domingo, 26 de febrero de 2012

EL DON


  
Me fue otorgado un don que sólo podría ser utilizado un día. Mi don era maravilloso, tenía que aprovecharlo al máximo en el día que lo tendría. Consistía en ver a las personas como realmente son, podía ver su interior.
            Salí de  mi casa para ver a las personas con mi nuevo don y muy pronto me decepcioné. Vi a los que admiraba y creía rectos siendo lo contrario. En sus hombros alas negras, ojos rojos y ojerosos, fuego en sus cabezas. Sus labios que tantas veces bendecían, estaban llenos de fuego y escupían maldiciones. Sus manos que tantas veces acariciaron, tenían armas escondidas bajo la piel. ¡Que decepción! ¡Que terror!
            Huí de la presencia de ellos y enfurecí de su hipocresía.
            Mas tarde me encontré con los que siempre había juzgado locos, los marginados. Gran sorpresa, eran hermosos por dentro, llenos de paz y amor.
            El don de un día me enseñó que la apariencia no es sincera y que la verdadera belleza se lleva en el interior. El exterior sólo es una cáscara que cubre a la verdad.
            El don desapareció, pero algo de él quedó en mí porque a pesar de que ya no puedo ver el interior si lo puedo sentir. Soy capaz de distinguir la fealdad y la belleza interior.

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