domingo, 26 de febrero de 2012

REVOLUCIÓN INTERNA




En el cuerpo de una persona vivían un gran número de órganos que se coordinaban para que pudiera seguir viviendo. Cada uno de los órganos realizaba su función con alegría y vivían en total armonía. Pero uno de los órganos era un amargado, siempre decía cosas malas y su infelicidad afectaba a los demás órganos. Ese órgano amargado era el corazón.
Un día se reunieron a escondidas todos los órganos. Ellos se quejaban del amargado corazón y decidieron darle una valiosa lección. Los órganos comenzarían una revolución interna.
Al día siguiente se volvieron a reunir y fueron con el corazón.
-Mira corazón, -dijo el cerebro-. Estamos hartos de tu amargura y tu negativismo. Venimos a exigirte que cambies o si no tendremos que formar una revolución en tu contra.
El corazón, arrogante y grosero, dijo:
-Ahora yo soy el amargado, yo tengo la culpa de todo. Vean la razón de por que soy un amargado. Todo lo que los ojos ven es triste, malo y feo, si alguien tiene la culpa de mi amargura, son los ojos.
Al escuchar esto los ojos apagaron su luz y aquel cuerpo quedó ciego. Ya no había razón para que el corazón se amargara.
Pasó un tiempo y el corazón seguía en las mismas. Nuevamente los órganos se reunieron con el corazón y esta vez el corazón culpó a las horribles cosas que escuchaban los oídos.
-Los oídos sólo escuchan tragedias, malas palabras y llantos. Reconozco que soy un amargado, pero los oídos tienen la culpa de que lo sea.
Los oídos al escuchar que el corazón los culpaba por su amargura se hicieron nudos y aquel cuerpo quedó sordo. Ya no había pretexto para la amargura del corazón.
El cuerpo era ciego y sordo, pero el corazón seguía siendo un amargado. Todos los órganos que aún funcionaban se reunieron de nuevo con el amargo corazón y le exigieron cambiar su conducta, mas el corazón nuevamente culpó a otros.
-La lengua es una falsa, sólo se mueve para maldecir y contar chismes, es por culpa de la lengua que soy un corazón amargo.
Al escuchar esto la lengua se trabo y el cuerpo quedó mudo. Siendo ciego, sordo y mudo, ya no habría pretexto para ser un amargado.
Algunos días pasaron y el corazón cada día estaba peor. El cerebro exigió el cambio de conducta al corazón, pero este continuaba culpando a otros por su amargura.
-La piel siente dolor constantemente y ese dolor me amarga. La nariz huele cosas desagradables y esa pestilencia me amarga. Los huesos y los músculos se lesionan y ese dolor me amarga. Las manos y los pies tocan cosas indebidas y se mueven a lugares prohibidos y su desobediencia me amarga. Y que puedo decir de los órganos internos, todos se enferman y su sufrimiento me amarga.
Al escuchar esto, la piel se insensibilizó, la nariz se tapó, los huesos y los músculos dejaron de moverse, las manos y los pies se paralizaron y los órganos internos dejaron de funcionar.
El cuerpo quedó en estado vegetal, sólo el cerebro y el corazón seguían funcionando y mantenían con vida al cuerpo.
-Ya sólo quedamos tú y yo, -dijo el cerebro-. Si cualquiera de nosotros dos deja de funcionar el cuerpo morirá y por lo tanto todos moriremos. Tú decide corazón, si continúas con tu amargura yo dejaré de funcionar y tendrás que morir mi muerte.
El corazón se quedó en silencio como pensando en lo que haría, y después dijo:
-Cerebro, tú tienes la culpa de mi amargura, siempre estás pensando en cosas malas y tu maldad me amarga.
-¡Basta ya! Deja de culpar a otros por tu amargura. Dejaré de funcionar porque estoy harto de tu estupidez.
-¡No, espera! No dejes de funcionar por favor, te prometo que voy a cambiar, me quitaré toda la amargura y pediré perdón a los otros órganos.
Al escuchar las palabras sinceras del corazón, todos los órganos despertaron; los ojos vieron de nuevo, los oídos escucharon, la lengua habló, la piel sintió, la nariz olió, los huesos y los músculos funcionaron, las manos tocaron y los pies caminaron, y todos los otros órganos volvieron a funcionar.
Desde ese día en que el corazón arrancó su amargura, el cuerpo volvió a vivir en armonía y todos los órganos son felices porque recuperaron a su hermano el corazón.

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