-Te quiero, -le dijo un niño
pequeño a una niña de azul ensueño-.
-Yo también te quiero, -dijo la
niña-. Pero soy una niña todavía, déjame crecer.
Creció la niña y se convirtió en una
linda señorita. El niño, hecho joven le dijo:
-Te quiero.
-Yo también te quiero, -dijo la
señorita-. Pero soy muy joven todavía, déjame disfrutar la vida.
La señorita disfrutó la vida y se
transformó en mujer. El joven, vuelto un hombre le dijo:
-Te quiero.
-Yo también te quiero, -dijo
sonrojada la mujer-. Pero soy mujer casada, ya no te puedo querer.
La mujer envejeció y enviudó. El
hombre se hizo viejo, supo de la viuda y le dijo:
-Te quiero.
-Yo también te quiero, -dijo la
anciana-. Pero no puedo seguir, mi vida está en su atardecer.
El viejo se fue llorando, sabiendo
que no la volvería a ver.
Murió la mujer y sobre su tumba
llora un viejo que repite una y otra vez:
-Te quiero, te quiero, aunque nunca
te vuelva a ver.
El anciano espera en silencio una
respuesta, sabiendo que nunca mas escuchará un “yo también te quiero” en la voz
de una mujer.
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