martes, 14 de febrero de 2012

CAP 13 EL REGRESO


Nada había para mí en ese mundo. Después de mucho pensarlo decidí que regresaría a mi isla, allí estaría solo con mi oscuridad, nadie podía dañarme y a nadie dañaría. Moriría pronto, tal vez, eso es lo que deseaba.
            Preparé mis escasas pertenencias, alisté mi barco y me dispuse a zarpar. Mis Padres me contemplaban con una mirada cargada de tristeza y desesperanza, sin embargo, en todo momento respetaron mi decisión. La hora de partir llegó, abracé fuertemente a mis amados Padres y juntos lloramos amargamente. Subí a mi barco, leve anclas, icé las velas y partí sin imaginar lo que me esperaba más delante de ese viaje sin final. Nuevamente abandonaba  a los que verdaderamente me aman y todo por mi cobardía y necedad.
            El mar me contemplaba enmudecido, era como si la tristeza que tenía en el corazón se transmitiera al centro del ser poderoso que reprimía su furia. El viento estaba en completa calma, los seres vivientes del mar se apartaban de mi camino. Aún la ira de los elementos sentía mi tristeza y me dejaba en soledad. El sentir dentro de mi alma cambiaba constantemente, de la tristeza pasaba a la resignación, después a la nostalgia y de ese sentimiento a la soledad. Una mañana, estando ya muy cerca de mi isla, el sentimiento que se apoderó de mi interior fue el rencor revuelto con un poco de odio. Nubes negras cubrieron mi mente y mi corazón, al instante, el cielo sobre el temible océano se cubrió de negros nubarrones, como si el interior de mi ser controlara el interior del mar. Las olas crecieron hasta sobrepasar a mi barco, las pesadas gotas de lluvia caían como misiles a mi alrededor, el viento desató la furia que reprimía desde tiempos inmemorables. La tempestad era más fiera que aquella que  hizo naufragar  a los caballeros del miedo. Era un monstruo como ninguno, iracundo al grado diluviano.
            -Tal vez, -pensé-, si naufrago, el mar me lleve a un destino maravilloso como al que me llevó en el pasado o de perdido la muerte se apiade de mí y me lleve a su oscuro mundo de silencio.
            Entre el poderoso zumbido de la tempestad creí escuchar una carcajada en son de burla, tal vez estaba enloquecido por el dolor y la soledad, o un ser superior a mí se mofaba de mis pensamientos. Como haya sido, esta vez no luche para salvar a mi embarcación del naufragio, no me importaba caer al mar, me daba igual si el mar me llevaba a un mejor lugar o si me arrebataba la existencia. Dejé que la tormenta y la furia del mar hicieran su trabajo sin resistencia. Abandoné a mi barco a su suerte o a su destino, a quien le importa.
            Pronto una gran ola pasó sobre mí y derribó el mástil que a su vez destruyó otras partes importantes de la embarcación. Antes de que pudiera reaccionar, mi barco zozobraba en la profundidad del océano, tan cerca de mi isla, volví a naufragar en la soledad de mi alma. Ese era el segundo barco que se entregaba a la profundidad de ese mar, mi segundo naufragio y la… ya perdí la cuenta de las veces que he mirado a la muerte a los ojos sin poder besar sus labios. Otro naufragio, tendría que esperar el destino que el océano me impusiera.
            El mar me tomó en sus fúnebres brazos y me estrujó con violencia, me llevaba de un lado a otro como una ventisca lleva a una hoja seca. La sal se pegaba a mis labios y los hacia sangrar. Las conchas y pedazos de coral golpeaban mi cuerpo con gran fuerza y casi eran balas que me mataban lentamente. La conciencia me abandonó, ya conocía esa sensación, el torbellino y el agujero negro me habían enseñado esa lección. En mi último pensamiento deseé despertar en Marus, bendito lugar en donde el dolor, la traición, el miedo,  la muerte y esas cosas horribles no existen, sin embargo, nuevamente escuché entre los truenos de la tempestad una terrible carcajada, intenté reconocer la risa, pero lo único que entendí es que no era el demonio de mi muerte. Allí se apagó la luz de mis ojos, ya veré, a donde el mar me lleve.
            Despertar fue doloroso, mi cuerpo estaba dañado a tal grado que se podía comparar con mi alma. La sangre brotaba copiosamente y manchaba de rojo a las afiladas rocas de la isla a la cual me había llevado el mar. Una opresión en mi pecho no me dejaba respirar, la opresión no era de un golpe o del exceso de agua en mis pulmones, esa sensación ya la había tenido antes, sabía que mis demonios estaban cerca, me acechaban, aguardaban para atacarme.
            Una mano terriblemente fría me tomó y me sacó del agua. Sin que yo pudiera mirar al ser, este curó mis heridas al instante y me soltó. Volteé apresurado para contemplar a la criatura que me había sanado y con terror en los ojos vi que era ese ser de mirada de infinito, oscuro como la noche sin luna.
            -Bienvenido a la isla de los demonios, -dijo con voz de trueno-.
            -No puede ser, yo destruí esta isla hace años.
            -Eso creíste tú. En realidad estábamos esperando el regreso de tu alma a esta isla para de nuevo habitar en ti.
            -En realidad, eres el único demonio que esperaba ver junto a mí, ¡OH amada muerte!
            -De nuevo te he mirado a los ojos, sin embargo, todavía no es tu hora.
            El demonio de mi muerte sacó de sus oscuros ropajes el reloj de arena que ya estaba un poco más de la mitad.
            -Sólo vine a darte la bienvenida, pronto verás a los demás demonios.
            Me derrumbé sobre la infértil arena de la playa maldita y observaba cada uno de los rincones solitarios de esa isla de roca. Allí no había nada; no había alimento, ni árboles para construir un barco, ni seres vivientes, sólo estaba yo y algunos demonios que no podía ver pero que recordaba con claridad. Me quedé dormido sobre la arena y tuve un sueño maravilloso.
            “Un valle verde se recostaba ante mis pies y se extendía hasta donde mi mirada no llegaba. Los árboles se mecían quedamente ante el contacto de la brisa matinal, las aves entonaban melodías exquisitas y los seres de la tierra despertaban felices ante un nuevo día. Era hermoso lo que mis ojos miraban, delicado lo que mi piel sentía, arrullador lo que mis oídos escuchaban. El fresco aroma del valle y las flores inundaban mi torrente de aire. Cerca de allí corría un riachuelo de aguas dulces que alimentaba toda la hermosura de ese valle.
            Estaba extasiado mirando ese paisaje de ensueño cuando de pronto una voz me llamó por mi nombre.
            -Mohamed, mi amor, vente a desayunar.
            Miré apresurado para ver a la mujer que me llamaba. Sus ojos se clavaron en los míos. Ella era hermosa, como la luna de octubre. Sus cabellos rizados llegaban hasta la cintura. Sus labios enrojecidos por el frío de la mañana sonreían como el sol. Su cuerpo delicado y a la vez fuerte me invitaba a olvidar mi dolor. Era hermosa la mujer, sin embargo, no la conocía, pero ella me llamaba mi amor. Atrás de ella estaba una casa pequeña y muy bonita, con un jardín lleno de rosas y una cerca blanca. Un perro ladraba a las aves cerca de la puerta. Me acerqué a la mujer, ella sonrió y besó mis labios y me jaló de la mano hacia el interior de la casa. Adentro, había un hogar limpio y acogedor, también estaba una mesa llena de alimentos deliciosos. De pronto, una niña tan linda como su Madre Salió de una habitación y se abrazó a mi cuerpo gritándome Papá. La tomé entre mis brazos y al mirarla sentí que era una copia hermosa entre la mujer y yo. Después salió un niño más pequeño que apenas si podía caminar pero que corrió fuertemente hasta mis brazos. Todos juntos nos sentamos a la mesa y mi esposa dijo una bendición para el alimento y para la maravillosa familia que Dios le había dado. Me sentía rebosante de felicidad, nada podía ser mejor.”
             Una ola del mar maldito me regresó a la realidad, no había valle, ni mujer, ni hijos, ni hogar, ni nada de las maravillas que soñé, sólo estaba mi soledad y la isla rocosa donde habitaban mis demonios. Pero, ¿Dónde estaban los demonios? No los había visto, a pesar de que ya había recorrido la isla después de recuperar las fuerzas. La isla estaba totalmente desierta. Tal vez estaban escondidos, mirando todo lo que yo hacia, burlándose de mi dolor a mis espaldas.
            A la distancia pude contemplar mi antigua isla, esa donde creí ser feliz con Manora y Leimara, aunque me daba cuenta que solamente fue con mi locura. Pero ahí estaba la isla, con su hermosura marchita, pero fértil, lista para ser habitada y sembrada la belleza.
            Me senté en la arena desesperado a contemplar el mar, esperando a la muerte que bien sabía no iba llegar. De pronto, un fuerte impulso de lanzarme al agua se apoderó de mi alma, lo hice, comencé a nadar fuertemente en las aguas malditas alrededor de esa isla. Todo era justo como lo recordaba, agua fría, sin vida alguna, tenebrosa como la noche de mi más profundo miedo. Durante horas nadé y mi isla aún se veía lejana. Mientras nadaba pensaba en que tal vez la isla y el mar me darían una nueva oportunidad como lo habían hecho en el pasado. Tal vez me reencontraría con la felicidad anhelada. Tal vez Manora me estaría esperando en nuestro hogar. Tal vez… en medio de la soledad y la desesperación se piensan tantas estupideces, que absurdo.
            El mar cada vez era más denso, las fuerzas me faltaban, de pronto, sentí que algo me empujaba fuertemente, miré hacia atrás y vi a dos delfines que me llevaban a la playa de mi isla, eran los mismos que una vez me protegieron de los tiburones, que agradecido estaba con esos hermosos seres, mas no pude agradecerles porque me arrojaron a la playa y se fueron a gran velocidad. Se perdieron en la oscura profundidad del océano, esa fue la última vez que los vi.
            Me recosté en la playa de mi isla y cuando voltee hacia el interior con la esperanza de ver a  Manora junto a mí, me llevé una sorpresa que cada vez que pasaba me era menos desagradable. Parados junto a mí, estaban todos mis demonios y algunos otros que no conocía.
            -Sabía que regresarías, -dijo el demonio del odio con sus ojos secos y las manos temblorosas-.
            El Vedor, mi temible demonio de la desconfianza remontó el vuelo y me dijo:
            -Estás predestinado, no puedes vivir sin nosotros, no te resistas más y deja que habitemos en tu alma.
            -Es verdad, -dijo la cabra, mi demonio de la soledad-, sin nosotros tan sólo eres un perdedor solitario.
            Desde el fondo del mar se levantó un gran chorro de agua, en seguida lo reconocí, era el demonio de los celos.
            -Que bueno que volviste, juntos consumaremos la venganza. Es tiempo de que sufran los que te han dañado.
            Los demonios hablaron y después de eso sentí un frío indescriptible. Frente a mi vista posaba uno de mis demonios, el demonio al que más temía. La mujer de rostro antiguo y cabello sangrante, sus ojos vacíos y sus labios blancos me dijeron:
            -¿Me recuerdas? Soy tu demonio de los miedos pasados y me da gusto que estés con nosotros, déjanos entrar en tu alma y vivamos juntos por el resto del destierro.
            En esta ocasión no refuté nada de lo que los demonios me decían. Guardé un silencio profundo y con recelo miré a los demonios que no conocía y que también guardaban silencio.  Después de mirarlos durante un rato les dije:
            -¿Quiénes son ustedes? No los conozco. ¿Qué hacen en mi isla?
            -Yo soy el demonio de la ira, -me dijo un ser de ojos de lumbre oscura. En sus manos, en vez de dedos tenía espadas. Sus cabellos eran armas de fuego-. Te voy a acompañar por el resto de tus días.
            -Yo soy tu demonio de la venganza, mi misión es acompañarte hasta que te desquites de todos aquellos que de una forma u otra te han dañado. Juntos emprenderemos la más grande de las venganzas. –Me dijo un ser de semblante triste y a la vez malévolo, frío como la muerte y oscuro como el universo-.
            Otro ser, que se mantenía distante de sus compañeros, me habló sin abrir sus labios que parecían estar cocidos con hilo, pero no puedo asegurarlo porque su rostro era borroso y su cuerpo distorsionado. Este ser me dijo:
            -Soy el demonio de la incredulidad y no te digo que te voy a acompañar por el resto de tu vida o que voy a entrar en tu alma, porque allí es donde vivo desde tiempos remotos, lo que si te digo es que voy a resurgir desde ti como un monstruo terrible e indomable.
            No me atemorice con los demonios ni traté de ahuyentarlos, únicamente me quedé en silencio, me recosté en la arena y me quedé profundamente dormido.
            Tuve un sueño de lo más extraño:
            “A lo lejos vi a Manora y  la seguí sin poder alcanzarla,  ella no se movió y aún así no logré llegar a  donde estaba. Después escuché un grito y al voltear vi que era Liagiba que trataba de alcanzarme, yo me detuve en mi loca persecución de Manora, sin embargo, Liagiba nunca llegaba a mi lado. La desesperación me invadió y miré constantemente hacia a tras y hacia delante, traté de llegar a Manora o a Liagiba, pero no pude alcanzar a ninguna de las dos. Un poco después noté que una tercera mujer observaba la escena en silencio, la miré y ella sonrió, inmediatamente en mi interior hubo una sensación extraña y desconocida que hasta la fecha no puedo describir”.
            Inmediatamente, sin despertar, mi sueño cambió de esa escena a una totalmente diferente:
            “Estaba con Tena en lo alto de una montaña, a nuestros pies estaba una profunda barranca a la cual no se le veía el final. Al otro lado de la barranca estaban mi Padre Luar y mi Madre Ave sentados en una roca muy alta. Ellos querían llegar a donde Tena y yo estábamos y nosotros también queríamos llegar con ellos, pero la barranca era enorme y profunda y al parecer no había camino alguno que los juntara. Tena hizo un movimiento brusco y dijo que buscaría un camino. Ella comenzó a caminar sobre las rocas  y yo la seguí, de pronto, ella se resbaló y cayó al barranco. El terror invadió mis entrañas, me acerqué a la orilla del barranco y no alcancé a mirar el cuerpo de Tena, pero si una horrenda mancha de sangre en la roca. El colapso interno fue inmediato, sentí que el universo entero se caía hacia mi interior. Levanté mi vista y vi a mis Padres atónitos al otro lado de la barranca, Mi Madre lloraba en silencio, mi Padre con su rostro inmutable comenzó a gritar en mi contra:
            -Es tu culpa Mohamed, porque no la salvaste, es mi niña no la quiero perder, si yo hubiera estado en tu lugar nada de esto hubiera pasado. Tena no debió caer Mohamed, tú debiste caer en vez de ella.
            Esas palabras hirieron a mi ya de por si lastimado corazón. Volvía mirar las lágrimas de Mi Madre Ave y me dejé caer a la profundidad del abismo.”
            En ese momento desperté y me llevé una horrible sorpresa. Allí, frente a mí estaban los ojos más oscuros que he visto en mi vida, estaban enmarcando un rostro desencajado, sin forma. Un rostro que dolía y desesperaba. Un rostro absurdo, entre la carcajada y el llanto.
            -Hola, -me dijo, y se echó a llorar mientras reía a carcajadas-. Soy tu demonio, el demonio de la locura y desde hoy, yo soy tú y tú no eres nadie, sólo una sombra perturbadora en la soledad de esta soledad. 
            Me quedé en silencio, comprendiendo que decía la verdad aunque no entendí mucho. Era extraño, después de ese sueño, cada vez que cerraba mis ojos me veía cayendo en el barranco, y caía y caía y jamás llegaba al final, era una caída eterna, sin dolor.
            Los meses pronto pasaron en mi isla solitaria, aunque a quien le importaba, seguido subía a las montañas de mi isla, era el único lugar donde podía estar sin mis demonios, porque por alguna razón a los demonios no les gusta la altura de las montañas, en esos viajes de altura sólo me acompañaba el demonio de los miedos pasados, a ese demonio si le gusta la altura como podrán recordar. Allí meditaba en el pasado, todos mis recuerdos se agolpaban en mi mente. Por momentos recuperaba la cordura pero en cuanto bajaba la locura me invadía por completo.
            Un día, cuando estaba meditando en la altura de la montaña, vi a la distancia sobre el mar a un pequeño bote, parecía vació y flotaba a la deriva. La caprichosa marea movía al bote de un lado a otro y poco a poco lo arrastró hasta mi isla. De grandes saltos bajé de la montaña y me apresuré a ver lo que el mar me había traído. Comencé a revisar el bote, había alimento que hace mucho que no comía, había bebidas embriagantes, cigarros y muchas otras cosas que me había prohibido durante algún tiempo, pero que ahora que el mar me los había traído me parecían un manjar. En el bote también había ropa de mujer y otros accesorios femeninos. La última parte del bote que me faltaba de revisar era el camarote, abrí la puerta y en el camarote estaba profundamente dormida una mujer, con un movimiento en su hombro la desperté, ella abrió los ojos como si no supiera en donde estaba y que es lo que hacía, aún así, me sonrió y dijo hola. La mujer me pareció extrañamente conocida pero no pude reconocerla. Era bella, con sus cabellos largos y rostro fino, mirada extrañamente dura entremezclada de ternura, baja de estatura pero bien definidas sus formas de mujer.
            -¿Quién eres y qué haces en mi isla? –Le pregunté con recelo-.
            -Mi nombre es Alecari Azrap y vengo de un lejano puerto, llegué a tu isla por error pero si quieres me marcho al instante. En realidad ni siquiera sé en dónde estoy, me dejé guiar por las corrientes marinas.
            -No, si quieres descansar y comer algo puedes hacerlo y si decides partir después de eso puedes hacerlo. Yo soy Mohamed y vivo aquí desde hace mucho tiempo. No recuerdo desde hace cuanto, me parece que han sido siglos.
            Alecari se refresco del viaje y del sueño tomando un sabroso baño en mi casa, después durmió y comió algo. Ella me parecía conocida, sobre todo su sonrisa. En alguna parte la había visto, a ella o a alguien de su propia sangre que se le parecía, no recuerdo bien.
            -¿Qué haces aquí en medio de la nada y solo? –Me preguntó-.
            -Esa es una historia larga pero puedo resumirla en unas pocas palabras. Hace años, muchos años, naufrague  junto con mis amigos y el mar me trajo hasta esta isla, estaba desierta. Después llegó una mujer y se quedó conmigo, fuimos muy felices durante algunos años, pero un día decidimos ir a la ciudad y ella me traiciono con otro hombre, yo traté de rehacer mi vida con otra mujer, pero me fue imposible, así que decidí regresar a la soledad de mi isla. Esa es mi historia. ¿Cuál es la tuya?
            -Bueno, -me dijo-, mi historia no es mejor ni más feliz que la tuya. En mi puerto de origen encontré la felicidad en los brazos de un hombre, pero resulto ser un mal hombre, él me dañó mucho y decidí dejarlo y escapar a la profundidad de mi alma, a una soledad lejana. Discúlpame si me notas un poco huraña, pero me es difícil confiar en las personas, he quedado profundamente dolida.
            -Sí, yo te entiendo, siento lo mismo. Sé lo que es desconfiar de todo y de todos.
            Los días pasaron y Alecari seguía en mi isla, platicábamos mucho y pronto tomamos confianza. A veces pensábamos que podíamos unirnos, pero no teníamos el valor de empezar de nuevo. ¿Será que valga la pena arriesgarse a perder de nuevo?
            Pasaron más días, meses, ignoro si alcanzaron a ser años, entre Alecari y yo existía una complicidad extraña, una vida unida sin llegar a ser una, una amistad que se perdía por instantes y se recuperaba en torrentes de pasión, no puedo decir mas de Alecari, fue una nube pasajera que me cubrió del sol cuando mas quemaba y una mañana, al despertar, ya no estaba ahí. Había tomado el mismo bote en el que llegó y se fue sin despedirse. Jamás volví a saber de ella, no sé a donde la llevo el mar y si el destino la alcanzó.
            Que largo me parecía el camino recorrido y muy corto el camino por recorrer. Esos amores infecundos, no natos, sin concebir, me rondaban la memoria en mis días de más terrible soledad. Besos infructuosos, con sabor a nada, llenos de licor, etílicas miradas, penetraciones de hueca ironía, sin amor sin placer. Recorriendo caminos ya recorridos, soñando sueños olvidados. Lenta pero efectivamente la locura dominaba mi alma, entre los carnosos montes de la tardanza y esos vientres incapaces de dar vida, me hundía en la barranca del agua viva, sin ahogarme ni resucitar, que veloz desaparecía todo, como la luz entre las manos.
            En esos días de locura encontré entre mis pertenencias un lápiz, unas hojas en blanco y una tabla de dibujo y recordé que tenía un arte escondido. Comencé a dar unos trazos con el lápiz en la blancura de la hoja y me quedó finalmente un dibujo horrendo, no en su calidad artística sino en su contenido. Seguí dibujando, día tras día, cada evento de mi vida, cada demonio y cada muerte, las traiciones y los pocos instantes de paz. Todo lo que aconteció en mi vida quedó semi eternizado en el blanco papel  por un pedazo de carbón en forma de lápiz. Ese arte escondido que recordé de repente me ayudo mucho en mi soledad, la hizo un poco más ligera.
            Transcurrieron los días. La isla cada vez estaba más habitada por demonios que quien sabe de donde llegaban, la verdad es que yo ya no los tomaba en cuenta y ellos enflaquecían cada vez más y más, es como si se alimentaran de la resistencia y el miedo de las almas y al desaparecer todo eso, morían de aburrimiento. Aún así, la isla era un paraje infernal, llena de espíritus flacos, pálidos y somnolientos. Vacía de vida a excepción de  la propia que se confundía con la muerte. El cielo, más ennegrecido y silencioso que nunca parecía tener movimiento alguno, como si el tiempo se hubiera suspendido y cada día fuera igual que ayer o que hoy o que mañana, que importa. Un día, al abrir mis ojos, vi un resplandor que me encandiló. Era el sol en el despejado cielo, una brisa fresca lo acompañaba y todo olía a flores, me levanté presuroso y no vi a los demonios, no había uno solo de ellos.
            -¿Qué pasa? –Pregunté en voz alta-.
            El viento silbó y me pareció escuchar un murmullo que decía:
            -Es un nuevo día, apresúrate que hoy te toca nacer de nuevo.
            No entendí lo que pasaba, pero me fui al riachuelo y me lavé el cuerpo, me afeite y me froté con aroma de flores. Al regresar a la playa vi una columna de humo en el horizonte, al principio traté de ignorarla, pero el humo tenue a la distancia daba vueltas en mis pensamientos, hasta que por fin me armé de valor, tomé una pequeña barcaza que había construido con troncos y remé hacia el humo. Al contrario de lo que yo creí, el humo no estaba lejos, provenía de una isla desértica y caliente, a la que sus habitantes llamaban Norret. Al llegar a la playa me recibió una mujer, bajita de estatura y ojos orientales, ojos que irradiaron una luz que perforó la oscuridad de mi alma. Era bella, diferente a lo que antes había visto.
            -Hola. –le dije con voz queda por el cansancio de remar-Vi el humo a la distancia desde mi isla y pensé que tal vez sería un naufragio o un naufrago en una isla desierta, pero veo que esta es una isla habitada y que tienes compañía. Disculpa, regreso a mi isla.
            -No sabes la soledad que puede haber en una isla habitada y lo inútil que puede ser la compañía no deseada.        –Dijo ella con su voz melódica y su acento extraño para mí-.
              -Perdón, -respondí- no quería causarte molestias con mi presencia, enseguida retorno a mi isla. No deseas compañía y no te molestaré más.
            -¡OH no! No lo dije por ti, sino por los habitantes de esta isla, mi nombre es Jelyna Gleznaz y tú eres bienvenido en la isla de Norret.
            -Gracias, yo soy Mohamed Vak y vivo en mi isla no muy lejos de aquí. ¿Cuál es tu historia bella dama?
            -En realidad no hay mucha historia, nací en la gran ciudad y hace años que habito en esta isla desértica, mi vida ha sido tranquila, sin sobresaltos y estoy en esta playa esperando que mi destino llegue disfrazado de lo desconocido. ¿Cuál es tu historia?
            Contarla era algo complejo y a grandes rasgos le conté mi historia o por lo menos las partes que recordaba, ya habrá tiempo de decir lo demás. Jelyna escuchó con atención cada una de mis palabras y en varias partes se sobresalto, pero no me juzgó por mis errores ni por mis locuras y eso me dio una paz interna que jamás había sentido. Fue algo extraño lo nuestro, casi de inmediato nació una amistad profunda que pronto llegó a ser un sentimiento hermoso más allá de lo que todos llaman amor. Me sentía renacido, reconfortado como si fuera otro ser distinto. En ese momento comprendí el murmullo del viento, era mi nuevo nacimiento, una nueva oportunidad, ahí era el lugar que el destino había previsto para mí, lo comprendí al instante y no opuse resistencia alguna.
            Los días pasaron, felices y extraños. Jelyna se veía radiante, yo la amaba con más profundidad cada día y sentía que ella a mí también. Esos días transcurrieron entre besos negados en las cristalinas aguas de islas ajenas y señales de humo que acortaban las distancias. Entre esperas insaciables de desaparecer los obstáculos físicos y mentales. Entre acercamientos que se diluían como agua entre los dedos. Fue entonces cuando la invité a vivir conmigo en mi isla, ella aceptó, con un poco de temor y con una condición.
            -Si me voy contigo –dijo con un tono serio- será para siempre, sin marcha atrás, sin juegos, sin traiciones, ya no hay tiempo de mirar atrás ni de decir nunca más.
            -Estoy  de acuerdo, esa es mi más grande ilusión. –Dije esto mientras una lágrima involuntaria brotaba de mi ojo y corría por mi mejilla-.
            A los pocos días nos unimos ya en mi isla, en medio de dolencias profundas y una extraña tormenta poderosa y pasajera, que, por un instante creí que eran todos mis demonios que morían de golpe y en un último esfuerzo de destruirme cayeron en pedazos como gotas de agua y granizo, mas no lograron su cometido y sus acuosos cuerpos sin vida quedaron sepultos en los arroyos de mi isla. Jelyna y yo dimos votos de amor, a pesar de la adversidad y unimos nuestras existencias paralelas para siempre,  pero el vacío y los restos de lo que esa isla habían sido en un pasado cercano no nos permitían ser felices por completo, así que decidimos regresar juntos, ya como familia a Norret. Al principio fue difícil, yo estaba acostumbrado a ser un espíritu libre y perturbado, pero al poco tiempo encontré una actividad lucrativa que me gustaba mucho realizar y la vida se transformó por primera vez en muchos años en una aventura maravillosa. Al poco tiempo llego a nuestras vidas un pequeño ser, hermoso, alegre, un regalo de Dios, al cual le pusimos por nombre Branyi Vak  Gleznaz. Todo esto no fue una alucinación de mi mente perturbada, era real, era hermoso, me provocaba una sensación que no puedo explicar, una sensación de bienestar completa. Tal vez los que ya han pasado por estos caminos me comprendan, los que no han pasado, les deseo de todo corazón que algún día lo hagan. Para mi, estar con Jelyna  es como degustar la mas sagrada miel, sus labios son el elixir de la eterna juventud, sus pechos la sabia de la vida, su sonrisa la luz de Marus. Toda ella una delicia para mis cansancios y sufrimientos. Un gotero que se administra para durar toda la vida. De Branyi que puedo decir, él es, mi maquina para existir, mi vida entera, soy yo vuelto a nacer. Los amo de todo corazón, por fin encontré lo que durante toda mi vida busqué. Son el regalo más hermoso que el cielo le puede dar a un mortal en esta tierra. Es extraño como vidas tan diferentes, en lugares tan lejanos, pueden quedar unidas de tal manera, es como si una mano gigante tomara los botes y los llevara a puerto seguro, cada cual al puerto donde debe estar.
            Una noche mientras caminaba por un bosque fresco dentro del infierno de la isla de Norret, tuve mi último encuentro con mis demonios, yo los creí muertos, pero ellos no mueren, hasta el día indicado. Todos aparecieron juntos y en coro hablaron con voces convulsas.
            -Nos has vencido, pero no morimos, enflaquecimos con tus desprecios y tu falta de todo, no apareceremos más ante ti, pero a la distancia te veremos y de vez en cuando tocaremos a tu corazón, igual que con el resto de los humanos e intentaremos hacer que el mal te invada…
            Después, siguieron pronunciando palabras que ya no entendí, estaba perdiendo la capacidad de su lenguaje extraño.
            -Podrán tocar a mi corazón, -les dije-, pero será mi decisión no dejarlos entrar.
            Los demonios desaparecieron y se esfumaron en un llanto profundo. No los volvería a ver. En eso apareció ante mí el demonio más deseado antaño, mi demonio de la muerte. Él sonrío y dijo:
            Eres fuerte y el amor te da más fuerza aún, esos ángeles que te acompañan en la vida te han hecho intocable, para todos, menos para mí. Te veré pronto, cuando el reloj de arena haya llegado a su fin.
            -Hasta pronto, -le dije-.
            Desapareció entre la nada y yo me fui a casa, al lado de mis amados ángeles. Antes no encontraba lugar en el mundo, ahora sé bien cual es mi lugar. Mi felicidad es jugar con Branyi, besarlo, abrazarlo y pasar mis días luchando por él y por el amor de Jelyna, ella es mi tabla de salvación en cualquier naufragio. Los amo.
            También con mis Padres Luar y Ave todo ha sido mejor, seguido vienen a la isla de Norret y nosotros vamos al puerto de Larra. Somos felices. También a Siry y Omem los veo junto a sus familias. A los demás caballeros del miedo solo los escucho a la distancia, cada cual haciendo su vida en una isla diferente. Así es como debe ser, a donde el mar nos haya llevado.
Un día, estaba sentado en la playa y pensaba en todo lo que había pasado en mi vida, los momentos tristes y los momentos felices, recordaba a mis amigos, a mis familiares, pensaba en todo lo  que había  quedado atrás,  cada tormenta,  cada  palabra, todos los momentos gravados en lo más profundo de mi memoria,  el maravilloso  encuentro con  Jelyna,  el nacimiento de cada una de mis alegrías, el fracaso, (si es que podemos llamarle así), de nuestro último viaje, el triunfo sobre el monstruo de la tempestad, el rencor, el perdón, cada cosa que pasó, todo y nada.  Meditaba un poco en el destino, algunas veces creí que el destino me había alcanzado, en otras creía que el destino pronto me alcanzaría y me daría una nueva traición, pero meditando en la playa de mi vida descubrí que si el destino algún día nos  llega   ha  alcanzar,   nos  alcanzará   a  todos  de  una   sola   vez, llevándonos juntos a un nuevo destino, por lo tanto he descubierto que el destino nunca nos alcanzará.
             Aprendí tanto en esta aventura llamada vida y lo que me
queda por aprender.
             Aprendí que la verdadera amistad se cultiva día con día; aprendí que la vida se forja en base al esfuerzo y no a un destino preestablecido; aprendí que no vale la pena vivir con los demonios dentro del corazón; aprendí que el cielo en su poder infinito siempre perdona y te ayuda en todo momento; aprendí que cada prueba es un escalón más hacia la meta; aprendí que el verdadero amor no se llena de reproches sino de besos, caricias, comprensión, detalles y de amor, mucho amor; comprendí que las palabras se las lleva el viento y la tempestad, pero que las promesas hechas en el corazón permanecen para siempre; aprendí que el amor está por sobre todas las cosas. El amor a los amigos, a la familia, a la pareja, a todas las cosas del mundo y sobre todo el amor al infinito y poderoso Dios.
             Esta es mi vida, esta es mi isla, soy feliz con lo que tengo porque aquí me llevó el mar. Sé bien que esto aún no termina, todavía tengo muchas aventuras por vivir y por contar, tengo muchas experiencias que sentir y muchos viajes por realizar. No me ciego que algún día tendré que ver a mis hijos partir en busca de su propio destino y volverán con sus vidas erguidas sobre otras vidas y conoceré a mis nietos. También sé que veré a los caballeros del miedo de vez en cuando flotando en el viento o en las ondas del mar o en la espuma de las olas o en el rayo de la tempestad. Escucharé sus voces cantando su historia y los recordaré con cariño. Hasta aquí está mi vida y ya veremos a donde nos llevará el mar.
              Aquí seguiremos en nuestra isla de felicidad, cultivando alegrías día con día. El arrepentimiento sincero y el perdón sincero llevan al olvido total de la ofensa. A través de esto quiero mandarle un abrazo y un saludo a cada uno de los caballeros del miedo en donde quiera que estén, a donde el mar los haya llevado y quiero decirles, que el destino nunca nos alcanzará.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...