En el patio de una casa vivían dos enormes pinos, estaban uno junto a
otro, habían sido plantados el mismo día, en la misma tierra, por la misma
persona, crecieron juntos, recibieron los mismos nutrientes, la misma agua y
durante años vivieron los mismos seres en las hojas, en las ramas, en el tronco
y en las raíces de ambos seres majestuosos.
Al
paso del tiempo, los dos pinos se volvieron sumamente distintos. El pino de la
izquierda era mal humorado, le desagradaba todo lo que él era y todo lo que
hacía, también le desagradaba todo lo que le rodeaba incluyendo al otro pino.
Pronto los seres que vivían en el pino se cansaron de su mal humor y se fueron
a vivir en el otro pino.
Por
el contrario, el pino de la derecha era bondadoso, alegre, siempre estaba feliz
y le gustaba compartir todo lo que tenía con los demás. Los seres que vivían en
el pino de la derecha eran felices y estaban muy agradecidos con el gran pino.
Pero los seres estaban preocupados por el otro pino. ¿Cómo era posible que
fuera tan distinto al pino
de la derecha?
Los dos habían nacido y crecido
bajo las mismas circunstancias de la vida. ¿Por qué la diferencia?
Los
seres que vivían en los pinos contrataron a un pájaro carpintero que era experto en pinos y pronto encontró el porque de la gran diferencia de
carácter de los dos pinos.
El
pino de la izquierda tenía en su tronco cuatro clavos profundamente enterrados
y el pino de la derecha tenía en su
tronco un gran
corazón que encerraba
dos nombres y era atravesado por una flecha y debajo del corazón estaba
escrita la leyenda:
“Que
bonito es el amor.”
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