viernes, 2 de marzo de 2012

DEL AMAR Y DEL PECAR



 
Me hundía lentamente en la profundidad de mis pensamientos. Una gran duda embargaba mi alma y contristaba mi espíritu. Tenía que tomar una decisión fundamental que cambiaría el curso del resto de mi vida y la vida de otros. Las buenas personas que me rodean, al darme sus consejos con buenas intenciones, en vez de ayudarme me confundían y mi cerebro se estaba embotando.
            -Ese amor que tú sientes por ella no es amor, es pasión, y la pasión es pecado, -me dijo uno-.
            -La traición ingre al falso amor y el falso amor a la venganza, -dijo otro-.
            -Tu amor por ella y el de ella por ti es pecado y el pecado conduce a las llamas del infierno. Su amor los llevará a la condena, -dijo un tercero-.
            Pero, ¿cómo ganarse el paraíso cuando se ama con toda la vida? –pensé-. No entiendo, es verdad que nuestro amor es prohibido ante los ojos de la sociedad, ella tiene un compromiso, yo el mío, pero, ¿será posible? ¿Podrá llegar el amor a ser pecado? ¿Podrá el amor verdadero condenar a dos almas a las llamas del infierno? ¿Qué será más pecado, romper compromisos o vivir el resto de la vida con alguien sin amarlo?
            Mi mente era una total confusión y las dos únicas cosas que tenía en claro eran; a su lado soy feliz, y; tengo que tomar una decisión ya.
            Que extraño, dos pequeñas palabras, amar y pecar, me estaban volviendo loco. Tal vez sean pequeñas, pero su símbolo y su repercusión a futuro son enormes, mas yo no las alcanzaba a comprender todavía, así que decidí ir en busca del entendimiento a ese mundo extraño a donde muy pocos se atreven a entrar, sí, a ese mundo de la imaginación de los que antes que nosotros fueron, al mundo mistifico de las fantasías.
            Entré al mundo místico de las fantasías, era un valle enorme y no era un lugar agradable. La tierra estaba totalmente quemada por un fuego eterno, las piedras eran cráneos de toda especie y los árboles estaban formados con sus huesos. Era un paisaje desolado, sin vida alguna. De pronto, escuché un llanto proveniente de una montaña de restos. Me encaminé a la montaña con un poco de temor y vi que el llanto era el llanto de un enorme y fiero dragón.
            -¿Por qué lloras? –pregunté al dragón-. Acaso es por que mataste a miles y consumiste su tierra y te has arrepentido de ello.
            El dragón limpió el llanto sulfuroso de sus ojos y mirándome como a una insignificante mosca, me dijo:
            -¡Lloro el llanto de la incomprensión! Lloro... mas no lloro por ser un asesino arrepentido, sino por ser una criatura incomprendida. Yo no maté a estos hombres, ni consumí su tierra, fueron los mismos hombres que siembran cráneos en vez de semillas y cosechan, en vez de frutos, muerte, dolor, sangre y odio. Intenté detenerlos pero su furia es más grande que todo mi amor.
            -¿Tu amor? –pregunté-. Yo he venido a este mundo con la intención de entender que es el amor y que es el pecar. Si tú pudieras ayudarme a entenderlo, te estaría eternamente agradecido.
            -Puedo decirte lo que es para mí el amor. Amor es comprender a todos los seres de la tierra aunque su apariencia sea monstruosa. Amor es ayudarse unos a otros, es salvarse. El pecar no lo comprendo muy bien, pero puede ser la destrucción y la muerte.
            -Gracias por ayudarme, -le dije al dragón mientras le acariciaba el rostro-. Te recordaré para siempre como a un buen amigo.
            El dragón sonrió hermosamente ante mi caricia y se fue volando sin llorar. Yo me alejé de ese valle agradecido con el dragón, sin embargo, en mi corazón se mantenían las dudas del amar y del pecar.
            Caminé durante un rato por el mundo místico de las fantasías sin encontrar nada. Más tarde llegué a la orilla de la playa con la esperanza de encontrar en ella las respuestas a mi incertidumbre, tal vez la arena y las olas me puedan decir con claridad que es el amar y que es el pecar.
            Me quité mis ropas y me sumergí en las aguas saladas. Mientras me hundía en la profundidad del mar sentí que algo extrañamente suave me tocaba la piel, abrí mis ojos y vi frente a mí a una sirena exquisitamente bella.
            -Yo sé a que has venido a este mundo, -dijo la sirena con voz melodiosa-. Has venido para encontrar el verdadero significado del amar y del pecar. Has venido para que te ayude a tomar una decisión.
            -Estás en lo correcto preciosa sirena, a eso he venido. Si fueras tan amable de ayudarme.
            -Yo no puedo ayudarte. Para mí el amor es la caricia del sol naciente, el beso del mar y el amar de un canto. Para mí el amor es entregarse en cuerpo y alma, sin duda alguna. Eso es el amor para mí, pero cada quién tiene su definición de amor. Con el pecar pasa lo mismo, cada quién tiene su idea, para mí el pecar es destruir la tierra, sus seres y su todo, pecar es romper las leyes de la naturaleza. Eso es lo que pienso del amar y del pecar, dudo que te ayude en algo, porque la decisión que tienes que tomar tiene que nacer en tu corazón.
            La sirena se fue nadando y ni siquiera me permitió agradecerle por sus palabras. La duda seguía carcomiendo mi alma, pero no me rendiría, iría a buscar entendimiento a otros lugares.
            En la profundidad de un barranco encontré formas maravillosas en las rocas y las miraba anonadado cuando de pronto escuché una voz ronca y misteriosa que brotaba del fondo del acantilado.
            -¿Quién eres y por qué profanas mi barranco?
            -Soy un buscador del entendimiento, -contesté-, quiero entender el amar y el pecar, sólo eso, nunca fue mi intención profanar tu barranco. ¿Quién eres tú?
            -Soy un centauro, mitad hombre, mitad caballo. No temas, no te haré daño. Déjame explicarte lo poco que sé del amar y el pecar.
            El centauro salió del fondo del acantilado y se puso frente a mí con su presencia imponente. Con voz de trueno comenzó a explicarme:
            -El amar es el estado supremo del alma. Es el unir dos espíritus en un solo cuerpo. El amar es el centro del universo. Si amas, ama con toda tu fuerza, con toda tu voluntad y entrégate por completo. El pecar, es un acto filosófico tendiente a romper un conjunto de reglas y normas escritas por los mismos pecadores. Eso es lo poco que sé del amar y el pecar, espero que te sirva de algo y ahora tengo que pedirte que abandones mi barranco y prosigas con tu búsqueda.
            -Mil gracias por tu ayuda, -le dije al centauro-.
            Abandoné el barranco sintiéndome vacío y confundido, esas teorías filosóficas del amar y el pecar ya las había escuchado antes y me parecían vanas, pero no podía darme por vencido, necesitaba comprender esos conceptos y tomar la decisión correcta, así que seguiría buscando el entendimiento del amar y el pecar en el místico mundo de las fantasías.
            Ya la noche caía en el mundo místico de la imaginación cuando encontré una cueva custodiada por dos hombres de piedra. En la entrada había una vela encendida que me invitó a tomarla y a entrar a la cueva. Entré con pasos falsos y me aterró la imagen que vi entre la escasa luz, en toda la caverna había hombres hechos piedra, cientos de hombres petrificados. Una voz dolorida me sacó del trance de miedo y me dijo:
            -No me mires a los ojos jamás, si me miras te convertirás en piedra como todos estos pobres hombres.
            De inmediato agaché la cabeza y cerré los ojos. Con la voz entrecortada pregunté:
            -¿Quién eres? Y ¿Por qué son de piedra todos los que te miran a los ojos?
            -Soy medusa, reina de esta cueva y sus alrededores. En mí ha caído la maldición de convertir en piedra a todo aquel varón que vea mi mirada. Soy una mujer triste y solitaria, vacía en todo sentido. Y tú, valiente caballero, ¿quién eres?
            -Soy un hombre desesperado en busca del entendimiento del amar y del pecar para poder tomar la decisión más importante de la vida.
            -¿Amar y pecar? Conozco poco de eso. El amor para mí es mirar a los ojos lo amado y después abrazarte a ello sin que la dureza de la roca te enfríe el corazón. El pecar es olvidar, traicionar y abandonar lo amado por miedo al que dirán o por miedo a equivocar el camino.
            -Eso es cierto, yo te comprendo, -le dije a Medusa sin levantar la mirada-. Te agradezco por tu atención y prosigo mi camino en busca del entendimiento antes de que la curiosidad me mate y te mire a los ojos.
            -Ve deprisa en busca de tu amar y tu pecar, y que la decisión que tomes te sea para siempre bien.
            Huí de la caverna pensando en la tristeza y la soledad de Medusa y de sus hombres de roca.
            Pronto llegué a una extraña ciudad dentro del místico mundo de las fantasías. La ciudad era muy vieja y oscura, sólo alcanzaba a ver lo que la escasa luz de la luna me permitía. Pronto noté que en las esquinas superiores de los edificios había muchas criaturas de piedra.
            -Tal vez Medusa estuvo aquí, -pensé-.
            Me apresuré a salir de la ciudad antes de tener un encuentro inesperado y justo cuando salía, una de las figuras de piedra comenzó a moverse y se puso frente a mí.
            -¿Qué haces en el reino de las gárgolas? –Dijo enfurecido-.
            -Sólo estoy de paso, voy en busca del entendimiento del amar y del pecar, es fundamental para mi vida futura. No quiero molestarlos, ya me voy de su ciudad.
            -Espera un poco, no te vayas. Sabes, nosotros las gárgolas somos criaturas de piedra, sin embargo en la oscuridad de la noche cobramos vida. Tenemos una sociedad armoniosa, llena de ese amar que tú buscas y sin el pecar que espero no encuentres. Aquí existe ese entendimiento, pero tú, humano, nunca lo podrás entender.
            -Tal vez, -le dije-, sin embargo seguiré buscando. No me rendiré.
            Me alejé de la oscura ciudad de las gárgolas lleno de rencor contra ellos y al mirar atrás vi que se burlaban de mí.
            -Rían, -grité-, oscuras criaturas de piedra y noche, esclavas de su roca, ignorantes del verdadero amor y su pecar.
            Caminé durante toda la noche y al siguiente amanecer encontré un templo. Entré al templo lleno de esperanza y confiado de que allí encontraría el entendimiento buscado.
            -Hola, -me dijo una hermosísima mujer de cabellos de oro, ojos de mar y vestiduras de plata-, soy Afrodita, la diosa del amor. ¿Qué se te ofrece en este mi templo?
            -Busco el significado del amar y del pecar, -dije seguro de que había llegado al lugar indicado-.
            -Éste es el templo del amor y yo soy su diosa. Puedo ayudarte. Podría decirte mil definiciones del amor y mostrarte cientos de mensajes de su verdadero significado, pero aún así, no lograrías comprender su profundidad, porque el amor no se explica con palabras, el amor se siente en el corazón y en el alma. Voy a hacer que sientas el amor.
            Afrodita se acercó a mí, envolvió mi espalda con sus brazos y me besó con un beso tierno y apasionado.
            -Eso es el amar. Del pecar sólo te puedo decir que es renunciar al amar.
            Salí del templo de Afrodita sin comprender por completo el amar y el pecar. A pesar de que ella era la diosa del amor, su beso no me supo como los besos de mi amada. La frustración invadió mi vida, no era posible que en el mismo templo del amor no haya podido encontrar su significado. Salí del místico mundo de las fantasías con la decepción en las manos y mi gran duda había crecido más. En mi pensamiento se repetía una y otra vez la misma frase:
            “Si es pecado amar, amaré a este pecado. Si es pecado amar, amaré a este pecado. Si es pecado amar, amaré a este pecado... ”
            Caminé hacia mi amada pensando:
            -No importa lo que los demás digan, ni los compromisos, eso se puede romper con palabras. Lo realmente importante es el amor verdadero. No me importa si ese amor es mi condena. Voy a amarla toda mi vida.
            En ese preciso momento escuché una voz que descendía del cielo entre las nubes y me decía:
            -No tengas miedo, amar nunca ha sido pecado y nunca lo será, ámala con todo tu corazón. El pecar, el único pecado es no amar. Ese es el secreto del amar y del pecar. Amar para no pecar.
            Cuando llegué al lado de mi amada me preguntó:
            -¿Dónde estabas?
            -Estaba buscando algo en un mundo místico, algo que siempre tuve entre mis brazos. Tú eres todo mi amar, y el pecar junto a ti no existe ni existirá jamás.
            Un beso nos unió para siempre. Un beso de labios, de miradas, de abrazo, de almas. El máximo entendimiento del amar llegó a mi corazón y me alejó del único pecar.

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