Me fue otorgado un
don que sólo podría ser utilizado un día. Mi don era maravilloso, tenía que
aprovecharlo al máximo en el día que lo tendría. Consistía en ver a las
personas como realmente son, podía ver su interior.
Salí
de mi casa para ver a las personas con mi
nuevo don y muy pronto me decepcioné. Vi a los que admiraba y creía rectos
siendo lo contrario. En sus hombros alas negras, ojos rojos y ojerosos, fuego
en sus cabezas. Sus labios que tantas veces bendecían, estaban llenos de fuego
y escupían maldiciones. Sus manos que tantas veces acariciaron, tenían armas
escondidas bajo la piel. ¡Que decepción! ¡Que terror!
Huí de
la presencia de ellos y enfurecí de su hipocresía.
Mas
tarde me encontré con los que siempre había juzgado locos, los marginados. Gran
sorpresa, eran hermosos por dentro, llenos de paz y amor.
El don
de un día me enseñó que la apariencia no es sincera y que la verdadera belleza
se lleva en el interior. El exterior sólo es una cáscara que cubre a la verdad.
El don
desapareció, pero algo de él quedó en mí porque a pesar de que ya no puedo ver
el interior si lo puedo sentir. Soy capaz de distinguir la fealdad y la belleza
interior.
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