El torbellino después de jugar con mi cuerpo como si fuera una simple
hoja de árbol o una pluma de ave me escupió en un lugar extraño a mi
conciencia, era un mundo perfecto, así parecía ser. Observé ese lugar extraño
como si tratara de reconocerlo, cada lugar me parecía conocido mas sin embargo
nunca antes lo había visto. Era como si existiera en mi mente pero nunca antes
entrado por mis ojos. Lo más extraño es que mi cuerpo no tenía ni un solo golpe,
mucho menos una fractura, era muy extraño lo que me estaba pasando, el
torbellino me había destrozado y ese mundo nuevo me había armado otra vez. En
mi piel solamente había quedado rasguños pequeños. En cuanto estuve en ese
mundo llegaron los seres, que habitaban en él, corriendo hasta mí y me dijeron:
-Que
bueno que has llegado, hace ya tiempo que te esperábamos. Este ha de ser el día
más feliz de nuestra existencia.
-¿Me
esperaban? -Pregunté consternado-. Pero, ¿Quiénes son ustedes? Y ¿Qué es este
lugar? Y ¿Qué hago yo aquí?
Ellos
me miraron como si fuera yo su ser más amado que acababa de perder la razón, y
me dijeron.
-No
recuerdas, tú creaste este mundo y le pusiste por nombre Marus, nosotros somos
los seres que colocaste en este mundo perfecto, ¿Acaso no recuerdas?
Yo
les volví a preguntar.
-¿Dicen
que yo cree este mundo perfecto?
-Así
es, tú lo creaste perfecto y de esa forma lo hemos conservado. Todo es hermoso y bueno, no has cometido
ningún error en este mundo.
-¿Cómo
podré haber creado un mundo perfecto siendo lo que soy? -Les pregunté-.
-¿Qué
es lo que eres? -Me preguntaron todos con sus rostros mutados al temor-.
Y
les contesté:
-Soy
del mal perturbación, un rezo bajo sus alas. Soy del hielo imitación, una vela
en humo mojada. Soy del frío el infierno, un caníbal entre sus males. Soy del
viento adulación, una llaga en sal
remojada. Un talismán velado
bajo hirviente muerte. Una canción robada de
libros de serpiente. Un embrujo en
besos de besos. Una leyenda que olvida deseos. Soy de sus
días resignación, un manto ante su llanto.
Soy de sus vidas lágrima de salvación, una balsa en el desierto. Soy de
la noche lumbrera, un prodigio salvo sus caras. Soy del mar bálsamo, un ancla
en su trinchera. Todo es engaño, todo lo cambio, robo al robo, engaño al
engaño. Soy del mal perturbación y soy el pus del corazón.
Ellos
me miraron como si hubieran visto un miedo por primera vez en sus vidas, sus
rostros tenían un rictus de dolor y sus cuerpos temblaban como si tuvieran un
frío insoportable. Con sus voces quebradas me dijeron:
-No
entendemos tus palabras, no sabemos que es el mal, ni los rezos, ni el
infierno, ni un caníbal, ni la muerte, ni ninguna de las extrañas cosas que nos
has nombrado. Lo único que sabemos es que tú creaste este mundo perfecto, lleno
de felicidad, paz y amor. Lo dotaste de grandes maravillas naturales, hermosas
sustancias y una belleza incomparable. También nos dotaste a nosotros, los Marusinos,
de un gran amor por nuestros semejantes, por nosotros mismos y por el
equilibrio que nos rodea. Sólo sabemos que tú hiciste todo eso y nosotros te
esperábamos y ahora estás a nuestro lado.
En
ese momento lo recordé todo. Hace años, cuando la vida comenzó sus lecciones de
dolor con mi alma, imaginé un mundo perfecto llamado Marus. Hice un mapa de ese
mundo, imaginé sus bellezas naturales, su gente, sus ciudades y lo imaginé todo
perfecto, sin las desgracias de esta tierra. En mi pensamiento creí que había
muerto en el torbellino y que la muerte me había llevado a mi mundo, o tal vez
todavía no terminaba de ahogarme y sólo era producto de mi agonía, no lo sabía
bien, pero lo iba a disfrutar como en mi imaginación.
Los
seres de ese planeta perfecto tampoco conocían el dolor, las heridas eran
ajenas a ellos, por lo que no tenían medicinas, así que me tuve que curar de
mis rasguños solo, a base de plantas y lodo. Las curaciones fueron dolorosas, mas
de lo que hubieran sido en la tierra, pues solo eran cortadas insignificantes, pero
tal parecía que la naturaleza había sido creada para curar un dolor inexistente
a su alrededor. Mi cuerpo vigoroso y fuerte reaccionó de buena manera y muy
pronto mis heridas estaban cicatrizando. Estaba listo para conocer y explorar
el maravilloso mundo que yo había creado con mi imaginación.
Les
pedí a los habitantes de Marus que me guiaran a los lugares de ese planeta,
pues quería conocer lo creado en mi imaginación. Me llevaron al desierto de
flores blancas del tamaño de un pino y a la caída de agua color guinda. Me
llevaron a la tierra de hielo donde la única vida que existe es toda la vida.
Me llevaron a las islas que nacen como raíces del mar, y vi las olas gigantes
que no dañan. Me llevaron a la cordillera de humo sólido. Me llevaron a la
cascada que son mil cascadas. También me llevaron a las cuevas donde nace el
aire puro de este mundo. Vi desde las nubes de paz todo ese maravilloso mundo
sin penas ni dolores, donde una flor no quiebra su tallo ni se deshoja jamás,
donde los seres del campo, del agua y del viento no caen victimas de otro ser.
Sentí en mi piel la calidez de su luz y la frescura de su viento. Sentí en mi
boca la dulzura de sus alimentos. Toqué la ternura de sus seres. Recorrí las
cristalinas aguas como si fuera una parte
perfecta de ellas. Conocí a los
millares de especies que habitan Marus y
viven en perfecta armonía. Me llevaron a cientos de lugares extraordinarios y
en ninguno de ellos vi cementerios, pues la muerte y la enfermedad no existen allí.
Los desiertos y los bosques viven en armonía, lo necesario para cada lugar. Los
mares nunca se salen de su espacio y todo esta en perfecto equilibrio. La
hipocresía no existe ni ningún sentimiento negativo.
Estaba
extasiado de ver y escuchar y oler y sentir y gustar tantas y tantas
bendiciones. Cuando el tiempo pasó, vi que el poderoso astro que iluminaba ese
planeta se estaba escondiendo tras las blancas montañas, pero
la noche nunca llegó, al
otro extremo de su
cálido cielo, azul como el más bello azul, estaba surgiendo otro astro
de igual poder, que al salir tornó el azul del cielo en un lila que casi me
hipnotiza. Sin duda era un espectáculo precioso, pero también era un error
garrafal.
-¡Pero
que error he cometido!, -les dije a los Marusinos- No les di una noche para que
descansaran de sus cargas diarias y pudieran dormir y tener sueños hermosos,
que error cometí. Este mundo después de todo no es tan perfecto como dicen que
es, no puede ser perfecto si no existe la noche.
Pero
ellos me contestaron con una sonrisa.
-No
has cometido ningún error, nosotros no necesitamos descansar pues nunca nos
cansamos y nunca dormimos ni soñamos, pues todo lo que podríamos soñar es
realidad. Y la noche, no necesitamos de una noche, no necesitamos oscuridad,
somos felices con los cambios de intensidad de la luz, siempre tenemos luz. Nos
regalaste dos astros increíbles, cuando uno se va, llega el otro, cuando
Magakolil se esconde sale Aljune y siempre hay luz. La luz es de distinto color
al igual que el cielo de uno y otro, lo cual nos brinda un espectáculo digno de
dioses, entiendes, no es un error, es una enorme bendición. Además tenemos a Timani,
que también nos da luz reflejada de Magakolil y Aljune. Todo es perfecto.
Me
sorprendió todo lo maravilloso que había creado. Después recordé el lugar más
bello de ese planeta y les pregunté a los Marusinos por que no me habían
llevado a ese lugar. Ellos me contestaron que lo habían dejado para el último
porque sabían que era mi lugar favorito. Ya era hora de que fuera a ese lugar
creado en mi mente, era momento de verlo por primera vez en la vida desde mis
ojos.
Ese
lugar era la ciudad de Timani, situada entre el Monte Bolum y el mar de Zatuk,
en el bello y frío país de Arimatania. Al llegar a Timani reconocí la ciudad
como si hubiera vivido toda mi vida ahí.
(Después de todo era yo quién le había dado existencia).
Visité
las cordilleras del Buzzaran, el monte Bolum era la primera montaña de esa
enorme cordillera. En esas montañas vivían árboles gigantes, eran tan enormes
que yo me sentía como una hormiga en su corteza. Timani se veía preciosa, las
calles ordenadas y limpias, los edificios enormes y seguros y sus gentes se
veían absolutamente felices. Después visité el mar de Zatuk, me paré en la orilla
de la ciudad, su margen era un barranco de profunda distancia y en su parte
inferior golpeaban las cristalinas olas. Era un mar y un barranco
excepcionales. Por el centro de la ciudad corrían dos ríos. El río Kordan y
el río Tallio
y se precipitaban juntos
por la barranca formando la catarata más
impresionante que mis ojos han visto, todo era hermoso en esa ciudad, perfecto.
Lo
que más me impresionó de Timani es que sus montañas siempre estaban nevadas y
hacia mucho frío, y su mar era cálido y sus playas eran perfectas para nadar.
La ciudad situada entre dos extremidades del clima era curiosamente de clima
agradable durante todo el tiempo. De esa forma, el que quisiera ver nieve sólo
tenía que dirigirse a las montañas y la
encontraría. El que quisiera el rico
calor de la costa sólo tendría que cruzar el puente de Timani a Isla Timani y
estaría en la más preciosa playa. Y el que quisiera un clima intermedio podría
quedarse en la ciudad a disfrutarlo.
La
armonía y perfección de Marus me tenían sorprendido, así que tuve que tomar una
decisión. Fue difícil para mí, ya que estaba feliz y gozoso a plenitud por
primera vez en mi vida, pero aún así tomé la decisión que juzgué más apropiada,
sabia y buena para todos los habitantes de Marus, de la tierra y para mí
mismo. Dirigí mis palabras a todos los
habitantes de Marus, y les comuniqué:
-Su
mundo, es un mundo perfecto, y yo soy un hombre imperfecto. Yo sé que desde
hace tiempo me esperaban, pero no puedo estar más entre ustedes, porque mi imperfección
corromperá su perfección y no quiero que eso suceda. Todavía no entiendo como
un ser tan imperfecto ha creado un mundo perfecto, no lo sé y tal vez nunca lo
sepa, pero ya está hecho y no lo echaré a perder. Así que he tomado la decisión
de abandonar su mundo y buscar el camino hacia mi mundo triste y enfermo. He de
partir en este mismo momento, antes de que algo malo suceda y se rompa el
equilibrio de Marus. Sepan, que es mi deseo que sean felices y ya nos veremos
el día que mi imperfección me abandone y yo mismo sea un ser perfecto y
hermoso.
Los
habitantes de ese planeta perfecto no comprendían lo que yo les estaba
diciendo. Los sabios del planeta me llevaron a un salón creado con oro y joyas,
allí tenían el objetivo de convencerme de que me quedara en el planeta. Me
dijeron:
-Siempre
creímos que cuando llegaras aquí, veríamos un ser poderoso, grande y hermoso, pero llegaste
lleno de rasguños y tu sangre salía por tu piel. Te vimos tan indefenso.
Al escuchar tus palabras y darnos cuenta de que eras un ser imperfecto, tal vez
inferior a nosotros, sentimos una decepción en nuestros corazones, pero aún
así, tú eres nuestro creador y queremos que te quedes con nosotros. Por favor,
no te vayas, no nos abandones.
-Lamento
decepcionarlos, pero no puedo quedarme. En mi mundo me esperan mis amigos y mi
familia, además tarde o temprano echaría a perder a su mundo y lo contaminaría
con mi imperfección. Lo siento mucho pero tengo que irme.
Los
Marusinos comprendieron mis palabras y con lágrimas en los ojos, (lágrimas que
no conocían) me vieron salir de su planeta, impulsado por una extraña fuerza en
mi cuerpo me eleve en los cielos Marusinos hasta salir del planeta y tocar el
universo. Llegué a creer que en ese planeta podía hacer lo que se me antojara. Me
daba un poder que jamás imaginé, pero en verdad creo, que no era mío.
Antes
de salir por completo de Marus quise hacer unas pruebas para comprobar mis
creencias. En un valle casi desértico imaginé un río cristalino y de aguas
frescas, rodeado de flores de miles de colores, y al instante siguiente todo el
valle estaba cubierto de flores y del río, era como si hubiera pintado ese
cuadro con el poder de mi mente. También imaginé una nueva especie de animal,
con hermosas alas blancas y características de gran belleza e inmediatamente
apareció volando junto a mí en el lila cielo de Marus.
Sentí
que podía hacer cualquier cosa, dotar de ese mundo de cualquier cosa buena o
mala que yo quisiera, pero me retiraría del planeta antes de que fuera a
cometer un terrible error.
Cuando
salí del planeta y vi su hermosura, sentí una profunda tristeza dentro de mí,
pero también tuve la sensación de que todo eso no había sido real y que lo
había alucinado dentro de mi inconsciencia. Intenté despertar, luché con todas
mis fuerzas por recobrar la conciencia, y no pude.
Tal vez era real, tal vez producto de mi agonía. Eso es algo que se
quedará en misterio para siempre.
Por
unos instantes estuve flotando en la oscuridad del universo, tratando de
encontrar el camino que me llevaría de vuelta a mi mundo o en consecuencia, a
la realidad, hilarante como es, pero en fin, lo único que tenemos.
Desde
la oscuridad del universo podía mirar la belleza de la esfera de Marus y
extrañaba estar allí.
El universo se veía diferente
desde la perspectiva en que lo miraba. Siempre lo había mirado como pequeños
puntitos luminosos sobre mi cabeza, tan lejanos que parecían producto de mi
mente y no una realidad. Pero desde donde estaba los miraba como grandes
esferas de fuego encima de mi cabeza y a mis lados y debajo de mis pies, no se
veían lejanos, me veía como parte de
ellos o como ellos dentro de mí. Creía que podría arrastrarlos con mis manos y llevarme unos cuantos astros
luminosos a mi mundo oscuro, pero entendí que no era necesario, pues la noche
también es bella y el sol nunca nos abandona, pues tiene un aliado en la noche,
llamado luna que refleja el esplendor del sol y nunca quedamos en total
oscuridad. Así que dejé de quejarme y seguí buscando el camino de regreso a mi
mundo.
Un éxtasis visual se
meneaba en armonía frente a mis ojos, la danza de los cometas y meteoros
formaban un delicado espectáculo, el vaivén dulce de estrellas y planetas
agradaban los ojos de los mundos.
Grandes gusanos espaciales
recorrían el infinito universo, gusanos formados por los desperdicios de
meteoros, asteroides y planetas muertos. Los grandes planetas giraban sin queja
alrededor de su estrella, como si fuera la atracción más fuerte del universo.
Dentro de ese éxtasis visual también vi explosiones planetarias y de estrellas,
pero esas explosiones en vez de destruir daban nueva vida en otra forma de
vivir.
-Tal
vez eso pase conmigo si exploto, -pensé-, viviré en otra forma de vivir.
Todo
estaba maravilloso, y cuando el éxtasis visual alcanzaba el más alto
grado, una voz gritó mi nombre a lo
lejos, era una voz ronca y hueca que hubiera llenado de terror al más fuerte
guerrero de la historia.
Mi mirada buscó el origen de la voz y sólo encontró terror. Un
gran agujero negro avanzaba veloz y furioso hacia mí. En su camino devoraba
planetas, soles, estrellas, cometas, asteroides, galaxias y hasta la luz era
transformada en oscuridad. Presuroso me alcanzaba, listo para devorarme.
Alguna
vez leí algo sobre los agujeros negros en un libro de astronomía. Decía que se
llaman así, agujeros negros, porque carecen de luz y absorben como una
aspiradora a toda la materia y energía del espacio. Los agujeros negros son muy
distintos a cualquier otro objeto espacial, carecen de forma y tamaño, pero
evolucionan dentro de un diámetro de 15 kilómetros, su masa va desde la del sol
hasta cientos de millones de veces más, se comportan como vórtices. Cualquier
objeto o materia que pase dentro del horizonte del agujero negro será atraído
hacia su vórtice, dentro del cual las violentas fuerzas lo estirarán de un lado
y lo contraerán de otro, hasta desintegrar al cuerpo y convertirlo en parte del
espacio curvo del agujero negro.
Según
las teorías, los agujeros negros son grandes estrellas, que al envejecer y
consumir su combustible, mueren, mas sin embargo su muerte es distinta a la
muerte de todo lo demás, no desaparecen, sino que se derrumban hacia sí mismos
atraídos por su gran fuerza de gravedad. Su densidad se concentra tanto que provoca
un agujero invisible en el espacio capaz de devorar cualquier cosa. El agujero
negro intercambia las propiedades del espacio tiempo, por lo tanto los cuerpos
que caen dentro de un agujero no envejecen, sino que se achican hasta
desaparecer.
Con
toda esta descripción pensé en el agujero negro como un gran destructor que se
llevaba a su muerte a todo lo que estuviera cerca, incluyéndome. Pero también
recordé una teoría que decía que detrás de cada agujero negro hay un agujero
blanco que funciona de manera inversa, dando vida a todo lo que el agujero
negro absorbió, sólo cambió de forma y de lugar.
Esa
teoría podría ser cierta, pero yo prefería no investigarlo.
En
pocas palabras, estaba siendo testigo de la muerte de una estrella, que,
al no querer morir se resistía
ferozmente y en esa resistencia le provocaba la muerte a todo lo que
estuviera al alcance de su horizonte. Yo seguía en su camino y en su
inigualable fuerza yo era un obstáculo insignificante, casi imperceptible.
Intenté
escapar del agujero negro, me sujetaba de lo que podía, grité a los habitantes
de Marus para que me auxiliaran, traté de nadar en el vacío del universo, pero
su fuerza era demasiada. Pronto llegó hasta donde yo estaba y me devoró en una
orgía violenta, caí en su interior y sentí como si el infierno con todas sus
llamas y demonios danzaran su sepulcral danza a mí alrededor. La oscuridad era
tal dentro del agujero negro que era incapaz de ver hasta la luz de mi propia
mirada. Los gritos de terror se escuchaban por todos lados, mas no sé si eran
gritos de otros seres devorados por el agujero negro o eran mis gritos
terroríficos sonando como eco en las oscuras gargantas del demonio llamado
agujero negro. Por un momento pensé que el torbellino había arrancado mi vida y
que el cielo me había sido mostrado en Marus pero sólo para que mi infierno
fuera más duro y ahora me encontraba en el centro del infierno. De vez en
cuando veía pequeños puntos luminosos que deduje eran explosiones de las cosas
devoradas por el hoyo negro. También de vez en cuando sentía en mi piel el
contacto de otras pieles, con lo cual comprobé que no era yo el único ser vivo
devorado por ese monstruo. Después sentí un fuerte golpe en la cabeza, la
inconsciencia invadió de nuevo mi mente. No sabía si era el segundo escalón de
la muerte, o si la vida me estaba llamando de nuevo, o tal vez, tan sólo era el
camino de regreso a mi oscuro mundo.
En
mi nueva inconsciencia tuve otra visión.
Vi
al mundo pequeño y distante, así como lo había visto en el torbellino. Sólo que
ahora el mundo se acercaba a mí o yo al mundo. Cuando estuve lo suficientemente
cerca para verlo bien, vi cosas que me dejaron aturdido de la emoción. Algo
contrario al torbellino.
Vi
al mundo claro y limpio, lleno de vida por cada rincón de la esfera, todo en equilibrio, aunque era un equilibrio distinto al que yo
había visto en Marus; vi a la gente ayudando a la gente; vi a los
seres disfrutando su vida y aceptando su muerte; vi a cada cosa en su lugar; vi
la fidelidad de mi raza, las excepciones eran extrañas.
El
mundo ya no estaba cubierto por un manto negro, sino que estaba protegido por
unas manos enormes que flotaban en el espacio infinito. Pero lo más maravilloso
que vi fue una cadena interminable de humanos, todos tomados de la mano, dándole
varias vueltas al mundo, y a una sola voz todos cantaban una hermosa canción al
amor.
Esa
fue mi nueva visión mientras el mundo crecía y se acercaba a mí, o viceversa.
Yo pensé en mi profundo interior:
-“Si
ese es mi mundo, visto con los ojos del alma, tal vez valga la pena volver”.
Con
mi escasa conciencia sentí como mi cuerpo se alargaba de un lado mientras se
encogía del otro, me estaba haciendo más y más pequeño, tal vez ya estaba
siendo parte del espacio curvo del agujero y mi única esperanza era que al otro
lado del vórtice hubiera un agujero blanco, porque sino era así, ese era el día
y el lugar de mi muerte.
Desperté,
mis ojos no podían abrirse y la voz no salía de mi boca, el oxigeno quemaba mis
vías respiratorias, el canto de las aves y los gritos de los seres vivientes
retumbaban dentro de mis oídos y la luz que golpeaba mis párpados me
enloquecía. Todo mi cuerpo estaba dañado por los golpes furiosos que había
recibido dentro del agujero negro, lo bueno es que obviamente ya no estaba en
él. Mi interior estaba tan dañado como mi exterior, pero
no por los
golpes sino por
el dolor de
haber abandonado ese mundo perfecto que yo mismo había creado. ¿De qué
me sirvió crear un mundo perfecto si no puedo disfrutar de él? Tal vez, valió
la pena disfrutarlo aunque fuera un instante, porque es mejor un instante de
felicidad que una eternidad de dolor.
Como
entre sueños escuché las voces de los caballeros del miedo que me decían que
despertara, que fuera fuerte, que venciera a la sucia muerte. Ese no era mi
momento ni mi lugar, tampoco era mi muerte.
Abrí
los ojos después de unos minutos de batalla y reconocí el lugar, estaba tirado
sobre la alfombra natural a los márgenes del ojo de agua hirviente, miré los
rostros desencajados de mis amigos enmarcados por las copas de los árboles y
con un claro fondo azul del cielo. Aparentemente era la mañana siguiente de
cuando me fui, el tiempo no había pasado en este mundo aunque si pasó en aquel
otro, recordemos, el tiempo es relativo.
Me
levanté asustado y les pregunté a los caballeros del miedo lo que había pasado.
-Cuando
despertamos al salir el sol te encontramos flotando en el agua, -me dijo
Leuri-.
-Creímos
que habías muerto y nos asustamos mucho, -me dijo Siry-.
-Eres
un ser extraño, tenías mucha agua en los pulmones, mas sin embargo tus labios
sonreían, y lo extraño es que tus labios nunca sonríen, -me dijo Niwde-.
-Saben
amigos, -dije con una sonrisa en la boca- sonreía, pero no porque me estuviera
ahogando, sino porque visité un mundo exquisito, lleno de felicidad, donde la
muerte es inexistente, miré las maravillas que ustedes no
pueden tan siquiera
imaginar, fui feliz
en esa eternidad, arrastré las
estrellas con mis manos y mis pies, y entendí la verdad del universo, yo sé que
ustedes no me comprenden, pero lo que les digo en verdad pasó, yo lo viví, yo
lo vi todo.
-Me
parece que el agua se te subió al cerebro, pero ya se te pasará, -me dijo Omem
con su típica expresión de insensibilidad -.
No
quise protestarle a Omem y a los otros, después de todo no había forma de
comprobar lo que les estaba diciendo, yo mismo dudaba de que en realidad hubiera pasado. Mejor me lo guardé en secreto y ya veré si
algún día sé lo que en realidad pasó.
Omem
continuó hablando:
-Lo
importante es que estás bien para ayudarnos
con el gran problema que
tenemos. Nuestro barco aún no se recupera del sueño y no
podremos partir a alta mar y las
provisiones han escaseado
y se han
acabado. Tú estás entrenado y podrás ayudarnos a no morir
de inanición en esta horrible isla, ayúdanos Mohamed. Hoy más que nunca
necesitamos de tu experiencia y habilidad para salir de este problema.
(Mi
entrenamiento era: cuando niño pertenecí a un club de exploradores y aprendí a
hacer fogatas aún bajo la lluvia; a cazar animales salvajes; a hacer nudos para
diferentes ocasiones; a cocinar al aire libre; aprendí primeros auxilios, y
otras muchas cosas útiles que todo niño debiera aprender por si algún día lo
necesita. Ese era mi día).
-Sí,
les ayudaré y al mismo tiempo me ayudaré a mí, pero primero tienen que curarme
las heridas que el hoyo negro provocó en mi cuerpo. Son dolorosas y profundas y
con ellas a cuesta no podré hacer nada.
Todos
me miraron con extrañeza, pues en mi cuerpo no había ni una sola herida, no en
la piel, aunque todo me dolía, era muy probable que el dolor fuera interno o
provocado por mi propia mente.
Vi
el rostro preocupado de Omem, y tratando de serenarlo le dije:
-No
se preocupen, que pronto encontraremos provisión para nuestros
cuerpos y para nuestros
espíritus, y cuando se recupere nuestra embarcación del sueño,
partiremos a tierras fértiles, ricas en alimentos y en bebidas y saciaremos
nuestra hambre y nuestra sed. Y ya no me miren así –mi semblante se volvió rudo
nuevamente-. Todo lo que les dije fue mentira, lo que pasa es que me quedé
dormido en al agua y por poco me ahogo. (A veces es necesario mentir para no
dañar). A trabajar, hay que sobrevivir.
Todos
se quedaron mirándome con sus ojos llenos de ilusiones.
-Vamos
a trabajar, -les dije-. Primero necesitamos que alguien fabrique un arma
puntiaguda y que otro la use para ir a cazar. Después necesitamos un recolector
de raíces para sazonar la carne, alguien
más buscará el vino bajo
las piedras y en la corteza de los árboles. Después
necesitaremos que alguien traiga partículas de gigantes caídos que sirvan para
encender el fuego y cocer nuestro alimento, por supuesto también necesitamos
que alguien encienda el fuego, otro tendrá que buscar algún objeto que sirva de
sartén para cocinar. Por último necesitaremos que alguien corte la carne y las
raíces y yo me encargaré de cocinar el alimento que les devuelva la esperanza.
¿Quién se ofrece de voluntario?
-Yo
fabricaré el arma, -dijo Kire con entusiasmo-. Romperé esta piedra y la afilaré
y la amarraré a un palo, así tendremos una lanza poderosa y alguien podrá ir a
cazar a nuestro alimento.
-Yo
seré el cazador, -dijo Leuri-. Soy experto en eso, muchas veces he cazado
animales para comer, pronto volveré con alimento.
-Yo
juntaré las raíces más deliciosas de esta isla, -dijo Uram-. Conozco las raíces
y podré traer esas delicias para sazonar la carne sin peligro de envenenarnos. Comeremos
deliciosamente.
-Yo
buscaré el vino, -dijo Cholme.- No descansaré hasta encontrarlo y traerlo para
saciar la sed. No tengo tantas habilidades como ustedes, pero soy de gran
tesón.
Siry
dijo:
-Yo
iré en busca de los maderos que quemarán el alimento, pronto volveré con
suficientes maderos secos, no verdes para que no se enoje el Vedor, sino los
que ya hace tiempo han caído, ellos nos darán fuego para cocinar la carne.
-Yo
buscaré un pedazo de metal que nos sirva de sartén para cocinar, -dijo Niwde y
se fue corriendo-.
-Yo
encenderé el fuego con el último fósforo que me queda, -dijo Wu-. Debemos proteger al fuego para que
no se apague con el viento, pues no hay más fósforos.
-Muy
bien, -dijo Omem-, yo seré quien corte la carne y las raíces para que Mohamed
pueda cocinar el alimento.
Pronto
cumplimos con nuestras labores, todos de buena forma y rápido como solíamos
hacerlo. Conseguimos alimento sabroso y lo cocinamos en el fuego y el vino era
delicioso.
Nuestros
cuerpos y nuestros espíritus se saciaron, se llenaron de nuevas fuerzas y
esperanzas. Ya sólo nos quedaba esperar que nuestra embarcación estuviera lista
para emprender el viaje nuevamente.
El
resto del día jugamos en las entrañas del agua hirviente y
de vez en
cuando mirábamos hacia
nuestra embarcación con la esperanza de que se recuperara del sueño y
así poder volver a alta mar.
Nadie
decía nada, pero todos deseábamos volver a nuestros hogares, aunque renegábamos
mucho de ellos, pero el abandono nos hacia suspirar por lo que decíamos odiar.
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