Como el polvo más
fino que cae del cielo y se ve flotando en los tenues rayos de luz, así caí yo
entre las rocas de la profundidad de este paraíso y mientras caía venían a mi
mente los recuerdos de los momentos de cerrazón, soledad y angustia, cada
momento desaprovechado, cada palabra
ignorada, cada beso negado y cada segundo que de una forma u otra olvidé. La
caída parecía eterna, ¿acaso estaba en un pozo sin final? Al ir descendiendo se
vino una imagen a mi mente que no me dejaba ni un instante; el recuerdo de la
muerte de mi luz.
Mi
caída seguía y por más que estiré la mano no hubo quien me ayudara. Mi ropa y
mi carne se rasgaban cruelmente contra las afiladas rocas de la barranca, y
sentía que las gotas de mi sangre caían junto conmigo mi propia caída. De pronto reconocí a la distancia al piso, mi
caída estaba apunto de acabar.
Todo era oscuro y confuso, el dolor me cegaba por completo, mi mente,
aturdida por la gran caída y los golpes,
no alcanzaba a comprender lo sucedido. Tal vez había muerto, ¿quién
sobreviviría a semejante caída? Pero aún sentía mucho dolor y desesperación, y
esos síntomas eran la mejor prueba para comprobar que seguía vivo. (De alguna
forma y lo que estar vivo signifique). Lo primero que recordé al recobrar
completamente la conciencia fue el constante golpe de una gota que caía desde
lo alto de una roca hasta la dureza del húmedo suelo, abrí mis ojos lentamente
y vi que
no era una
gota, eran millones
de gotas que
caían en un
constante concierto, era como si lloviera en el centro de un huracán que
carecía de cielo y de nubes.
Me
levanté de aquel húmedo lugar y caminé entre las rocas como si tuviera la
certeza de saber hacia donde iba, caminé por las oscuras cavernas y bebí del
agua de miles de lagos subterráneos, me bañé en los ríos de la tierra y en
todos sus lugares escurría agua como si fueran lágrimas o pus de su veneno. La
caverna era impresionante. Existían en ella miles de formas rocosas, algunas provocaban
miedo y otras
risas. Algunas eran planas, otras picudas, otras redondas y
de mil formas. En algunas partes había piedras preciosas, en otras había
hongos. Pero a pesar de la diversidad de la caverna había algo en común en cada
roca, todas destilaban agua.
Continúe
mi camino con sentido y sin sentido, no sabía a donde iba pero si lo sabía,
entonces fue cuando sucedió lo sorprendente, a la distancia, al final de la
caverna húmeda, vi una luz de sin igual blancura y escuché un ruido como de
vagones de tren moviéndose con solemne lentitud, paso a paso me arrastré hacia
aquel lugar y mis ojos se maravillaron al contemplar
la escena que me esperaba, ahí, en una fila interminable, como si fueran
hormigas, estaban millares de seres que empujaban lentamente
carretillas cargadas de
agua y vaciaban su carga en un
río de proporciones infinitas que no tenía ni principio ni fin. Los seres eran
extraños, pues sus vestidos eran azules cada uno de un azul distinto. En sus
cabezas tenían aletas de mil colores y sus ojos eran de un color azul profundo
como el mar.
Yo
veía toda la escena escondido detrás de una roca, pero uno de los seres me
descubrió y al verme gritó:
-“Ha
llegado el nuevo rey, ha llegado nuestro rey.”
Inmediatamente
todos dejaron de hacer su trabajo y corrieron presurosos hacia mí, me tomaron
de los brazos y me levantaron en los hombros como si fuera yo el ganador de la
competencia más importante del universo. Al parecer se volvieron locos con mi
presencia, como si fuera su más preciado tesoro.
-¿Pero
qué es este lugar? ¿Por qué dicen que soy su rey?
-Estas
son las minas de agua, -me contestó una mujer de blanca piel, ojos claros y
sonrisa de cielo-, y tú eres el rey
de las minas
de agua, hace
tiempo que esperábamos por ti,
el destino así lo decidió y aquí están tus súbditos que obedecerán tus órdenes.
Miré
a la mujer que acababa de hablar y tuve la sensación de que ya la había visto
antes, pero no fui capaz de reconocerla en ese momento.
No
salía yo aún de la impresión que me provocó aquel extraño lugar cuando la mujer
me dijo que me llevaría a conocer el reino completo. Antes de partir a conocer
aquel extraño reino, los seres que habitaban en él me curaron las heridas, me
dieron alimento y agua refrescante, me vistieron con ropas semejantes a la de
ellos, pero claramente
más finas y
me permitieron un descanso de mi huída y mi caída. Al
despertar, la mujer me guió por el mundo subterráneo.
Conocí
el gran lago de agua transparente y dulce, conocí las montañas de hielo azul,
conocí cada río y cada cascada, conocí cada roca y cada salón dentro de aquel
mar infinito de cavernas húmedas, conocí también a cada ser del reino, todo
conocí de aquel lugar. Mas hubo un lugar que nunca jamás olvidaré, en aquel
lugar el cielo se veía de un color hermoso pero extraño, las estrellas
brillaban de una singular manera y a pesar del brillo de las estrellas en aquel
lugar no dejaba de llover, duré mucho tiempo observando aquella imagen y por
más que esperé el sol nunca salió.
-Este
lugar no es parte de las minas de agua, -le dije a la mujer-.
-Claro
que sí, -me contestó ella-, este es el salón principal del reino, es tu templo,
tu palacio y tu hogar, desde aquí gobernarás el reino de las minas de agua.
-Pero,
¿por qué estoy fuera de las minas?
-No
lo estás, aquí también estamos dentro de la mina.
-Pero
no puede ser, -le refuté-, como podemos estar dentro de la mina si se ve el
cielo, las estrellas y llueve en todo momento. Es obvio que estamos en un valle
enorme y vacío fuera del encierro cavernoso de lo que ustedes llaman las minas
de agua.
-No,
-me dijo con toda la seguridad del reino-. Si tú observas con calma podrás ver
que lo que tú crees que es el cielo realmente es la tierra y las gotas de
lluvia no caen desde el cielo, si ves bien te darás cuenta que está sudando el
suelo y los millones de puntitos luminosos que tú llamas estrellas en realidad
son puertas que sólo se abren de afuera hacia a dentro, cada puerta tiene un
nombre escrito y sólo esa persona puede entrar por esa puerta, mas no puede salir hasta que la guerra concluya y sean abiertas todas
las puertas.
-¿Cuál
guerra? –Pregunté indignado al saber que en ese momento no había ninguna
guerra-.
La
mujer, con una cálida y hermosa sonrisa, contestó:
-Esa
guerra milenaria entre las cumbres y los desiertos, entre el fondo del mar
y el fin del universo. Entre el bien y
el mal. Cuando la guerra concluya y el bien gane serán abiertas todas las
puertas y todos lo seres de las minas de agua seremos libres para disfrutar de
una eternidad sin guerra. Pero nadie sabe cuando terminará la guerra, hace
miles de años que comenzó y quien sabe cuando terminará.
-Quieres decir que estoy atrapado en
este lugar para siempre y que sólo podré salir en caso de que la guerra
termine.
-Bueno, -me dijo-, tú eres el rey y
tienes la capacidad de salir cuando
quieras, sólo que para salir
tienes que usar las puertas especiales que están escondidas en el
reino. Son diez puertas y cada una conduce a un lugar especifico y sólo una de
ellas es la verdadera salida, si quieres
salir de las minas de agua tendrás
que descubrir los
secretos de cada
una de las puertas y
por último debes descubrir el
secreto de todas juntas y sólo así podrás salir de las minas cuando
gustes…
Mientras
ella me explicaba lo de las puertas hizo algo que me dejó maravillado. Extendió
su mano y con su dedo índice comenzó a dibujar una especie de mapa en el
viento, en donde me mostraba las puertas y su posible ubicación. Yo miré
atentamente el mapa, tratando de memorizarlo, pero inmediatamente se transformó
en humo y desapareció. La mujer vio mi preocupación, y con palabras
tranquilizadoras me dijo:
-No
te preocupes, este mapa lo tienes guardado dentro de ti, únicamente debes
buscarlo bien y encontrarás tu camino hacia la libertad.
La
mujer me parecía extrañamente conocida y sentía dentro de mí
un placer inmenso al
estar cerca de ella. Pero a pesar
de ello, la mina me parecía una fría prisión y deseaba regresar a mi mundo para
continuar buscando mi luz que obviamente no estaba en ese oscuro mundo
subterráneo.
Que
extraño me parecía todo. Yo no me sentía a gusto, así que comencé a buscar las
puertas, caminé mucho por todos los pasadizos rocosos de la mina, busqué la
puerta debajo de cada roca y en cada túnel húmedo, busqué en cada raíz
proveniente de la superficie, pero la puerta no
estaba ahí. Cada gota parecía
darme una pista, pero todas resultaban falsas. Nadé en cada profundidad acuosa, en los ríos y en los lagos, en los
pozos y en los charcos, hasta la profundidad del mar subterráneo llegué, pero
la puerta de mi salvación no estaba ahí.
Escalé las montañas de roca y hielo, resbalosas por la humedad. Escalé
todo lo que se podía escalar, pero en ninguna montaña estaba la puerta. Busqué
con determinación, pero al parecer todo mi esfuerzo estaba destinado al
fracaso, la puerta no se veía por ningún lado, llegué a pensar que la mujer me
había mentido con lo de las puertas, con tal de que no me fuera del reino y
mantenerme entretenido. Pero mi fuerza de voluntad era grande y no desistí,
recordé las palabras de la mujer; yo tenía el mapa dentro de mí, si me
esforzaba podía saber en donde
estaban las puertas. Luché con valor hasta que encontré la primera
puerta. Estaba en una bóveda tan oscura, no había ni una molécula de luz, me
tuve que arrastrar entre las rocas, el polvo y las raíces. A tientas buscaba la
puerta y por fin toqué una puerta que tenía bordado en Braille su nombre y una
estrella. El nombre de la puerta era…
Primera puerta:
La
puerta del infinito y de la eternidad.
Di el paso hacia el interior del infinito y de la eternidad. Al abrir la
puerta tuve una extraña sensación dentro de mi cuerpo, sentí que un calor me inundaba por completo. No le di mucha importancia y comencé a
caminar bajo el ancho umbral de la puerta. El calor estaba aumentando, mi sudor
corría como uno de los ríos de la caverna y tenía la sensación de
estarme derritiendo. Mis
piernas y mis brazos comenzaron a estirarse en forma de
cono, de mis ojos, de mi boca, de mi nariz, de mis oídos y de todos y cada uno
de mis poros comenzó a salir una brillante luz. Esa luz me quemaba la piel y el
estiramiento me provocaba mucho dolor. Como pude seguí avanzando para dejar el
umbral de la puerta detrás de mí. Fue en ese momento cuando me di cuenta de que
me había transformado en una estrella brillante flotando en un universo
desconocido. Dejé atrás el umbral y el dolor y la transformación
desaparecieron, pero de nuevo empezó mi caída y no se detenía, caía como una
gota de lluvia sin encontrar el suelo (¿al entrar al mar pensará la gota que
sigue cayendo?)
En mi caída observé planetas, lunas, estrellas,
galaxias y tantos otros astros del universo y en cada uno de ellos había
habitantes que me veían pasar como si fuera un cometa y yo los observaba en mi
camino, tan diferentes e iguales a nosotros (pensaremos con envidia que somos
la única vida de este infinito, que desperdicio de tiempo y de espacio.)
Seguí
cayendo en el infinito y en mi caída recordé las palabras de la mujer:
-“Tienes
que descubrir los secretos de cada una de las puertas”
-¿Cuál
será el secreto de esta puerta?
Sentía
que enloquecía y no podía descubrir el secreto. El tiempo pasó sin que realmente
pasara y se prolongó mí caída más que el mismo infinito y que la
eternidad.
Cerca de un sistema solar doble me
topé con un cometa que estaba de viaje al igual que yo, y me gritó:
-“El
infinito y la eternidad, nada ha nacido, nada morirá jamás. Es el principio
del principio y el final de lo que nunca terminará…”
El
cometa se alejó gritando otras cosas sobre el infinito y la eternidad. Yo me
detuve un momento y regresé a la puerta. Pero no pude entrar por ella, pues era
una estrella grande y la puerta era chica.
Como
pude introduje una parte de mi cuerpo en el umbral de la puerta y dejé de ser
una estrella, de nuevo era humano y estaba parado afuera de la puerta.
He
enloquecido tratando de descubrir el secreto del infinito y de la eternidad.
Cuando estaba a punto de cerrar la puerta escuché una voz que me pareció
familiar, pero que no distinguía, y me dijo:
-“Si
cierras la puerta sin descubrir el secreto ya no podrás continuar buscando las
otras puertas ni descubrirás el secreto de todas y por lo tanto estarás
encerrado en las minas hasta que concluya la guerra.”
Detuve
mi mano en la marcha de cerrar la puerta y como un relámpago llegó la respuesta
al secreto. El secreto del infinito y de
la eternidad es no tratar de entenderlo, porque el que lo trata de entender se
vuelve loco y nunca jamás encuentra la salida. Además, hay que luchar para
alcanzar la eternidad.
-Es
correcto -me dijo nuevamente la voz-, ahora puedes continuar la búsqueda de las
otras puertas.
Así
lo hice y no tardé mucho en encontrar la segunda puerta. Era como si el sufrir
de encontrar la primera puerta me hubiera hecho experto en encontrarlas, al
menos eso pensé en ese momento, tal vez me equivoqué. Caminé por varios túneles
que me parecieron estar cerca de la superficie de la tierra, pues en ellos
había plantas con flores descoloridas pero bellas, había vegetación diversa y
también algunos insectos.
Pensé
que en ese lugar podría encontrar la segunda puerta, tal vez detrás de la
maleza. Mis pensamientos eran correctos. Moví algunas plantas sin obtener
éxito, pero poco después llegó el triunfo que esperaba. La segunda puerta
estaba escondida detrás de muchas plantas con flores hermosas, tal parecía que
lo del mapa en mi interior era verdad.
La puerta se llamaba...
Segunda puerta:
La
puerta de la vida y de la muerte.
Abrí la puerta y en cuanto crucé por el umbral sentí otra vez la rara
sensación de la primera puerta.
-Tal
vez me convierta en estrella otra vez, -pensé-.
Mis
manos comenzaron a encogerse,
mi piel se llenaba de plumas negras, sentí que mi
rostro se alargaba a la vez que se encogía y también se llenaba de plumas. El
dolor era intenso nuevamente, cada pluma que brotaba de mi piel me provocaba la
sensación de alfileres oxidados. Mi boca se transformó en pico y mis brazos en
alas. Para cuando terminé de cruzar el umbral de la puerta, me había convertido
en un cuervo. A pesar de esta desagradable experiencia entré a un mundo bello,
lleno de animalitos, flores y vida por
todas partes. En el campo
corrían las múltiples especies de
animales y en el cielo volaban cientos de aves junto con sus angelicales
trinos. Un río cristalino daba vida a los peces y otros seres del agua, y al
mismo tiempo arrullaba y tranquilizaba con su correr a toda la vida. Los
árboles y el pasto se mecían al contacto del viento y daban sombra a la vida. Los niños y otros seres humanos también se
veían felices y disfrutaban de toda la hermosura de la vida. Todo era felicidad y tranquilidad.
-Esto
no es difícil, -pensé-, el secreto de la vida es que es bella y hay que
disfrutarla al máximo.
Seguí
caminando en el maravilloso mundo de vida y en ese momento escuché unos llantos
y me acerqué a donde estaban los que lloran. Mis ojos se quebraron como el
hielo, mi alma se paralizó, que escena tan terrible estaba en mi presencia. Los
cautivos de la vida cargaban un cajón de madera, lloraban rosas, le entregaban
lágrimas, sus almas desechas de dolor gritaban adiós queriendo decir no te
vayas, lo dejaron caer al abismo y le arrojaron la tierra maldita.
Las cruces como mudos testigos
de la muerte, miraban y miraban
y no decían nada. ¿Qué eres
maldita muerte? Dolor que cautiva, fantasma de la vida. ¿Cuál es tu
secreto traidora muerte?
En
ese preciso momento la rabia contra la vida y contra la muerte me inundó, ya no
me interesaban los secretos, ni ser libre de las minas. Limpié las
lágrimas de odio y dolor que me cegaban
y pude ver que todos se
marchaban de ese lugar,
sólo se quedó un joven parado fielmente a los pies de la
tumba. Me acerqué y le pedí que me platicara su historia, y con la voz
entrecortada comenzó a hablar. Me contó su historia y me pidió que la guardara
en secreto.
-Es
una historia muy triste, -le dije al joven-.
-Así
es, -me contestó entristecido-, mas sin embargo, a pesar de mi enorme tristeza
pienso que debemos aceptar la muerte como parte de la vida…
-En
tu semblante he podido ver que eres un joven fuerte y sé que podrás recuperarte de este duro golpe
que te ha dado la vida, o mejor dicho, que te ha dado la muerte. Yo
tengo que seguir buscando mi libertad. Tengo que dejarte solo, pero recuerda
que tenemos la esperanza de reencontrarnos con los que amamos.
Retrocedí
sin dejar de mirar al joven que siguió llorando junto a una tumba.
Al
salir del cementerio me encontré con un hombre que sin antes saludar me dijo:
-La
verdadera vida es vivir con alegría, aceptando lo que somos y teniendo la
esperanza que Dios nos dio. La verdadera muerte es el nacimiento a una mejor vida
sí es que tuviste la esperanza dentro de tu corazón. No olvides nunca estas
cosas. La verdad te dará la libertad. Vive bien y muere mejor, al vivir bien
serás feliz y al morir bien vivirás para siempre.
El
hombre se fue caminando hacia el interior del cementerio y yo volví a la
puerta, me transformé en humano y escuché de nuevo la voz, la misma voz del
infinito y de la eternidad y me dijo:
-“Espero
que hayas descubierto el secreto de la vida y de la muerte”
-Sí,
lo descubrí, -le contesté a la voz-, el secreto es disfrutar y amar a la vida y
respetar y aceptar a la muerte. Pero todo esto siempre y cuando tengamos dentro
de nuestro ser la esperanza que Dios nos regaló.
-Está
bien, -me dijo la voz-, puedes continuar buscando los otros secretos.
Comencé
a buscar por todos los lugares que conocía en las cavernas, pero fue fracaso
tras fracaso.
En una
de las cuevas húmedas me encontré con la mujer, ella estaba de espaldas y en
contraluz, así que únicamente le vi la figura
en sombras. Al ver ese cuadro la reconocí de inmediato. Ella era la
mujer a la cual había seguido el día en que caí a las minas de agua.
-Espera,
-le dije-. Necesito hablar algunas cosas contigo.
-¿Qué
necesitas?
-Necesito
saber quién eres. ¿Por qué me llamaste? ¿Qué hago aquí?
-Yo
soy la reina de las minas de agua, soy la mujer que estaba destinada a ser tu
compañera eterna. Te llamé porque era menester que vinieras a gobernar tu mundo
y a desposarte conmigo, eso es lo que estás haciendo aquí. Pero tu rechazo
hacia mí y a tu reino es más que obvio y de ninguna manera te puedo obligar a
estar a mi lado en el reino. El amor, al ser forzado deja de ser amor y se
convierte en esclavitud y de ninguna manera quiero que seas un esclavo de mi
amor.
-No es
que te rechace, ni a ti ni al reino, lo que pasa es que mi mente está
confundida por todo lo que ha vivido. Dame la oportunidad de salir y si mi
verdadero destino es estar a tu lado gobernando este reino, volveré.
La
mujer, con gotas de agua en sus ojos azules, me miró y asintió con la cabeza a
mi petición. Antes de irse me dio un delicioso pan dulce con un vaso de un
líquido desconocido para mí, pero que me ayudó a recuperar las fuerzas perdidas
en la búsqueda, era una especie de bebida mágica y
de pan del cielo que me nutrió profundamente, me dio una paz indescriptible y
nuevas esperanzas para continuar con mi desesperada búsqueda de la salida de
las minas de agua, pronto estaría fuera para seguir buscando mi luz perdida. Ella,
la mujer hermosa, se fue
por el corredor de la caverna, y
al mirar su delicada silueta femenina y escuchar sus lágrimas reventándose
contra el piso, sentí una extraña nostalgia. Era como si estuviera perdiendo
algo que amaba. Fue muy extraño.
Continué
con mi búsqueda de la tercera puerta.
Tercera
puerta:
La puerta de la
justicia y de la injusticia.
Proseguí con la búsqueda de la puerta y de pronto la tuve enfrente de
mí. Era una puerta enorme, tal vez necesitaría ayuda para abrirla, pero me
llevé una sorpresa al ver que la enorme puerta se abría sola. Al otro lado de
la puerta se encontraba una enorme estatua representando a la justicia, en una
de sus manos tenía una espada y en la otra una balanza, además tenía una venda
en sus ojos.
Me
impresionó tanto esa figura que comencé a cruzar el umbral de la puerta gigante
sin recordar lo que me había sucedido en las otras dos puertas. Pero el dolor
de la transformación me recordó lo que había olvidado. Sentí un escalofrió en
todo el cuerpo y perdí de vista a la estatua. Poco a poco mi cuerpo estaba
desapareciendo, me estaba volviendo invisible. Muy pronto estuve invisible por
completo y así entré a través de la puerta de la justicia y de la injusticia.
En
ese nuevo mundo al que entré vi miles de injusticias y yo trataba de hacer
justicia con mis fuerzas y aprovechando que era el rey, pero estaba invisible y
no podía hacer nada pues nadie era capaz de mirarme y escucharme en justicia.
La injusticia me dolía en el alma, sin embargo, la justicia tarde o temprano
llegaba sola. El secreto de la justicia y de la injusticia apareció de
inmediato en mi mente.
Enseguida
volví a la puerta y recuperé mi visibilidad, eso me dio mucho gusto.
La
voz, la misma voz de la vida y la muerte me dijo:
-Espero
que hayas descubierto el secreto de la justicia y de la injusticia.
-Sí,
lo hice. El secreto de la justicia es que es ciega y en ocasiones se
transforma en injusticia. El de la
injusticia es que es invisible y que se vuelve justicia en las manos de Dios.
-Ese
es el secreto, puedes seguir buscando las puertas que te darán la libertad.
Comencé la búsqueda de la cuarta
puerta de inmediato. Mis fuerzas estaban completas debido a lo sencillo de la
puerta de la justicia y de la injusticia. Esperaba con fe que la cuarta puerta
fuera igual de sencilla, tanto de encontrar como de resolver su secreto.
Pensé, mientras buscaba, en lo
irónico que puede ser todo, a veces, buscando con esmero, no encuentras y otras
veces, sin buscar, encuentras. Así es en todo, lo fácil se te vuelve difícil,
lo difícil imposible y lo imposible sucede de forma tan fácil que te da risa.
Todo esto pensaba mientras buscaba y otras cosas que no recuerdo, por instantes
perdía la concentración de mi búsqueda y tenía que volver por el camino ya
recorrido para ver si no había pasado por alto la puerta y al ver que no era
así, seguía mi camino, pero igual de distraído.
Caminaba por un pasillo rocoso que
no había visto antes, en su parte alta tenía miles de pequeñas piedras que
brillaban intensamente y me permitían ver cada rincón del pasadizo. Así sería
muy sencillo encontrar la puerta. Bajo la protección de esa luz busqué la
puerta con insistencia.
Cuarta puerta:
La
puerta del cielo y del infierno.
En mi incesante y desconcentrada búsqueda perdí la vista del camino y
resbalé por una ladera hasta caer en un profundo pozo de agua, cuando caía
traté de sostenerme de las paredes pero lo único que conseguí fue llenar mis
uñas de lodo, traté también de detener mi descenso sosteniéndome de las raíces
que brotaban entre el lodo, pero estas eran frágiles y se desprendían a caer
junto conmigo. En la caída lastimé mi cuerpo, mi piel se abrió y mis huesos
crujieron, mi sangre brotaba copiosamente y las laceraciones me ardían como
fuego. Por fin terminó la caída y toqué agua. Sigo vivo –pensé, otra vez, otra
caída-, alguien vendrá a rescatarme, sólo tengo que aguardar con paciencia,
pero era difícil aguardar pues mis heridas eran muchas y la sangre se derramaba
como un río, y para colmo de males tenía que flotar en el fondo del pozo pues
por más que lo intenté no pude tocar un suelo firme con mis pies, al parecer la
profundidad de ese pozo de agua era infinita. (Vagas suposiciones de un
moribundo, tal vez solo medía diez centímetros). Inútilmente traté de salir,
las paredes eran verticales y
resbalosas, el cansancio, el dolor y el
peso del agua me vencieron, mi final había llegado. (Nuevamente).
Mientras
esperaba ver el rostro de mi muerte llegando, vi mi propio rostro reflejado en
el agua de ese pozo, pero algo raro pasaba con mi rostro, no era el mío. Al
mirarlo veía otro rostro que no podía reconocer, era tan diferente a mí. Sus
facciones eran duras, viejas, no era el rostro juvenil que aún conservaba en
aquellos días. Traté de tomar algunas facciones dentro de mi mente y armarlas
hasta construir un rostro conocido, pero me fue imposible reconocer mi propio rostro. Tal vez me
había convertido en otro ser, después de todo ya había sufrido
transformaciones extrañas en ese mundo de agua y piedra. O tal vez estaba
viendo el rostro
de mi locura, o peor
aún, estaba viendo el rostro de
mi muerte. Esperé un poco más, ya sin luchar y sin mirar mi extraño rostro.
Estaba resignado que ese día conocería a mi muerte.
Cuando
me creí muerto, sucedió algo; a la distancia se abrió una puerta de la cual
salía una luz tan intensa que no se podía ver lo que había dentro de ella, un
hombre alto y bien parecido salió por la puerta y llamándome por mi nombre me
dijo que fuera con él.
Lo
seguí y al cruzar por el umbral de la nueva puerta esperé sentir la sensación
de transformación que antes había sentido, pero esta vez fue diferente. Un frío
intenso me congeló la sangre de las heridas, la piel se me llenó de escarcha.
Comencé a sentir un congelamiento en todo el cuerpo. Después de que mi cuerpo
se entumeció por el frío noté que mi carne comenzaba a desaparecer, todo yo me
estaba volviendo transparente.
-Ya
entiendo, -le dije al hombre-. Lo que pasa es que estoy muerto y me convertí en
un fantasma.
El
hombre me miró fríamente y dio una señal negativa con su cabeza. Con su dedo me
hizo una señal apuntando hacia adentro de la puerta, lo que vi me destrozó el
corazón, (era lo único que no me había lastimado en la caída). En un cuarto
estaba toda mi familia, me dio mucho gusto verlos y les hablé, pero nadie me
contestó. Traté de tocarlos, pero mi mano siguió de largo, era como si todos
ellos fueran fantasmas. (Lo olvidé, el fantasma en realidad era yo, o una
alucinación o, ¿Será que ellos eran los fantasmas dentro de mis sueños?)
Todos
lloraban lastimeramente. Al frente del cuarto noté que había algo que era la
razón del llanto, era un ataúd negro rodeado de velas y flores.
-¿Quién
habrá muerto? –me pregunté-.
Me
acerqué al cajón y con gran espanto vi que era yo el que estaba dentro de la
caja. Era definitivo, mi vida había llegado a su fin.
Durante
un buen periodo de tiempo estuve observando esa fatal escena, era tétrico,
estaba observando mi propio funeral y esperaba con ansiedad mi entierro. Cosa
extraña lo que escribo aquí, como si el universo fuera un pedazo de papel
diminuto en el que se escriben historia incongruentes, llenas de metáforas
incomprensibles, usted disculpara amigo lector si le parece una exageración,
pero así es esta historia y debo contarla de esta manera.
Mi
familia lloraba copiosamente, lo cual me hizo entender que si me amaban. O será
acaso la clásica hipocresía provocada por el remordimiento de los errores
pasados. Ya he visto esas reacciones antes, remordimiento que se transforma en
dolor y arrepentimiento, en ese instante, después se vuelve veneno amargo, que
opaca la vida para siempre.
Nuevamente
apareció la puerta llena de luz y el mismo hombre. Otra vez me obligó a
seguirlo a través de la puerta. Entré con un poco de temor, pero cuando vi lo
que había en aquel lugar me sentí feliz y lleno de tranquilidad, el temor y la
angustia desaparecieron por completo, mis heridas fueron sanadas. Ya no era mas
un fantasma, pero tampoco era un hombre, me parecía, por el brillo de la luz
en mi piel, por las
hermosas alas en mi espalda y por
la sensación de paz inundando mi alma, que había sido transformado en un ángel.
El
lugar era de oro blanco con incrustaciones de plata, las puertas eran de
diamantes y piedras preciosas y los pisos estaban cubiertos con alfombras rojas
de la seda más bella que puedan imaginar, el mismo aire parecía estar lleno de
partículas de belleza, cada rincón de ese lugar era un altar a la belleza.
En
la parte de enfrente había un coro de personas que tenían voces como jamás
escuché en la tierra y cantaban alabanzas a Dios e hicieron que se estremeciera
todo mi cuerpo.
En
la parte de arriba había una manta enorme que decía:
“La
convención de las almas salvadas y el arte.”
Las
letras eran grandes y bordadas con hilos de oro. En el techo no había lámparas
y el sol no se miraba por ninguna de las ventanas de cristal pulido, mas sin
embargo el salón estaba iluminado con una luz cálida y tranquilizadora.
Toda
la gente que ahí estaba se veía feliz y llena de un amor que nunca había
sentido. Eran ángeles, de eso no tengo duda, seres perfectos, divinos, sin
corrupción alguna en sus cuerpos y almas. Yo admiraba todo esto como si nunca
lo fuera a volver a ver.
Un
rato después llegó hasta mí una mujer increíblemente bella, como todas las que
ahí estaban, y me dijo que la siguiera, yo fui con ella hasta que
llegamos a un lugar en donde había
muchos colores bellos, también
había marcos de madera fina y lienzos de seda blanca. Ella me dijo que me
sentara y con una agilidad y gracia que me dejo maravillado empezó a pintar mi
retrato en uno de los lienzos.
Cuando
terminó de pintarme se levantó, me dio el cuadro y me dijo que saliera por una
puerta que estaba en la parte de enfrente del salón, yo tomé el cuadro y me
dirigí hacia la puerta. Al ver el cuadro sentí una gran satisfacción, definitivamente era
yo, fue como
si me estuviera mirando
directamente en un espejo, aquí si reconocí mi rostro, la única diferencia que
existía era que ya no tenía el semblante de dolor y la mirada triste de mis
ojos había desaparecido y en sustitución tenía una mirada de paz y amor.
Cuando
por fin llegué a la puerta, la abrí y salí del salón. Afuera había árboles,
flores y animales que nunca había visto antes, también había un río de cristal,
en su interior millones de seres hermosos nadaban entre el cristal, en el
viento volaban millares
de aves de colores llamativos,
colores y seres que yo ni siquiera había imaginado antes, el aire
era puro y lleno de vida y
la luz del cielo sin sol
era como un gran abrazo, pero lo que más me llamó la atención fue un
muro inmenso que estaba lleno de cuadros como el que yo tenía entre mis manos.
El muro era largísimo, se extendía mucho más allá de mi vista. El muro estaba
hecho de bloques de oro y marfil, sus adornos eran de mármol y piedras preciosas.
Caminé hacia el muro y vi que el primer cuadro era el de Abel. Empecé a caminar
a un lado del muro e iba observando
todos los cuadros, caminé durante mucho
tiempo ya que el muro era muy largo, cuando ya iba llegando al final del
muro vi varios cuadros de mis seres queridos que ya habían fallecido, y al fin
llegué hasta un lugar en el muro que estaba vacío y que estaba destinado para
mi cuadro, lo puse en su lugar y miré hacía atrás y vi que había caminado miles
de kilómetros sin sentir tan sólo un poco de cansancio.
Cuando
iba a emprender el viaje de vuelta al salón me encontré con Dios, me dio la
bienvenida y me dio un beso en la frente. Yo le pregunté a Dios que porque
estaba en ese lugar si toda mi vida había hecho cosas malas y había roto todos
sus mandamientos.
Él
sonrió y con una voz dulce me contestó:
-Tú,
hijo mío hiciste la obra más grande que se puede hacer,
entregaste tu vida para
que otros pudieran salvarse, por
eso estás aquí. Ahora ve al salón con
tus hermanos y dales tu testimonio.
-Pero
yo no he dado mi vida para salvar a nadie, morí en un pozo de agua por
accidente mientras estaba encerrado en una horrible mina de agua. Yo buscaba mi
libertad y mi luz, pero sólo encontré mi muerte.
Dios
me miró con ternura y me dijo:
-Yo
puedo ver desde el principio hasta el final, puedo ver tu muerte, y está no es
tu muerte. Tu vida será restablecida y serás una mejor persona. Tu muerte será
inversa de lo que tú has creído. Pero pronto te veré de nuevo aquí.
Le
agradecí a Dios por todo su amor y su cariño y me di la vuelta, pero antes de
marcharme le hice otra pregunta, le dije que en el muro había visto a mis seres
queridos y le pregunté si podía verlos.
-Claro
que sí -me contestó Dios-, sólo que ahora ya no son iguales, tú mismo eres
distinto a lo que eras en la tierra, pero podrás encontrar a tus seres queridos
por medio de ese lazo de amor que los une, así que ve y encuentra a tus seres
queridos.
Caminé
al lado del muro mientras contemplaba la belleza de aquel lugar y por fin
llegué de nuevo al salón, entré y busqué a mis seres queridos y muy pronto los
encontré, eran totalmente distintos, ahora eran
perfectos, nos vimos
y nos fundimos
en un fuerte
abrazo y lloramos juntos, pero no fueron lágrimas de tristeza sino de
felicidad por estar de nuevo juntos en aquel maravilloso lugar.
Cuando
más feliz estaba llegó el hombre que me había traído desde el principio a la
convención y me dijo:
-“Tienes
que marcharte, sólo se te permitió observar
el cielo para que pudieras descubrir el secreto que te dará la libertad,
pero ahora te toca ver del otro lado de la puerta.”
En
ese momento se apareció la puerta y aunque no me quería ir fui obligado a
cruzar por ella. A empujones de ternura y paz el hombre que me había dado la
bienvenida me alejó de la convención y me arrojó a un mundo desconocido para
mí. (Tal vez no tan desconocido)
En
cuanto la crucé noté la diferencia, en ese nuevo lugar era de noche y hacía
mucho frío, la
gente gritaba desesperada
y corrían de un lado para otro como si hubieran enloquecido y a pesar de
que no había nubes en el cielo, las estrellas no se veían.
Todo
el cuerpo me dolía, estaba tirado sobre las frías rocas y ese lugar me parecía
tristemente conocido, me levanté de las piedras y vi un auto con las llantas
hacia el cielo, de inmediato reconocí el lugar, hace años que había estado yo
allí, ese había sido el momento más triste de mi vida, era el preciso momento
en que había perdido para siempre mi luz. Todo estaba justo como en mis
recuerdos, las piedras, la fogata, los cuerpos sin vida, la sangre, mis huesos
rotos. Mi profundo dolor y mi alma quebrantada.
De
mis labios salió un grito aterrador, cerré mis ojos para no ver nada y pasó
mucho tiempo, todo quedó en silencio y cuando creí que mi pesadilla había
pasado abrí de nuevo mis ojos, y ya no estaba en aquel lugar, pero ahora estaba
en la parte más alta de la bufa, la mujer, que no recuerdo
su nombre, porque quise olvidarlo
estaba sujeta de mi mano, ahora quise sostenerla, pero no pude y cayó al
abismo, nuevamente el grito nació de mis labios y mis ojos se cerraron.
Cuando
abrí de nuevo mis ojos, otra vez estaba tirado sobre las frías rocas y cerré de
nuevo mis ojos sólo para abrirlos en la bufa y así consecutivamente despertaba
en esos dos lugares.
Horrorizado
grité que ya no quería estar allí, la locura me estaba invadiendo el alma y el
corazón. En ese preciso momento aparecí en la puerta, pero ya no estaba dentro
del agua, ni las heridas en mi cuerpo. Ni siendo un fantasma, un ángel o un
rostro desconocido. Nuevamente era yo,
el mismo de siempre, con los ojos tristes y el alma destrozada, buscando
una salida de las minas de agua, buscando mi anhelada luz.
Entonces
escuché de nuevo la voz, la misma voz de la justicia y de la injusticia, y me
dijo:
-“Acabas
de estar en el cielo y en el infierno, ¿acaso has descubierto su secreto?”
-Te
equivocas, -le dije a la voz-, es verdad que estuve en el cielo y su secreto es
que debemos esforzarnos para llegar a él y ser felices por la eternidad,
su secreto es que algún día debo
de dar mi vida a cambio de la vida de otros, pero en el infierno no estuve,
sólo estuve en mis pesadillas.
-Tú
eres el que te equivocas -me dijo de nuevo la voz-, el infierno no es un lugar
envuelto en llamas ni lleno de demonios,
el infierno es personal y mutuo, el infierno es el evento más triste de
la vida de los que nunca se arrepintieron.
-Ahora
entiendo, si esos eventos son mi infierno, entonces el secreto de la puerta del
infierno es superar y arrepentirse de las cosas malas y tristes que hemos hecho
en la vida. Si no nos arrepentimos ese será nuestro castigo, sufrir una y
otra vez ese evento
para toda la eternidad, pero si nos arrepentimos podremos
alcanzar el cielo para vivir felices para siempre.
-Por
fin lo entendiste -me dijo la voz que conocía y no reconocía-, pero el
arrepentimiento debe ser sincero y de todo
corazón, pues Dios conoce todo lo que
hay en el corazón y en la mente de cada uno de sus hijos y si no hay
arrepentimiento genuino tampoco habrá perdón. Así funciona esto, cuando llegué
el momento de tu decisión final podrás comprender de mejor forma lo que te
digo. Puedes continuar la búsqueda de los otros secretos. Espero de todo
corazón que encuentres lo que deseas y que sea de bien para tu vida.
Quinta puerta:
La
puerta de la guerra y de la paz.
La quinta puerta no fue difícil de encontrar pues estaba en todas
partes. Era una puerta negra con manchas rojas por todos lados. Su madera
estaba traspasada por espadas, navajas, flechas, balas y otros instrumentos
creados para matar. Al tocar la perilla de la puerta escuché su nombre, “la
puerta de la guerra y de la paz”.
Di el paso al
interior de la puerta y su umbral
me atrapó de nuevo. Esta vez la transformación fue más lenta. Mi cuerpo se
comenzó a estirar y a estirar, a la vez que se volvía metálico. Lentamente me
convertí en una afilada espada. En cuanto la transformación terminó caí al
suelo y sentí que una áspera mano me tomaba, era un soldado mal herido, su
sangre se derramaba por todos lados hasta llegar al metal de mi cuerpo. Con sus
últimas fuerzas defendió su próxima muerte mientras gritaba estas palabras:
-Estoy muriendo por la absurda irracionalidad de los pueblos, por su
odio infundado pues no han sido capaces de entender que todos somos hermanos.
Mi vida se agota en el brotar de mi sangre. Nunca más veré a los que amo, ni
ellos me verán a mí. Todos mis sueños al olvido y todo porque los humanos somos
incapaces de vivir en paz, somos incapaces de convertir nuestras diferencias en
amistad. Que lastima me da morir en una guerra,
bajo la espada tirana de un hermano.
La guerra es el más absurdo pensamiento humano y la paz el más lejano de
los sueños. Que tristeza me da terminar mi camino sin nunca mirar el verdadero
final. Si tuviera el poder de hacerlo, destruiría las guerras, detendría a la
muerte. Si tan sólo tuviera el poder.
La
última gota de sangre salió del cuerpo del soldado y corrió por mi metálico
filo. Lo vi con los ojos del arma homicida exhalar su último aliento. La muerte
lo ha alcanzado y lo ha convertido en otro rostro invisible de la estúpida
guerra.
Al
mismo instante de la muerte del soldado me soltó de su áspera y ensangrentada
mano y otra mano me sujetó con fuerza. Era otro soldado, que, con lágrimas en
los ojos le dijo a su amigo recién fallecido:
-Hoy
conociste la guerra y su crueldad, hoy conocerás la verdadera paz también. Vas
a donde la guerra no podrá tocarte jamás, las balas no te herirán y tu sangre
no se derramará en una espada. ¡Ve a la paz amigo mío, ve a la paz! Yo seguiré
esperando la paz en esta cruenta guerra, mis ojos continuarán viendo la muerte
y la peste de estas batallas sin sentido, y pronto, espero, me encontraré
contigo.
El
soldado me tomó entre sus dos manos y me arrojó con fuerza hacia la puerta de
la guerra y de la paz. En cuanto crucé la puerta me transformé nuevamente en
humano y escuché de nuevo la voz, la misma voz del cielo y del infierno que me
dijo:
-Acabas
de conocer la guerra y la paz, ¿acaso descubriste sus secretos?
-Si los he descubierto, el secreto
de la guerra es que la única guerra que vale la pena pelear es contra la guerra
y contra la muerte. El secreto de la paz es que hay que luchar para obtenerla,
pero una lucha no de armas y sangre, sino una lucha de paz y amor.
-Has descubierto el quinto secreto, todavía tienes más secretos que
descubrir. Lucha con fuerza para obtener tu libertad de las minas de agua. Continúa con tu búsqueda.
Sexta puerta:
La
puerta del amor y el desamor.
La experiencia de morir y transformarme en fantasma, ángel, volver a mi
infierno y no reconocer mi rostro, transformarme en espada y ver la crueldad de
la guerra me había dejado realmente agotado, así que me recosté en una roca
blanda por el moho que en ella había y me quedé profundamente dormido. En esa breve inconsciencia soñé con mi
libertad, volvería al mundo de mis opresores y mis tristezas, tal vez me
confeccionaría una mascara para ser como ellos, ese sería mi destino. Pero
dentro de mi sueño escuché una voz que decía:
-Mira
bien lo que te rodea, es tuyo. Mira a la mujer que te ha guiado en este viaje,
es tu amor aunque quieras ignorarla. Mira tu reino, tal vez te parezca húmedo,
oscuro y frío, pero es el mejor reino
que puedas tener antes de volver a la eternidad. No ignores estas cosas, son tu
vida.
Desperté
sudando de incomprensión, recordé cada palabra de mi sueño, pero por mi propia
conveniencia preferí ignorar todo. Pues deseaba mi libertad. Se me ofrecía un
buen mundo y una bella mujer, pero mi terquedad de libertad y mi anhelo de
encontrar mi luz eran más grandes que todo lo que se me ofrecía en ese reino
extraño.
Decidido
a salir de las minas de agua y abandonar mi destino, comencé a buscar la sexta
puerta. Busqué en todos lados, pero no la podía encontrar. Fui con los
habitantes de las minas que seguían en su arduo trabajo de cargar el agua hasta
el inmenso río y les pregunté por la puerta, pero ni uno solo de ellos me quiso
decir donde estaba la puerta. Todos decían ignorar su ubicación, mas yo estoy
seguro que todos se confabularon contra mí para no dejarme escapar de las minas
de agua. Después de todo yo era su esperado
rey y quería
huir de los
que con tanto afán me aguardaban.
Pero mi necedad fue grande y continué buscando la puerta.
Entré
a una bóveda muy peculiar, en sus paredes estaban pintados muchos
corazones con flechas atravesándolos y
dentro de cada corazón había escritos dos nombres, uno de mujer y el otro de
hombre, era como si en esa bóveda estuvieran escritos los nombres de todos los
amores de la humanidad. La bóveda era inmensa y toda estaba llena de estos
símbolos, durante un rato me entretuve
leyendo nombres e
incluso encontré algunos nombres conocidos. Después recordé
que tenía que buscar la sexta puerta para poder ser libre y miré hacia el fondo
de la bóveda, ahí estaba la puerta y su nombre era: la puerta del amor y el
desamor.
-Que
fácil va a ser este secreto, el secreto del amor es amar y el secreto del
desamor es no tocarlo, -pensé en silencio-. (Sin entenderlo hacía todo lo
contrario ¿Será por eso que me encontraba sin salida?)
Antes
de ir a la puerta reconocí mi nombre pintado en uno de los corazones, debajo de
mi nombre estaba la palabra “y” seguido por un nombre de mujer casi ilegible,
era como si adrede alguien lo hubiera tallado con una navaja, pero tuve la
extraña sensación de que la mujer dueña de ese nombre estaba más cerca de mí
que yo mismo.
Confiado
de la facilidad de esa puerta, la abrí y en cuanto entré sentí nuevamente
sensaciones desconocidas y perturbadoras. Mis manos y mis pies comenzaron a
estirarse de nuevo, mi tronco y mi cabeza se sentían rígidos como piedras. De
pronto todo mi ser comenzó a crecer, lentamente, dolorosamente. Mis brazos y
mis piernas crecieron más que todo lo demás, y de ellos comenzaron a brotar
pequeñas hojas y una que otra flor. Mi cuerpo
se había convertido en un tronco fuerte.
Esta
vez la transformación me había llevado a ser un árbol. En cuanto crucé el
umbral volví a ser un hombre. No entendí el porque de la transformación, pero
sin darle demasiada importancia comencé mi entrada en el mundo de esa puerta
y me encontré con un anciano que me
dijo:
-No
sólo es amar, también es comprender,
sacrificarse, esforzarse, llorar, entregarse y entregarlo todo por ese amor.
Como puedes ver no sólo es amar, es amar de verdad y amar a Dios y a todos los
semejantes.
Me
despedí del anciano y me fui a buscar el desamor y pronto lo encontré. Un
hombre lloraba debajo de un árbol, me acerqué a él y le pregunté que le pasaba
y esto fue lo que me contestó:
-Hay
heridas que se borran y dejan cicatrices que ya no duelen, pero las heridas que
el desamor deja son para siempre y para siempre dolerán.
Entonces
comprendí el secreto del desamor también. Se trataba de no lastimar sin
necesidad a aquellos que te aman, porque el mal se te puede regresar. Y el
secreto del amor es simple o no tanto, es amar a todos, a todo y sobre
todo.
Miré
al hombre que continuaba llorando y le dije:
-No
llores más, pronto encontrarás de nuevo al amor, pues este al final siempre
vence. En algún lugar te debe estar esperando tu verdadero amor y esas lágrimas
serán transformadas en sonrisas. Ya lo verás, así sucede siempre.
Me
despedí del hombre que se quedó llorando y pintando un corazón con dos nombres
en el tronco del árbol. Yo regresé a la puerta.
De
nuevo escuché la voz, la misma voz de la guerra y de la paz y me dijo:
-“Veo
que has descubierto el sexto secreto, sólo te faltan cuatro más, ve y
encuéntralos.”
Séptima puerta:
La
puerta de la sabiduría y de la verdad.
Ya había avanzado mucho en la búsqueda de los secretos que me darían la
libertad de las minas de agua y aunque estaba cansado no era momento de dejar
la búsqueda, así que continué la búsqueda de la séptima puerta. Pasó mucho
tiempo, recorrí muchos lugares de las minas, y no encontraba la puerta. Busqué
en cada rincón de la mina, debajo de las piedras, entre las raíces, en los
profundos pozos de agua, en el centro de cada gota, en cada manantial, pero
parecía que la puerta se estaba escondiendo de mí. Derrotado por el cansancio,
me acosté sobre una roca y me dormí en un sueño sin sueños, no sé por cuanto
tiempo.
Al despertar vi frente a mis ojos la
puerta que se llamaba la puerta de la sabiduría y de la verdad, después de
tanto buscar me había dado cuenta que siempre estuvo frente a mis ojos y no la
había podido ver. El cansancio de mi alma había opacado al mapa de mi corazón.
De
un salto me levanté de la cama de piedra, abrí la puerta y entré al mundo que
me esperaba detrás de ella. Nuevamente la misma desagradable sensación de dolor
al cruzar el umbral me invadió. Mi cuerpo comenzó a estremecerse como si me
estuvieran dando descargas eléctricas, el sudor corría por toda mi piel. De
pronto mis extremidades y el resto de mi cuerpo comenzaron a crecer, crecía y
crecía sin detenerse. Crecí tanto que pude tener al mundo entre mis dedos y al
universo entre mis manos. Y cuando fui capaz de ver todo desde otra perspectiva
me di cuenta de que no había crecido, sino que me había encogido hasta ser tan
pequeño que un microbio me tenía preso.
Pero esa extraña transformación
pasó de inmediato y volví a mi tamaño normal. Otra vez estuve en el umbral de
la puerta y lo pude cruzar.
Enseguida
escuché mil voces que en coro me decían:
-La
sabiduría enlutará tu mente, pero te alejará de la inmundicia y la verdad te
hará libre.
Sólo
eso repetían una y otra vez.
En
ese momento regresé a la puerta de la sabiduría y de la verdad y escuché otra
vez la voz, la misma voz del amor y el desamor, y me preguntó:
-¿Acaso
has descubierto el secreto de la séptima puerta?
-Creo
que si, -le dije a la voz-, el secreto es decir siempre la verdad y usar la
sabiduría para no hundirnos en problemas.
-Así
es, -me dijo la voz-, ya has descubierto siete secretos y sólo te faltan otros
tres, esfuérzate y lograrás tu apreciada libertad.
Me
despedí de la voz y me fui en busca de la octava puerta, donde tendría que
descubrir el antepenúltimo secreto. Ya sentía que estaba muy cerca, mis avances
con las puertas eran grandes, pronto podría ver mi libertad frente a frente y
así continuaría esforzándome para encontrar mi luz. Sin embargo, al mismo
tiempo, el camino me parecía largo, sinuoso y agotador, pero no tenía opción,
debía continuar esforzándome si quería alcanzar mis objetivos. (Sin saberlo,
estaba frente a mis metas, pero la necedad, la cerrazón y el rencor, las
volvían invisibles a mis ojos). Sumido en mis pensamientos continué la búsqueda
de la puerta, con cada paso me sentí más cerca de ella.
Octava puerta:
La
puerta del deseo y del trabajo
Pronto encontré la octava puerta. Sin embargo iba a requerir de un esfuerzo
sobre humano y
mucho trabajo para poder llegar a
ella. La puerta se encontraba en una parte muy alta de una bóveda, la pared era
totalmente lisa y no tenía salientes ni ramas de donde sujetarse. Iba a
necesitar de mucho trabajo
y deseo para llegar
a ella y descubrir su
secreto. Varias veces intenté escalar pero me fue imposible, no lograba subir
ni medio centímetro. Tuve que idear otro plan para llegar a la puerta. Pronto
se me ocurrió algo, con pedazos de madera y lianas construiría una escalera muy
alta que me ayudara a llegar hasta la puerta. Durante horas trabajé en la
escalera y el deseo de ser libre me impulsaba a seguir trabajando. Más tarde
comencé a escalar la escalera y llegué hasta la puerta. El nombre de la puerta
era, la puerta del deseo y del trabajo.
Abrí la puerta con miedo de la
transformación, ya había tenido experiencias muy dolorosas. En esta ocasión fue
lo contrario, al cruzar el umbral de la puerta desapareció todo mi cansancio y
cosa más rara, en cuanto termine de cruzar por debajo de la puerta noté que no
había nada, sólo estaba un cuarto oscuro y vacío con un pequeño cartelón pegado
a una pared. El cartelón decía:
-“El
secreto de esta puerta lo descubriste antes de llegar a ella y mirar en su
interior”.
Salí del cuarto y descendí por la
escalera. Inmediatamente escuché una voz, la misma voz de la sabiduría y de la
verdad, me decía:
-Creo que este secreto fue fácil
para ti, ¿has podido descubrirlo?
-Sí, lo descubrí, fue sencillo
descubrirlo aunque me costó mucho trabajo físico. El secreto de esta puerta es;
si deseas algo, esfuérzate y trabaja mucho para conseguirlo. Sin el trabajo,
los deseos no se hacen realidad. Sin esfuerzo no se llega a ningún lado. La
pereza y el conformismo destruyen el cuerpo y el espíritu. Por el contrario, el
esfuerzo denodado da satisfacción, triunfo y descanso placentero al alma y al
cuerpo. Ese es el secreto, fácil.
-Me alegra que hayas descubierto el
secreto de esta puerta. Ya estás muy cerca de tu libertad. Si la deseas trabaja
por ella. Ve y busca la penúltima puerta.
Rápidamente me despedí de la voz que
conocía y desconocía y me fui en busca de otro secreto.
Novena puerta:
La
puerta del pasado y del futuro.
Mientras buscaba la novena puerta me encontré con la mujer, extraña
sensación dentro de mí al verla, fue como si hubiera encontrado un manantial
después de días en el desierto.
-¿Cómo
te ha ido? –me preguntó-.
-He batallado un poco, las puertas
han sido difíciles de encontrar, el dolor me ha invadido, pero sin embargo ya
estoy en busca de la novena puerta.
La mujer agachó su mirada y preguntó:
-¿Todavía estás en la misma posición de abandonar tu reino y a tu
reina?
-Deseo mi libertad, quiero ver a mi gente, quiero ir a mi tierra.
Sabes, siento una agradable sensación al estar contigo, ¿por qué no te vas
conmigo a mi mundo cuando encuentre la salida?
-Pero
no te das cuenta de que este es mi mundo, al igual que tú. Además no puedo
salir de las minas de agua hasta que la guerra concluya, recuerda que tú eres
el único que puede salir. Date cuenta por favor, este es tu lugar, nosotros
somos tu gente, yo soy tu vida y tu amor.
-No
lo sé, déjame intentarlo una vez más. Si no logro encontrar la salida me
quedaré a tu lado para siempre.
Nuevamente
las lágrimas se hicieron presentes en los grandes ojos color de mar de la mujer
y se fue por un túnel oscuro. Yo me quedé mirando su hermosa figura de mujer
entre las sombras hasta que se perdió de mi vista. Ella era hermosa, pero por
alguna razón me negaba a amarla.
Sintiendo
un vacío dentro de mí corazón me fui a continuar con la búsqueda de las puertas que me faltaban para obtener mi libertad, aunque ya
no estaba tan seguro de quererla obtener. Tal vez ella tenía razón, ese era mi
lugar, a su lado, en esas minas, pero tal vez no, tal vez ella estaba
confundida, yo no podía ser lo que ella esperaba, yo no podía ser el rey de las
minas de agua.
-No
puede ser. –Me repetí una y otra vez en voz alta-. Continúa tu camino, no te
des por vencido, no eres rey, ni amas a esa mujer, busca tu libertad y tu luz,
eso es en lo único que debes pensar.
En
un túnel oscuro y profundo encontré la novena puerta, batallé un poco porque
estaba escondida entre el polvo y ramas, pero al fin logré verla y tenía el
nombre de la puerta del futuro y del pasado.
Me
paré enfrente de la puerta y la abrí, no estaba tan seguro de entrar y sentir
el dolor de la transformación, pero el camino que había recorrido para llegar a
donde estaba era largo y me pareció que no era momento de detenerme. Me acerqué
al umbral, me llené de valor y di unos pasos en espera del dolor de la
transformación. Esta vez no hubo dolor intenso, solamente hubo un piquete en mi
cabeza y de pronto vi que me había separado en dos seres exactamente iguales.
Uno miraba hacia delante y otro hacia atrás,
igual que el monumento de mi
pueblo en honor al tiempo, un rostro mira al pasado, el otro mira al futuro, y
el presente observa atónito ese espejismo. Ahora yo me había transformado en
nosotros. Juntos avanzamos hasta terminar de cruzar el umbral de la novena
puerta y de nuevo nos fundimos en un solo ser.
Di
el paso al interior de la puerta y todavía no entraba bien cuando escuché un
grito:
Sorpresivamente
una piedra cayó a mis pies, yo voltee a todos lados para ver si encontraba al
que había lanzado la piedra, pero no vi a nadie. Tomé la piedra entre mis manos
y noté que tenía escrito algo, y decía así:
-Pronto
encontrarás el secreto del futuro, si no es que el futuro te encuentra primero
a ti. Tal vez ya encontraste el futuro y el pasado será el que te encuentre
antes que llegué el nuevo futuro.
Me
desesperé al ver la nota escrita en la piedra y me fui apresurado a buscar el
secreto del futuro. Durante mucho tiempo lo busqué y no lo pude encontrar, ya
estaba muy cansado y decidí descansar en
lo alto de una verde colina, al momento en que llegué a lo
alto de la colina, se me acercó un hombre y me dijo:
-Te
estaba esperando, llegaste en el momento exacto.
-¿Quién
eres? -Le pregunté al extraño hombre-.
-Soy el
presente, pero hace sólo un instante era el futuro.
-No
comprendo lo que me dices.
-Pero
si todo está muy claro. Ayer fui un presente y hoy soy un pasado, el pasado que
soy se convirtió en futuro y si me miras en este momento podrás ver que siendo
presente también soy futuro.
-No
entiendo y me provocas dolor de cabeza.
-Bueno,
no importa, algún día entenderás lo que te digo, pero si no lo entiendes nunca dejarás de ser pasado, tan sólo llegarás a ser presente algunas
veces, pero tu futuro nunca habrá de existir.
Antes
de que pudiera hablar más con él regresé a la puerta del pasado y del
futuro.
-¿Has
descubierto el noveno secreto? -Me preguntó la voz-.
La
misma voz del deseo y del trabajo.
-Lo he
descubierto -le contesté a la voz-, el secreto es recordar el pasado sin que
nos atrape y esperar el futuro sin que nos apasione, además de luchar por
conseguirlo sin ser su esclavo y sin perder de vista que cada momento somos el
presente que acaba de morir en el pasado y nacer en el futuro. Es complicado,
pero así lo he entendido.
La voz
murmuró y me dijo:
-No te
oyes convencido de lo que dices, explícame de forma más clara tus palabras,
organiza tus pensamientos, no debes fallar ahora que estás tan cerca de tu
libertad.
Lo que
quiero decir es que el presente es en realidad lo único que existe, el pasado
ya se fue y jamás volverá, sólo es una memoria y algún día será olvido, el futuro
no se sabe si llegará, sólo es una ilusión, una esperanza del mañana, el
secreto es dejar el pasado en su sepulcro y al futuro en las esperanzas
-Estás en
lo correcto -me dijo la voz-. Y entendí lo que querías decir, no era tan
difícil. Sólo té falta un secreto más y serás libre.
Décima puerta:
La
puerta de un paso de la línea de los sueños.
Había ya descubierto nueve secretos y sólo me faltaba uno más. Mi
búsqueda de la décima puerta se prolongó más de lo que esperaba, busqué en cada
rincón de las minas, en cada pozo, en cada río y en cada lago, también busqué en cada hueco de las húmedas
paredes, en cada raíz de los techos rocosos, en cada centímetro de las minas y
aún fui más allá en mi búsqueda, busqué en los corazones de los que moran en
las minas de agua, pero no pude encontrar la puerta. En mi búsqueda sufrí sed y
hambre, la soledad me carcomió la vida, me faltaba la luz del sol y el aire
puro del campo. Cada piedra me daba la esperanza de que ahí estuviera la
puerta, pero no estaba. Cada raíz me indicaba la dirección que debía seguir y
la seguía, pero no encontraba mi anhelada libertad. Cada pozo de agua me
hablaba al oído diciendo que pronto encontraría la última puerta, pero no la
encontraba. Cada piedra preciosa incrustada en la tierra me iluminaba el camino
hacia la salvación, pero yo nunca llegaba. Seguí el correr de los ríos
subterráneos como si ellos me llevaran hacia la libertad. Seguí las voces y los
suspiros de los habitantes de la mina, pero nada, absolutamente nada me llevó a
la décima puerta. Llegué a creer que dicha puerta no existía y que todo había
sido un engaño de mis súbditos para que no pudiera escapar de las minas de agua.
Cansado
de mi inútil búsqueda, me fui a la bóveda principal del reino, a mi templo, a
mi hogar, me estaba haciendo a la idea de vivir para siempre en las minas de
agua, o por lo menos hasta que concluyera la guerra. Después de todo no era tan
malo, allí tenía todo, yo era el rey de las minas de agua. Había
alimento maravilloso y bebidas exquisitas, todos harían lo que yo quisiera.
También allí estaba una hermosa mujer que sería mi compañera.
-¡La
mujer!, -pensé-. Ella me puede ayudar en esta última puerta.
Fui
en busca de la mujer, gritaba su nombre y ella pronto respondió a mi llamado.
-¿Qué
es lo que quieres?
-¿Quiero
que me ayudes a encontrar la última puerta?
-Sabes
que no puedo hacer eso, las puertas las debes encontrar tú mismo. Además no
tengo ningún interés de que encuentres esa puerta que te alejará de mí y del
reino. No me pidas que haga eso por favor, me duele que no quieras estar
conmigo en este tu reino, no me pidas que te ayude a huir de tu destino.
-Entonces
dame comida y agua y un buen lugar para descansar. En eso si me puedes ayudar.
Por favor, ya no puedo más, la búsqueda ha sido pesada, el cansancio de mi
cuerpo es extremo, eso no me lo niegues por favor.
-Por
supuesto que eso no te lo puedo negar, en seguida te doy lo que necesites.
La
mujer me dio comida, me preparó un delicioso
pan en una extraña maquina que estaba en el hueco de una pared rocosa y un trozo de carne con un sabor muy
peculiar pero agradable, también me dio un vaso de esa rara bebida que me daba
fuerzas y me prestó su cama para que recobrara la energía. Al despertar, lo
primero que vi fue la exótica belleza de la reina de las minas de agua. Su
linda mirada me hipnotizó, y de nuevo sentí que debía quedarme, pero mi necedad
por salir de las minas era grande, más grande aún que mi amor por la mujer. (El
sólo hecho de pensar en esa palabra, amor, me provocó una tensión tal que
nuevamente quise salir de las minas de agua). Nuevamente le pedí que me
ayudara, pero en vez de decirme donde estaba la puerta, ella me dio un beso en
los labios. La sangre
corrió más fuerte
que nunca y mi
corazón estuvo a punto de explotar. De mis ojos brotó una lágrima, algo
bastante extraño en mí. La mujer secó mi lágrima con sus tiernos labios y me
dijo:
-Ve
en busca de tu libertad, si la encuentras tal como la quieres, te vas para
siempre. Pero si es diferente a tus esperanzas, vuelves a mi lado y té quedas
conmigo hasta que la guerra concluya y aún tiempo después seguiremos siendo el
rey y la reina de las minas de agua.
Sin
decir una palabra me fui, pero el trato estaba hecho. Mucho tiempo pasó y yo no fui capaz de
encontrar la décima puerta. Tal vez mi destino era permanecer encerrado en las
minas de agua para siempre. A pesar de que yo no deseaba estar ahí, o eso al
menos era lo que quería creer.
Un
tiempo después, cuando ya me estaba resignando por completo a estar encerrado debajo
de la tierra, escuché la voz, la misma voz del pasado y del futuro y me
dijo:
-Has
descubierto nueve secretos, has luchado por tu libertad, el tiempo ha pasado y
no te pudo vencer y ahora, en este momento y en este lugar, a un paso de obtener tu libertad, al final
del camino, te vas a dar por vencido.
Lucha con fuerza, busca en el único lugar donde no has buscado y allí
encontrarás la puerta que te dará la libertad que tanto has deseado.
-El
único lugar donde no he buscado, ¿Dónde es eso?
Me
puse a pensar en donde no había buscado y después de un momento de meditación
comprendí donde estaba ese lugar, ese lugar era mi mente.
Entré
en mi mente y busqué en cada rincón de ese extraño y desolado lugar que llaman
mente, hasta en lo más oscuro, sin encontrar nada. Busqué en lo más profundo, y
allí, por fin encontré la décima puerta, y su nombre era, la puerta de un paso
de la línea de los sueños.
Abrí
la puerta lleno de esperanzas y di el paso hacia mi libertad, por fin sería
libre, después de tanto luchar y sufrir lograría ser quien fui. Ya no me
importaba el dolor de la transformación, lo único que quería era lograr mi
objetivo. Al estar debajo del umbral de la última puerta sentí que mis ojos se
invertían, el dolor fue tan grande que me provocó un estado de inconciencia
profunda durante unos minutos, (tal vez fueron horas, pero en inconciencia no
se puede saber), cuando abrí mis ojos miré lo mismo que
antes había visto;
una gran caverna húmeda, llena de piedras y pasajes
misteriosos. Pensé que había perdido la puerta, pues ya no estaba ante mi
vista. En ese momento escuché una voz desconocida que me decía:
-No
has perdido la puerta. No estás mirando las minas de agua. En la transformación
se movieron tus ojos y lo que estás mirando es el interior de tu alma.
-¿Soy
una caverna?
-Eres
lo que tú quieres ser.
-¿Quiero
ser una caverna?
-Quieres
ser libre y se te muestra tu libertad.
-¿Mi
libertad es estar en la caverna y gobernarla?
-Tu
libertad es descubrir los secretos de las puertas y tomar la decisión más
sabia.
Yo
seguí haciendo preguntas, pero la voz desconocida no me contestó más. Sólo se
escuchaba el eco rebotando en las húmedas paredes de la caverna o de mi mente,
o de lo que sea. Tenía muchas dudas y no había forma de aclararlas, estaba solo
el resto del camino, sin voces que me guiaran, sin la mujer bella de las minas
de agua.
En
ese momento mis ojos volvieron a la normalidad, justo cuando estaba dejando
atrás el umbral de la décima puerta.
Esperaba
ver un lugar hermoso al entrar en esta última puerta, pero para mi sorpresa caí
a una profundidad de agua, pero esta vez no me estaba ahogando, podía
respirar. Nadé durante
mucho tiempo, vi corales
de mil colores, animales hermosos de todas las especies, vi aguas
termales que brotaban como grandes gotas
de agua dentro del agua y otras maravillas que nunca antes había visto,
ciudades sumergidas llenas de vida, millones de luciérnagas submarinas que
alumbraban aquella majestuosa profundidad, animales que yo conocía como fieros
conviviendo con sus presas en total armonía y miles de maravillas que ni
siquiera me atrevo a describir. Recorrí
todo ese abismo de agua y me maravillé por su grande hermosura.
Después
salí del agua y noté que también podía volar, y floté en el cielo, extraño
cielo de color púrpura con nubes de algodón naranja, y los delfines y las
ballenas volaban junto a mí, y como si estuviéramos en el más divertido juego
atravesábamos las nubes de azúcar color naranja, que bello era todo. Las aves
cantaban melodías exquisitas y el viento me acariciaba como si fuera mi amante
más enamorada.
Después
caminé por los campos repletos de árboles frutales y millones de flores, cada
una con un color diferente y un aroma diferente que se conjugaba en el más
exquisito perfume. Su sabor, amigos míos, no es comparable con nada que se haya
probado antes en ningún mundo.
Las
aves cantaban melodías dulces y los animales convivían en la más perfecta
armonía. Me sentía inmensamente feliz en ese maravilloso mundo, pero lo mejor
estaba por venir.
Disfruté
al máximo la belleza de ese lugar y momentos después me encontré una ciudad, su
nombre era imaginación. Sus calles eran del más fino y limpio cristal, sus
paredes de diamantes, sus habitantes vestían de blanco y siempre sonreían,
todos eran felices, todo era perfecto, las lámparas de las calles eran de
plata y en vez de focos
tenían una piedra que
nunca dejaba de brillar, por el
centro de la ciudad corría un río inmenso, lleno de vida y alegría. Por el río
navegaban los habitantes
de la ciudad
y tocaban el
agua como sí fuera parte de un
mismo todo. Que hermosa era la ciudad de imaginación. Quise fotografiar esa
imagen y conservarla para siempre en mi memoria. Degusté cada cosa para
impregnarla en mi profundidad, deseé ser uno solo con todo lo que estaba a mi
alrededor. Casi puedo asegurar, blasfemamente y pidiendo el perdón, que, así
debe ser el paraíso que nos espera en el cielo.
Cerré mis ojos como tratando de
entender la realidad y cuando los abrí estaba de nuevo en la mina, parado
frente a la puerta de un paso de la línea de los sueños.
Caí
sobre el polvo húmedo de la mina, ¿cómo era posible que hubiera sido arrebatado
de la felicidad dónde me encontraba para volver al encierro de las minas de agua?
Y maldije a la mina y a todo lo que hubiera en ella. Mis gritos de odio
desgarraron las peñas y ensordecieron a la vida de la mina. Mis golpes furiosos
destrozaron los pasadizos. El calor de mi ira evaporó el agua de mi rededor.
De
nuevo escuché la voz, la misma voz del pasado y del futuro y me dijo:
-No
maldigas todo, tú mismo has querido volver.
-No
es cierto, -le dije a la voz-, estaba
muy feliz en la ciudad de imaginación, ¿para qué querría regresar a esta húmeda
y oscura mina?
La
voz volvió a hablar diciéndome:
-Recuerda
que para conseguir la libertad debes descubrir los diez secretos que guardan
las puertas y sólo té falta uno.
-Pero
ese secreto es muy fácil, -dije-, el secreto es ser feliz en ese maravilloso
mundo.
-Estás
equivocado, -dijo la voz-, piensa en cual puede ser el secreto, recuerda el
nombre de la puerta.
En
ese momento comprendí que todo era un sueño.
-El
secreto es soñar, -le dije a la voz-.
-De
nuevo te has equivocado, -me contestó-, el nombre de la puerta es a un paso de
la línea de los sueños, no has estado soñando, ese no es el secreto.
Me
sumí profundamente en mi pensamiento y como un rayo de luz llegó la respuesta
al secreto a mi mente.
-El
secreto es la imaginación, como el nombre de la ciudad, no he soñado, todo lo he imaginado, las minas
de agua son mi mente, es por eso
que soy el rey, las puertas y sus secretos también son parte de mi imaginación,
todo lo he imaginado. ¡No puedo creerlo! Todo ha existido sólo en mi
imaginación. Ese es el décimo secreto, el que me hará libre de mi propia
prisión, el que derrumbará las rocas que yo mismo he puesto frente a mí. El que
me dará la luz que yo mismo he escondido debajo de la tierra.
-Por
fin descubriste el secreto de las diez puertas de la imaginación, ahora
si podrás ser
libre, las diez puertas siempre estarán abiertas, podrás
ir a todos los lugares que puedas imaginar, serás libre y feliz en tu
imaginación.
Me
sentía tan afortunado porque por fin sería libre, podría ir de mi mente (las
minas de agua) a cualquier lugar que pudiera imaginar a través de las
puertas.
La
voz me quiso dar una última advertencia, la gente de afuera de las minas de
agua, creían que estaba enloqueciendo y murmuraban y se burlaban de mí, tendría
que resolver ese problema.
-Está
bien, -le dije a la voz-, resolveré el problema, antes todos ellos querían que
fuera como ellos y ahora que me creen loco seguramente me rechazarán con crueldad, pero yo podré resolver ese problema y por fin
lograré ser quien soy, ya nunca más seré la imagen de algún otro, a partir de
hoy seré libre de pensamiento y de cuerpo. Pero voz necesito que me digas una
cosa, si todo lo que he vivido está dentro de mi imaginación, entonces, ¿Quién
eres tú?
-Soy
tú mismo, -me contestó-. Soy la voz de tu interior, siempre te has escuchado a
ti mismo.
-Está
bien, -le dije a mi voz-, gracias por toda tu ayuda. Sólo una pregunta más,
¿quién es la mujer?
-La
mujer es un futuro que pronto llegará, tu compañera eterna, tu reina. Cuando
llegue a tu lado no la rechaces, acéptala y ámala tal y como es. Ella será tu
salvación. Tu luz en las tinieblas.
Como
ya era un hombre libre y feliz, podía hacer cualquier cosa que pudiera
imaginar, así que resolver el problema de mi aparente locura no fue difícil.
Sólo inventé con mi imaginación otra puerta, la puerta se llamaba la puerta de
la realidad, y cada vez que la necesitaba
salía por ella e imaginaba que
era una persona normal (sí es que
a la humanidad se le puede
llamar normal) me comportaba como
los demás y de esa forma los hacia creer que era como ellos, podrá parecer
hipócrita, porque no tenía la necesidad de hacerlo, era tan feliz en mi
imaginación, al fin era quien yo quería ser que importaba que me juzgaran loco,
pero lo hice por el bien de todos los demás,
imaginé la puerta de la realidad por el bien de todos, porque aún no
están preparados para comprender el maravilloso y feliz mundo de los locos…
Estuve
entrando y saliendo de las minas de agua durante mucho tiempo, así era feliz,
una felicidad que durante muchos años me abandonó. Dejé de buscar mi luz pues
creía que algún día llegaría sola, o tal vez ya había llegado a través de la
libertad de mi imaginación. Me olvidé del viaje que había planeado para
encontrar mi luz y también me olvidé de la tienda de los corazones negros y del
milagro que podía realizar en mi vida. Ya no necesitaba un nuevo
corazón porque había encontrado
la felicidad por mí mismo. Mi vida se había vuelto perfecta, disfrutaba de
cosas que antes me amargaban. Todo me parecía hermoso y bueno, hasta a las
cosas malas les encontraba algo bueno. Definitivamente la libertad de mi
imaginación me daba felicidad.
Esas
cosas creía después de salir de las minas de agua, sin embargo, estaba
equivocado. Mi corazón seguía igual de negro y salir de las minas de agua tan
sólo fue un paso hacia mi libertad. También mi luz seguía ausente y necesitaba
encontrarla para ser completamente feliz. De esto me di cuenta con una
experiencia de lo más extraño que tuve después de una terrible noche de
insomnio. Esa es otra historia increíble que debo contarles.