martes, 14 de febrero de 2012

CAPITULO 09 VISITANDO ISLAS


Un día, mientras sembraba algunas verduras escuché la voz de Manora y de Leimara. Salí del huerto para ver lo que pasaba y vi que mis dos amadas mujeres corrían hacia mí.
-¿Qué pasa? –les pregunté-.
Leimara con su tierna voz me dijo:
-Un monstruo marino enorme se acerca a nuestro hogar, es un monstruo diferente a todos los que conozco, es terrible y hace un ruido espantoso, hecha humo por un tubo y es muy rápido.
Manora soltó una carcajada, y me dijo:
-Es un barco y se dirige directo a nuestra isla.
            ¿Un barco? –Pensé-, ¿quién podrá ser y que quiere en nuestra isla?
            Los tres corrimos apresurados a la playa y esperamos con impaciencia a que llegara el barco y que sus tripulantes descendieran de él. Nos sentamos en la arena y arrojábamos caracoles al agua mientras el barco visitante se hacía cada vez más grande. Yo tenía un poco de temor de que aquellos que venían en el barco fueran piratas u otro tipo de malhechores, pero algo en mi interior me decía que lo que iba a bajar de ese barco era una linda sorpresa.
            Nuestra isla estaba hermosa, habíamos construido una casa bonita y teníamos huertos surtidos de frutas y vegetales. Toda la isla era encantadora. Sea quien sea el visitante quedará fascinado con nuestra isla. Podrá saborear nuestros ricos alimentos y estar cómodo con nuestra hospitalidad. En realidad, teníamos mucho tiempo esperando que alguien nos visitara para poder ser hospitalarios.
            Quince minutos después el barco detuvo su marcha y ancló a unos cientos de metros de la playa. Del gran barco salió un pequeño bote de remos y lo tripularon tres personas, un hombre, una mujer y una pequeña niña. El hombre comenzó a remar hacia la playa.
            Yo me sumí en mis pensamientos mientras esperábamos al barco visitante. Recordaba la vida antes y después del naufragio, lo anterior como un oscuro velo de niebla y lo posterior como una tranquilidad inmensa, exceptuando el momento horroroso que acababa de vivir en la isla de los demonios. Recordaba también el nacimiento de Leimara y la felicidad que eso nos trajo a una isla desierta que parecía una cárcel, Leimara la había transformado en un hogar. Leimara crecía lentamente y cada día era más hermosa.
Manora ya conocía mis momentos de silencio y había aprendido a respetarlos...
-Parecen nuestras almas gemelas. –Dijo Manora-.
Yo sólo la miré con un poco de reproche, pues mi conciencia no me permitía creer en tales cosas a pesar de mis vivencias sobrenaturales.
-Tal vez lo sean, estamos viendo nuestros dobles. –continuó-.
Yo seguí en mi silencio.
Después de algunos minutos, la pequeña embarcación llegó con sus tripulantes a la playa de nuestra isla. Del bote se bajó únicamente el hombre y enseguida lo reconocí. Era mi querido amigo Omem Jerubi.
            Omem se acercó a mí y yo me acerqué a él y nos abrazamos fuertemente. Lo vi y me vio como si acabáramos de encontrar un tesoro perdido en el fondo del mar después de una enorme tempestad. Mi sensación interna se había vuelto realidad, había sido una maravillosa sorpresa, la mejor en mucho tiempo. De nuevo estábamos juntos Omem y yo, como en los viejos tiempos.
-Pero que sorpresa tan agradable, ¿qué tormenta los trae por nuestra isla?
-He extrañado a los caballeros del miedo como no tienes una idea, -dijo Omem con lágrimas en los ojos-. Pero principalmente a ti Mohamed. Es por eso que decidí construir un barco para poderte visitar a ti y a los caballeros del miedo. Permíteme presentarte a mi familia, ella es mi mujer Senaiya Dulun y ella es mi hija Bely. Ahora los son todo para mí, pero aún así, los caballeros del miedo me hacen falta.
Saludé a la familia de Omem y al mismo tiempo le presenté a la mía.
Durante mucho tiempo estuvimos hablando de nuestras vidas pasadas y de nuestras vidas en las islas que nos protegían después del naufragio. Yo le platiqué a Omem como había sido mi soledad en la isla y la forma en como Manora había llegado a mi lado. También le platiqué del nacimiento de Leimara y de toda nuestra felicidad. Además de todo eso, también le dije que de vez en cuando escuchaba las voces de los caballeros del miedo retumbando en las ondas del viento, pero que al paso de los años, las voces se habían debilitado hasta desaparecer por completo. Ya no sabía nada de aquellos con los cuales había compartido tantas aventuras.
Omem me escuchó con atención e interés y cuando terminé de hablar, él comenzó a platicarme su historia. Nuestras mujeres cocinaban la cena y nuestras pequeñas jugaban con la fina arena de la playa mientras nosotros hablábamos con palabras reales.
Esto fue lo que Omem me contó:
-Mi peor miedo era estar solo, no quería que el destino nos alcanzara ni que nuestros caminos se bifurcaran, ya una vez estuve solo y fue doloroso, esa fue la razón por la cual los obligué a  hacer promesas  que bien  sabía no  serían  cumplidas. Pero el miedo pronto desapareció, porque al llegar a la isla después del naufragio me encontré en la playa a una mujer que había escapado de sus torturas. Pronto descubrimos que yo era su destino y ella el mío, unimos nuestras vidas y de nosotros brotó una flor llamada Bely. Sólo me quedó la dicha de olvidar mis temores y comenzar de nuevo a vivir. Mi isla es algo volcánica, continuamente hay pequeñas explosiones, pero hemos aprendido a escapar de la hirviente lava pues es igual que el agua, siempre sigue su mismo curso. Por lo demás mi isla es tranquila, no hay muchas bestias salvajes, ni insectos venenosos, tampoco hay aborígenes violentos, los pocos que hay son tranquilos y se dedican a sembrar y pescar en los lagos y el mar. Así es mi isla, muy diferente a la tuya Mohamed. Tu isla es realmente hermosa, has hecho un gran trabajo en ella y tu familia, también es perfecta, me da mucho gusto ver que nuestras vidas han mejorado y que ya no somos los oscuros que antes fuimos.
Muchas horas pasaron como si nunca hubieran pasado. Omem y yo conversamos hasta altas horas de la madrugada, aún cuando nuestras familias ya se habían dormido. Apenas si probamos la cena, a pesar de que estaba deliciosa, pero en verdad, la plática lo era más.
Varios días pasaron desde la llegada de Omem y su familia, y fueron días muy felices. Durante esos días Omem y Senaiya trataron de convencernos de que fuéramos juntos a visitar las islas de los caballeros del miedo, pero, tanto Manora como yo teníamos miedo del mar, pues ya habíamos sido victimas de su ira. Además estábamos felices ahí, no había ninguna necesidad de salir a mar abierto arriesgándolo todo de nuevo.
-En los años en los que hemos estado en la isla construí un barco por si algún día lo necesitábamos,  pero esperábamos nunca tener que utilizarlo. –Le dije a Omem en un tono suplicante para que ya no insistiera en visitar las islas de los caballeros del miedo-.
Omem insistió mucho que visitáramos las islas. El carácter frío y duro de Omem se había transformado en un carácter muy agradable y el mío también había sido cambiado, así que por fin accedí a visitar las islas de los caballeros del miedo, en acuerdo con Manora y Leimara por supuesto.
Los seis hicimos preparativos para navegar, cada familia en  su  barco,  pero  todos  juntos  a  la vez.   Las  embarcaciones estuvieron listas y nosotros, aunque con un poco de temor, también estuvimos listos. Llevábamos ropa, cosas personales y provisiones para muchos meses de viaje. Por lo menos de hambre no íbamos a morir, ni de frío, faltaba escuchar lo que el mar opinaba.
De nuevo nos lanzamos al mar, en busca de los caballeros del miedo y de nuestro propio destino. Sino es que éste nos había alcanzado ya.
Los dos barcos cortaban las aguas azules del mar y avanzaban decididos hacia su meta. Las olas eran tranquilas y el cielo absolutamente despejado, pero toda esa quietud me asustaba y me parecía aparente e hipócrita. (¿Será que los miedos de eventos pasados te enredan en una actitud paranoica sin sentido?) Mi mirada constantemente apuntaba al horizonte esperando una nube traicionera.
El barco de Omem viajaba por delante y nosotros lo seguíamos. Omem, gracias a las voces de los caballeros del miedo había trazado un mapa muy exacto de las islas donde se encontraban cada uno de nuestros amigos. Seguimos el mapa a la perfección, y un poco antes de que el sol se ocultara tras el agua divisamos una isla. Era pequeña, muy cercana a la mía y parecida también. 
-Es la isla de Wu. –Gritó Omem-.
Pronto llegamos a la playa y descendimos de nuestros barcos. Wu nos recibió con alegría, nos presentó a los que vivían con él en esa isla y al mismo tiempo conoció a las familias de los recién llegados.
El sol pronto se ocultó debajo de las aguas quietas del mar y Wu encendió una fogata como aquella de la isla del abandono. Alrededor de la fogata cenamos y reímos durante horas, el recuerdo del pasado cuando éramos parte de una misma aventura nos alimentó el alma. Así mismo, Wu nos contó su historia después del naufragio.
Horas después Wu se quedó en un silencio meditabundo y mirándonos con recelo dijo:
-Mohamed, Omem. ¿Cuál es la verdadera razón de su visita?
Omem se levantó del tronco de madera en el que estaba sentado y con fuerza dijo:
-Mohamed y yo hemos venido a tu isla con el propósito de que viajes  con  nosotros  en  busca  de los  otros  caballeros  del miedo. Es nuestra intención reunirnos otra vez en la isla del Vedor. Estar todos juntos y conocer nuestras vidas después del naufragio que con crueldad nos separó.
Wu agachó la mirada y meneó la cabeza negativamente. Sus palabras fueron una flecha envenenada a nuestra ilusión:
-Vestí de azul a los cometas y miré más allá de lo que nunca pude mirar, porque la traición recorrió mi mundo entero, mi corazón estuvo de luto, pues murió mi esperanza y murió mi razón en aquel día del naufragio. Cuando el mar me trajo a esta isla caí con la cara hacia arriba y no vi las estrellas, cuando recuperé la conciencia y vi los estragos de la tempestad, pensé: “Los caballeros del miedo han escrito su testamento sobre el mar”. Pero la noche aún era muy oscura y me dije a mí  mismo: “Caminaré entre la  inmensa oscuridad,  si tropiezo, tal vez no me levante más, y si no caigo tocaré con un leve toque al amanecer”. Y todas las promesas se fueron al olvido, porque gracias al naufragio y a esta playa pude ver y ser feliz por primera vez en mi vida, aquí defiendo la justicia y les pido perdón por no poder ir con ustedes, pero mando mi saludo a cada uno de los caballeros del miedo. Espero que ellos, ya hallan encontrado a una mujer y a su familia como ustedes dos, yo aquí  seguiré  esperando mi  oportunidad.  Esta isla  me lo ha dado todo, es rica en alimento y la gente que aquí vive está deseosa de la protección que sólo yo les puedo dar. No puedo abandonar a la isla y a sus habitantes, no puedo hacerlo. Necesito que me den su comprensión y no me juzguen como un cobarde.  
Esas palabras nos entristecieron, era el primer fracaso de nuestro viaje por las islas. Esa noche descansamos en la isla de Wu y a la mañana siguiente zarpamos rumbo a otra isla. Nos despedimos con mucha tristeza de Wu, aunque al mismo tiempo íbamos felices de haberlo visto. Él, lloró a nuestra partida arrodillado sobre la arena de la playa y con su mano nos decía adiós o hasta luego, no lo sé.
Nuevamente nos lanzamos a las tranquilas olas del mar y nos dirigimos a la siguiente isla guiados por el mapa de Omem. Tres días después llegamos a otra isla, después de que habíamos sorteado un problema mecánico en mi barco que nos retrasó un poco dentro de nuestros planes.
-Es la isla de Kire, -dijo Omem con un semblante de tristeza-
Llegamos a la playa de la isla de Kire y bajamos en sus calidas arenas. Omem y Kire habían tenido un problema en el pasado que nadie conocía, pero indudablemente, a pesar del paso del tiempo y de la gran distancia, aún sentían un cierto distanciamiento. A pesar de esto, Kire nos recibió con un fuerte abrazo. Durante ese día nadamos en los hermosos estanques de la isla y comimos de sus exóticos frutos. Al llegar la noche, antes de dormir, Omem le dijo a Kire el motivo de nuestra visita. Kire nos miró fijamente y sonriendo nos dijo:
-Escondí mis manos a mi rostro, escondí mis palabras a mis oídos, escondí la luz a mis ojos y busqué ciego por mi isla buscando la noche de las promesas, pero nunca la pude encontrar. Y grité a los cuatro puntos cardinales de esta isla las siguientes palabras: “Los cautivos  que se  han ido,  los cautivos que se irán, no son polvo, son un mar. Los guerreros que han caído, los guerreros que caerán, no son polvo, son un mar.” Pero a pesar de   mi dolor le  juré a mi isla  que permanecería  en ella hasta que sangre la sangre y hasta que muera la muerte. Y Omem, si pudieras mirar dentro de mi corazón, no tendría que pedirte perdón. Pero después me di cuenta que el mar me había llevado a una playa suave y fértil y conocí a la mujer de mis sueños, ella es Tura y espero que muy pronto sea mi esposa. Así espero que ustedes me entiendan por no ir a su viaje con los caballeros del miedo, pues también ustedes han encontrado a la mujer de sus sueños”.
-Te entendemos perfectamente, -le dije a Kire-. No te preocupes por nada, nosotros saludaremos a los caballeros del miedo de tu parte. Debo admitir que nos da tristeza que no nos acompañes, pues era nuestro deseo que estuviésemos juntos otra vez, pero aceptáremos tu decisión.  
Muy temprano en la mañana elevamos las anclas de nuestros barcos y emprendimos el viaje de nuevo. Tal vez este viaje sólo sean fracasos, pero sería mucho más difícil si no tuviéramos a nuestras familias con nosotros. Kire se quedó en la playa llorando y Omem lloraba en silencio, aunque nunca dijo nada, yo sé que  el fracaso no  fue total en esa isla,  pues Omem y Kire se perdonaron en silencio. A través de la distancia y las palabras que salen únicamente del corazón y que sólo por el corazón son escuchadas, Kire y Omem volvieron a ser parte de una misma amistad. El equilibrio de los antiguos caballeros del miedo estuvo en orden.
Durante una semana navegamos en el mar sin encontrar nada, pero nuestra esperanza y voluntad eran más grandes que cualquier tiempo. Y en una noche estrellada vimos a la distancia un resplandor de fuego, Omem gritó desde su barco:
-Mohamed, esa es la isla de Niwde.    
El resplandor iba creciendo y en momentos parecía que en vez de ser fuego en una isla era el sol que estaba saliendo en el horizonte justo donde se pierde el mar y aparece el cielo. Unos instantes de tiempo más tarde estuvimos lo suficientemente cerca  de la isla  para darnos  cuenta de que eran miles de fogatas en toda la isla la que producía ese hermoso resplandor rojo. La luna tímidamente asomaba su cara iluminada a la tierra,  pero la luz  de la  isla de  Niwde la  opacaba  casi por completo. Los dos barcos se acercaron tanto a la isla que por poco encallábamos, los seis tripulantes bajamos de las embarcaciones y aunque parezca increíble nadie nos vio, era tal la fiesta en la isla que nadie se percató de la llegada de los barcos. Bien pudimos destruir y saquear la isla de Niwde sin que nadie lo notara.
-Ese Niwde tan fiestero y cómico como siempre, -dije a gritos para que me pudieran escuchar-.
-Como siempre, -dijo Omem-.
Recorrimos la isla en busca de Niwde y después de un rato de búsqueda lo encontramos bailando alrededor de una de las fogatas, su compañera de baile lucía hermosa con su largo traje blanco, obviamente estaban festejando su boda. Nos acercamos a Niwde y le palmeamos la espalda. Él, enseguida volteó, nos miró como si fuéramos fantasmas de un pasado ya olvidado y se abrazó a nosotros mientras se carcajeaba según su costumbre.
 -Pero que bueno que vinieron a mi boda con Yagiba, me da una alegría enorme volverlos a ver. No me esperaba esta gran sorpresa.
 -En realidad no teníamos conocimiento de tu boda,          -dijo Omem-. Fue una coincidencia que hayamos llegado en este momento.
             -La verdadera razón por la que venimos fue porque deseamos reunirnos  en  la  isla  del  Vedor,    pero   hasta   este   momento  ningún caballero del miedo ha aceptado nuestra invitación. –Le dije a Niwde casi con tono de suplica-. De paso te felicito por tu boda.
            Niwde miró hacia el suelo y después hacia su esposa Yagiba que seguía radiante. Niwde nos dijo:
             -Recordaran con alegría el día de su boda, lo único que deben haber deseado era la compañía de su amada. No me mal interpreten, si bien dije que la vida era un circo sin color y la muerte un escape al inconsciente, realmente nunca lo creí, porque yo nunca fui como ustedes, no fui un caballero del miedo, lo único que fui realmente fue su bufón. Después de la tormenta que nos hizo naufragar caí en esta isla donde conocí a la mujer que hoy es mi esposa, conociendo junto a ella la verdadera  paz   y  alegría,   pero  un   día  creí   perderla  y  sólo exclamé: “Tu memoria perla hermosa será guardada para siempre y la próxima vez que te abrace ya no serás viento, y cuando te vea ya no será en un sueño”. Pero la encontré de nuevo y mil labios de su pie a su boca conté, y nada podrá separarme de ella. Además esta isla es divertida, siempre estamos contentos y divertidos, yo ya no pertenezco a ese grupo de amargura y dolor, ya no soy del club de la violencia y la muerte, en realidad nunca lo fui. Perdónenme, pero creo que ahora que tienen a sus lindas familias me podrán entender y perdonarme de verdad.
            Niwde terminó de hablar y se fue al lado de Yagiba.
            Omem y yo nos miramos con tristeza, pues otro fracaso yacía ante nuestros ojos. Pero no importaba, ¿acaso la distancia puede borrar lo no vivido? Ya estábamos en esa isla y había una estupenda fiesta, así que disfrutamos la noche. Nosotros mismos ya no éramos del club del dolor, ya éramos capaces de disfrutar de la vida. Manora y yo pasamos una noche exquisita en la playa a la luz de las fogatas y la playa besaba nuestros cuerpos en la arena. El día siguiente lo dedicamos a descansar del viaje y de la gran fiesta. Un poco antes del anochecer nos aventuramos de nuevo  a la  búsqueda de  las otras  islas,  no era  momento de rendirse, ni éramos personas que acostumbraran a hacer esa cobardía. Niwde nos despidió sonriendo y nosotros nos fuimos contentos.                                                                                                                                             
             Al amanecer del día siguiente encontramos una isla pequeñísima y casi desierta, sólo unos arbustos habitaban la isla y una choza casi destruida estaba en su centro. Al parecer la isla había sido habitada hace mucho y era desierta en ese momento. Todo era feo en esa isla.
            Omem miró a todos lados con un poco de desconcierto y me dijo:
            -Según mis cálculos esta debe de ser la isla de Cholme, pero parece que está abandonada.
             Al acercarnos más a la isla pudimos distinguir a Cholme sentado en una roca oscura. Parecía que estaba llorando en su completa soledad. Las olas roncaron estrepitosamente con el metal de nuestros barcos y ese ruido extraño despertó a Cholme de su triste sueño. Él, se levantó de su roca, un tanto temeroso por no se que traumas pasados, corrió hasta cerca de la orilla de la playa y miró hacia los barcos, nos reconoció enseguida.
             Cholme corrió hacia el mar como si hubiera visto en él al paraíso y se lanzó a las aguas a nadar hasta que llegó a los barcos. Subí a Cholme a mi barco y Omem con su familia también se fueron a mi barco. Cholme se abrazó a nosotros y lloró durante mucho tiempo. Después se presentó ante Senaiya y Manora, y varias horas estuvo jugando con Bely y Leimara. Era como si las conociera de toda la vida. Omem y yo no quisimos interrumpir su alegría, así que anclamos los barcos y permanecimos en ellos. Nosotros mirábamos a Cholme jugando como nunca antes y lo desconocimos, aparentemente esa isla había sido mala con él, pero aún así se había transformado en un mejor humano. Después de varias horas de felicidad, Cholme se acercó a nosotros y nos dijo:
             -¿Ven esa isla? Es mi infierno. Alejé mi llanto en cada mañana, nublé los soles con cada palabra, esculpí ironías, olvidé martirios, callé los silencios, ahogué en ruido al grito, pero aún así olvidé aquella noche por causa de mi dolor y de mi soledad. En mi infierno me preguntaba: “¿Olvidarán nuestros nombres cuando nos separen del dolor?” Y la isla en tono burlón me contestaba: “Fuiste río, apagaste fuegos, fuegos que yo inicié. Fuiste viento, derrumbaste muros, muros que yo levanté. Fuiste tierra, cubriste huecos,  huecos que yo escarbé”.  Y yo de nuevo pensaba: “Reventaré la tristeza con un gramo de sueño, pero me duermo con frío y despierto sudando, me duermo hirviendo y despierto temblando”, así fue como me convertí en esclavo de este infierno de isla, es por eso que les pido, jefes de los caballeros del miedo que no abandonen esta agua sin llevarme con ustedes, porque en ustedes he visto la salida de mi martirio que pensé nunca encontraría. En mi isla no hay troncos para construir barcos y está rodeada de tiburones, mi escape era imposible hasta que los vi llegar. Son mi más grande alegría, mi fuerza para comenzar a vivir.
            Cholme derramó su llanto suplicando que lo lleváramos con nosotros. Omem y yo lo abrazamos y le informamos que precisamente ese era el motivo de nuestro viaje, pero que él había sido el primer caballero del miedo en aceptar la oferta. Le explicamos que ya habíamos estado con Wu, Kire y Niwde, pero todos prefirieron quedarse en sus islas antes que viajar junto a nosotros otra vez.
            Cholme sonrío como sonríe el sol al amanecer y nos dijo:
            -Huyamos inmediatamente de esta isla abandonada, que no hay nada en ella que valga la pena. Eleven sus anclas y naveguemos en las alas de estos barcos hacia mi nueva y perdurable libertad. Vayamos en búsqueda de los demás caballeros del miedo, para ver quién de ellos nos quiere acompañar, venzamos de una buena vez a la isla del Vedor, para que ya no sople su viento oscuro en nuestras pesadillas.
            Mohamed Vak y Omem Jerubi no solían llorar, pero al escuchar las palabras de esperanza en los labios del caballero Cholme no pudimos contener el llanto, ese llanto de felicidad que se confundió  con la paz del quieto mar.  Ahora éramos siete los que navegábamos en busca  de la siguiente isla,  llenos de esperanzas e ilusiones.  Como ha cambiado la vida, de aquellos amargos y tristes sólo queda el recuerdo en lo profundo del mar, junto al barco en el que naufragamos.
            El mar se pintaba de colores azul de muy diversos matices y el cielo de un azul intenso se mantenía en calma. Al pasar los días, el miedo a las tempestades iba desapareciendo dentro de mi interior, la quietud en todos esos días de viaje me habían calmado considerablemente. Mientras navegábamos en las aguas del mar platicábamos nuestras historias a Cholme. Él, en cambio, no tenía mucho que platicar, su vida en la isla había sido dura, sobrevivió, mas que vivir.
            Un día en que el cielo estaba hermoso y el viento en calma, anclamos nuestros barcos en medio del océano, en donde su profundidad alcanzaba  límites infinitos.  En ese  lugar en medio de la nada, nos arrojamos desde los botes y estuvimos nadando entre delfines y ballenas, por instantes fuimos uno con el mar, como un enorme ser que crecía alimentándose de si mismo y la paz irradiada por esa perfección se transmitió a nuestros cuerpos, dándonos la fuerza necesitada para continuar con el viaje agotador.
            Dos días después de salir del infierno de la isla de Cholme vimos otra isla. Tenía unos picos macabros y en general la isla se veía como salida de una historia de terror. Omem nos miró y con su voz tenebrosa dijo:
            -Según el mapa, esa isla debe ser la isla de Uram. Hagamos que los barcos vayan más aprisa hacia la playa. Hay que llegar antes que el sol se oculte.
            Tres horas más tarde las anclas descendían hasta el fondo del mar y los pequeños botes de remo se acercaban a las doradas playas de la isla de Uram. Cuando estuvimos fuera de los botes notamos con decepción que la isla estaba abandonada, o por lo menos la playa.  Al interior de la isla  se veía una densa capa de hierba y probablemente habría en ella gran cantidad de animales salvajes, pero aún así decidimos adentrarnos a la isla en busca del caballero Uram. Las mujeres se quedaron en la playa jugando con las doradas y calidas arenas de esa isla tropical. Cholme, Omem y yo nos encaminamos hacia el interior de la isla, nos abríamos paso entre la maleza como podíamos y los ojos cuidaban por todos lados a las serpientes, arañas y cualquier  otro   animal  que   pudiera  dañar   nuestra  integridad física. Caminamos durante varias horas y por fin logramos ver unas chozas en medio de la jungla, corrimos a las chozas en busca de  agua,  alimento y descanso.  Al acercarnos  a la  choza salió una mujer que nos recibió cortésmente y nos ofreció todo lo que necesitábamos. Nos dio de beber y comer, para nosotros y para llevar a nuestras familias, todo estuvo delicioso y refrescante.
Después de que nos refrescamos la mujer nos preguntó:
-¿Quiénes son ustedes? Y ¿Qué es lo que hacen en esta isla?
-Somos los caballeros del miedo, -dijo Omem-.
Yo contesté la otra pregunta:
-Estamos en busca de todos los caballeros del miedo, una terrible tormenta nos hizo naufragar y cada uno terminó en una isla diferente, creemos que en esta isla está Uram y nos daría mucho gusto verlo.
-Si usted estuviera dispuesta a ayudarnos se lo agradeceríamos con todo el corazón, -dijo Cholme-.
La mujer agachó su mirada como si tratara de recordar algo y nos dijo:
-Uram está en la isla, pero tardará unas cuantas horas en regresar a casa. Yo soy su mujer y él anda en el centro de la isla enseñándole a los habitantes la sabiduría y la ciencia, a eso se dedica desde que llegó a la isla. Es la luz que ilumina  a la ignorancia de estas tierras.
Esperamos durante varias horas y Cholme regresó a la playa con las mujeres pues nos preocupaba bastante que estuvieran solas. Varias horas después llegó Uram, enseguida nos reconoció  y nos abrazó.  Omem le dijo el motivo de nuestra visita y le pidió que fuera con nosotros a la isla del Vedor. Pero Uram se negó a ir a la aventura y nos dio los motivos de su negativa:
-Nunca vi la piedra con que tropecé a pesar de haber pasado por este camino tantas veces. Pero cuando la vi, la tomé entre mis manos y la arrojé fuera del camino para que nunca nadie tropezara con ella otra vez. Comprendí los miedos, las pesadillas y las lágrimas, y me olvidé de ellas. La perfección nunca fue nuestra mejor virtud y fueron para mí olvido. Y siempre me he preguntado; ¿Cómo puede ser tan falsa la verdad? Y ¿Cómo puede ser tan cierta la falsedad? Y por noches más eternas que esclavas me dediqué a cultivar mi mente y a esparcir mi sabiduría en el suelo fértil de los más pequeños. Además encontré lo que siempre había buscado en los ojos de mi mujer. También olvidé mis pesadillas. Es por eso que no me quiero ir, aquí soy feliz y quiero permanecer en la isla hasta el día de mi muerte, si no puedo vencerla otra vez. Además no volveré nunca más a la isla del Vedor, ya que la herida de su pico aún sangra en mi piel y lástima a mi corazón. Perdónenme por negarme a ir y lleven mi saludo a todos los caballeros. Déjenme acompañarlos hasta la playa, para conocer  a sus familias y saludar a Cholme.
Así lo hicimos, Uram fue con nosotros y saludo  a las mujeres y a Cholme, una vez más tratamos de convencerlo, pero todo fue inútil, el estaba decidido a quedarse en su isla para siempre.
Con la frustración en los ojos nos despedimos de Uram y de su  mujer.   Vimos como se adentraba en la   jungla  lo   más  rápido  que pudo para regresar con su mujer antes del anochecer, además de alejarse de esa tenebrosa jungla. Horas después divisamos la puesta del sol, Cholme había encendido una fogata mientras Manora preparaba una rica cena. A pesar de que el viaje habían sido muchas frustraciones, no podíamos arrepentirnos de haberlo hecho, porque nuestro carácter se reforzaba y además habíamos rescatado a Cholme de su terrible infierno.  Esa noche dormimos  bajo las estrellas de la isla, sobre las doradas arenas, y a la mañana siguiente nos aventuramos de nuevo a la inmensidad azul del mar.  Poco a poco nos alejamos de la isla de Uram y en poco tiempo ya sólo veíamos los picos extraños de la isla y agua hacia todos lados.
Durante una semana completa no hubo nada nuevo, pero en la madrugada del octavo día después de que salimos de la isla de Uram divisamos una luz a la distancia. Para mediodía ya podíamos ver la playa de una nueva isla. Según el mapa de Omem, esa isla debía ser la isla de Leuri. 
Estando cerca de la isla de Leuri tuvimos una experiencia agotadora. Las corrientes internas empujaban a nuestros botes hacia el centro del mar y no nos permitían acercarnos a la isla. Durante muchas horas estuvimos buscando rutas alternas para acercarnos a Leuri, pero parecía que las corrientes estaban dispuestas a alejarnos de él. Casi al anochecer las corrientes marinas cesaron su lucha y con toda calma pudimos entrar a la isla, la cual era aún más tenebrosa que la de Uram, concordaba con el rostro infernal de Leuri. Aún así, no temimos y nos acercamos a la isla.
Cuando anclamos y bajamos los botes de remos, Leuri ya nos había visto y nos esperaba sentado en la playa. Llegamos hasta donde estaba, lo abrazamos y le dijimos el gusto que nos daba verlo, pero él no dijo nada, sólo sonrío, no le dimos importancia a ese evento, pues ya sabíamos que así era su forma de ser. Omem le anunció el motivo de nuestra visita, pero Leuri con voz baja nos dijo unas cuantas palabras:
-Renuncié al placer de los dioses, pero aún así nada terminó. En la soledad  de mi isla  supe que otro  hilo se rompió  y fue lo único que supe, porque nunca más pude escuchar las voces pues se cansa primero el viento que su silencio o tal vez mi voz ahogó su voz, el caso es que me duele como le duelo yo. Me uní a la tempestad y caí en la isla desierta, pero al paso del tiempo descubrí que la isla estaba llena de luz y mi oscuridad quedó desplazada. Ahora que encontré la luz no pienso dejarla. Discúlpenme, pero hoy no hablaré más.
Tristes por el rechazo y el silencio de Leuri regresamos a los barcos, e inmediatamente elevamos las anclas para ir en busca de la última isla. A la distancia vimos a Leuri diciéndonos adiós con su mano en alto, nosotros hicimos lo mismo. La isla de Siry sería el último lugar que visitaríamos. Cholme, Omem y yo observamos el mapa, la isla estaba sumamente lejos y al parecer tendríamos que navegar por varios lugares peligrosos, pues en el mapa había dibujos de calaveras, oscuridad y advertencias de peligro. Habíamos dejado esa isla para el último porque estábamos concientes del peligro que correríamos al acercarnos a ella.
Quince días pasaron en completa tranquilidad. El mar estaba en su acostumbrada calma y el cielo se pintaba de un quieto azul. Pero al amanecer del siguiente día notamos que el sol no brillaba como siempre, su luz era escasa por causa de la densa neblina. El viento comenzó a girar fuertemente y las olas del mar se alteraban como si un dragón gigante resoplara en su interior. Los barcos se sacudían de un lado a otro y parecía como si en cualquier momento se fueran a partir  en  dos.  Las  mujeres  tenían  mucho  miedo  y  se  fueron a los camarotes dentro de los barcos. Cholme confesó estar muerto de miedo por la tempestad de neblina, yo también tenía mucho miedo, pero no dije nada y me mantuve firme ante la furia del mar y del cielo, Omem permaneció en silencio, inmutable, insensible, aunque estoy seguro que dentro de su corazón también existía el miedo. La neblina, el viento y la furia de las olas desaparecieron tan rápido como habían aparecido, pronto el mar quedó en total quietud y el viento cesó su soplo, de igual forma el sol apareció con su clásica brillantes, la neblina se disipó en absoluto. Todos volvimos a estar en calma, las mujeres salieron de los camarotes y todo fue paz y quietud.
Durante otra semana navegamos sin novedades, a todos nos parecía  que  la  isla  de  Siry  no sería  descubierta,  tal  vez  nos habíamos perdido en medio de la niebla, o tal vez el mapa no era tan exacto como creíamos. Una noche estrellada acordamos darnos por  vencidos,  tal vez  le  daríamos vuelta a los  barcos y regresaríamos a casa, pero cuando realizábamos la maniobra escuchamos la voz de Siry que gritaba con voz desgarrada:
-Su recuerdo me lástima, al mirar la soledad y pensar en el metal que encierra su dolor, sabiendo que tienen parte de mi vida y yo tengo sus vidas en una caja de cenizas.
Cholme apresuradamente nos dijo:
-Esa voz es la voz de Siry y claramente se escucha que está sufriendo de una forma indecible. Sigamos la voz, encontremos la isla y salvemos a Siry de su cruel martirio. Yo comprendo su sufrimiento.
Nuevamente dirigimos los barcos hacia donde provenía la voz, y mientras avanzamos la escuchamos otra vez:
-¿Dónde estaré? En las lenguas de Leviatán, al final del arco iris, entre las tinieblas, en las canas de la galaxia, en el hueco bajo el mar, en el mundo negro, bajo el viento etéreo. Allí me encontrarán. No se den por vencido que el mundo es de los valientes.
Era indudable que la voz denotaba un dolor arraigado en lo más profundo del alma, pero ese dolor terrible era lo que nos guiaba hacia el rescate de esa alma sola. Y seguíamos escuchando la voz de Siry:
-En una luna sin luz, bajo la luna una vela, bajo la vela tu cruz y bajo la cruz estás tú, y nunca vi procesión de muerte con sonrisa en los labios.
Los barcos avanzaban velozmente, pues nuestra urgencia por rescatar al pobre de Siry era grande. Quién podía  saber que clase de dolor tenía en su cuerpo y alma. Y de nuevo la voz de Siry se pronunció con terrible dolor:
-Me hurto una risa para burlarme de ti, porque esta alma ya no sabe reír, y reniego de nuevo a la vida, y me canso de pedirle al cielo un instante de paz.  
La voz de Siry nos seguía guiando hacia su isla. Después de varios días de escuchar la voz y navegar a toda velocidad, alcancé a mirar una isla.
-Esa debe ser la isla de Siry, por fin la encontramos.      –Grité con todas mis fuerzas-.
Dentro de mi mente estaba la imagen que encontraría en la isla.  Un  Siry enloquecido  por la soledad y  el dolor, su  cuerpo dañado al extremo de besarle los labios a la muerte, sus ojos enrojecidos perdidos en el infinito espacio sobre la isla. Sólo restos de lo que fue un día esperaba encontrar en esa isla, pero cómo es de extraño el destino, al bajar a nuestros botes de remo y llegar a la playa, vimos a Siry y a Yamara, una antigua aliada de los caballeros del miedo, recostados en la arena, besándose y acariciándose, estaban tan felices que ni siquiera notaron  nuestra  llegada.   Los  tres  caballeros  del  miedo  que viajábamos en su búsqueda pronunciamos su nombre al unísono. Él, un poco espantado se levantó y Yamara hizo lo mismo. Cuando el susto pasó y reconocieron nuestros rostros, nos abrazamos y platicamos durante largas horas.
-No entendemos, -dijo Omem-. Tus gritos de horror nos hicieron creer que vivías en el peor de los infiernos, y aquí te vemos envuelto en felicidad.
Siry sonrió y dijo:
-Antes embriagamos los dichos con alcohol de protesta y lloramos como la noche sin estrellas, y vimos rostros bañados en llanto. El naufragio me hizo más amargo de lo que era, la tempestad fue cruel, el odio y la enfermedad me encerraron en la isla desierta, en mi soledad creí morir. Así era, esta isla era un terrible infierno para mí. Los gritos de horror son el eco de ese pasado tormentoso, en cada roca, en cada ola y en cada molécula de la niebla se quedaron impregnados mis lloros, pero un día, mientras me lamentaba de mi sufrimiento, apareció en la playa un pequeño bote, de él, bajó Yamara, venía a rescatarme, pues su amor era grande hacia mí y no se resignaba a perderme, pero el mar traidor destrozo al pequeño bote contra las rocas de la isla y nos quedamos encerrados. Al estar los dos juntos, la isla dejó de ser un infierno y se convirtió en un paraíso, aquí somos felices y el dolor se está olvidando, sólo quedan los ecos de los tormentos rabiosos que ayer fueron mi vida.
-Entendemos el gran placer que debes de sentir, -le dije a Siry-. Nosotros venimos hasta tu isla para rescatarte del infierno, pero si no quieres ir con nosotros comprenderemos todo. Los demás caballeros del miedo ya nos han despreciado, así que entenderemos que tú también lo hagas.
Siry sonrió al mirar a Yamara y nos dijo:
-Es verdad que en la isla hemos sido muy felices desde que estamos juntos, pero nuestra vida no es para estar en encierro constante, queremos ser espíritus libres, juntos pero libres, allá en el mundo que antes conocimos. Es nuestro deseo regresar con ustedes a aquellas tierras. Si es su voluntad llevarnos al puerto de Larra.
-Claro que si, -dijimos a coro-. Los llevaremos con mucho gusto.
Aunque en realidad nunca fue nuestra intención ir al puerto de Larra, sino a la isla del Vedor, no podíamos negarles la oportunidad de ser libres.
Mientras Siry y Yamara preparaban sus cosas para el largo viaje que nos esperaba, Manora, Leimara y yo paseamos por la isla, en realidad no había mucho que ver, pero aún así lo disfrutamos. Horas más tarde todos estábamos listos para ir de nuevo a la tierra que nos vio nacer y partir hace años. Sinceramente no sabíamos lo que íbamos a encontrar, muchos años habían pasado y todo podía ser diferente. Nosotros mismos habíamos cambiado en gran manera.
Los barcos comenzaron su recorrido flotando en la densa agua del mar, y mientras nos alejábamos de la isla, Siry la miraba con fuego y odio en los ojos, a pesar de todo, esa isla seguía siendo parte de su infierno, por lo menos en el infierno de sus recuerdos.
Dos días después llegamos a la isla del Vedor, en esa isla donde todo había comenzado. Fue sin querer, puesto que habíamos perdido la ruta al buscar la isla de Siry, no sabíamos exactamente donde estabamos y la casualidad nos llevo a esa isla. Recorrimos la isla recordando en cada punto de ella las aventuras pasadas. Aún estaban en su suelo las huellas de nuestro pasado, allí estaba la lanza y el sartén, también estaban las huellas del Vedor pintadas en la tierra y el ojo de agua hirviente seguía humeando hacia el cielo como siempre. Todo el día miramos el pasado en las huellas de la isla, y al atardecer tomamos la difícil decisión de reiniciar aquel viaje que nunca pudimos terminar, antes de que los demonios de la isla aparecieran. Alistamos los barcos en un silencio  sepulcral,  mirando el horizonte  buscábamos una señal de tormenta, pero como si el cielo se estuviera burlando de nuestro miedo, todo estaba claro y despejado. Zarpamos de la isla del Vedor y cada cual en su mente le rogaba al poder infinito que detuviera todas las tempestades del mundo, pues esta vez, si deseábamos verdaderamente llegar a nuestros hogares, pues el odio ya no existía y ahora sólo estaba el deseo de  volver a casa. Un  día  la  tormenta  y el naufragio  truncaron cruelmente ese mismo recorrido, ahora, ¿terminaríamos el recorrido en contra del destino?     
El viaje de vuelta a casa fue más largo de lo que esperábamos, cruzamos varios mares de distintos tonos azules, vimos miles de islas que en nuestra fuga original no habíamos visto, conocimos cosas que ni siquiera imaginábamos. Durante meses navegamos sobre la tersa piel del mar y teníamos que pescar, pues nuestra provisión comenzaba a escasear. El viaje se prolongó en demasía, tal vez habíamos errado el camino y en vez de acercarnos a nuestro hogar nos alejábamos constantemente de él. No teníamos ni idea de cuan lejos habíamos estado del hogar.
            En una noche de niebla, Cholme miró una lejana luz que parecía guiarnos.
            -Es el faro del muelle de nuestra tierra Larra, -gritó desesperado-.
            Todos corrimos a la proa del barco, la ilusión de llegar a tierra firme, a nuestros antiguos hogares, nos inundaba las almas y salía por nuestros ojos hasta confundirse con el mar. La luz cada vez se hacía más intensa, la niebla cada vez importaba menos. El puerto estaba cerca, era como recibir la redención después de haber vivido en el infierno. Por fin, tras agónicos meses de navegar divisamos entre la neblina el puerto del cual habíamos partido un día con la esperanza de encontrar lo que nunca habíamos tenido. (Tal vez así fue). Los dos enormes barcos anclaron junto al puerto y sus cansados tripulantes descendieron de ellos llenos de esperanza por estar de nuevo en sus hogares, pero también llenos de temores, porque no sabíamos lo que encontraríamos después de tantos años de ausencia.
            Parados en el muelle, todos guardábamos silencio, nadie se movía, la duda se miraba en nuestras miradas. Únicamente las olas del mar rompiendo contra la dura madera del muelle se escuchaban en esa  noche de penumbra. Teníamos tantas ansias de llegar al puerto y cuando estuvimos en el, no reaccionamos de ninguna forma.
            Únicamente el reflejo de nuestras lágrimas ante la luz del faro se miraban en esa inescrutable oscuridad.  Teníamos miedo, momento de derrotas, la espera había sido demasiado larga para sucumbir en ese instante. No podíamos detenernos ya que estábamos tan cerca.   
             -Debemos separarnos, -les dije a mis compañeros de aventura-, cada cual debe buscar lo que antes perdió y encontrar lo que nunca pensó. Dentro de una semana exacta, a esta misma hora, en este mismo muelle, nos veremos y sabremos lo que ha pasado con la vida de aquí. Sabremos también que hacer, tal vez volver o tal vez quedarnos, veremos que nos dice la vida.
            Cholme se despidió con su mano y dijo:
            -Nos veremos pronto.
            Siry y Yamara tomaron sus pertenencias, con una mirada cristalizada se despidieron de nosotros y se fueron en busca de sus destinos.
            Omem parecía no tener lugar a donde ir o tal vez no quería ir, pero Senaiya si tenía a donde ir y estaba ansiosa por hacerlo.
            Omem me miró y me dijo:
            -Sólo tú y yo, Mohamed, desde el principio hasta el final, desde lo oscuro de la oscuridad hasta la luz de eternidad, desde el nunca hasta el jamás, siempre con el miedo en los corazones y el valor en los ojos, un contraste completo entre el dolor y el dolor extremo. Te veré en una semana, en este mismo lugar, espero que sigamos siendo los mismos que hasta hoy hemos sido. Iré con mi mujer y mi hija, y tú irás con las tuyas, pero estoy seguro de que pronto volveremos al lugar del que te saqué. Tú y yo.
            Yo lo miré y le dije:
             -Sólo tú y yo, Omem, desde la caída de la luna hasta el nacimiento del nuevo sol, desde el origen de la vida hasta su perfecta corrupción, desde el si hasta el no, siempre con la tristeza en las almas y la sonrisa en las palabras, un olvido completo entre la alegría y la alegría anhelada. Te veré en una semana y seremos los mismos que hemos sido. Recuerda que hay una vida después de la vida y tras el día no habrá la triste oscuridad.
            Todos tomamos nuestras pertenencias y nos despedimos. Omem, Senaiya y Bely,  se fueron por el camino en busca de un destino desconocido. Mohamed, Manora y Leimara, se fueron por su propio camino.
            ¿Qué habrá más allá de lo desconocido? ¿Qué estragos habrá hecho el tiempo y la ausencia en nuestros caminos? Ya veremos, cuando encontremos lo que buscamos...
            Nuestros pasos se dirigieron a la antigua casa de Manora, aparentemente todo estaba igual, el jardín con las mismas flores, el mismo árbol, el mismo olor. Por dentro, las cosas habían cambiado muy poco, los suyos eran más viejos y los pequeños habían crecido. En cuanto vieron a Manora la reconocieron, pero la miraban como un terrible  fantasma de sus sueños,  pues después del  naufragio la creían muerta, pero cuando reaccionaron sabiendo que había sobrevivido, la abrazaron y la besaron. Manora me presentó ante ellos y les presentó al nuevo miembro de su familia. Todos me saludaron cortésmente y miraban a Leimara como si vieran a Manora en su infancia. Mi mujer y mi hija se veían felices en ese ambiente, pero yo no estaba del todo feliz, así que decidí ir a buscar mi propio destino. Manora y Leimara se quedaron ahí, y yo me fui a buscar ciegamente a mi origen, tenía que ver lo que el tiempo y la distancia habían hecho con mi pasado.
            Fui directamente al lugar de donde había salido y me encontré con el abandono, nadie quedaba en ese lugar, ni siquiera los recuerdos de un viejo pasado. Comencé a deambular sin sentido alguno entre las calles ruidosas y contaminadas de la gran ciudad. Cada lugar que visitaba en busca de mi pasado sólo me mostraba las ruinas y el olvido, pero nada, nada encontré, ni un solo motivo para vivir ahí, era definitivo, volvería a mi isla que era el único lugar que consideraba como mío. Todo aquello era ajeno a mí, lo que para todos era una ciudad, para mí era un valle desolado y triste. Lo que era un estilo de vida para ellos, era un desperdicio de tiempo para mí. Tal vez mis ojos ya no estaban acostumbrados a ese mundo, ni mi conciencia pertenecía a ese lugar. Después encontré, en el único lugar que me llenó de paz,  la verdad de los que antes habían sido míos,  el olvido de la vida se había apoderado de sus alientos, ya no eran más, nada quedaba para mí en esa tierra, más que soledad y muerte. Pero sabía bien que a muchas leguas de distancia estaba mi hogar, mi adorada isla.
            Volví en busca de Manora y Leimara para regresar a la isla, pues los siete días se habían cumplido. Pero al ver a Manora, comenzó a llorar con profundo dolor y me hizo una confesión que destrozó mi corazón:
            -Ayer me encontré con un pasado remoto, un pasado que creí olvidado, pero al recordar cada instante de ese pasado, mi mente entró en confusión, me dejé llevar por el instinto, y le besé los labios al pasado. Cometí un grave error, estoy muy arrepentida, ¡perdóname por favor, perdóname!
            Sentí que mi corazón y mi alma se destrozaban en mil pedazos. Sentí que todo el rencor y el dolor del mundo caían sobre mis hombros. Sentí que había perdido la redención y que de nuevo volvería a mi infierno. Me sentí traicionado por lo que yo más amaba, era como si mi propia sangre me asesinara. Mas sin embargo vi un verdadero arrepentimiento en los ojos de mi amada Manora, sus lágrimas eran sinceras. A pesar de ello, sentí a mis espaldas las convulsas carcajadas de aquellos que me habían advertido que perdería todo lo que tenía.
            Miré  fijamente a Manora y le dije:
            -Si es que tu arrepentimiento es sincero, yo te perdono de todo corazón y olvido lo que pasó. Pero si es que quieres volver a tu pasado yo estoy dispuesto a separarme de tu camino y dejarte en libertad. Volveré a mi isla, y tú quedarás libre de hacer lo que quieras, yo sólo me llevaré a mi hija conmigo, ya que es lo único que me queda en este despreciable mundo.
            Manora levantó la mirada apresuradamente y con la voz entrecortada me dijo:
            -No quiero separarme de ti, ni de nuestra hija. Lo que hice fue el peor error de mi vida y no lo cometeré nuevamente. Si en verdad me perdonas llévame contigo de vuelta a nuestra isla y  vivamos felices  el resto  de nuestras  vidas.  Aquí no  hay nada para  nosotros,   volvamos  a   nuestra isla.   Manora  y  Leimara prepararon su equipaje, se despidieron de su familia y nos fuimos rumbo al puerto. Yo no preparé nada, ni me despedí de nadie, en esa tierra sólo había amargura para mí.
            Mientras nos encaminábamos al puerto recordé un evento sucedido en una de las islas visitadas. Un evento que bloquee de mi conciente. Manora me había rechazado de forma cruel, yo sufrí, pero ella llorando me prometió que por el resto de nuestras vidas me curaría las heridas de esa espina con amor, con mucho amor. No sé porque lo recordé.
            Cuando llegamos al puerto, ya estaban todos los demás ahí. Cholme, Siry y Yamara no traían equipaje alguno, sólo Omem y su familia traían su equipaje. Lo supe de inmediato, ellos no volverían con nosotros.
           Cholme dijo:
            -Hasta aquí ha llegado mi viaje con ustedes. En el mar no hay nada de vida para mí. En esta tierra buscaré con paciencia la salvación de mi vida y estoy seguro que ustedes llegarán con bien a sus destinos. Espero escuchar sus voces a la distancia y no olvidarnos jamás.
            Cholme se despidió de todos con lágrimas enlutando el adiós, y se fue de vuelta a la gran ciudad.
            Siry nos dijo:
            -Nosotros no nos quedaremos en esta ciudad, pues en ella sólo hemos encontrado desprecio y burla, pero tampoco volveremos a la isla que nos vio partir, pues en ella encontramos soledad y frustración. Yamara y yo nos iremos a vivir a otra ciudad, en donde empezaremos a vivir una vida totalmente nueva junto con la vida que crece en el vientre y a la vez, alejados del mar traidor.
           Ambos se despidieron de nosotros y se fueron en busca de sus sueños.
           Nuevamente estábamos los mismos que al principio, Omem y su familia, y yo con mi familia, (lo que quedaba de ella). Omem preguntó que había pasado con nosotros en la ciudad, pero todo quedó en un profundo silencio, me avergonzaba y me dolía hablar de lo sucedido, tal vez por eso me amargó más la vida, porque me guardé ese dolor tan sólo para mí, como antes ya me había guardado egoístamente muchos otros dolores.
            -No hay nada que hacer en la ciudad, -dijo Manora-, así que volveremos a nuestro hogar en la isla.
           -Nosotros también volveremos a nuestro hogar, -dijo Senaiya-, no existen motivos para quedarnos aquí. Tal vez volvamos algunas veces, pero preferimos habitar en nuestra isla.
Omem, al igual que yo, guardó un profundo silencio, era como  si   comprendiéramos   nuestras  tragedias  con  el  simple cruce de nuestras miradas, como si él supiera mis sentimientos con el sólo hueco de mi voz. Sabía de mi dolor con el solo roce de nuestros ojos.
Todos subimos a los barcos, levamos anclas y velas, y nos preparamos para el viaje de retorno a nuestras islas. Mientras la ciudad se perdía en el triste horizonte, el dolor y el rencor crecían dentro de mi cuerpo, la desconfianza se había apoderado de mi mente. Recordé lo que los demonios me habían dicho, tal parecía que ese era el momento en que volvería a apoderarse de mí. Pronto nos alejamos de la ciudad y encontrándonos en alta mar Omem nos invitó a visitar su isla.
-¿Por qué no? –pensé yo-. Al fin y al cabo está de paso en el camino de nuestra isla y no tenemos ninguna prisa por llegar.

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