Nunca digas que es un misterio este misterio, porque yo lo vi, en el
amanecer que hay en cada atardecer y en el atardecer de cada amanecer, lo vi en
el día que vive en el corazón de la noche y en la noche que vive en el alma del
día, yo lo vi en esto y en más.
Un camino sinuoso al principio y al
final en el centro del bosque de las ilusiones me encaminaba al paraíso del
amor, un lugar escondido a este mundo en donde muy pocos han logrado llegar y
menos son los que han regresado. Caminé en el bosque de las ilusiones durante
mucho tiempo y me detenía de vez en cuando a observar la naturaleza, poco a
poco fui entendiendo que todos somos un todo, el árbol está desnudo y el venado
también y el águila y todos, pero no importa, porque todos somos una misma
naturaleza.
El camino sinuoso no seguía más,
frente a mí estaba la entrada al paraíso del amor, sin embargo, este extraño
paraíso estaba protegido por grandes muros de espinas y su reja principal
estaba envuelta en fuego y hielo a la vez.
-Quiero entrar al paraíso del amor,
-grité en alta voz-.
Una voz poderosa y dulce contestó:
-Únicamente los que tengan el
símbolo del amor en el corazón pueden entrar al paraíso del amor, los que no
tienen el símbolo deben vivir para siempre en el bosque de las ilusiones.
-Yo tengo el símbolo del amor en el
corazón, -dije lleno de esperanzas-. Tengo a quien amar y quien me ame, me he
entregado completamente al amor. Estoy seguro de que puedo entrar al paraíso
del amor.
-Eso es mentira, -dijo la voz-. Amar
no es lo mismo que querer. No es besar y acariciar. Amar es vivir y morir por
lo amado. Tú no tienes el símbolo del amor en el corazón, no puedes entrar en
este paraíso.
Me alejé del paraíso del amor con
lágrimas en los ojos, había caminado mucho para llegar a ese lugar, el camino
había sido sinuoso y múltiples problemas me habían atacado. Siempre creí que
tenía amor en mi corazón y todo para qué, fui rechazado del paraíso del amor.
Regresaba por el camino sinuoso en
medio del bosque de las ilusiones cuando me embargó un pensamiento. No era
justo que únicamente los que tuvieran el símbolo del amor en el corazón
entraran al paraíso del amor, tal vez si lograba entrar conocería al verdadero
amor. Con ese pensamiento en mente regrese a la puerta del paraíso y le reclamé
a la voz mi pensamiento. La voz del paraíso del amor guardó silencio mientras
pensaba y después de un momento me dijo:
-Tal vez tengas razón, tal vez
adentro encuentres al amor. Pero te aviso que si te dejo entrar no me haré
responsable de lo que te pueda suceder.
-¡Está bien!, -contesté ilusionado-.
En ese momento la puerta de fuego y
hielo del paraíso comenzó a abrirse. Adentro había un maravilloso jardín, con
cascadas, ríos, nubes y seres perfectos. El paraíso del amor era exactamente
eso, un paraíso, sin embargo el amor no lo pude ver en ningún lugar del
paraíso.
Antes
de entrar noté que no había hospitales porque no había enfermos; ni santos
porque no había demonios; tampoco cárcel
porque no había crimen. Todo esto noté y
me animé a entrar al paraíso a pesar de no tener el símbolo del amor. En cuanto
entré al paraíso perdí todos mis sentidos, ni uno solo de ellos quedó en mí. El
viento era tan fuerte que silbaba en cada lugar que tocaba y me mecía de un
lado a otro como si fuera una hoja seca, mas no lo pude sentir porque toda mi
piel era insensible. Un fuego abrasador brincaba de un lado a otro dentro del
paraíso y me quemaba el ser, mas no lo pude ver porque mis ojos eran ciegos.
Una lluvia de relámpagos caía a mi alrededor y sacudía todo ese mundo nuevo,
mas no los pude oír porque mis oídos eran sordos. En el viento, en la yerba, en
la tierra y en el agua había un dulce sabor, mas no lo pude gustar porque había
perdido el sentido del gusto. Un aroma delicado se escondía en cada molécula
del viento y me transportaba como un río a un fragmento de piel, mas no lo pude
oler porque mi olfato estaba muerto. Después recuperé mis sentidos, sentí al
viento como a una caricia, vi al fuego como una chispa, escuché los relámpagos
como a un canto, gusté del sabor del paraíso y olí el delicado aroma del amor.
Comencé a caminar por el paraíso en
busca del símbolo del amor y de pronto me encontré con una musa desnuda en su
totalidad, vestida con la ropa que Dios le dio y pude verla sin morbo porque el
morbo no existe en el amor. La musa con
voz de miel me dijo:
-Estás en busca del símbolo del amor
en este paraíso, pero para encontrar debes primero perder.
Entonces la musa tocó mi corazón con
su delicada mano y me arrancó una tela oscura invisible que lo cubría por
completo y con la misma tela cubrió mis labios.
-Esto
es simple, -dijo la musa-. La tela te impide sentir amor en tu corazón, pero al quitártela, sentirás todo el amor. Al poner la tela en
tus labios aprenderás a callar lo que no debes decir. Ya estás listo para
recibir el símbolo del amor.
La musa besó mis labios y me
desnudó, con un leve toque de su dedo marcó el símbolo del amor en mi corazón.
Inmediatamente me sentí diferente, más feliz, más completo.
La musa con una perla de sal y agua
en sus ojos y con mis labios aún marcados en su piel, me dijo:
-Vete del paraíso del amor, que tal
cosa no existe, el paraíso lo hace cada quien en su corazón y en el corazón de
lo amado.
Me fui del paraíso del amor con su
símbolo en mi corazón. El camino fue tranquilo y hermoso. El bosque de las
ilusiones sonreía junto con todos sus seres. Mi destino también me esperaba
lleno de amor.
Nunca digas que es un misterio este
misterio, porque tan sólo es un secreto.
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