domingo, 26 de febrero de 2012

UN PUENTE DE AMOR


 

Si lo soñé, lo soñé despierto…    
Es una tarde maravillosa, el viento sopla lento y acaricia a las hojas que se sujetan fuertemente de las ramas y de vez en vez cae una hoja y el viento la lleva de la mano hasta posar sobre la tierra. El arroyo corre de  prisa como si  alguien lo  correteara o como  si su amante  lo esperara, y en su camino de agua clara va esculpiendo nuevas barrancas, y el sonido de su voz arrulla el pensamiento de todos los que se acercan a él. Los pajarillos cantan canciones diferentes cada uno, pero extrañamente se conjugan en un maravilloso coro que es como azúcar para el alma.    
Es una tarde maravillosa, las hormigas caminan de un lado a otro buscando el alimento para subsistir en el futuro invierno, con una magnifica organización y empeño, dándonos un ejemplo de cómo sobrevivir. Algunos animales corretean en el campo, otros beben agua en el riachuelo, otros juegan en las ramas de los árboles y algunos otros toman un descanso en el frondoso pasto verde, son felices. El árbol se mece melodiosamente al contacto del viento y su sonido provoca en mí recuerdos y nostalgia y las hojas que caen de sus ramas parecen lágrimas de su alma.    
Es una tarde maravillosa, los últimos rayos de luz fermentan con poder el suelo y se encuentran lentamente con las sombras y se dicen adiós con sus manos. De pronto antes de que la luz muera por completo y la tarde se convierta en noche, veo en el infinito firmamento la primera estrella  y le  pido un deseo,  y al pedir el deseo se
me junta el mar en los ojos y se convierte en llanto. Las aves ya se han marchado y el viento ha dejado de soplar,  las hormigas ya se escondieron y  el riachuelo ha dejado de arrullar, y mis ojos buscan la luz en el cielo como si fuera la esperanza de mi alma.
Es una tarde maravillosa, pero yo no he podido disfrutarla…
Tanta vida se me escurre entre las manos, tan distantes las mañanas, reverentes de soledad, y yo me siento tan vacío de mí mismo,  tan solo en compañía  de mi alma,  tan frágil al contacto de mi voz. Ahí, acostado debajo de un árbol lloro junto a las hojas que derribó el viento y me sumerjo en una tristeza que empaña todo lo que veo  y  no  me deja  ver  su  belleza.  Me  levanto  ya  en  medio  de  la oscuridad y dirijo mis pasos hacía el ruido nefasto de la ciudad y me voy lento como si mi alma nunca quisiera llegar.    
Fue una tarde maravillosa, pero no la pude disfrutar… porque tú no estás conmigo…    
Antes de llegar a la ciudad me detengo en lo alto de una colina y contemplo las luces opacas de ese lugar al que tantos llamamos hogar. Pienso para mi interior que no quiero llegar, doy la media vuelta y camino hacia ningún lugar.    
La noche ha hecho su triunfal aparición, la luna, hermosa luna llena ilumina el camino que recorro y me permite ver a la perfección cada piedra que se atraviesa en el camino.
Más adelante en el camino, bañados en la luz de la luna van dos viajantes muy peculiares, el primero es un alma y el segundo un corazón, su plática es aún más peculiar, van hablando de la dureza e insensibilidad del corazón,  el alma  trata  de convencerlo  de lo  maravilloso que es la vida, pero el corazón se resiste y sólo habla de amarguras.    
Yo los sigo tratando de que mi presencia no les sea perceptible y escucho lo que dicen.
El corazón dijo:
-He vivido tantas cosas amargas, decepciones amorosas, la muerte de mis amados, derrotas, traiciones de los que decían apreciarme, he visto la hipocresía de la humanidad, el sufrimiento de los niños, la matanza de animales y tantas otras cosas  horribles,  es  por  eso  que  soy duro  e  insensible,  sabes alma, la vida no vale la pena, no quiero convivir con nadie, no me voy a arriesgar a ser dañado nuevamente, si fuera posible pienso que sería mejor morir.     
-No digas tonterías, -comenzó a hablar el alma-,  es verdad lo que  acabas  de  decir,  el  mundo  es  cruel  y  despiadado,   pero piensa que siempre va a haber alguien que te ama, que se sacrifica por ti,  piensa   también  en  la  felicidad  que  provoca  el  amor   sincero, es más tú no tienes derecho a reclamar nada del amor corazón, allá en tu hogar te espera la mujer que amas y que te ama, también tienes una maravillosa familia, te va bien en lo que haces, sólo que vives con el rencor de lo pasado, corazón, te voy a dar un consejo, yo no te voy a traicionar, tú y yo somos parte de un todo, somos uno mismo, nacimos juntos, siempre estaremos juntos y vamos a morir juntos. El consejo que te doy es que deseches todo ese rencor,  olvídate de la amargura y el dolor que te atormentaron en el pasado, y el hueco que quede en ti cuando hayas arrojado todo lo malo llénalo de amor y llénalo de Dios.    
El corazón inclina su cabeza como pensando en lo que el alma le ha dicho. De pronto eleva su mirada al cielo y las estrellas y la luna parecen iluminarlo más. La verdad ha llegado a su vida. Le dice al alma que tiene razón, que va a cambiar todo en la vida, ya no más amargura, ni odio, ni rencor y mucho menos hacer sufrir a los que en verdad lo aman.    
En ese momento tropiezo con una raíz que sale del suelo y caigo de bruces sobre la tierra. El corazón y el alma corren hasta mí y me ayudan a levantarme.    
-Disculpen ustedes, venía tan entretenido escuchando su plática que no me di cuenta de la raíz, no quería molestarlos, gracias por ayudarme, seguiré mi camino.    
-Espera, -me dice el alma-, yo a ti te conozco.
-Yo también te conozco, -me dice el corazón-.
-No lo creo, -les refuto-. Nunca antes los había visto. Yo  vengo huyendo de todo lo que dijo el corazón.
-Y todo lo que platicamos el corazón y yo no te ha servido de nada, -me dice el alma-.
-Lo que pasa es que el corazón vive amargado por lo que le ocurrió en el pasado, pero yo estoy sufriendo en el presente. Acabo de pasar una tarde maravillosa en el campo, debajo de un árbol, pero no la pude disfrutar porque la mujer que amo no está conmigo, y no está conmigo porque ha dejado de amarme.    
-¿Quién dijo que te dejó de amar? –Me pregunta el corazón-. No seas tonto, -continúa regañándome el corazón-. Esa mujer que tú dices que ya no te ama, te ama inmensamente, daría la vida por ti. Piensa que no estaba contigo, no porque no te ame, sino porque tú te fuiste de su lado.
-Es verdad, -dice el alma-.  Tú has traído tantos problemas y has guardado tanto rencor que sólo te ha causado dolor a ti mismo y a los que te aman.
-Mira, -me dicen los dos juntos-, descansa un momento y piensa en lo que hemos dicho y después, ya cuando estés tranquilo, vuelve a casa y pídele perdón a esa maravillosa mujer, bésala y ámala para siempre que ella así lo hará contigo.    
-Un momento, -les digo a los dos-. Como pueden ustedes saber todo eso de mí si a penas nos conocemos. Además quién les da derecho a regañarme y a decirme lo que tengo que hacer.
-¡Guarda silencio!, -me dice el corazón-, recuerdas que cuando te levantamos te dijimos que te conocíamos, pues es verdad, te conocemos y te conocemos muy bien. Yo soy tu corazón y eso me da derecho a decirte lo que tienes que hacer.
-Y yo soy tu alma, por eso es que te conozco tan bien, quiero lo mejor para ti.    
Guardo silencio y sigo caminando solo con la única compañía de mi alma y mi corazón.
-Tienen razón en todo, -les digo-. Voy a descansar un poco y volveré a mi casa con la mujer que amo y que me ama, olvidaré los rencores y el odio, seré un hombre nuevo, viviré feliz y haré felices a los que me aman.    
Me recuesto sobre una piedra y me dispongo a descansar el menor tiempo que pueda, para recuperar las fuerzas y regresar pronto a mi hogar.    
El mundo de los sueños me da la bienvenida y lo más rápido que puedo le digo adiós al mundo de los sueños.    
Por fin despierto, es un día claro y limpio, el sol esparce su luz por toda la tierra, las aves cantan, los animalitos del campo juegan junto a un fresco arroyo, las flores persiguen al sol y el viento refresca con su delicada paz.   Yo observo todas estas maravillas desde lo alto de la montaña donde desperté y cuando quiero regresar a mi casa veo que no lo puedo hacer, veo detrás de mí y noto que hay un muro inmenso de piedra el cual no puedo escalar, veo frente a mí y hay un abismo profundo al cual no le veo final, si tuviera un par de alas.    
Me siento muy triste a pensar como puedo hacerle para regresar a casa y veo que tengo dos opciones, la primera es quedarme ahí sentado y esperar que la muerte venga por mí y la segunda es saltar al abismo e ir por la muerte.                           
Estoy deprimido y no sé que hacer, le ruego a Dios que me ayude, y cuando más desesperado estoy, Dios me da la respuesta. Tengo que construir un puente con mis sentimientos desde la montaña hasta mi casa. Pienso con cual sentimiento empezar a construir el puente y decido que será con la esperanza, la pongo en el viento, me mira fijamente y me dice:
-Yo sé perfectamente que vas a poder regresar a casa.
Le doy las gracias a la esperanza y doy unos pasos sobre ella.     
Después pongo en el viento a la fe, y me dice:
-Si tú miras hacia el cielo y crees de todo corazón que Dios te llevará de vuelta a casa Él así lo hará.
Le agradezco a la fe y camino sobre ella.
Después utilizo al triunfo, lo coloco sobre el viento y me dice:
-Tú puedes lograrlo porque tienes esperanza y fe y eso te hará un triunfador.
Camino sobre el triunfo y le doy las gracias.    
La generosidad es el siguiente sentimiento que coloco en el viento, y me dice:
-Yo me ofrezco para que tú puedas llegar a tu casa, así que camina sobre mí.
Le agradezco inmensamente y camino sobre ella.
Después pongo a la belleza y me dice:
-Yo sé de lo bello del amor y es por eso que voy a poner mi parte para que vuelvas con tu amada.
-Muchas gracias –le digo a la belleza- y doy el paso sobre ella.      
La libertad es el siguiente sentimiento al que le pido ayuda, se extiende sobre el viento y me dice:
-Yo quiero que seas libre y es por eso que me ofrezco para que puedas abandonar tu prisión de roca.
Le doy las gracias a la libertad y me alejo un poco más de la montaña.
La pasión y el deseo también se ofrecen para ayudarme y camino sobre ellos, pero aún estaba lejos de mi casa.    
Ya no sé que sentimiento poner para seguir mi camino sobre el viento, de pronto me acuerdo que también hay sentimientos malos y pienso que tal vez estos podrían ayudarme, así que tomo a la envidia y la pongo sobre el viento, y me dice:
-Yo no te voy a ayudar porque primero pusiste a otros sentimientos antes que a mí. Y se va volando y echando maldiciones.
Pongo a la pereza y me dice que esta demasiado cansada para ayudarme.
El aburrimiento me dice que buscará algo más divertido que hacer, puesto que ayudar a los demás es demasiado aburrido.
La apatía es el siguiente sentimiento malo al que le pido ayuda, pero ni siquiera me voltea a ver.
El orgullo pasa frente a mí caminando como si fuera un rey y me dice que lo disculpe, pero que no me puede ayudar porque se puede ensuciar con mis pies plebeyos.
La soberbia y otros sentimientos malos tampoco quieren ayudarme.     
Por último lo intento con el odio, pero cuando lo coloco en el viento me da una bofetada y me dice que ni loco va a permitir que yo lo pisotee.
Cuando estoy a punto de darme por vencido me acuerdo del más bello de los sentimientos, de un sentimiento que no tiene ni principio ni fin, que es enorme y eterno, ese sentimiento es el amor.     
Lo tomo con mucho cuidado y lo pongo sobre el viento, el amor se extiende mucho y no sólo llega hasta mi casa sino que llega hasta el corazón de mi amada, camino sobre el amor mientras contemplo las nubes y las gotas de lluvia, después cruzo un arco iris, un valle, un lago y un bosque, y al fin llegó al corazón de mi amada.      
Cuando llego con mi amada ya es de noche. Me siento junto a ella, la tomo de la mano, la beso y la acaricio.
-¿Dónde estabas? –Me pregunta ella-.
Y le contesto:
-Sólo guarda silencio mi amada, que la noche se hizo para amar y tu sueño protejo mí amada en la madrugada que te hará soñar.     
Le agradezco a Dios, a los sentimientos buenos y al amor por haberme enseñado el camino de vuelta a casa.     
Si lo soñé lo soñé despierto o tal vez sigo en mi maravilloso sueño de amor.

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