En el corazón de una semilla vivían tres almas. Al ser la semilla
sembrada en la tierra, las almas tuvieron que escoger lo que serían.
La
primera escogió ser la hoja y la flor del árbol; la segunda escogió ser el
tronco y la rama del árbol; y la tercera escogió ser la raíz del árbol.
El
tiempo pasó y el árbol creció hasta llegar a ser el más majestuoso ser del
bosque. Su raíz se sujetaba firmemente a la tierra, su tronco y su rama eran
fuertes como gigantes y se elevaban hasta la raíz del cielo, y su hoja y flor
brillaban con vivos colores.
Un día
pasó por el bosque una princesa y se paró frente al árbol a contemplar su
belleza, y dijo en alta voz:
-Que
hermosa forma y color tiene ese árbol en su hoja y en su flor. Le da belleza a
este bosque.
-Escucharon
eso, -dijo el alma de la hoja y de la flor-. Yo le doy belleza a éste bosque y
sin mí, el árbol sería como cualquier otro árbol.
Al día
siguiente pasó por el bosque un caballero, miró atentamente al árbol, y le dijo
a su comitiva:
-Que
fuerte y poderoso es el tronco y la rama de éste árbol. Le da majestuosidad a
éste bosque.
-Escucharon
eso, -dijo el alma del tronco y la rama-. Yo le doy majestad a éste bosque y
sin mí, el árbol sería un arbusto insignificante.
Al otro
día pasó por el bosque un sabio, se hincó frente al árbol y admiró su belleza y
majestuosidad por largo rato. Después de meditar dijo en voz alta a su alma:
-Sin
duda, la belleza de la hoja y de la flor de éste árbol son incomparables, su tronco y su rama son poderosos como ningún
otro, pero, ¿qué sería de todo ello si no tuviera sepultado en la tierra la
belleza y el poder de la callada raíz?
El alma
de la hoja y de la flor, y el alma del tronco y de la rama esperaban
que el alma
de la raíz
dijera algo para vanagloriarse, más sin embargo el alma
de la raíz guardó silencio.
-¿Pero
qué pasa contigo? –preguntó el alma de la hoja y de la flor-.
-¿Acaso
no te burlarás de nosotras? –preguntó el alma del tronco y la rama-.
-Pero
que insensatas son. –Dijo el alma de la raíz-. ¿Qué no entienden? Nosotros
nacimos de la misma semilla, con la misma agua nos nutrimos, crecimos en la
misma tierra y en esta tierra moriremos. Nunca hemos sido la flor, la hoja, el
tronco, la rama y la raíz. La princesa, el caballero y el sabio hablaron de
nosotros diciendo el árbol. Aunque es verdad que sin mí no existirían ustedes,
también es cierto que sin el tronco y la rama no seríamos gigantes y también es
verdadero que sin la hoja y la flor no
seríamos el más bello
adorno del bosque.
Entiendan, almas hermanas. No es el más grande el que está arriba ni el
más pequeño el que está abajo, porque somos un mismo árbol. Tan poderosa es la
rama como la hoja y el tronco, tan bella es la raíz como la semilla y la flor.
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