de todas y por lo tanto estarás encerrado en las minas hasta que concluya la guerra.”    
Detuve mi mano en la marcha de cerrar la puerta y como un relámpago llegó la respuesta al secreto.  El secreto del infinito y de la eternidad es no tratar de entenderlo, porque el que lo trata de entender se vuelve loco y nunca jamás encuentra la salida. Además, hay que luchar para alcanzar la eternidad.
-Es correcto -me dijo nuevamente la voz-, ahora puedes continuar la búsqueda de las otras puertas. 
Así lo hice y no tardé mucho en encontrar la segunda puerta. Era como si el sufrir de encontrar la primera puerta me hubiera hecho experto en encontrarlas, al menos eso pensé en ese momento, tal vez me equivoqué. Caminé por varios túneles que me parecieron estar cerca de la superficie de la tierra, pues en ellos había plantas con flores descoloridas pero bellas, había vegetación diversa y también algunos insectos.
Pensé que en ese lugar podría encontrar la segunda puerta, tal vez detrás de la maleza. Mis pensamientos eran correctos. Moví algunas plantas sin obtener éxito, pero poco después llegó el triunfo que esperaba. La segunda puerta estaba escondida detrás de muchas plantas con flores hermosas, tal parecía que lo del mapa en mi interior era verdad.
      La puerta se llamaba...



Segunda puerta:
La puerta de la vida y de la muerte.


Abrí la puerta y en cuanto crucé por el umbral sentí otra vez la rara sensación de la primera puerta.
-Tal vez me convierta en estrella otra vez, -pensé-.
Mis  manos  comenzaron  a encogerse,  mi  piel  se llenaba de plumas negras, sentí que mi rostro se alargaba a la vez que se encogía y también se llenaba de plumas. El dolor era intenso nuevamente, cada pluma que brotaba de mi piel me provocaba la sensación de alfileres oxidados. Mi boca se transformó en pico y mis brazos en alas. Para cuando terminé de cruzar el umbral de la puerta, me había convertido en un cuervo. A pesar de esta desagradable experiencia entré a un mundo bello, lleno de animalitos, flores y  vida  por  todas partes.  En el  campo  corrían  las múltiples especies de animales y en el cielo volaban cientos de aves junto con sus angelicales trinos. Un río cristalino daba vida a los peces y otros seres del agua, y al mismo tiempo arrullaba y tranquilizaba con su correr a toda la vida. Los árboles y el pasto se mecían al contacto del viento  y daban sombra a la vida.  Los niños y otros seres humanos también se veían felices y disfrutaban de toda la hermosura de la vida.   Todo era felicidad y tranquilidad.         
-Esto no es difícil, -pensé-, el secreto de la vida es que es bella y hay que disfrutarla al máximo.    
Seguí caminando en el maravilloso mundo de vida y en ese momento escuché unos llantos y me acerqué a donde estaban los que lloran. Mis ojos se quebraron como el hielo, mi alma se paralizó, que escena tan terrible estaba en mi presencia. Los cautivos de la vida cargaban un cajón de madera, lloraban rosas, le entregaban lágrimas, sus almas desechas de dolor gritaban adiós queriendo decir no te vayas, lo dejaron caer al abismo y le arrojaron la tierra  maldita.  Las cruces como mudos  testigos de  la muerte, miraban y  miraban  y no  decían nada.  ¿Qué eres  maldita muerte? Dolor que cautiva, fantasma de la vida. ¿Cuál es tu secreto traidora muerte?    
En ese preciso momento la rabia contra la vida y contra la muerte me inundó, ya no me interesaban los secretos, ni ser libre de las minas. Limpié las lágrimas  de odio y dolor que me cegaban y pude ver  que  todos se  marchaban de  ese  lugar,  sólo se quedó  un  joven parado fielmente a los pies de la tumba. Me acerqué y le pedí que me platicara su historia, y con la voz entrecortada comenzó a hablar. Me contó su historia y me pidió que la guardara en secreto.
-Es una historia muy triste, -le dije al joven-.
-Así es, -me contestó entristecido-, mas sin embargo, a pesar de mi enorme tristeza pienso que debemos aceptar la muerte como parte de la vida…  
-En tu semblante he podido ver que eres un joven fuerte y sé que podrás  recuperarte de este  duro golpe  que te ha dado la vida, o mejor dicho, que te ha dado la muerte. Yo tengo que seguir buscando mi libertad. Tengo que dejarte solo, pero recuerda que tenemos la esperanza de reencontrarnos con los que amamos.
Retrocedí sin dejar de mirar al joven que siguió llorando junto a una tumba.
Al salir del cementerio me encontré con un hombre que sin antes saludar me dijo:
-La verdadera vida es vivir con alegría, aceptando lo que somos y teniendo la esperanza que Dios nos dio. La verdadera muerte es el nacimiento a una mejor vida sí es que tuviste la esperanza dentro de tu corazón. No olvides nunca estas cosas. La verdad te dará la libertad. Vive bien y muere mejor, al vivir bien serás feliz y al morir bien vivirás para siempre.
El hombre se fue caminando hacia el interior del cementerio y yo volví a la puerta, me transformé en humano y escuché de nuevo la voz, la misma voz del infinito y de la eternidad y me dijo:
-“Espero que hayas descubierto el secreto de la vida y de la muerte” 
-Sí, lo descubrí, -le contesté a la voz-, el secreto es disfrutar y amar a la vida y respetar y aceptar a la muerte. Pero todo esto siempre y cuando tengamos dentro de nuestro ser la esperanza que Dios nos regaló.  
-Está bien, -me dijo la voz-, puedes continuar buscando los otros secretos.
Comencé a buscar por todos los lugares que conocía en las cavernas, pero fue fracaso tras fracaso.
En una de las cuevas húmedas me encontré con la mujer, ella estaba de espaldas y en contraluz, así que únicamente le vi la figura  en sombras. Al ver ese cuadro la reconocí de inmediato. Ella era la mujer a la cual había seguido el día en que caí a las minas de agua.
-Espera, -le dije-. Necesito hablar algunas cosas contigo.
-¿Qué necesitas?
-Necesito saber quién eres. ¿Por qué me llamaste? ¿Qué hago aquí?
-Yo soy la reina de las minas de agua, soy la mujer que estaba destinada a ser tu compañera eterna. Te llamé porque era menester que vinieras a gobernar tu mundo y a desposarte conmigo, eso es lo que estás haciendo aquí. Pero tu rechazo hacia mí y a tu reino es más que obvio y de ninguna manera te puedo obligar a estar a mi lado en el reino. El amor, al ser forzado deja de ser amor y se convierte en esclavitud y de ninguna manera quiero que seas un esclavo de mi amor.
-No es que te rechace, ni a ti ni al reino, lo que pasa es que mi mente está confundida por todo lo que ha vivido. Dame la oportunidad de salir y si mi verdadero destino es estar a tu lado gobernando este reino, volveré.
La mujer, con gotas de agua en sus ojos azules, me miró y asintió con la cabeza a mi petición. Antes de irse me dio un delicioso pan dulce con un vaso de un líquido desconocido para mí, pero que me ayudó a recuperar las fuerzas  perdidas   en  la   búsqueda, era una especie de bebida mágica y de pan del cielo que me nutrió profundamente, me dio una paz indescriptible y nuevas esperanzas para continuar con mi desesperada búsqueda de la salida de las minas de agua, pronto estaría fuera para seguir buscando mi luz perdida. Ella, la mujer hermosa,  se   fue  por   el corredor de la caverna, y al mirar su delicada silueta femenina y escuchar sus lágrimas reventándose contra el piso, sentí una extraña nostalgia. Era como si estuviera perdiendo algo que amaba. Fue muy extraño.
Continué con mi búsqueda de la tercera puerta.



Tercera puerta:
La puerta de la justicia y de la injusticia.


Proseguí con la búsqueda de la puerta y de pronto la tuve enfrente de mí. Era una puerta enorme, tal vez necesitaría ayuda para abrirla, pero me llevé una sorpresa al ver que la enorme puerta se abría sola. Al otro lado de la puerta se encontraba una enorme estatua representando a la justicia, en una de sus manos tenía una espada y en la otra una balanza, además tenía una venda en sus ojos.
Me impresionó tanto esa figura que comencé a cruzar el umbral de la puerta gigante sin recordar lo que me había sucedido en las otras dos puertas. Pero el dolor de la transformación me recordó lo que había olvidado. Sentí un escalofrió en todo el cuerpo y perdí de vista a la estatua. Poco a poco mi cuerpo estaba desapareciendo, me estaba volviendo invisible. Muy pronto estuve invisible por completo y así entré a través de la puerta de la justicia y de la injusticia.
En ese nuevo mundo al que entré vi miles de injusticias y yo trataba de hacer justicia con mis fuerzas y aprovechando que era el rey, pero estaba invisible y no podía hacer nada pues nadie era capaz de mirarme y escucharme en justicia. La injusticia me dolía en el alma, sin embargo, la justicia tarde o temprano llegaba sola. El secreto de la justicia y de la injusticia apareció de inmediato en mi mente.
Enseguida volví a la puerta y recuperé mi visibilidad, eso me dio mucho gusto.
La voz, la misma voz de la vida y la muerte me dijo:
-Espero que hayas descubierto el secreto de la justicia y de la injusticia.
-Sí, lo hice. El secreto de la justicia es que es ciega y en ocasiones se transforma  en injusticia. El de la injusticia es que es invisible y que se vuelve justicia en las manos de Dios.
-Ese es el secreto, puedes seguir buscando las puertas que te darán la libertad.    
            Comencé la búsqueda de la cuarta puerta de inmediato. Mis fuerzas estaban completas debido a lo sencillo de la puerta de la justicia y de la injusticia. Esperaba con fe que la cuarta puerta fuera igual de sencilla, tanto de encontrar como de resolver su secreto.
            Pensé, mientras buscaba, en lo irónico que puede ser todo, a veces, buscando con esmero, no encuentras y otras veces, sin buscar, encuentras. Así es en todo, lo fácil se te vuelve difícil, lo difícil imposible y lo imposible sucede de forma tan fácil que te da risa. Todo esto pensaba mientras buscaba y otras cosas que no recuerdo, por instantes perdía la concentración de mi búsqueda y tenía que volver por el camino ya recorrido para ver si no había pasado por alto la puerta y al ver que no era así, seguía mi camino, pero igual de distraído.  
            Caminaba por un pasillo rocoso que no había visto antes, en su parte alta tenía miles de pequeñas piedras que brillaban intensamente y me permitían ver cada rincón del pasadizo. Así sería muy sencillo encontrar la puerta. Bajo la protección de esa luz busqué la puerta con insistencia.

Cuarta puerta:
La puerta del cielo y del infierno.


En mi incesante y desconcentrada búsqueda perdí la vista del camino y resbalé por una ladera hasta caer en un profundo pozo de agua, cuando caía traté de sostenerme de las paredes pero lo único que conseguí fue llenar mis uñas de lodo, traté también de detener mi descenso sosteniéndome de las raíces que brotaban entre el lodo, pero estas eran frágiles y se desprendían a caer junto conmigo. En la caída lastimé mi cuerpo, mi piel se abrió y mis huesos crujieron, mi sangre brotaba copiosamente y las laceraciones me ardían como fuego. Por fin terminó la caída y toqué agua. Sigo vivo –pensé, otra vez, otra caída-, alguien vendrá a rescatarme, sólo tengo que aguardar con paciencia, pero era difícil aguardar pues mis heridas eran muchas y la sangre se derramaba como un río, y para colmo de males tenía que flotar en el fondo del pozo pues por más que lo intenté no pude tocar un suelo firme con mis pies, al parecer la profundidad de ese pozo de agua era infinita. (Vagas suposiciones de un moribundo, tal vez solo medía diez centímetros). Inútilmente traté de salir, las paredes eran  verticales  y  resbalosas,  el cansancio,  el dolor  y  el peso del agua me vencieron, mi final había llegado. (Nuevamente).
Mientras esperaba ver el rostro de mi muerte llegando, vi mi propio rostro reflejado en el agua de ese pozo, pero algo raro pasaba con mi rostro, no era el mío. Al mirarlo veía otro rostro que no podía reconocer, era tan diferente a mí. Sus facciones eran duras, viejas, no era el rostro juvenil que aún conservaba en aquellos días. Traté de tomar algunas facciones dentro de mi mente y armarlas hasta construir un rostro conocido, pero me fue imposible reconocer mi  propio rostro.  Tal vez me  había convertido en otro ser, después de todo ya había sufrido transformaciones extrañas en ese mundo de agua y piedra. O tal vez  estaba  viendo  el  rostro  de  mi locura,  o peor  aún,  estaba viendo el rostro de mi muerte. Esperé un poco más, ya sin luchar y sin mirar mi extraño rostro. Estaba resignado que ese día conocería a mi muerte.     
Cuando me creí muerto, sucedió algo; a la distancia se abrió una puerta de la cual salía una luz tan intensa que no se podía ver lo que había dentro de ella, un hombre alto y bien parecido salió por la puerta y llamándome por mi nombre me dijo que fuera con él.    
Lo seguí y al cruzar por el umbral de la nueva puerta esperé sentir la sensación de transformación que antes había sentido, pero esta vez fue diferente. Un frío intenso me congeló la sangre de las heridas, la piel se me llenó de escarcha. Comencé a sentir un congelamiento en todo el cuerpo. Después de que mi cuerpo se entumeció por el frío noté que mi carne comenzaba a desaparecer, todo yo me estaba volviendo transparente.
-Ya entiendo, -le dije al hombre-. Lo que pasa es que estoy muerto y me convertí en un fantasma.
El hombre me miró fríamente y dio una señal negativa con su cabeza. Con su dedo me hizo una señal apuntando hacia adentro de la puerta, lo que vi me destrozó el corazón, (era lo único que no me había lastimado en la caída). En un cuarto estaba toda mi familia, me dio mucho gusto verlos y les hablé, pero nadie me contestó. Traté de tocarlos, pero mi mano siguió de largo, era como si todos ellos fueran fantasmas. (Lo olvidé, el fantasma en realidad era yo, o una alucinación o, ¿Será que ellos eran los fantasmas dentro de mis sueños?)
Todos lloraban lastimeramente. Al frente del cuarto noté que había algo que era la razón del llanto, era un ataúd negro rodeado de velas y flores.
-¿Quién habrá muerto? –me pregunté-.
Me acerqué al cajón y con gran espanto vi que era yo el que estaba dentro de la caja. Era definitivo, mi vida había llegado a su fin.
Durante un buen periodo de tiempo estuve observando esa fatal escena, era tétrico, estaba observando mi propio funeral y esperaba con ansiedad mi entierro. Cosa extraña lo que escribo aquí, como si el universo fuera un pedazo de papel diminuto en el que se escriben historia incongruentes, llenas de metáforas incomprensibles, usted disculpara amigo lector si le parece una exageración, pero así es esta historia y debo contarla de esta manera.
Mi familia lloraba copiosamente, lo cual me hizo entender que si me amaban. O será acaso la clásica hipocresía provocada por el remordimiento de los errores pasados. Ya he visto esas reacciones antes, remordimiento que se transforma en dolor y arrepentimiento, en ese instante, después se vuelve veneno amargo, que opaca la vida para siempre.
Nuevamente apareció la puerta llena de luz y el mismo hombre. Otra vez me obligó a seguirlo a través de la puerta. Entré con un poco de temor, pero cuando vi lo que había en aquel lugar me sentí feliz y lleno de tranquilidad, el temor y la angustia desaparecieron por completo, mis heridas fueron sanadas. Ya no era mas un fantasma, pero tampoco era un hombre, me parecía, por el brillo de  la  luz en  mi piel,   por las  hermosas alas  en mi espalda y por la sensación de paz inundando mi alma, que había sido transformado en un ángel.
El lugar era de oro blanco con incrustaciones de plata, las puertas eran de diamantes y piedras preciosas y los pisos estaban cubiertos con alfombras rojas de la seda más bella que puedan imaginar, el mismo aire parecía estar lleno de partículas de belleza, cada rincón de ese lugar era un altar a la belleza.    
En la parte de enfrente había un coro de personas que tenían voces como jamás escuché en la tierra y cantaban alabanzas a Dios e hicieron que se estremeciera todo mi cuerpo.
En la parte de arriba había una manta enorme que decía:
“La convención de las almas salvadas y el arte.”
Las letras eran grandes y bordadas con hilos de oro. En el techo no había lámparas y el sol no se miraba por ninguna de las ventanas de cristal pulido, mas sin embargo el salón estaba iluminado con una luz cálida y tranquilizadora.     
Toda la gente que ahí estaba se veía feliz y llena de un amor que nunca había sentido. Eran ángeles, de eso no tengo duda, seres perfectos, divinos, sin corrupción alguna en sus cuerpos y almas. Yo admiraba todo esto como si nunca lo fuera a volver a ver.   
Un rato después llegó hasta mí una mujer increíblemente bella, como todas las que ahí estaban, y me dijo que la siguiera, yo fui con ella  hasta que  llegamos a un lugar  en donde  había  muchos  colores bellos, también había marcos de madera fina y lienzos de seda blanca. Ella me dijo que me sentara y con una agilidad y gracia que me dejo maravillado empezó a pintar mi retrato en uno de los lienzos.     
Cuando terminó de pintarme se levantó, me dio el cuadro y me dijo que saliera por una puerta que estaba en la parte de enfrente del salón, yo tomé el cuadro y me dirigí hacia la puerta. Al ver el cuadro sentí una gran satisfacción,   definitivamente   era  yo,   fue  como  si  me estuviera mirando directamente en un espejo, aquí si reconocí mi rostro, la única diferencia que existía era que ya no tenía el semblante de dolor y la mirada triste de mis ojos había desaparecido y en sustitución tenía una mirada de paz y amor.    
Cuando por fin llegué a la puerta, la abrí y salí del salón. Afuera había árboles, flores y animales que nunca había visto antes, también había un río de cristal, en su interior millones de seres hermosos nadaban entre el cristal,  en el  viento  volaban  millares  de aves de  colores llamativos, colores y seres que yo ni siquiera había imaginado antes,  el aire  era puro y  lleno de  vida y  la luz  del  cielo sin sol  era como un gran abrazo, pero lo que más me llamó la atención fue un muro inmenso que estaba lleno de cuadros como el que yo tenía entre mis manos. El muro era largísimo, se extendía mucho más allá de mi vista. El muro estaba hecho de bloques de oro y marfil, sus adornos eran de mármol y piedras preciosas. Caminé hacia el muro y vi que el primer cuadro era el de Abel. Empecé a caminar a un lado del muro e iba observando  todos los cuadros,  caminé  durante mucho  tiempo ya que el muro era muy largo, cuando ya iba llegando al final del muro vi varios cuadros de mis seres queridos que ya habían fallecido, y al fin llegué hasta un lugar en el muro que estaba vacío y que estaba destinado para mi cuadro, lo puse en su lugar y miré hacía atrás y vi que había caminado miles de kilómetros sin sentir tan sólo un poco de cansancio.      
Cuando iba a emprender el viaje de vuelta al salón me encontré con Dios, me dio la bienvenida y me dio un beso en la frente. Yo le pregunté a Dios que porque estaba en ese lugar si toda mi vida había hecho cosas malas y había roto todos sus mandamientos. 
Él sonrió y con una voz dulce me contestó:
-Tú, hijo mío hiciste la obra más grande que se puede  hacer,  entregaste tu  vida  para  que otros  pudieran salvarse, por eso estás aquí.   Ahora ve al salón con tus hermanos y dales tu testimonio.
-Pero yo no he dado mi vida para salvar a nadie, morí en un pozo de agua por accidente mientras estaba encerrado en una horrible mina de agua. Yo buscaba mi libertad y mi luz, pero sólo encontré mi muerte.
Dios me miró con ternura y me dijo:
-Yo puedo ver desde el principio hasta el final, puedo ver tu muerte, y está no es tu muerte. Tu vida será restablecida y serás una mejor persona. Tu muerte será inversa de lo que tú has creído. Pero pronto te veré de nuevo aquí.  
Le agradecí a Dios por todo su amor y su cariño y me di la vuelta, pero antes de marcharme le hice otra pregunta, le dije que en el muro había visto a mis seres queridos y le pregunté si podía verlos.
-Claro que sí -me contestó Dios-, sólo que ahora ya no son iguales, tú mismo eres distinto a lo que eras en la tierra, pero podrás encontrar a tus seres queridos por medio de ese lazo de amor que los une, así que ve y encuentra a tus seres queridos.    
Caminé al lado del muro mientras contemplaba la belleza de aquel lugar y por fin llegué de nuevo al salón, entré y busqué a mis seres queridos y muy pronto los encontré, eran totalmente distintos, ahora eran  perfectos,  nos  vimos  y  nos  fundimos  en  un  fuerte  abrazo y lloramos juntos, pero no fueron lágrimas de tristeza sino de felicidad por estar de nuevo juntos en aquel maravilloso lugar.    
Cuando más feliz estaba llegó el hombre que me había traído desde el principio a la convención y me dijo:
-“Tienes que marcharte, sólo se te permitió observar  el cielo para que pudieras descubrir el secreto que te dará la libertad, pero ahora te toca ver del otro lado de la puerta.”     
En ese momento se apareció la puerta y aunque no me quería ir fui obligado a cruzar por ella. A empujones de ternura y paz el hombre que me había dado la bienvenida me alejó de la convención y me arrojó a un mundo desconocido para mí. (Tal vez no tan desconocido)    
En cuanto la crucé noté la diferencia, en ese nuevo lugar era de noche  y hacía  mucho  frío,  la  gente  gritaba  desesperada  y corrían de un lado para otro como si hubieran enloquecido y a pesar de que no había nubes en el cielo, las estrellas no se veían.     
Todo el cuerpo me dolía, estaba tirado sobre las frías rocas y ese lugar me parecía tristemente conocido, me levanté de las piedras y vi un auto con las llantas hacia el cielo, de inmediato reconocí el lugar, hace años que había estado yo allí, ese había sido el momento más triste de mi vida, era el preciso momento en que había perdido para siempre mi luz. Todo estaba justo como en mis recuerdos, las piedras, la fogata, los cuerpos sin vida, la sangre, mis huesos rotos. Mi profundo dolor y mi alma quebrantada.   
De mis labios salió un grito aterrador, cerré mis ojos para no ver nada y pasó mucho tiempo, todo quedó en silencio y cuando creí que mi pesadilla había pasado abrí de nuevo mis ojos, y ya no estaba en aquel lugar, pero ahora estaba en la parte más alta de la bufa, la mujer, que no  recuerdo  su nombre,  porque quise olvidarlo estaba sujeta de mi mano, ahora quise sostenerla, pero no pude y cayó al abismo, nuevamente el grito nació de mis labios y mis ojos se cerraron.       
Cuando abrí de nuevo mis ojos, otra vez estaba tirado sobre las frías rocas y cerré de nuevo mis ojos sólo para abrirlos en la bufa y así consecutivamente despertaba en esos dos lugares.    
Horrorizado grité que ya no quería estar allí, la locura me estaba invadiendo el alma y el corazón. En ese preciso momento aparecí en la puerta, pero ya no estaba dentro del agua, ni las heridas en mi cuerpo. Ni siendo un fantasma, un ángel o un rostro desconocido. Nuevamente era yo,  el mismo de siempre, con los ojos tristes y el alma destrozada, buscando una salida de las minas de agua, buscando mi anhelada luz.   
Entonces escuché de nuevo la voz, la misma voz de la justicia y de la injusticia, y me dijo:
-“Acabas de estar en el cielo y en el infierno, ¿acaso has descubierto su secreto?”  
-Te equivocas, -le dije a la voz-, es verdad que estuve en el cielo y su secreto es que debemos esforzarnos para llegar a él y ser felices por  la eternidad,  su secreto es que  algún día debo de dar mi vida a cambio de la vida de otros, pero en el infierno no estuve, sólo estuve en mis pesadillas.     
-Tú eres el que te equivocas -me dijo de nuevo la voz-, el infierno no es un lugar envuelto en llamas ni lleno de demonios,  el infierno es personal y mutuo, el infierno es el evento más triste de la vida de los que nunca se arrepintieron.    
-Ahora entiendo, si esos eventos son mi infierno, entonces el secreto de la puerta del infierno es superar y arrepentirse de las cosas malas y tristes que hemos hecho en la vida. Si no nos arrepentimos ese será nuestro castigo, sufrir  una  y otra  vez ese  evento  para  toda la  eternidad, pero si nos arrepentimos podremos alcanzar el cielo para vivir felices para siempre. 
-Por fin lo entendiste -me dijo la voz que conocía y no reconocía-, pero el arrepentimiento debe ser sincero y de todo  corazón,  pues Dios conoce  todo lo que  hay en el corazón y en la mente de cada uno de sus hijos y si no hay arrepentimiento genuino tampoco habrá perdón. Así funciona esto, cuando llegué el momento de tu decisión final podrás comprender de mejor forma lo que te digo. Puedes continuar la búsqueda de los otros secretos. Espero de todo corazón que encuentres lo que deseas y que sea de bien para tu vida.

Quinta puerta:
La puerta de la guerra y de la paz.


La quinta puerta no fue difícil de encontrar pues estaba en todas partes. Era una puerta negra con manchas rojas por todos lados. Su madera estaba traspasada por espadas, navajas, flechas, balas y otros instrumentos creados para matar. Al tocar la perilla de la puerta escuché su nombre, “la puerta de la guerra y de la paz”.
Di el  paso al  interior de la puerta y  su umbral me atrapó de nuevo. Esta vez la transformación fue más lenta. Mi cuerpo se comenzó a estirar y a estirar, a la vez que se volvía metálico. Lentamente me convertí en una afilada espada. En cuanto la transformación terminó caí al suelo y sentí que una áspera mano me tomaba, era un soldado mal herido, su sangre se derramaba por todos lados hasta llegar al metal de mi cuerpo. Con sus últimas fuerzas defendió su próxima muerte mientras gritaba estas palabras:
-Estoy muriendo por la absurda irracionalidad de los pueblos, por su odio infundado pues no han sido capaces de entender que todos somos hermanos. Mi vida se agota en el brotar de mi sangre. Nunca más veré a los que amo, ni ellos me verán a mí. Todos mis sueños al olvido y todo porque los humanos somos incapaces de vivir en paz, somos incapaces de convertir nuestras diferencias en amistad. Que lastima me da morir en una guerra,  bajo la espada tirana de un hermano.  La guerra es el más absurdo pensamiento humano y la paz el más lejano de los sueños. Que tristeza me da terminar mi camino sin nunca mirar el verdadero final. Si tuviera el poder de hacerlo, destruiría las guerras, detendría a la muerte. Si tan sólo tuviera el poder.
La última gota de sangre salió del cuerpo del soldado y corrió por mi metálico filo. Lo vi con los ojos del arma homicida exhalar su último aliento. La muerte lo ha alcanzado y lo ha convertido en otro rostro invisible de la estúpida guerra.
Al mismo instante de la muerte del soldado me soltó de su áspera y ensangrentada mano y otra mano me sujetó con fuerza. Era otro soldado, que, con lágrimas en los ojos le dijo a su amigo recién fallecido:
-Hoy conociste la guerra y su crueldad, hoy conocerás la verdadera paz también. Vas a donde la guerra no podrá tocarte jamás, las balas no te herirán y tu sangre no se derramará en una espada. ¡Ve a la paz amigo mío, ve a la paz! Yo seguiré esperando la paz en esta cruenta guerra, mis ojos continuarán viendo la muerte y la peste de estas batallas sin sentido, y pronto, espero, me encontraré contigo.
El soldado me tomó entre sus dos manos y me arrojó con fuerza hacia la puerta de la guerra y de la paz. En cuanto crucé la puerta me transformé nuevamente en humano y escuché de nuevo la voz, la misma voz del cielo y del infierno que me dijo:
-Acabas de conocer la guerra y la paz, ¿acaso descubriste sus secretos?
-Si los he descubierto, el secreto de la guerra es que la única guerra que vale la pena pelear es contra la guerra y contra la muerte. El secreto de la paz es que hay que luchar para obtenerla, pero una lucha no de armas y sangre, sino una lucha de paz y amor.
-Has descubierto el quinto secreto, todavía tienes más secretos que descubrir. Lucha con fuerza para obtener tu libertad de las minas de agua.  Continúa con tu búsqueda.       


Sexta puerta:
La puerta del amor y el desamor.


La experiencia de morir y transformarme en fantasma, ángel, volver a mi infierno y no reconocer mi rostro, transformarme en espada y ver la crueldad de la guerra me había dejado realmente agotado, así que me recosté en una roca blanda por el moho que en ella había y me quedé profundamente dormido.  En esa breve inconsciencia soñé con mi libertad, volvería al mundo de mis opresores y mis tristezas, tal vez me confeccionaría una mascara para ser como ellos, ese sería mi destino. Pero dentro de mi sueño escuché una voz que decía:
-Mira bien lo que te rodea, es tuyo. Mira a la mujer que te ha guiado en este viaje, es tu amor aunque quieras ignorarla. Mira tu reino, tal vez te parezca húmedo, oscuro y frío,  pero es el mejor reino que puedas tener antes de volver a la eternidad. No ignores estas cosas, son tu vida.
Desperté sudando de incomprensión, recordé cada palabra de mi sueño, pero por mi propia conveniencia preferí ignorar todo. Pues deseaba mi libertad. Se me ofrecía un buen mundo y una bella mujer, pero mi terquedad de libertad y mi anhelo de encontrar mi luz eran más grandes que todo lo que se me ofrecía en ese reino extraño.
Decidido a salir de las minas de agua y abandonar mi destino, comencé a buscar la sexta puerta. Busqué en todos lados, pero no la podía encontrar. Fui con los habitantes de las minas que seguían en su arduo trabajo de cargar el agua hasta el inmenso río y les pregunté por la puerta, pero ni uno solo de ellos me quiso decir donde estaba la puerta. Todos decían ignorar su ubicación, mas yo estoy seguro que todos se confabularon contra mí para no dejarme escapar de las minas de agua. Después de todo yo era  su  esperado   rey  y   quería  huir   de  los   que con  tanto afán me aguardaban. Pero mi necedad fue grande y continué buscando la puerta.  
Entré a una bóveda muy peculiar, en sus paredes estaban pintados muchos corazones  con flechas atravesándolos y dentro de cada corazón había escritos dos nombres, uno de mujer y el otro de hombre, era como si en esa bóveda estuvieran escritos los nombres de todos los amores de la humanidad. La bóveda era inmensa y toda estaba llena de estos símbolos, durante un rato me entretuve  leyendo  nombres  e  incluso  encontré  algunos nombres conocidos. Después recordé que tenía que buscar la sexta puerta para poder ser libre y miré hacia el fondo de la bóveda, ahí estaba la puerta y su nombre era: la puerta del amor y el desamor.         
-Que fácil va a ser este secreto, el secreto del amor es amar y el secreto del desamor es no tocarlo, -pensé en silencio-. (Sin entenderlo hacía todo lo contrario ¿Será por eso que me encontraba sin salida?)
Antes de ir a la puerta reconocí mi nombre pintado en uno de los corazones, debajo de mi nombre estaba la palabra “y” seguido por un nombre de mujer casi ilegible, era como si adrede alguien lo hubiera tallado con una navaja, pero tuve la extraña sensación de que la mujer dueña de ese nombre estaba más cerca de mí que yo mismo. 
Confiado de la facilidad de esa puerta, la abrí y en cuanto entré sentí nuevamente sensaciones desconocidas y perturbadoras. Mis manos y mis pies comenzaron a estirarse de nuevo, mi tronco y mi cabeza se sentían rígidos como piedras. De pronto todo mi ser comenzó a crecer, lentamente, dolorosamente. Mis brazos y mis piernas crecieron más que todo lo demás, y de ellos comenzaron a brotar pequeñas hojas y una que otra flor. Mi cuerpo  se había  convertido en un  tronco fuerte. 
Esta vez la transformación me había llevado a ser un árbol. En cuanto crucé el umbral volví a ser un hombre. No entendí el porque de la transformación, pero sin darle demasiada importancia comencé mi entrada en el mundo de esa puerta y  me encontré con un anciano que me dijo: 
-No sólo es amar, también es  comprender, sacrificarse, esforzarse, llorar, entregarse y entregarlo todo por ese amor. Como puedes ver no sólo es amar, es amar de verdad y amar a Dios y a todos los semejantes.
Me despedí del anciano y me fui a buscar el desamor y pronto lo encontré. Un hombre lloraba debajo de un árbol, me acerqué a él y le pregunté que le pasaba y esto fue lo que me contestó:  
-Hay heridas que se borran y dejan cicatrices que ya no duelen, pero las heridas que el desamor deja son para siempre y para siempre dolerán. 
Entonces comprendí el secreto del desamor también. Se trataba de no lastimar sin necesidad a aquellos que te aman, porque el mal se te puede regresar. Y el secreto del amor es simple o no tanto, es amar a todos, a todo y sobre todo.    
Miré al hombre que continuaba llorando y le dije:
-No llores más, pronto encontrarás de nuevo al amor, pues este al final siempre vence. En algún lugar te debe estar esperando tu verdadero amor y esas lágrimas serán transformadas en sonrisas. Ya lo verás, así sucede siempre.
Me despedí del hombre que se quedó llorando y pintando un corazón con dos nombres en el tronco del árbol. Yo regresé a la puerta.
De nuevo escuché la voz, la misma voz de la guerra y de la paz y me dijo:
            -“Veo que has descubierto el sexto secreto, sólo te faltan cuatro más, ve y encuéntralos.”

Séptima puerta:
La puerta de la sabiduría y de la verdad.



Ya había avanzado mucho en la búsqueda de los secretos que me darían la libertad de las minas de agua y aunque estaba cansado no era momento de dejar la búsqueda, así que continué la búsqueda de la séptima puerta. Pasó mucho tiempo, recorrí muchos lugares de las minas, y no encontraba la puerta. Busqué en cada rincón de la mina, debajo de las piedras, entre las raíces, en los profundos pozos de agua, en el centro de cada gota, en cada manantial, pero parecía que la puerta se estaba escondiendo de mí. Derrotado por el cansancio, me acosté sobre una roca y me dormí en un sueño sin sueños, no sé por cuanto tiempo.    
Al despertar vi frente a mis ojos la puerta que se llamaba la puerta de la sabiduría y de la verdad, después de tanto buscar me había dado cuenta que siempre estuvo frente a mis ojos y no la había podido ver. El cansancio de mi alma había opacado al mapa de mi corazón.
De un salto me levanté de la cama de piedra, abrí la puerta y entré al mundo que me esperaba detrás de ella. Nuevamente la misma desagradable sensación de dolor al cruzar el umbral me invadió. Mi cuerpo comenzó a estremecerse como si me estuvieran dando descargas eléctricas, el sudor corría por toda mi piel. De pronto mis extremidades y el resto de mi cuerpo comenzaron a crecer, crecía y crecía sin detenerse. Crecí tanto que pude tener al mundo entre mis dedos y al universo entre mis manos. Y cuando fui capaz de ver todo desde otra perspectiva me di cuenta de que no había crecido, sino que me había encogido hasta ser tan pequeño que un microbio me tenía preso.  Pero esa extraña  transformación pasó de inmediato y volví a mi tamaño normal. Otra vez estuve en el umbral de la puerta y lo pude cruzar.    
Enseguida escuché mil voces que en coro me decían:
-La sabiduría enlutará tu mente, pero te alejará de la inmundicia y la verdad te hará libre.
Sólo eso repetían una y otra vez.
En ese momento regresé a la puerta de la sabiduría y de la verdad y escuché otra vez la voz, la misma voz del amor y el desamor, y me preguntó:
-¿Acaso has descubierto el secreto de la séptima puerta?
-Creo que si, -le dije a la voz-, el secreto es decir siempre la verdad y usar la sabiduría para no hundirnos en problemas.    
-Así es, -me dijo la voz-, ya has descubierto siete secretos y sólo te faltan otros tres, esfuérzate y lograrás tu apreciada libertad.    
Me despedí de la voz y me fui en busca de la octava puerta, donde tendría que descubrir el antepenúltimo secreto. Ya sentía que estaba muy cerca, mis avances con las puertas eran grandes, pronto podría ver mi libertad frente a frente y así continuaría esforzándome para encontrar mi luz. Sin embargo, al mismo tiempo, el camino me parecía largo, sinuoso y agotador, pero no tenía opción, debía continuar esforzándome si quería alcanzar mis objetivos. (Sin saberlo, estaba frente a mis metas, pero la necedad, la cerrazón y el rencor, las volvían invisibles a mis ojos). Sumido en mis pensamientos continué la búsqueda de la puerta, con cada paso me sentí más cerca de ella.


Octava puerta:
La puerta del deseo y del trabajo


Pronto encontré la octava puerta. Sin embargo iba a requerir de  un esfuerzo  sobre  humano  y  mucho  trabajo para poder llegar a ella. La puerta se encontraba en una parte muy alta de una bóveda, la pared era totalmente lisa y no tenía salientes ni ramas de donde sujetarse. Iba a necesitar de  mucho  trabajo  y deseo  para  llegar  a ella  y descubrir su secreto.  Varias veces intenté  escalar pero me fue imposible, no lograba subir ni medio centímetro. Tuve que idear otro plan para llegar a la puerta. Pronto se me ocurrió algo, con pedazos de madera y lianas construiría una escalera muy alta que me ayudara a llegar hasta la puerta. Durante horas trabajé en la escalera y el deseo de ser libre me impulsaba a seguir trabajando. Más tarde comencé a escalar la escalera y llegué hasta la puerta. El nombre de la puerta era, la puerta del deseo y del trabajo.
            Abrí la puerta con miedo de la transformación, ya había tenido experiencias muy dolorosas. En esta ocasión fue lo contrario, al cruzar el umbral de la puerta desapareció todo mi cansancio y cosa más rara, en cuanto termine de cruzar por debajo de la puerta noté que no había nada, sólo estaba un cuarto oscuro y vacío con un pequeño cartelón pegado a una pared. El cartelón decía:
            -“El secreto de esta puerta lo descubriste antes de llegar a ella y mirar en su interior”.
            Salí del cuarto y descendí por la escalera. Inmediatamente escuché una voz, la misma voz de la sabiduría y de la verdad, me decía:
            -Creo que este secreto fue fácil para ti, ¿has podido descubrirlo?
            -Sí, lo descubrí, fue sencillo descubrirlo aunque me costó mucho trabajo físico. El secreto de esta puerta es; si deseas algo, esfuérzate y trabaja mucho para conseguirlo. Sin el trabajo, los deseos no se hacen realidad. Sin esfuerzo no se llega a ningún lado. La pereza y el conformismo destruyen el cuerpo y el espíritu. Por el contrario, el esfuerzo denodado da satisfacción, triunfo y descanso placentero al alma y al cuerpo. Ese es el secreto, fácil. 
            -Me alegra que hayas descubierto el secreto de esta puerta. Ya estás muy cerca de tu libertad. Si la deseas trabaja por ella. Ve y busca la penúltima puerta.
            Rápidamente me despedí de la voz que conocía y desconocía y me fui en busca de otro secreto.


Novena puerta:
La puerta del pasado y del futuro.


Mientras buscaba la novena puerta me encontré con la mujer, extraña sensación dentro de mí al verla, fue como si hubiera encontrado un manantial después de días en el desierto.
-¿Cómo te ha ido? –me preguntó-.
-He batallado un poco, las puertas han sido difíciles de encontrar, el dolor me ha invadido, pero sin embargo ya estoy en busca de la novena puerta.
La mujer agachó su mirada y preguntó:
-¿Todavía estás en la misma posición de abandonar tu reino y a tu reina?
-Deseo mi libertad, quiero ver a mi gente, quiero ir a mi tierra. Sabes, siento una agradable sensación al estar contigo, ¿por qué no te vas conmigo a mi mundo cuando encuentre la salida?
-Pero no te das cuenta de que este es mi mundo, al igual que tú. Además no puedo salir de las minas de agua hasta que la guerra concluya, recuerda que tú eres el único que puede salir. Date cuenta por favor, este es tu lugar, nosotros somos tu gente, yo soy tu vida y tu amor.
-No lo sé, déjame intentarlo una vez más. Si no logro encontrar la salida me quedaré a tu lado para siempre.
Nuevamente las lágrimas se hicieron presentes en los grandes ojos color de mar de la mujer y se fue por un túnel oscuro. Yo me quedé mirando su hermosa figura de mujer entre las sombras hasta que se perdió de mi vista. Ella era hermosa, pero por alguna razón me negaba a amarla.
Sintiendo un vacío dentro de mí corazón me fui a continuar con la  búsqueda de las  puertas que me  faltaban para obtener mi libertad, aunque ya no estaba tan seguro de quererla obtener. Tal vez ella tenía razón, ese era mi lugar, a su lado, en esas minas, pero tal vez no, tal vez ella estaba confundida, yo no podía ser lo que ella esperaba, yo no podía ser el rey de las minas de agua.
-No puede ser. –Me repetí una y otra vez en voz alta-. Continúa tu camino, no te des por vencido, no eres rey, ni amas a esa mujer, busca tu libertad y tu luz, eso es en lo único que debes pensar.
En un túnel oscuro y profundo encontré la novena puerta, batallé un poco porque estaba escondida entre el polvo y ramas, pero al fin logré verla y tenía el nombre de la puerta del futuro y del pasado.    
Me paré enfrente de la puerta y la abrí, no estaba tan seguro de entrar y sentir el dolor de la transformación, pero el camino que había recorrido para llegar a donde estaba era largo y me pareció que no era momento de detenerme. Me acerqué al umbral, me llené de valor y di unos pasos en espera del dolor de la transformación. Esta vez no hubo dolor intenso, solamente hubo un piquete en mi cabeza y de pronto vi que me había separado en dos seres exactamente iguales. Uno miraba hacia delante y otro hacia atrás,  igual que el monumento  de mi pueblo en honor al tiempo, un rostro mira al pasado, el otro mira al futuro, y el presente observa atónito ese espejismo. Ahora yo me había transformado en nosotros. Juntos avanzamos hasta terminar de cruzar el umbral de la novena puerta y de nuevo nos fundimos en un solo ser.
Di el paso al interior de la puerta y todavía no entraba bien cuando escuché un grito:
Sorpresivamente una piedra cayó a mis pies, yo voltee a todos lados para ver si encontraba al que había lanzado la piedra, pero no vi a nadie. Tomé la piedra entre mis manos y noté que tenía escrito algo, y decía así:
-Pronto encontrarás el secreto del futuro, si no es que el futuro te encuentra primero a ti. Tal vez ya encontraste el futuro y el pasado será el que te encuentre antes que llegué el nuevo futuro.    
Me desesperé al ver la nota escrita en la piedra y me fui apresurado a buscar el secreto del futuro. Durante mucho tiempo lo busqué y no lo pude encontrar, ya estaba muy cansado  y decidí  descansar en  lo alto  de una  verde colina, al momento en que llegué a lo alto de la colina, se me acercó un hombre y me dijo:
-Te estaba esperando, llegaste en el momento exacto.
-¿Quién eres? -Le pregunté al extraño hombre-.
-Soy el presente, pero hace sólo un instante era el futuro.        
-No comprendo lo que me dices.
-Pero si todo está muy claro. Ayer fui un presente y hoy soy un pasado, el pasado que soy se convirtió en futuro y si me miras en este momento podrás ver que siendo presente también soy futuro.
-No entiendo y me provocas dolor de cabeza.
-Bueno, no importa, algún día entenderás lo que te digo, pero si no lo entiendes  nunca dejarás de ser pasado,  tan sólo llegarás a ser presente algunas veces, pero tu futuro nunca habrá de existir. 
Antes de que pudiera hablar más con él regresé a la puerta del pasado y del futuro.    
-¿Has descubierto el noveno secreto? -Me preguntó la voz-.
La misma voz del deseo y del trabajo.
-Lo he descubierto -le contesté a la voz-, el secreto es recordar el pasado sin que nos atrape y esperar el futuro sin que nos apasione, además de luchar por conseguirlo sin ser su esclavo y sin perder de vista que cada momento somos el presente que acaba de morir en el pasado y nacer en el futuro. Es complicado, pero así lo he entendido.
La voz murmuró y me dijo:
-No te oyes convencido de lo que dices, explícame de forma más clara tus palabras, organiza tus pensamientos, no debes fallar ahora que estás tan cerca de tu libertad.
Lo que quiero decir es que el presente es en realidad lo único que existe, el pasado ya se fue y jamás volverá, sólo es una memoria y algún día será olvido, el futuro no se sabe si llegará, sólo es una ilusión, una esperanza del mañana, el secreto es dejar el pasado en su sepulcro y al futuro en las esperanzas
-Estás en lo correcto -me dijo la voz-. Y entendí lo que querías decir, no era tan difícil. Sólo té falta un secreto más y serás libre.


Décima puerta:
La puerta de un paso de la línea de los sueños.


Había ya descubierto nueve secretos y sólo me faltaba uno más. Mi búsqueda de la décima puerta se prolongó más de lo que esperaba, busqué en cada rincón de las minas,  en cada pozo,  en cada río y en cada lago,  también busqué en cada hueco de las húmedas paredes, en cada raíz de los techos rocosos, en cada centímetro de las minas y aún fui más allá en mi búsqueda, busqué en los corazones de los que moran en las minas de agua, pero no pude encontrar la puerta. En mi búsqueda sufrí sed y hambre, la soledad me carcomió la vida, me faltaba la luz del sol y el aire puro del campo. Cada piedra me daba la esperanza de que ahí estuviera la puerta, pero no estaba. Cada raíz me indicaba la dirección que debía seguir y la seguía, pero no encontraba mi anhelada libertad. Cada pozo de agua me hablaba al oído diciendo que pronto encontraría la última puerta, pero no la encontraba. Cada piedra preciosa incrustada en la tierra me iluminaba el camino hacia la salvación, pero yo nunca llegaba. Seguí el correr de los ríos subterráneos como si ellos me llevaran hacia la libertad. Seguí las voces y los suspiros de los habitantes de la mina, pero nada, absolutamente nada me llevó a la décima puerta. Llegué a creer que dicha puerta no existía y que todo había sido un engaño de mis súbditos para que no pudiera escapar de  las minas de agua. 
Cansado de mi inútil búsqueda, me fui a la bóveda principal del reino, a mi templo, a mi hogar, me estaba haciendo a la idea de vivir para siempre en las minas de agua, o por lo menos hasta que concluyera la guerra. Después de todo no era tan malo,  allí tenía todo,  yo era el rey de las minas de agua. Había alimento maravilloso y bebidas exquisitas, todos harían lo que yo quisiera. También allí estaba una hermosa mujer que sería mi compañera.
-¡La mujer!, -pensé-. Ella me puede ayudar en esta última puerta.
Fui en busca de la mujer, gritaba su nombre y ella pronto respondió a mi llamado.
-¿Qué es lo que quieres?
-¿Quiero que me ayudes a encontrar la última puerta?
-Sabes que no puedo hacer eso, las puertas las debes encontrar tú mismo. Además no tengo ningún interés de que encuentres esa puerta que te alejará de mí y del reino. No me pidas que haga eso por favor, me duele que no quieras estar conmigo en este tu reino, no me pidas que te ayude a huir de tu destino.
-Entonces dame comida y agua y un buen lugar para descansar. En eso si me puedes ayudar. Por favor, ya no puedo más, la búsqueda ha sido pesada, el cansancio de mi cuerpo es extremo, eso no me lo niegues por favor.
-Por supuesto que eso no te lo puedo negar, en seguida te doy lo que necesites.
La mujer me dio comida, me preparó un delicioso  pan en una extraña maquina que estaba en el hueco de una pared  rocosa y un trozo de carne con un sabor muy peculiar pero agradable, también me dio un vaso de esa rara bebida que me daba fuerzas y me prestó su cama para que recobrara la energía. Al despertar, lo primero que vi fue la exótica belleza de la reina de las minas de agua. Su linda mirada me hipnotizó, y de nuevo sentí que debía quedarme, pero mi necedad por salir de las minas era grande, más grande aún que mi amor por la mujer. (El sólo hecho de pensar en esa palabra, amor, me provocó una tensión tal que nuevamente quise salir de las minas de agua). Nuevamente le pedí que me ayudara, pero en vez de decirme donde estaba la puerta, ella me dio un beso en los labios.    La  sangre  corrió  más   fuerte  que  nunca  y  mi corazón estuvo a punto de explotar. De mis ojos brotó una lágrima, algo bastante extraño en mí. La mujer secó mi lágrima con sus tiernos labios y me dijo:
-Ve en busca de tu libertad, si la encuentras tal como la quieres, te vas para siempre. Pero si es diferente a tus esperanzas, vuelves a mi lado y té quedas conmigo hasta que la guerra concluya y aún tiempo después seguiremos siendo el rey y la reina de las minas de agua.
Sin decir una palabra me fui, pero el trato estaba hecho.  Mucho tiempo pasó y yo no fui capaz de encontrar la décima puerta. Tal vez mi destino era permanecer encerrado en las minas de agua para siempre. A pesar de que yo no deseaba estar ahí, o eso al menos era lo que quería creer.   
Un tiempo después, cuando ya me estaba resignando por completo a estar encerrado debajo de la tierra, escuché la voz, la misma voz del pasado y del futuro y me dijo:     
-Has descubierto nueve secretos, has luchado por tu libertad, el tiempo ha pasado y no te pudo vencer y ahora, en este momento y en este lugar,  a un paso de obtener tu libertad, al final del camino,  te vas a dar por vencido. Lucha con fuerza, busca en el único lugar donde no has buscado y allí encontrarás la puerta que te dará la libertad que tanto has deseado.    
-El único lugar donde no he buscado, ¿Dónde es eso?
Me puse a pensar en donde no había buscado y después de un momento de meditación comprendí donde estaba ese lugar, ese lugar era mi mente. 
Entré en mi mente y busqué en cada rincón de ese extraño y desolado lugar que llaman mente, hasta en lo más oscuro, sin encontrar nada. Busqué en lo más profundo, y allí, por fin encontré la décima puerta, y su nombre era, la puerta de un paso de la línea de los sueños.    
Abrí la puerta lleno de esperanzas y di el paso hacia mi libertad, por fin sería libre, después de tanto luchar y sufrir lograría ser quien fui. Ya no me importaba el dolor de la transformación, lo único que quería era lograr mi objetivo. Al estar debajo del umbral de la última puerta sentí que mis ojos se invertían, el dolor fue tan grande que me provocó un estado de inconciencia profunda durante unos minutos, (tal vez fueron horas, pero en inconciencia no se puede saber),  cuando abrí  mis ojos miré lo  mismo que  antes  había  visto;  una  gran  caverna húmeda, llena de piedras y pasajes misteriosos. Pensé que había perdido la puerta, pues ya no estaba ante mi vista. En ese momento escuché una voz desconocida que me decía:
-No has perdido la puerta. No estás mirando las minas de agua. En la transformación se movieron tus ojos y lo que estás mirando es el interior de tu alma.
-¿Soy una caverna?
-Eres lo que tú quieres ser.
-¿Quiero ser una caverna?
-Quieres ser libre y se te muestra tu libertad.
-¿Mi libertad es estar en la caverna y gobernarla?
-Tu libertad es descubrir los secretos de las puertas y tomar la decisión más sabia.
Yo seguí haciendo preguntas, pero la voz desconocida no me contestó más. Sólo se escuchaba el eco rebotando en las húmedas paredes de la caverna o de mi mente, o de lo que sea. Tenía muchas dudas y no había forma de aclararlas, estaba solo el resto del camino, sin voces que me guiaran, sin la mujer bella de las minas de agua.
En ese momento mis ojos volvieron a la normalidad, justo cuando estaba dejando atrás el umbral de la décima puerta.   
Esperaba ver un lugar hermoso al entrar en esta última puerta, pero para mi sorpresa caí a una profundidad de agua, pero esta vez no me estaba ahogando, podía respirar.  Nadé  durante  mucho  tiempo,  vi corales  de mil colores, animales hermosos de todas las especies, vi aguas termales que brotaban como  grandes gotas de agua dentro del agua y otras maravillas que nunca antes había visto, ciudades sumergidas llenas de vida, millones de luciérnagas submarinas que alumbraban aquella majestuosa profundidad, animales que yo conocía como fieros conviviendo con sus presas en total armonía y miles de maravillas que ni siquiera me atrevo a describir.  Recorrí todo ese abismo de agua y me maravillé por su grande hermosura.    
Después salí del agua y noté que también podía volar, y floté en el cielo, extraño cielo de color púrpura con nubes de algodón naranja, y los delfines y las ballenas volaban junto a mí, y como si estuviéramos en el más divertido juego atravesábamos las nubes de azúcar color naranja, que bello era todo. Las aves cantaban melodías exquisitas y el viento me acariciaba como si fuera mi amante más enamorada.     
Después caminé por los campos repletos de árboles frutales y millones de flores, cada una con un color diferente y un aroma diferente que se conjugaba en el más exquisito perfume. Su sabor, amigos míos, no es comparable con nada que se haya probado antes en ningún mundo.          
Las aves cantaban melodías dulces y los animales convivían en la más perfecta armonía. Me sentía inmensamente feliz en ese maravilloso mundo, pero lo mejor estaba por venir.    
Disfruté al máximo la belleza de ese lugar y momentos después me encontré una ciudad, su nombre era imaginación. Sus calles eran del más fino y limpio cristal, sus paredes de diamantes, sus habitantes vestían de blanco y siempre sonreían, todos eran felices, todo era perfecto, las lámparas de las calles eran  de  plata  y en vez  de focos  tenían  una  piedra que  nunca dejaba de brillar,  por el centro de la ciudad corría un río inmenso, lleno de vida y alegría. Por el río navegaban  los  habitantes  de  la  ciudad  y  tocaban  el  agua  como sí fuera parte de un mismo todo. Que hermosa era la ciudad de imaginación. Quise fotografiar esa imagen y conservarla para siempre en mi memoria. Degusté cada cosa para impregnarla en mi profundidad, deseé ser uno solo con todo lo que estaba a mi alrededor. Casi puedo asegurar, blasfemamente y pidiendo el perdón, que, así debe ser el paraíso que nos espera en el cielo.
Cerré mis ojos como tratando de entender la realidad y cuando los abrí estaba de nuevo en la mina, parado frente a la puerta de un paso de la línea de los sueños.    
Caí sobre el polvo húmedo de la mina, ¿cómo era posible que hubiera sido arrebatado de la felicidad dónde me encontraba para volver al encierro de las minas de agua? Y maldije a la mina y a todo lo que hubiera en ella. Mis gritos de odio desgarraron las peñas y ensordecieron a la vida de la mina. Mis golpes furiosos destrozaron los pasadizos. El calor de mi ira evaporó el agua de mi rededor.     
De nuevo escuché la voz, la misma voz del pasado y del futuro y me dijo:
-No maldigas todo, tú mismo has querido volver.
-No es cierto, -le dije a la voz-,  estaba muy feliz en la ciudad de imaginación, ¿para qué querría regresar a esta húmeda y oscura mina? 
La voz volvió a hablar diciéndome:    
-Recuerda que para conseguir la libertad debes descubrir los diez secretos que guardan las puertas y sólo té falta uno.
-Pero ese secreto es muy fácil, -dije-, el secreto es ser feliz en ese maravilloso mundo.
-Estás equivocado, -dijo la voz-, piensa en cual puede ser el secreto, recuerda el nombre de la puerta.     
En ese momento comprendí que todo era un sueño.
-El secreto es soñar, -le dije a la voz-.
-De nuevo te has equivocado, -me contestó-, el nombre de la puerta es a un paso de la línea de los sueños, no has estado soñando, ese no es el secreto.    
Me sumí profundamente en mi pensamiento y como un rayo de luz llegó la respuesta al secreto a mi mente.
-El secreto es la imaginación, como el nombre de la ciudad, no he soñado,  todo lo he imaginado,  las minas  de agua son  mi mente, es por eso que soy el rey, las puertas y sus secretos también son parte de mi imaginación, todo lo he imaginado. ¡No puedo creerlo! Todo ha existido sólo en mi imaginación. Ese es el décimo secreto, el que me hará libre de mi propia prisión, el que derrumbará las rocas que yo mismo he puesto frente a mí. El que me dará la luz que yo mismo he escondido debajo de la tierra.      
-Por fin descubriste el secreto de las diez puertas de  la  imaginación,   ahora  si  podrás  ser  libre,   las  diez puertas siempre estarán abiertas, podrás ir a todos los lugares que puedas imaginar, serás libre y feliz en tu imaginación.              
Me sentía tan afortunado porque por fin sería libre, podría ir de mi mente (las minas de agua) a cualquier lugar que pudiera imaginar a través de las puertas.    
La voz me quiso dar una última advertencia, la gente de afuera de las minas de agua, creían que estaba enloqueciendo y murmuraban y se burlaban de mí, tendría que resolver ese problema.    
-Está bien, -le dije a la voz-, resolveré el problema, antes todos ellos querían que fuera como ellos y ahora que me creen loco seguramente  me rechazarán con crueldad,  pero yo podré resolver ese problema y por fin lograré ser quien soy, ya nunca más seré la imagen de algún otro, a partir de hoy seré libre de pensamiento y de cuerpo. Pero voz necesito que me digas una cosa, si todo lo que he vivido está dentro de mi imaginación, entonces, ¿Quién eres tú?
-Soy tú mismo, -me contestó-. Soy la voz de tu interior, siempre te has escuchado a ti mismo.
-Está bien, -le dije a mi voz-, gracias por toda tu ayuda. Sólo una pregunta más, ¿quién es la mujer?
-La mujer es un futuro que pronto llegará, tu compañera eterna, tu reina. Cuando llegue a tu lado no la rechaces, acéptala y ámala tal y como es. Ella será tu salvación. Tu luz en las tinieblas.     
Como ya era un hombre libre y feliz, podía hacer cualquier cosa que pudiera imaginar, así que resolver el problema de mi aparente locura no fue difícil. Sólo inventé con mi imaginación otra puerta, la puerta se llamaba la puerta de la realidad, y cada vez que la necesitaba  salía por ella e imaginaba  que era una persona  normal   (sí es que  a la humanidad  se le  puede  llamar normal)  me comportaba como los demás y de esa forma los hacia creer que era como ellos, podrá parecer hipócrita, porque no tenía la necesidad de hacerlo, era tan feliz en mi imaginación, al fin era quien yo quería ser que importaba que me juzgaran loco, pero lo hice por el bien de todos los demás,  imaginé la puerta de la realidad por el bien de todos, porque aún no están preparados para comprender el maravilloso y feliz mundo de los locos…
Estuve entrando y saliendo de las minas de agua durante mucho tiempo, así era feliz, una felicidad que durante muchos años me abandonó. Dejé de buscar mi luz pues creía que algún día llegaría sola, o tal vez ya había llegado a través de la libertad de mi imaginación. Me olvidé del viaje que había planeado para encontrar mi luz y también me olvidé de la tienda de los corazones negros y del milagro que podía realizar en mi vida. Ya no necesitaba  un nuevo  corazón porque había  encontrado la felicidad por mí mismo. Mi vida se había vuelto perfecta, disfrutaba de cosas que antes me amargaban. Todo me parecía hermoso y bueno, hasta a las cosas malas les encontraba algo bueno. Definitivamente la libertad de mi imaginación me daba felicidad.
Esas cosas creía después de salir de las minas de agua, sin embargo, estaba equivocado. Mi corazón seguía igual de negro y salir de las minas de agua tan sólo fue un paso hacia mi libertad. También mi luz seguía ausente y necesitaba encontrarla para ser completamente feliz. De esto me di cuenta con una experiencia de lo más extraño que tuve después de una terrible noche de insomnio. Esa es otra historia increíble que debo contarles.
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