domingo, 26 de febrero de 2012

LA TEMPESTAD



Fue como si hubiese sido arrancado repentinamente del centro de la tempestad del vaso de agua y colocado en los brazos de la paz…     
Yo también quiero llorar, como lloran las estrellas frías desde el cielo hasta el mar, como lloran las caricias cuando no saben amar, yo también quiero llorar…    
…Y lloré, escondido de las miradas de la gente, escondido de mí mismo. Entré al lugar más santo que encontré y ahí con la luz apagada lloré, miraba con mis ojos pañosos hacia el cielo pidiendo que un ángel bajara a consolarme, pero eso no sucedía. No sé cuanto tiempo pasó, tal vez fueron unos segundos, tal vez minutos o tal vez horas, no lo sé.
Cuando ya estaba perdiendo la esperanza de que un ángel viniera  a  consolarme,  escuché  que  la  puerta  se abría  y vi  la silueta de una mujer, esa silueta me era muy familiar, su dueña es también la dueña de mi corazón, de mi vida y de mi amor. Entró apresuradamente y me abrazó, me dio un beso y me dijo al oído que me amaba.
Recuerdo muy bien lo que me dijo después:
-“Esta noche no es una noche para llorar, es una noche feliz, donde todos debemos sonreír, es una noche para amar.”
Me abrazó fuertemente y secó mis lágrimas y nos fuimos tomados de la mano de aquel santo lugar.    
Los días pasaron y seguía sintiendo un dolor dentro de mí y una tristeza porque el ángel que tanto necesitaba no había llegado.
Y una noche en sueños, escuché una voz que me decía:
-“No todos los ángeles tienen alas, ni todos los ángeles están rodeados por una hermosa luz. Hay algunos ángeles que son de carne  y  hueso,  los puedes  ver en  todo  momento,  los  puedes tocar, puedes platicar con ellos, no vienen del cielo, estos ángeles viven junto a ti.    
Y puedes reconocerlos fácilmente pues tienen cuatro ojos, tienen dos para mirar tu cuerpo, otro para mirar tu alma y el cuarto para ver dentro de tu corazón. No necesitas orar mucho para que vengan a ti, sólo pídeselos y vendrán pronto, tu ángel siempre ha estado a tu lado”   
En ese instante desperté y comprendí, la mujer que amo, además de ser la dueña de mi vida y de todo lo que tengo, también es uno de mis ángeles.
Sentí una paz inmensa dentro de mí y el dolor desapareció. Le doy gracias al cielo por el maravilloso ángel que me envió.    
Fue como si hubiese sido arrancado repentinamente del centro de la tempestad y colocado en los brazos del amor….    

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