Cuando era niño, miraba al mar como un ser vivo enorme y poderoso.
Siempre hermoso aún cuando se llenaba de ira. Siempre obediente, al llegar a la
playa regresaba, nunca salía de su lugar. Era un ser majestuoso, la creación
maestra de la mano del todopoderoso.
Sentado en la tibia arena de la playa
admiraba la magnitud infinita del mar y me parecía que nunca llegaba a su
final, mi vista y mi mente no tenían limites al igual que el océano, sentado en
esa seguridad pensaba que el mar sólo se dedicaba a ser hogar de otros seres, a
darles alimento y protección, sentado en la seguridad de la playa nunca imaginé
que el mar pudiera ser violento y destructivo, jamás imaginé que un día
llegaría a ser mi enemigo mortal.
Después del naufragio del barco miré
al mar como un ser lleno de ira e hipócrita en su silencio. Me separó de lo mío
de forma cruel. El mar era mi peor enemigo. Después volví a ver al mar igual
que cuando era niño. El naufragio del corazón me hizo tornarle la espalda al
mar y ya ni siquiera lo miraba.
Pero la vida cambia y el mar me dio
todo lo que hoy tengo, y por fin aprendí a mirar al mar como lo que es. Hoy soy
un hombre adulto y miró al mar como mi guía por la vida, como mi camino seguro,
como mi hogar. Hoy puedo mirar al mar sin hacer barquitos de papel y entendí
que esa mano poderosa que rescataba a los barquitos de papel es una simple mano
de hombre pero que sí existe la mano poderosa del cielo que te rescata aún
cuando has tocado el fondo.
Estoy aquí sentado, en las blancas
arenas de mi playa, contemplando el poderoso estruendo del mar, admirando su
tamaño infinito, sintiendo su oleaje y la tersura de su sal. Protegido en la
seguridad de mi playa recuerdo mi pasado e imagino mi futuro y escribo en unas
viejas hojas, que antes fueron barcos, las memorias de mi viaje por este mar de
la vida y escribo las voces de mis compañeros de viaje y los saludo hasta donde
el mar los haya llevado.
El sol comienza a declinar, está
justo entre la división del cielo y del mar, el mar se pinta de rojo y el cielo
de negro, y la primera estrella de la noche me canta una vieja canción que me
hace llorar.
A la distancia escucho la dulce voz
de Jelyna que me dice:
-Amor mío, la cena está lista, los
niños y yo queremos estar junto a ti.
Este no es el final de esta historia,
de hecho, puede ser el principio de la verdadera historia de mi vida, pero por
hoy no tengo más que contar, desconozco lo que el futuro me traerá, desconozco
que camino he de tomar, no sé cuando llegará el momento de ver a la muerte a
los ojos definitivamente, pero por hoy
me despido diciéndoles que soy feliz al lado de Jelyna y de mis hijos.
Sólo me queda decir una cosa:
-“En cada verso de mi boca va un
adiós a esta historia, y tal vez, solo tal vez, nos veremos en otra historia,
en otra isla o en otra vida, a dónde el mar nos haya llevado.”
FIN
CON MUCHO CARIÑO Y AMOR PARA TODOS LOS
CABALLEROS DEL MIEDO QUE DURANTE AÑOS FUERON MI COMPAÑÍA EN EL NAVEGAR DE LA VIDA , QUE JUNTO CONMIGO
SUFRIERON LOS ESTRAGOS DE LA TEMPESTAD. PARA
MIS PADRES LUAR Y AVE QUE SIEMPRE ME HAN ACOMPAÑADO AÚN A LA DISTANCIA. PARA
LAS DAMAS QUE FUERON MI LUZ Y PARA TODOS LOS QUE VENDRÁN. Y MUY EN ESPECIAL
PARA TENA, TE VERÉ PRONTO, EN EL DÍA GLORIOSO.
ESPERO QUE HAYAN ENCONTRADO SU CAMINO COMO
YO ENCONTRÉ EL MÍO.
QUE EL CIELO LOS ACOMPAÑE, A DONDE EL MAR
LOS HAYA LLEVADO.
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