martes, 28 de febrero de 2012

SABIO





Un sabio y su lacayo caminaban en una oscura noche por el bosque.
            -Que noche tan tenebrosa, no puedo ver más allá de mi conciencia, -dijo el lacayo-.
            El sabio, caminando lentamente ante la oscuridad y escuchando el sonido de sus pasos para no caer, dijo:
            -La noche es bella si aprendes a ver en ella y tras su velo se esconde la más maravillosa mañana.
            Siguieron caminando y de vez en cuando el sabio daba lecciones a su lacayo:
            -Las estrellas son las sonrisas que Dios puso en el cielo para salvar a los que viven en la oscuridad.
            Silencio.
            -Las sombras de la noche son guías que nos llevan al silencio de los sueños y al descanso del cansancio.
            Más silencio.
            -La luna es el vigía que la Madre naturaleza brindó a los extranjeros del día.
            Un último silencio hasta que la mañana llegó.
            -Que día tan caluroso, me derrito ante los poderosos rayos del sol, -dijo el lacayo-.
            El sabio, disfrutando cada gota de sudor y viendo siempre al frente del camino, dijo:
            -El día es hermoso si aprendes a ver en él y tras su fuego se esconde la más bella noche.
Continuaron caminando en silencio hasta que el sabio preguntó:
            -Lacayo, ¿qué quieres ser en la vida?
            -Quiero ser grande, -respondió sin duda-. Quiero ser el más grande de todos los hombres.
            El sabio, con toda la sabiduría que el tiempo le había brindado, dijo:
            -Para ser grande debes primero ser pequeño. Mira esa pequeña planta, algún día, con mucho esfuerzo y sorteando peligros, llegará a ser el árbol más majestuoso del bosque. Mira esa piedra, es insignificante y muerta, pero en el futuro, con el esfuerzo, sudor y la sangre de mil hombres llegará a ser un templo. Mira a los hombres, pequeños, insignificantes a la inmensidad del universo, pero algún día será el tesoro del cielo y del paraíso. Debes ser pequeño lacayo, muy pequeño y esforzarte grandemente para llegar a ser grande.
            El sabio y el lacayo continuaron su camino en silencio como un par de diminutas hormigas en el más grande de los universos.

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