jueves, 9 de febrero de 2012

CAP 05 MARUS


El torbellino después de jugar con mi cuerpo como si fuera una simple hoja de árbol o una pluma de ave me escupió en un lugar extraño a mi conciencia, era un mundo perfecto, así parecía ser. Observé ese lugar extraño como si tratara de reconocerlo, cada lugar me parecía conocido mas sin embargo nunca antes lo había visto. Era como si existiera en mi mente pero nunca antes entrado por mis ojos. Lo más extraño es que mi cuerpo no tenía ni un solo golpe, mucho menos una fractura, era muy extraño lo que me estaba pasando, el torbellino me había destrozado y ese mundo nuevo me había armado otra vez. En mi piel solamente había quedado rasguños pequeños. En cuanto estuve en ese mundo llegaron los seres, que habitaban en él, corriendo hasta mí y me dijeron:
-Que bueno que has llegado, hace ya tiempo que te esperábamos. Este ha de ser el día más feliz de nuestra existencia.
-¿Me esperaban? -Pregunté consternado-. Pero, ¿Quiénes son ustedes? Y ¿Qué es este lugar? Y ¿Qué hago yo aquí?
Ellos me miraron como si fuera yo su ser más amado que acababa de perder la razón, y me dijeron.
-No recuerdas, tú creaste este mundo y le pusiste por nombre Marus, nosotros somos los seres que colocaste en este mundo perfecto, ¿Acaso no recuerdas?
Yo les volví a preguntar.
-¿Dicen que yo cree este mundo perfecto?
-Así es, tú lo creaste perfecto y de esa forma lo hemos conservado.  Todo es hermoso y bueno, no has cometido ningún error en este mundo.   
-¿Cómo podré haber creado un mundo perfecto siendo lo que soy?   -Les pregunté-.
-¿Qué es lo que eres? -Me preguntaron todos con sus rostros mutados al temor-.
Y les contesté:    
-Soy del mal perturbación, un rezo bajo sus alas. Soy del hielo imitación, una vela en humo mojada. Soy del frío el infierno, un caníbal entre sus males. Soy del viento adulación, una  llaga  en sal  remojada.  Un talismán  velado  bajo hirviente muerte. Una canción robada  de  libros de  serpiente.  Un embrujo en  besos de  besos.  Una leyenda que olvida deseos. Soy de sus días resignación, un manto ante su llanto.  Soy de sus vidas lágrima de salvación, una balsa en el desierto. Soy de la noche lumbrera, un prodigio salvo sus caras. Soy del mar bálsamo, un ancla en su trinchera. Todo es engaño, todo lo cambio, robo al robo, engaño al engaño. Soy del mal perturbación y soy el pus del corazón.    
Ellos me miraron como si hubieran visto un miedo por primera vez en sus vidas, sus rostros tenían un rictus de dolor y sus cuerpos temblaban como si tuvieran un frío insoportable. Con sus voces quebradas me dijeron:
-No entendemos tus palabras, no sabemos que es el mal, ni los rezos, ni el infierno, ni un caníbal, ni la muerte, ni ninguna de las extrañas cosas que nos has nombrado. Lo único que sabemos es que tú creaste este mundo perfecto, lleno de felicidad, paz y amor. Lo dotaste de grandes maravillas naturales, hermosas sustancias y una belleza incomparable. También nos dotaste a nosotros, los Marusinos, de un gran amor por nuestros semejantes, por nosotros mismos y por el equilibrio que nos rodea. Sólo sabemos que tú hiciste todo eso y nosotros te esperábamos y ahora estás a nuestro lado.    
En ese momento lo recordé todo. Hace años, cuando la vida comenzó sus lecciones de dolor con mi alma, imaginé un mundo perfecto llamado Marus. Hice un mapa de ese mundo, imaginé sus bellezas naturales, su gente, sus ciudades y lo imaginé todo perfecto, sin las desgracias de esta tierra. En mi pensamiento creí que había muerto en el torbellino y que la muerte me había llevado a mi mundo, o tal vez todavía no terminaba de ahogarme y sólo era producto de mi agonía, no lo sabía bien, pero lo iba a disfrutar como en mi imaginación.     
Los seres de ese planeta perfecto tampoco conocían el dolor, las heridas eran ajenas a ellos, por lo que no tenían medicinas, así que me tuve que curar de mis rasguños solo, a base de plantas y lodo. Las curaciones fueron dolorosas, mas de lo que hubieran sido en la tierra, pues solo eran cortadas insignificantes, pero tal parecía que la naturaleza había sido creada para curar un dolor inexistente a su alrededor. Mi cuerpo vigoroso y fuerte reaccionó de buena manera y muy pronto mis heridas estaban cicatrizando. Estaba listo para conocer y explorar el maravilloso mundo que yo había creado con mi imaginación.
Les pedí a los habitantes de Marus que me guiaran a los lugares de ese planeta, pues quería conocer lo creado en mi imaginación. Me llevaron al desierto de flores blancas del tamaño de un pino y a la caída de agua color guinda. Me llevaron a la tierra de hielo donde la única vida que existe es toda la vida. Me llevaron a las islas que nacen como raíces del mar, y vi las olas gigantes que no dañan. Me llevaron a la cordillera de humo sólido. Me llevaron a la cascada que son mil cascadas. También me llevaron a las cuevas donde nace el aire puro de este mundo. Vi desde las nubes de paz todo ese maravilloso mundo sin penas ni dolores, donde una flor no quiebra su tallo ni se deshoja jamás, donde los seres del campo, del agua y del viento no caen victimas de otro ser. Sentí en mi piel la calidez de su luz y la frescura de su viento. Sentí en mi boca la dulzura de sus alimentos. Toqué la ternura de sus seres. Recorrí las cristalinas aguas como si fuera una parte  perfecta de ellas.  Conocí a los millares de  especies que habitan Marus y viven en perfecta armonía. Me llevaron a cientos de lugares extraordinarios y en ninguno de ellos vi cementerios, pues la muerte y la enfermedad no existen allí. Los desiertos y los bosques viven en armonía, lo necesario para cada lugar. Los mares nunca se salen de su espacio y todo esta en perfecto equilibrio. La hipocresía no existe ni ningún sentimiento negativo.                             
Estaba extasiado de ver y escuchar y oler y sentir y gustar tantas y tantas bendiciones. Cuando el tiempo pasó, vi que el poderoso astro que iluminaba ese planeta se estaba escondiendo tras las blancas montañas,  pero  la noche  nunca llegó,  al  otro  extremo  de su  cálido cielo, azul como el más bello azul, estaba surgiendo otro astro de igual poder, que al salir tornó el azul del cielo en un lila que casi me hipnotiza. Sin duda era un espectáculo precioso, pero también era un error garrafal.
-¡Pero que error he cometido!, -les dije a los Marusinos- No les di una noche para que descansaran de sus cargas diarias y pudieran dormir y tener sueños hermosos, que error cometí. Este mundo después de todo no es tan perfecto como dicen que es, no puede ser perfecto si no existe la noche.
Pero ellos me contestaron con una sonrisa.
-No has cometido ningún error, nosotros no necesitamos descansar pues nunca nos cansamos y nunca dormimos ni soñamos, pues todo lo que podríamos soñar es realidad. Y la noche, no necesitamos de una noche, no necesitamos oscuridad, somos felices con los cambios de intensidad de la luz, siempre tenemos luz. Nos regalaste dos astros increíbles, cuando uno se va, llega el otro, cuando Magakolil se esconde sale Aljune y siempre hay luz. La luz es de distinto color al igual que el cielo de uno y otro, lo cual nos brinda un espectáculo digno de dioses, entiendes, no es un error, es una enorme bendición. Además tenemos a Timani, que también nos da luz reflejada de Magakolil y Aljune. Todo es perfecto.    
Me sorprendió todo lo maravilloso que había creado. Después recordé el lugar más bello de ese planeta y les pregunté a los Marusinos por que no me habían llevado a ese lugar. Ellos me contestaron que lo habían dejado para el último porque sabían que era mi lugar favorito. Ya era hora de que fuera a ese lugar creado en mi mente, era momento de verlo por primera vez en la vida desde mis ojos.    
Ese lugar era la ciudad de Timani, situada entre el Monte Bolum y el mar de Zatuk, en el bello y frío país de Arimatania. Al llegar a Timani reconocí la ciudad como si hubiera vivido toda mi vida ahí.  (Después de todo era yo quién le había dado existencia).
Visité las cordilleras del Buzzaran, el monte Bolum era la primera montaña de esa enorme cordillera. En esas montañas vivían árboles gigantes, eran tan enormes que yo me sentía como una hormiga en su corteza. Timani se veía preciosa, las calles ordenadas y limpias, los edificios enormes y seguros y sus gentes se veían absolutamente felices. Después visité el mar de Zatuk, me paré en la orilla de la ciudad, su margen era un barranco de profunda distancia y en su parte inferior golpeaban las cristalinas olas. Era un mar y un barranco excepcionales. Por el centro de la ciudad corrían dos ríos. El río Kordan  y  el  río  Tallio  y  se   precipitaban   juntos  por  la  barranca formando la catarata más impresionante que mis ojos han visto, todo era hermoso en esa ciudad, perfecto.
Lo que más me impresionó de Timani es que sus montañas siempre estaban nevadas y hacia mucho frío, y su mar era cálido y sus playas eran perfectas para nadar. La ciudad situada entre dos extremidades del clima era curiosamente de clima agradable durante todo el tiempo. De esa forma, el que quisiera ver nieve sólo tenía que dirigirse a las montañas  y la encontraría.  El que quisiera el rico calor de la costa sólo tendría que cruzar el puente de Timani a Isla Timani y estaría en la más preciosa playa. Y el que quisiera un clima intermedio podría quedarse en la ciudad a disfrutarlo.    
La armonía y perfección de Marus me tenían sorprendido, así que tuve que tomar una decisión. Fue difícil para mí, ya que estaba feliz y gozoso a plenitud por primera vez en mi vida, pero aún así tomé la decisión que juzgué más apropiada, sabia y buena para todos los habitantes de Marus, de la tierra y para mí mismo.  Dirigí mis palabras a todos los habitantes de Marus, y les comuniqué:
-Su mundo, es un mundo perfecto, y yo soy un hombre imperfecto. Yo sé que desde hace tiempo me esperaban, pero no puedo estar más entre ustedes, porque mi imperfección corromperá su perfección y no quiero que eso suceda. Todavía no entiendo como un ser tan imperfecto ha creado un mundo perfecto, no lo sé y tal vez nunca lo sepa, pero ya está hecho y no lo echaré a perder. Así que he tomado la decisión de abandonar su mundo y buscar el camino hacia mi mundo triste y enfermo. He de partir en este mismo momento, antes de que algo malo suceda y se rompa el equilibrio de Marus. Sepan, que es mi deseo que sean felices y ya nos veremos el día que mi imperfección me abandone y yo mismo sea un ser perfecto y hermoso.   
Los habitantes de ese planeta perfecto no comprendían lo que yo les estaba diciendo. Los sabios del planeta me llevaron a un salón creado con oro y joyas, allí tenían el objetivo de convencerme de que me quedara en el planeta. Me dijeron:
-Siempre creímos que cuando llegaras aquí, veríamos un ser poderoso,   grande y hermoso,   pero llegaste  lleno de rasguños y tu sangre salía por tu piel. Te vimos tan indefenso. Al escuchar tus palabras y darnos cuenta de que eras un ser imperfecto, tal vez inferior a nosotros, sentimos una decepción en nuestros corazones, pero aún así, tú eres nuestro creador y queremos que te quedes con nosotros. Por favor, no te vayas, no nos abandones.
-Lamento decepcionarlos, pero no puedo quedarme. En mi mundo me esperan mis amigos y mi familia, además tarde o temprano echaría a perder a su mundo y lo contaminaría con mi imperfección. Lo siento mucho pero tengo que irme. 
Los Marusinos comprendieron mis palabras y con lágrimas en los ojos, (lágrimas que no conocían) me vieron salir de su planeta, impulsado por una extraña fuerza en mi cuerpo me eleve en los cielos Marusinos hasta salir del planeta y tocar el universo. Llegué a creer que en ese planeta podía hacer lo que se me antojara. Me daba un poder que jamás imaginé, pero en verdad creo, que no era mío.
Antes de salir por completo de Marus quise hacer unas pruebas para comprobar mis creencias. En un valle casi desértico imaginé un río cristalino y de aguas frescas, rodeado de flores de miles de colores, y al instante siguiente todo el valle estaba cubierto de flores y del río, era como si hubiera pintado ese cuadro con el poder de mi mente. También imaginé una nueva especie de animal, con hermosas alas blancas y características de gran belleza e inmediatamente apareció volando junto a mí en el lila cielo de Marus.
Sentí que podía hacer cualquier cosa, dotar de ese mundo de cualquier cosa buena o mala que yo quisiera, pero me retiraría del planeta antes de que fuera a cometer un terrible error.
Cuando salí del planeta y vi su hermosura, sentí una profunda tristeza dentro de mí, pero también tuve la sensación de que todo eso no había sido real y que lo había alucinado dentro de mi inconsciencia. Intenté despertar, luché con todas mis fuerzas  por recobrar  la conciencia,  y no pude.  Tal vez era real, tal vez producto de mi agonía. Eso es algo que se quedará en misterio para siempre.
Por unos instantes estuve flotando en la oscuridad del universo, tratando de encontrar el camino que me llevaría de vuelta a mi mundo o en consecuencia, a la realidad, hilarante como es, pero en fin, lo único que tenemos.
Desde la oscuridad del universo podía mirar la belleza de la esfera de Marus y extrañaba estar allí.     
           El universo se veía diferente desde la perspectiva en que lo miraba. Siempre lo había mirado como pequeños puntitos luminosos sobre mi cabeza, tan lejanos que parecían producto de mi mente y no una realidad. Pero desde donde estaba los miraba como grandes esferas de fuego encima de mi cabeza y a mis lados y debajo de mis pies, no se veían lejanos,  me veía como parte de ellos o como ellos dentro de mí. Creía que podría arrastrarlos con  mis manos y llevarme unos cuantos astros luminosos a mi mundo oscuro, pero entendí que no era necesario, pues la noche también es bella y el sol nunca nos abandona, pues tiene un aliado en la noche, llamado luna que refleja el esplendor del sol y nunca quedamos en total oscuridad. Así que dejé de quejarme y seguí buscando el camino de regreso a mi mundo.    
           Un éxtasis visual se meneaba en armonía frente a mis ojos, la danza de los cometas y meteoros formaban un delicado espectáculo, el vaivén dulce de estrellas y planetas agradaban los ojos de los mundos.
            Grandes gusanos espaciales recorrían el infinito universo, gusanos formados por los desperdicios de meteoros, asteroides y planetas muertos. Los grandes planetas giraban sin queja alrededor de su estrella, como si fuera la atracción más fuerte del universo. Dentro de ese éxtasis visual también vi explosiones planetarias y de estrellas, pero esas explosiones en vez de destruir daban nueva vida en otra forma de vivir.
-Tal vez eso pase conmigo si exploto, -pensé-, viviré en otra forma de vivir. 
Todo estaba maravilloso, y cuando el éxtasis visual alcanzaba el más alto grado,  una voz gritó mi nombre a lo lejos, era una voz ronca y hueca que hubiera llenado de terror al más fuerte guerrero  de la  historia.  Mi mirada  buscó el  origen de la voz y sólo encontró terror. Un gran agujero negro avanzaba veloz y furioso hacia mí. En su camino devoraba planetas, soles, estrellas, cometas, asteroides, galaxias y hasta la luz era transformada en oscuridad. Presuroso me alcanzaba, listo para devorarme.
Alguna vez leí algo sobre los agujeros negros en un libro de astronomía. Decía que se llaman así, agujeros negros, porque carecen de luz y absorben como una aspiradora a toda la materia y energía del espacio. Los agujeros negros son muy distintos a cualquier otro objeto espacial, carecen de forma y tamaño, pero evolucionan dentro de un diámetro de 15 kilómetros, su masa va desde la del sol hasta cientos de millones de veces más, se comportan como vórtices. Cualquier objeto o materia que pase dentro del horizonte del agujero negro será atraído hacia su vórtice, dentro del cual las violentas fuerzas lo estirarán de un lado y lo contraerán de otro, hasta desintegrar al cuerpo y convertirlo en parte del espacio curvo del agujero negro.
Según las teorías, los agujeros negros son grandes estrellas, que al envejecer y consumir su combustible, mueren, mas sin embargo su muerte es distinta a la muerte de todo lo demás, no desaparecen, sino que se derrumban hacia sí mismos atraídos por su gran fuerza de gravedad. Su densidad se concentra tanto que provoca un agujero invisible en el espacio capaz de devorar cualquier cosa. El agujero negro intercambia las propiedades del espacio tiempo, por lo tanto los cuerpos que caen dentro de un agujero no envejecen, sino que se achican hasta desaparecer.
Con toda esta descripción pensé en el agujero negro como un gran destructor que se llevaba a su muerte a todo lo que estuviera cerca, incluyéndome. Pero también recordé una teoría que decía que detrás de cada agujero negro hay un agujero blanco que funciona de manera inversa, dando vida a todo lo que el agujero negro absorbió, sólo cambió de forma y de lugar.
Esa teoría podría ser cierta, pero yo prefería no investigarlo.  
En pocas palabras, estaba siendo testigo de la muerte de una estrella,  que,  al no querer morir se resistía  ferozmente y en esa resistencia le provocaba la muerte a todo lo que estuviera al alcance de su horizonte. Yo seguía en su camino y en su inigualable fuerza yo era un obstáculo insignificante, casi imperceptible. 
Intenté escapar del agujero negro, me sujetaba de lo que podía, grité a los habitantes de Marus para que me auxiliaran, traté de nadar en el vacío del universo, pero su fuerza era demasiada. Pronto llegó hasta donde yo estaba y me devoró en una orgía violenta, caí en su interior y sentí como si el infierno con todas sus llamas y demonios danzaran su sepulcral danza a mí alrededor. La oscuridad era tal dentro del agujero negro que era incapaz de ver hasta la luz de mi propia mirada. Los gritos de terror se escuchaban por todos lados, mas no sé si eran gritos de otros seres devorados por el agujero negro o eran mis gritos terroríficos sonando como eco en las oscuras gargantas del demonio llamado agujero negro. Por un momento pensé que el torbellino había arrancado mi vida y que el cielo me había sido mostrado en Marus pero sólo para que mi infierno fuera más duro y ahora me encontraba en el centro del infierno. De vez en cuando veía pequeños puntos luminosos que deduje eran explosiones de las cosas devoradas por el hoyo negro. También de vez en cuando sentía en mi piel el contacto de otras pieles, con lo cual comprobé que no era yo el único ser vivo devorado por ese monstruo. Después sentí un fuerte golpe en la cabeza, la inconsciencia invadió de nuevo mi mente. No sabía si era el segundo escalón de la muerte, o si la vida me estaba llamando de nuevo, o tal vez, tan sólo era el camino de regreso a mi oscuro mundo.
En mi nueva inconsciencia tuve otra visión.
Vi al mundo pequeño y distante, así como lo había visto en el torbellino. Sólo que ahora el mundo se acercaba a mí o yo al mundo. Cuando estuve lo suficientemente cerca para verlo bien, vi cosas que me dejaron aturdido de la emoción. Algo contrario al torbellino.
Vi al mundo claro y limpio, lleno de vida por cada rincón de la esfera,  todo en equilibrio,  aunque era un equilibrio distinto al que yo había  visto en Marus;  vi a la gente ayudando a la gente; vi a los seres disfrutando su vida y aceptando su muerte; vi a cada cosa en su lugar; vi la fidelidad de mi raza, las excepciones eran extrañas.
El mundo ya no estaba cubierto por un manto negro, sino que estaba protegido por unas manos enormes que flotaban en el espacio infinito. Pero lo más maravilloso que vi fue una cadena interminable de humanos, todos tomados de la mano, dándole varias vueltas al mundo, y a una sola voz todos cantaban una hermosa canción al amor.
Esa fue mi nueva visión mientras el mundo crecía y se acercaba a mí, o viceversa. Yo pensé en mi profundo interior:
-“Si ese es mi mundo, visto con los ojos del alma, tal vez valga la pena volver”.
Con mi escasa conciencia sentí como mi cuerpo se alargaba de un lado mientras se encogía del otro, me estaba haciendo más y más pequeño, tal vez ya estaba siendo parte del espacio curvo del agujero y mi única esperanza era que al otro lado del vórtice hubiera un agujero blanco, porque sino era así, ese era el día y el lugar de mi muerte.
Desperté, mis ojos no podían abrirse y la voz no salía de mi boca, el oxigeno quemaba mis vías respiratorias, el canto de las aves y los gritos de los seres vivientes retumbaban dentro de mis oídos y la luz que golpeaba mis párpados me enloquecía. Todo mi cuerpo estaba dañado por los golpes furiosos que había recibido dentro del agujero negro, lo bueno es que obviamente ya no estaba en él. Mi interior estaba tan dañado como mi exterior,  pero  no  por  los  golpes  sino  por  el  dolor  de  haber abandonado ese mundo perfecto que yo mismo había creado. ¿De qué me sirvió crear un mundo perfecto si no puedo disfrutar de él? Tal vez, valió la pena disfrutarlo aunque fuera un instante, porque es mejor un instante de felicidad que una eternidad de dolor.
Como entre sueños escuché las voces de los caballeros del miedo que me decían que despertara, que fuera fuerte, que venciera a la sucia muerte. Ese no era mi momento ni mi lugar, tampoco era mi muerte.
Abrí los ojos después de unos minutos de batalla y reconocí el lugar, estaba tirado sobre la alfombra natural a los márgenes del ojo de agua hirviente, miré los rostros desencajados de mis amigos enmarcados por las copas de los árboles y con un claro fondo azul del cielo. Aparentemente era la mañana siguiente de cuando me fui, el tiempo no había pasado en este mundo aunque si pasó en aquel otro, recordemos, el tiempo es relativo. 
Me levanté asustado y les pregunté a los caballeros del miedo lo que había pasado.
-Cuando despertamos al salir el sol te encontramos flotando en el agua, -me dijo Leuri-.
-Creímos que habías muerto y nos asustamos mucho,     -me dijo Siry-.     
-Eres un ser extraño, tenías mucha agua en los pulmones, mas sin embargo tus labios sonreían, y lo extraño es que tus labios nunca sonríen, -me dijo Niwde-.    
-Saben amigos, -dije con una sonrisa en la boca- sonreía, pero no porque me estuviera ahogando, sino porque visité un mundo exquisito, lleno de felicidad, donde la muerte es inexistente, miré las maravillas que ustedes  no   pueden  tan    siquiera  imaginar,   fui  feliz   en  esa eternidad, arrastré las estrellas con mis manos y mis pies, y entendí la verdad del universo, yo sé que ustedes no me comprenden, pero lo que les digo en verdad pasó, yo lo viví, yo lo vi todo.    
-Me parece que el agua se te subió al cerebro, pero ya se te pasará, -me dijo Omem con su típica expresión de insensibilidad -.
No quise protestarle a Omem y a los otros, después de todo no había forma de comprobar lo que les estaba diciendo, yo mismo dudaba de que  en realidad hubiera pasado.  Mejor me lo guardé en secreto y ya veré si algún día sé lo que en realidad pasó.
Omem continuó hablando:
-Lo importante es que estás bien para ayudarnos  con el gran  problema  que  tenemos.  Nuestro  barco aún no se recupera del sueño y no podremos partir a alta mar y las  provisiones  han   escaseado  y  se  han   acabado.   Tú  estás entrenado y podrás ayudarnos a no morir de inanición en esta horrible isla, ayúdanos Mohamed. Hoy más que nunca necesitamos de tu experiencia y habilidad para salir de este problema.
(Mi entrenamiento era: cuando niño pertenecí a un club de exploradores y aprendí a hacer fogatas aún bajo la lluvia; a cazar animales salvajes; a hacer nudos para diferentes ocasiones; a cocinar al aire libre; aprendí primeros auxilios, y otras muchas cosas útiles que todo niño debiera aprender por si algún día lo necesita. Ese era mi día).
-Sí, les ayudaré y al mismo tiempo me ayudaré a mí, pero primero tienen que curarme las heridas que el hoyo negro provocó en mi cuerpo. Son dolorosas y profundas y con ellas a cuesta no podré hacer nada.
Todos me miraron con extrañeza, pues en mi cuerpo no había ni una sola herida, no en la piel, aunque todo me dolía, era muy probable que el dolor fuera interno o provocado por mi propia mente.
Vi el rostro preocupado de Omem, y tratando de serenarlo le dije:
-No se preocupen, que pronto encontraremos provisión para  nuestros  cuerpos y  para  nuestros  espíritus,   y cuando  se recupere nuestra embarcación del sueño, partiremos a tierras fértiles, ricas en alimentos y en bebidas y saciaremos nuestra hambre y nuestra sed. Y ya no me miren así –mi semblante se volvió rudo nuevamente-. Todo lo que les dije fue mentira, lo que pasa es que me quedé dormido en al agua y por poco me ahogo. (A veces es necesario mentir para no dañar). A trabajar, hay que sobrevivir.     
Todos se quedaron mirándome con sus ojos llenos de ilusiones. 
-Vamos a trabajar, -les dije-. Primero necesitamos que alguien fabrique un arma puntiaguda y que otro la use para ir a cazar. Después necesitamos un recolector de raíces para sazonar la carne,  alguien más  buscará el  vino bajo  las piedras  y en  la corteza de los árboles. Después necesitaremos que alguien traiga partículas de gigantes caídos que sirvan para encender el fuego y cocer nuestro alimento, por supuesto también necesitamos que alguien encienda el fuego, otro tendrá que buscar algún objeto que sirva de sartén para cocinar. Por último necesitaremos que alguien corte la carne y las raíces y yo me encargaré de cocinar el alimento que les devuelva la esperanza. ¿Quién se ofrece de voluntario?                                 
-Yo fabricaré el arma, -dijo Kire con entusiasmo-. Romperé esta piedra y la afilaré y la amarraré a un palo, así tendremos una lanza poderosa y alguien podrá ir a cazar a nuestro alimento.
-Yo seré el cazador, -dijo Leuri-. Soy experto en eso, muchas veces he cazado animales para comer, pronto volveré con alimento.
-Yo juntaré las raíces más deliciosas de esta isla, -dijo Uram-. Conozco las raíces y podré traer esas delicias para sazonar la carne sin peligro de envenenarnos. Comeremos deliciosamente.
-Yo buscaré el vino, -dijo Cholme.- No descansaré hasta encontrarlo y traerlo para saciar la sed. No tengo tantas habilidades como ustedes, pero soy de gran tesón.
Siry dijo:
-Yo iré en busca de los maderos que quemarán el alimento, pronto volveré con suficientes maderos secos, no verdes para que no se enoje el Vedor, sino los que ya hace tiempo han caído, ellos nos darán fuego para cocinar la carne.
-Yo buscaré un pedazo de metal que nos sirva de sartén para cocinar, -dijo Niwde y se fue corriendo-.
-Yo encenderé el fuego con el último fósforo que me queda,  -dijo Wu-. Debemos proteger al fuego para que no se apague con el viento, pues no hay más fósforos.
-Muy bien, -dijo Omem-, yo seré quien corte la carne y las raíces para que Mohamed pueda cocinar el alimento.    
Pronto cumplimos con nuestras labores, todos de buena forma y rápido como solíamos hacerlo. Conseguimos alimento sabroso y lo cocinamos en el fuego y el vino era delicioso.
Nuestros cuerpos y nuestros espíritus se saciaron, se llenaron de nuevas fuerzas y esperanzas. Ya sólo nos quedaba esperar que nuestra embarcación estuviera lista para emprender el viaje nuevamente.
El resto del día jugamos en las entrañas del agua hirviente   y   de   vez   en   cuando   mirábamos   hacia   nuestra embarcación con la esperanza de que se recuperara del sueño y así poder volver a alta mar.
Nadie decía nada, pero todos deseábamos volver a nuestros hogares, aunque renegábamos mucho de ellos, pero el abandono nos hacia suspirar por lo que decíamos odiar.

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