Si lo soñé, lo soñé despierto…
Es
una tarde maravillosa, el viento sopla lento y acaricia a las hojas que se
sujetan fuertemente de las ramas y de vez en vez cae una hoja y el viento la
lleva de la mano hasta posar sobre la tierra. El arroyo corre de prisa como si
alguien lo correteara o como si su amante
lo esperara, y en su camino de agua clara va esculpiendo nuevas
barrancas, y el sonido de su voz arrulla el pensamiento de todos los que se
acercan a él. Los pajarillos cantan canciones diferentes cada uno, pero
extrañamente se conjugan en un maravilloso coro que es como azúcar para el
alma.
Es
una tarde maravillosa, las hormigas caminan de un lado a otro buscando el alimento
para subsistir en el futuro invierno, con una magnifica organización y empeño,
dándonos un ejemplo de cómo sobrevivir. Algunos animales corretean en el campo,
otros beben agua en el riachuelo, otros juegan en las ramas de los árboles y
algunos otros toman un descanso en el frondoso pasto verde, son felices. El
árbol se mece melodiosamente al contacto del viento y su sonido provoca en mí
recuerdos y nostalgia y las hojas que caen de sus ramas parecen lágrimas de su
alma.
Es una tarde
maravillosa, los últimos rayos de luz fermentan con poder el suelo y se
encuentran lentamente con las sombras y se dicen adiós con sus manos. De pronto
antes de que la luz muera por completo y la tarde se convierta en noche, veo en
el infinito firmamento la primera estrella
y le pido un deseo, y al pedir el deseo se
me junta el mar en
los ojos y se convierte en llanto. Las aves ya se han marchado y el viento ha
dejado de soplar, las hormigas ya se
escondieron y el riachuelo ha dejado de
arrullar, y mis ojos buscan la luz en el cielo como si fuera la esperanza de mi
alma.
Es
una tarde maravillosa, pero yo no he podido disfrutarla…
Tanta
vida se me escurre entre las manos, tan distantes las mañanas, reverentes de
soledad, y yo me siento tan vacío de mí mismo,
tan solo en compañía de mi
alma, tan frágil al contacto de mi voz.
Ahí, acostado debajo de un árbol lloro junto a las hojas que derribó el viento
y me sumerjo en una tristeza que empaña todo lo que veo y
no me deja ver su belleza.
Me levanto ya en medio
de la oscuridad y dirijo mis
pasos hacía el ruido nefasto de la ciudad y me voy lento como si mi alma nunca
quisiera llegar.
Fue
una tarde maravillosa, pero no la pude disfrutar… porque tú no estás
conmigo…
Antes
de llegar a la ciudad me detengo en lo alto de una colina y contemplo las luces
opacas de ese lugar al que tantos llamamos hogar. Pienso para mi interior que
no quiero llegar, doy la media vuelta y camino hacia ningún lugar.
La
noche ha hecho su triunfal aparición, la luna, hermosa luna llena ilumina el
camino que recorro y me permite ver a la perfección cada piedra que se
atraviesa en el camino.
Más adelante en el
camino, bañados en la luz de la luna van dos viajantes muy peculiares, el
primero es un alma y el segundo un corazón, su plática es aún más peculiar, van
hablando de la dureza e insensibilidad del corazón, el alma
trata de convencerlo de lo
maravilloso que es la vida, pero el corazón se resiste y sólo habla de
amarguras.
Yo
los sigo tratando de que mi presencia no les sea perceptible y escucho lo que
dicen.
El
corazón dijo:
-He
vivido tantas cosas amargas, decepciones amorosas, la muerte de mis amados,
derrotas, traiciones de los que decían apreciarme, he visto la hipocresía de la
humanidad, el sufrimiento de los niños, la matanza de animales y tantas otras
cosas horribles, es
por eso que
soy duro e insensible,
sabes alma, la vida no vale la pena, no quiero convivir con nadie, no me
voy a arriesgar a ser dañado nuevamente, si fuera posible pienso que sería
mejor morir.
-No
digas tonterías, -comenzó a hablar el alma-,
es verdad lo que acabas de
decir, el mundo
es cruel y
despiadado, pero piensa que
siempre va a haber alguien que te ama, que se sacrifica por ti, piensa
también en la
felicidad que provoca
el amor sincero, es más tú no tienes derecho a
reclamar nada del amor corazón, allá en tu hogar te espera la mujer que amas y
que te ama, también tienes una maravillosa familia, te va bien en lo que haces,
sólo que vives con el rencor de lo pasado, corazón, te voy a dar un consejo, yo
no te voy a traicionar, tú y yo somos parte de un todo, somos uno mismo,
nacimos juntos, siempre estaremos juntos y vamos a morir juntos. El consejo que
te doy es que deseches todo ese rencor,
olvídate de la amargura y el dolor que te atormentaron en el pasado, y
el hueco que quede en ti cuando hayas arrojado todo lo malo llénalo de amor y
llénalo de Dios.
El corazón inclina
su cabeza como pensando en lo que el alma le ha dicho. De pronto eleva su
mirada al cielo y las estrellas y la luna parecen iluminarlo más. La verdad ha
llegado a su vida. Le dice al alma que tiene razón, que va a cambiar todo en la
vida, ya no más amargura, ni odio, ni rencor y mucho menos hacer sufrir a los
que en verdad lo aman.
En
ese momento tropiezo con una raíz que sale del suelo y caigo de bruces sobre la
tierra. El corazón y el alma corren hasta mí y me ayudan a levantarme.
-Disculpen
ustedes, venía tan entretenido escuchando su plática que no me di cuenta de la
raíz, no quería molestarlos, gracias por ayudarme, seguiré mi camino.
-Espera,
-me dice el alma-, yo a ti te conozco.
-Yo
también te conozco, -me dice el corazón-.
-No
lo creo, -les refuto-. Nunca antes los había visto. Yo vengo huyendo de todo lo que dijo el corazón.
-Y
todo lo que platicamos el corazón y yo no te ha servido de nada, -me dice el
alma-.
-Lo
que pasa es que el corazón vive amargado por lo que le ocurrió en el pasado,
pero yo estoy sufriendo en el presente. Acabo de pasar una tarde maravillosa en
el campo, debajo de un árbol, pero no la pude disfrutar porque la mujer que amo
no está conmigo, y no está conmigo porque ha dejado de amarme.
-¿Quién
dijo que te dejó de amar? –Me pregunta el corazón-. No seas tonto, -continúa
regañándome el corazón-. Esa mujer que tú dices que ya no te ama, te ama
inmensamente, daría la vida por ti. Piensa que no estaba contigo, no porque no
te ame, sino porque tú te fuiste de su lado.
-Es
verdad, -dice el alma-. Tú has traído
tantos problemas y has guardado tanto rencor que sólo te ha causado dolor a ti
mismo y a los que te aman.
-Mira,
-me dicen los dos juntos-, descansa un momento y piensa en lo que hemos dicho y
después, ya cuando estés tranquilo, vuelve a casa y pídele perdón a esa
maravillosa mujer, bésala y ámala para siempre que ella así lo hará
contigo.
-Un
momento, -les digo a los dos-. Como pueden ustedes saber todo eso de mí si a
penas nos conocemos. Además quién les da derecho a regañarme y a decirme lo que
tengo que hacer.
-¡Guarda
silencio!, -me dice el corazón-, recuerdas que cuando te levantamos te dijimos
que te conocíamos, pues es verdad, te conocemos y te conocemos muy bien. Yo soy
tu corazón y eso me da derecho a decirte lo que tienes que hacer.
-Y
yo soy tu alma, por eso es que te conozco tan bien, quiero lo mejor para
ti.
Guardo
silencio y sigo caminando solo con la única compañía de mi alma y mi corazón.
-Tienen
razón en todo, -les digo-. Voy a descansar un poco y volveré a mi casa con la
mujer que amo y que me ama, olvidaré los rencores y el odio, seré un hombre
nuevo, viviré feliz y haré felices a los que me aman.
Me
recuesto sobre una piedra y me dispongo a descansar el menor tiempo que pueda,
para recuperar las fuerzas y regresar pronto a mi hogar.
El
mundo de los sueños me da la bienvenida y lo más rápido que puedo le digo adiós
al mundo de los sueños.
Por fin despierto,
es un día claro y limpio, el sol esparce su luz por toda la tierra, las aves
cantan, los animalitos del campo juegan junto a un fresco arroyo, las flores
persiguen al sol y el viento refresca con su delicada paz. Yo observo todas estas maravillas desde lo
alto de la montaña donde desperté y cuando quiero regresar a mi casa veo que no
lo puedo hacer, veo detrás de mí y noto que hay un muro inmenso de piedra el
cual no puedo escalar, veo frente a mí y hay un abismo profundo al cual no le
veo final, si tuviera un par de alas.
Me
siento muy triste a pensar como puedo hacerle para regresar a casa y veo que
tengo dos opciones, la primera es quedarme ahí sentado y esperar que la muerte
venga por mí y la segunda es saltar al abismo e ir por la muerte.
Estoy
deprimido y no sé que hacer, le ruego a Dios que me ayude, y cuando más
desesperado estoy, Dios me da la respuesta. Tengo que construir un puente con
mis sentimientos desde la montaña hasta mi casa. Pienso con cual sentimiento
empezar a construir el puente y decido que será con la esperanza, la pongo en
el viento, me mira fijamente y me dice:
-Yo
sé perfectamente que vas a poder regresar a casa.
Le
doy las gracias a la esperanza y doy unos pasos sobre ella.
Después
pongo en el viento a la fe, y me dice:
-Si
tú miras hacia el cielo y crees de todo corazón que Dios te llevará de vuelta a
casa Él así lo hará.
Le
agradezco a la fe y camino sobre ella.
Después
utilizo al triunfo, lo coloco sobre el viento y me dice:
-Tú
puedes lograrlo porque tienes esperanza y fe y eso te hará un triunfador.
Camino
sobre el triunfo y le doy las gracias.
La
generosidad es el siguiente sentimiento que coloco en el viento, y me dice:
-Yo
me ofrezco para que tú puedas llegar a tu casa, así que camina sobre mí.
Le
agradezco inmensamente y camino sobre ella.
Después
pongo a la belleza y me dice:
-Yo
sé de lo bello del amor y es por eso que voy a poner mi parte para que vuelvas
con tu amada.
-Muchas
gracias –le digo a la belleza- y doy el paso sobre ella.
La
libertad es el siguiente sentimiento al que le pido ayuda, se extiende sobre el
viento y me dice:
-Yo
quiero que seas libre y es por eso que me ofrezco para que puedas abandonar tu
prisión de roca.
Le
doy las gracias a la libertad y me alejo un poco más de la montaña.
La
pasión y el deseo también se ofrecen para ayudarme y camino sobre ellos, pero
aún estaba lejos de mi casa.
Ya
no sé que sentimiento poner para seguir mi camino sobre el viento, de pronto me
acuerdo que también hay sentimientos malos y pienso que tal vez estos podrían
ayudarme, así que tomo a la envidia y la pongo sobre el viento, y me dice:
-Yo
no te voy a ayudar porque primero pusiste a otros sentimientos antes que a mí.
Y se va volando y echando maldiciones.
Pongo
a la pereza y me dice que esta demasiado cansada para ayudarme.
El
aburrimiento me dice que buscará algo más divertido que hacer, puesto que
ayudar a los demás es demasiado aburrido.
La
apatía es el siguiente sentimiento malo al que le pido ayuda, pero ni siquiera
me voltea a ver.
El
orgullo pasa frente a mí caminando como si fuera un rey y me dice que lo
disculpe, pero que no me puede ayudar porque se puede ensuciar con mis pies
plebeyos.
La
soberbia y otros sentimientos malos tampoco quieren ayudarme.
Por
último lo intento con el odio, pero cuando lo coloco en el viento me da una
bofetada y me dice que ni loco va a permitir que yo lo pisotee.
Cuando
estoy a punto de darme por vencido me acuerdo del más bello de los
sentimientos, de un sentimiento que no tiene ni principio ni fin, que es enorme
y eterno, ese sentimiento es el amor.
Lo
tomo con mucho cuidado y lo pongo sobre el viento, el amor se extiende mucho y
no sólo llega hasta mi casa sino que llega hasta el corazón de mi amada, camino
sobre el amor mientras contemplo las nubes y las gotas de lluvia, después cruzo
un arco iris, un valle, un lago y un bosque, y al fin llegó al corazón de mi
amada.
Cuando
llego con mi amada ya es de noche. Me siento junto a ella, la tomo de la mano,
la beso y la acaricio.
-¿Dónde
estabas? –Me pregunta ella-.
Y
le contesto:
-Sólo
guarda silencio mi amada, que la noche se hizo para amar y tu sueño protejo mí
amada en la madrugada que te hará soñar.
Le
agradezco a Dios, a los sentimientos buenos y al amor por haberme enseñado el
camino de vuelta a casa.
Si
lo soñé lo soñé despierto o tal vez sigo en mi maravilloso sueño de amor.
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