Un día, mientras me despreciaba a mí mismo, sumido entre la monotonía
vulgar diaria del trabajo y la vida, me puse a pensar en lo difícil que es ser
un ser humano, con todos los dolores, sufrimientos, decepciones, cansancio, la
muerte y otras cosas que nos marginan a nuestro propio quejar. Así que viendo
todas estas cosas decidí que ya no quería ser un ser humano.
Quise ser… una ola de mar. Pensé que siendo una ola de
mar podría quitarme la rutina de encima de mis hombros, podría conocer nuevos
lugares a cada momento y ver seres maravillosos en cada uno de esos lugares,
siempre estaría fresco y regalaría alegría, paz y alimento a otros seres. Pero,
cuando llegué a una playa, mucha gente corrió hacia mí y me golpeo fuertemente,
arrojaron basura dentro de mí y terminé deshaciéndome entre la arena de la
playa, y ya no quise ser una ola de mar.
Quise ser… una nube blanca. Pensé que siendo una nube
podría ver toda la belleza del mundo desde los cielos y le regalaría agua a los
sedientos, sombra a los cansados y esperanza a los desanimados. Pero cuando el
viento me llevó hasta el cielo que cubría una enorme ciudad, vi desde el cielo
todo el mal que se hacía allá abajo, vi robos, homicidios y muchos otros
crímenes, y terminé siendo nada porque lloré hasta desaparecer, y ya no quise
ser una nube.
Quise ser… un enorme bosque. Pensé que siendo un bosque
le daría protección a muchos seres y que sobrevivirían gracias
a mí. Los
huecos de mis
árboles servirían de madrigueras y en mis ramas se podrían construir
nidos. Mis frutos servirían de alimento
y de mis ríos beberían los seres que vinieran hasta mí. Pero cuando me convertí
en bosque llegaron unos hombres perversos y cortaron mis troncos, mataron a mis
seres vivientes y contaminaron mis ríos. Todo esto me dolió muchísimo desde mi
piel a mi centro, y ya no quise ser un enorme bosque.
Quise ser… un fiero león. Pensé que siendo un fiero león,
todos me respetarían y me tendrían temor, pensé que sería el rey de la selva,
que dominaría todos mis territorios y que todos se inclinarían frente a mí. Pero
cuando fui león, me vi solo, todos me tenían tanto miedo que no se atrevían a
acercarse a mí. Después un cazador me disparó y tuve que huir y no hubo nadie
que me ayudara, y ya no quise ser un fiero león.
Quise ser… una pluma de ave flotando en el viento. Pensé
que siendo una pluma de ave encontraría la paz, que el viento me movería de un
lado a otro con delicadeza y que nadie me molestaría o dañaría jamás. Pero
cuando fui pluma de ave no tuve control de mi mismo, el viento hacia lo que
quería conmigo y me llevaba a donde el iba. En una ocasión el viento sopló tan
fuerte que me estrujó y me lastimó, y ya no quise ser una pluma de ave flotando
en el viento.
Quise ser… una piedra de oro. Pensé que siendo una piedra
de oro todo el mundo me apreciaría y hasta se pelearían por mí. Pensé en lo
hermoso que sería adornar el delicado cuello de una hermosa dama o el fuerte
dedo de un caballero. Cuando fui piedra de oro me sentí amado, pero, con el
paso del tiempo me di cuenta de que todo era aparente, realmente la
gente no me apreciaba por lo que yo era, sino por lo que valía,
entonces pensé que si fuera cualquier otro
tipo de piedra la gente
me patearía o me arrojaría al fondo de un río y ya no quise
ser una piedra de oro.
Quise ser… cualquier otra cosa de lo que no era.
Cualquier cosa que juzgara mejor que yo. Pero me di cuenta de que todas las
cosas tienen sus dificultades, problemas y dolores, pero también sus sueños,
virtudes y alegrías, así que ya no quise ser cualquier otra cosa. Mejor, -me
dije-, iré a buscar lo bueno que hay en mi vida y ya no me quejaré más.
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