En los ojos arrugados de un viejo vi el pasado.
El viejo, con la seriedad y la
sapiencia que el tiempo da, me dijo:
-Este no es el pasado; es el
presente en ruinas; es la piedra angular de un templo antiguo; es el presente
que se va y el futuro que no llegará jamás.
En los ojos despiertos de un joven
vi el presente.
El joven, con el impulso y el ánimo
que la vida completa da, me dijo:
-Este no es el presente; es el
futuro en construcción; es la última piedra colocada en un templo moderno; es
el pasado que se fue y el futuro que pronto vendrá.
En los ojos soñadores de un niño vi
el futuro.
El niño, con la curiosidad y la
alegría que un mundo nuevo da, me dijo:
-Este no es el futuro; es el pasado
en cimentación; es la piedra que ya usada construye un templo nuevo; es el
pasado que nunca se fue y el presente que nos hará soñar.
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