domingo, 26 de febrero de 2012

QUISE SER…




Un día, mientras me despreciaba a mí mismo, sumido entre la monotonía vulgar diaria del trabajo y la vida, me puse a pensar en lo difícil que es ser un ser humano, con todos los dolores, sufrimientos, decepciones, cansancio, la muerte y otras cosas que nos marginan a nuestro propio quejar. Así que viendo todas estas cosas decidí que ya no quería ser un ser humano.
            Quise ser… una ola de mar. Pensé que siendo una ola de mar podría quitarme la rutina de encima de mis hombros, podría conocer nuevos lugares a cada momento y ver seres maravillosos en cada uno de esos lugares, siempre estaría fresco y regalaría alegría, paz y alimento a otros seres. Pero, cuando llegué a una playa, mucha gente corrió hacia mí y me golpeo fuertemente, arrojaron basura dentro de mí y terminé deshaciéndome entre la arena de la playa, y ya no quise ser una ola de mar.
            Quise ser… una nube blanca. Pensé que siendo una nube podría ver toda la belleza del mundo desde los cielos y le regalaría agua a los sedientos, sombra a los cansados y esperanza a los desanimados. Pero cuando el viento me llevó hasta el cielo que cubría una enorme ciudad, vi desde el cielo todo el mal que se hacía allá abajo, vi robos, homicidios y muchos otros crímenes, y terminé siendo nada porque lloré hasta desaparecer, y ya no quise ser una nube.
            Quise ser… un enorme bosque. Pensé que siendo un bosque le daría protección a muchos seres y que sobrevivirían  gracias  a  mí.  Los  huecos  de  mis  árboles servirían de madrigueras y en mis ramas se podrían construir nidos.   Mis frutos servirían de alimento y de mis ríos beberían los seres que vinieran hasta mí. Pero cuando me convertí en bosque llegaron unos hombres perversos y cortaron mis troncos, mataron a mis seres vivientes y contaminaron mis ríos. Todo esto me dolió muchísimo desde mi piel a mi centro, y ya no quise ser un enorme bosque.  
            Quise ser… un fiero león. Pensé que siendo un fiero león, todos me respetarían y me tendrían temor, pensé que sería el rey de la selva, que dominaría todos mis territorios y que todos se inclinarían frente a mí. Pero cuando fui león, me vi solo, todos me tenían tanto miedo que no se atrevían a acercarse a mí. Después un cazador me disparó y tuve que huir y no hubo nadie que me ayudara, y ya no quise ser un fiero león.
            Quise ser… una pluma de ave flotando en el viento. Pensé que siendo una pluma de ave encontraría la paz, que el viento me movería de un lado a otro con delicadeza y que nadie me molestaría o dañaría jamás. Pero cuando fui pluma de ave no tuve control de mi mismo, el viento hacia lo que quería conmigo y me llevaba a donde el iba. En una ocasión el viento sopló tan fuerte que me estrujó y me lastimó, y ya no quise ser una pluma de ave flotando en el viento.
            Quise ser… una piedra de oro. Pensé que siendo una piedra de oro todo el mundo me apreciaría y hasta se pelearían por mí. Pensé en lo hermoso que sería adornar el delicado cuello de una hermosa dama o el fuerte dedo de un caballero. Cuando fui piedra de oro me sentí amado, pero, con el paso del tiempo me di cuenta de que todo era aparente,  realmente la  gente no  me apreciaba  por lo que yo era, sino por lo que valía, entonces pensé que si fuera cualquier otro  tipo de  piedra  la gente  me  patearía o  me arrojaría al fondo de un río y ya no quise ser una piedra de oro.
            Quise ser… cualquier otra cosa de lo que no era. Cualquier cosa que juzgara mejor que yo. Pero me di cuenta de que todas las cosas tienen sus dificultades, problemas y dolores, pero también sus sueños, virtudes y alegrías, así que ya no quise ser cualquier otra cosa. Mejor, -me dije-, iré a buscar lo bueno que hay en mi vida y ya no me quejaré más.

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