martes, 28 de febrero de 2012

EL POETA, LA ENAMORADA Y LA NUBE



El poeta no podía escribir porque su inspiración era la lluvia y no llovía. Y no llovía porque la enamorada no lloraba y no había agua que se transformara en vapor para la nube. Y la enamorada no lloraba porque el poeta no escribía sus tristes poemas.     
El poeta le gritó a la nube:
-Llueve-.
Y la nube le contestó:
-No puedo, porque la enamorada no llora.
La nube le gritó a la enamorada:
-Llora-.
Y la enamorada le contestó:
-No puedo, porque el poeta no escribe.
La enamorada le gritó al poeta:
-Escribe-.
Y el poeta le contestó:
-No puedo, porque la nube no llueve.    
El tiempo pasó y el poeta seguía sin escribir, la enamorada sin llorar y la nube sin llover. Un día el poeta murió y la enamorada se entristeció tanto que también murió y la nube al ver que ambos habían muerto se dijo a si misma:
-No tiene sentido que yo esté en este lugar, pues ya no hay nadie que necesite la lluvia y se fue hacia el mar.
Tiempo después llegó un poeta al pueblo y escribió poemas de las rosas, de los valles y de las montañas, también escribió poemas de las mujeres, de la vida y de Dios.   Este   nuevo   poeta  se   inspiraba  en   todo  y   no exclusivamente  en  la  lluvia.   Las  otras  enamoradas  se dieron cuenta de que también de felicidad se llora y no sólo de los poemas tristes.
Las nubes nuevas que llegaron al cielo del pueblo se dieron cuenta que había otras fuentes de vapor y no sólo las lágrimas de las enamoradas, tomaron vapor del río, y del lago, y de los arroyos, y llovió lo suficiente en aquel pueblo como para recoger la mejor cosecha de su historia. 
-A nosotros nos queda esperar que llegue un nuevo poeta, que haga llorar a las enamoradas del pueblo y que las nubes quieran llorar junto con ellas.  
   

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