Fue como si hubiese sido arrancado repentinamente del centro de la
tempestad del vaso de agua y colocado en los brazos de la paz…
Yo
también quiero llorar, como lloran las estrellas frías desde el cielo hasta el
mar, como lloran las caricias cuando no saben amar, yo también quiero
llorar…
…Y
lloré, escondido de las miradas de la gente, escondido de mí mismo. Entré al
lugar más santo que encontré y ahí con la luz apagada lloré, miraba con mis
ojos pañosos hacia el cielo pidiendo que un ángel bajara a consolarme, pero eso
no sucedía. No sé cuanto tiempo pasó, tal vez fueron unos segundos, tal vez
minutos o tal vez horas, no lo sé.
Cuando
ya estaba perdiendo la esperanza de que un ángel viniera a
consolarme, escuché que
la puerta se abría
y vi la silueta de una mujer, esa
silueta me era muy familiar, su dueña es también la dueña de mi corazón, de mi
vida y de mi amor. Entró apresuradamente y me abrazó, me dio un beso y me dijo
al oído que me amaba.
Recuerdo
muy bien lo que me dijo después:
-“Esta
noche no es una noche para llorar, es una noche feliz, donde todos debemos
sonreír, es una noche para amar.”
Me
abrazó fuertemente y secó mis lágrimas y nos fuimos tomados de la mano de aquel
santo lugar.
Los
días pasaron y seguía sintiendo un dolor dentro de mí y una tristeza porque el
ángel que tanto necesitaba no había llegado.
Y
una noche en sueños, escuché una voz que me decía:
-“No
todos los ángeles tienen alas, ni todos los ángeles están rodeados por una
hermosa luz. Hay algunos ángeles que son de carne y
hueso, los puedes ver en
todo momento, los
puedes tocar, puedes platicar con ellos, no vienen del cielo, estos
ángeles viven junto a ti.
Y
puedes reconocerlos fácilmente pues tienen cuatro ojos, tienen dos para mirar
tu cuerpo, otro para mirar tu alma y el cuarto para ver dentro de tu corazón.
No necesitas orar mucho para que vengan a ti, sólo pídeselos y vendrán pronto,
tu ángel siempre ha estado a tu lado”
En
ese instante desperté y comprendí, la mujer que amo, además de ser la dueña de
mi vida y de todo lo que tengo, también es uno de mis ángeles.
Sentí
una paz inmensa dentro de mí y el dolor desapareció. Le doy gracias al cielo
por el maravilloso ángel que me envió.
Fue
como si hubiese sido arrancado repentinamente del centro de la tempestad y
colocado en los brazos del amor….
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