Un pino y un nogal se mecían al poderoso contacto del viento. Sus ramas
más altas chocaban entre si, las hojas y pequeños fragmentos de madera caían
ante el choque hasta tocar la tierra.
-¿Qué fuerza nos obliga a chocar
entre nosotros? –Preguntó el pino-.
El nogal, pensando muy seriamente,
dijo:
-Es el destino, esa es la fuerza que
nos impulsa a chocar.
-¿Pero que es el destino? –Preguntó
de nuevo el pino-.
El destino es una fuerza que no
puedo explicar, es lo que rige la existencia de todos. El destino escribió en
su libro que tú y yo viviéramos uno junto al otro y también escribió que una
fuerza invisible nos haría chocar.
El pino se quedó muy serio durante
algunos minutos y después de meditar dijo:
-Sabes nogal, creo que el destino no
existe. Yo pienso que no todo está escrito, mas bien pienso que la fuerza que
nos impulsa a chocar entre nosotros ha sido la suerte. Por suerte, nacimos,
crecimos, vivimos uno junto al otro y chocamos nuestras altas ramas.
-Piensa lo que quieras, -dijo el
nogal-. Suerte o destino, el caso es que la fuerza me empieza a lastimar.
-Sí, a mí también me lastima, -dijo
el pino-.
El viento escuchó toda la plática y
burlándose de ellos gritó:
-Que pino tan tonto y que nogal tan
ingenuo. Ni suerte ni destino los impulsa a chocar, sólo es el viento, sólo es
el viento.
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