domingo, 26 de febrero de 2012

INVENCIBLES


 

Creí que éramos invencibles, como estatuas de acero. Creí que el viento no podría movernos. Creí que el viento sería incapaz de derretirnos. Creí que el agua no nos erosionaría. Pero que equivocado estaba, caímos como hoja de otoño, como gota de lluvia.
Yo te decía, y tú me contestabas:
-Te amo.
-No hables.
-Dame la mano.
-La distancia me es insuficiente.
-Acaríciame.
-No puedo.
-Abrázame.
-Me da miedo.
-Bésame.
-Mis labios están secos.
-Ámame.
-Me es imposible.
-¿Acaso es que el amor por mí ha muerto?
-¿Cómo podrá morir lo no nato?
-Ni siquiera me miras.
-Mis ojos ven en tu misma dirección.
-Mentira.
-No entiendes.
-En absoluto.
-Me voy.
-Te veré luego.
-Nunca.
-Siempre.
-Adiós.
-Hasta luego.    
Así caímos, como lágrimas tristes. Pero que importa, si del caer aprendemos a caminar y de la ignorancia nos volvemos sabios.
Después de un tiempo nos encontramos detrás del humo, después de caer y levantarnos de nuevo.
Yo te dije y tú me contestaste:
-Te dije que te vería luego.
-Yo nunca deje de verte.
-Me rechazaste.
-No es cierto.
-Te dije te amo y me callaste, rechazaste mi mano, la caricia, el abrazo y el beso. No me amaste jamás.
-No entiendes.
-Nada.
-¿Cómo puedo decir que te amo viviendo tu misma vida? ¿Cómo tomar mi propia mano, abrazar mi cuerpo, acariciarme y besar mis labios? Siempre te he amado desde el nunca hasta el jamás.
-Me confundes.
-Sólo calla y hazme tuya como siempre lo he sido.
De la caída nació una flor, eso nos transforma en invencibles.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...