Me hundía lentamente en la profundidad de mis pensamientos. Una gran
duda embargaba mi alma y contristaba mi espíritu. Tenía que tomar una decisión
fundamental que cambiaría el curso del resto de mi vida y la vida de otros. Las
buenas personas que me rodean, al darme sus consejos con buenas intenciones, en
vez de ayudarme me confundían y mi cerebro se estaba embotando.
-Ese amor que tú sientes por ella no
es amor, es pasión, y la pasión es pecado, -me dijo uno-.
-La traición ingre al falso amor y
el falso amor a la venganza, -dijo otro-.
-Tu amor por ella y el de ella por
ti es pecado y el pecado conduce a las llamas del infierno. Su amor los llevará
a la condena, -dijo un tercero-.
Pero, ¿cómo ganarse el paraíso
cuando se ama con toda la vida? –pensé-. No entiendo, es verdad que nuestro
amor es prohibido ante los ojos de la sociedad, ella tiene un compromiso, yo el
mío, pero, ¿será posible? ¿Podrá llegar el amor a ser pecado? ¿Podrá el amor
verdadero condenar a dos almas a las llamas del infierno? ¿Qué será más pecado,
romper compromisos o vivir el resto de la vida con alguien sin amarlo?
Mi mente era una total confusión y
las dos únicas cosas que tenía en claro eran; a su lado soy feliz, y; tengo que
tomar una decisión ya.
Que extraño, dos pequeñas palabras,
amar y pecar, me estaban volviendo loco. Tal vez sean pequeñas, pero su símbolo
y su repercusión a futuro son enormes, mas yo no las alcanzaba a comprender
todavía, así que decidí ir en busca del entendimiento a ese mundo extraño a
donde muy pocos se atreven a entrar, sí, a ese mundo de la imaginación de los
que antes que nosotros fueron, al mundo mistifico de las fantasías.
Entré al mundo místico de las
fantasías, era un valle enorme y no era un lugar agradable. La tierra estaba
totalmente quemada por un fuego eterno, las piedras eran cráneos de toda
especie y los árboles estaban formados con sus huesos. Era un paisaje desolado,
sin vida alguna. De pronto, escuché un llanto proveniente de una montaña de
restos. Me encaminé a la montaña con un poco de temor y vi que el llanto era el
llanto de un enorme y fiero dragón.
-¿Por qué lloras? –pregunté al
dragón-. Acaso es por que mataste a miles y consumiste su tierra y te has
arrepentido de ello.
El dragón limpió el llanto sulfuroso
de sus ojos y mirándome como a una insignificante mosca, me dijo:
-¡Lloro el llanto de la
incomprensión! Lloro... mas no lloro por ser un asesino arrepentido, sino por
ser una criatura incomprendida. Yo no maté a estos hombres, ni consumí su
tierra, fueron los mismos hombres que siembran cráneos en vez de semillas y
cosechan, en vez de frutos, muerte, dolor, sangre y odio. Intenté detenerlos
pero su furia es más grande que todo mi amor.
-¿Tu amor? –pregunté-. Yo he venido
a este mundo con la intención de entender que es el amor y que es el pecar. Si
tú pudieras ayudarme a entenderlo, te estaría eternamente agradecido.
-Puedo decirte lo que es para mí el
amor. Amor es comprender a todos los seres de la tierra aunque su apariencia
sea monstruosa. Amor es ayudarse unos a otros, es salvarse. El pecar no lo
comprendo muy bien, pero puede ser la destrucción y la muerte.
-Gracias por ayudarme, -le dije al
dragón mientras le acariciaba el rostro-. Te recordaré para siempre como a un
buen amigo.
El dragón sonrió hermosamente ante
mi caricia y se fue volando sin llorar. Yo me alejé de ese valle agradecido con
el dragón, sin embargo, en mi corazón se mantenían las dudas del amar y del
pecar.
Caminé durante un rato por el mundo
místico de las fantasías sin encontrar nada. Más tarde llegué a la orilla de la
playa con la esperanza de encontrar en ella las respuestas a mi incertidumbre,
tal vez la arena y las olas me puedan decir con claridad que es el amar y que
es el pecar.
Me quité mis ropas y me sumergí en
las aguas saladas. Mientras me hundía en la profundidad del mar sentí que algo
extrañamente suave me tocaba la piel, abrí mis ojos y vi frente a mí a una
sirena exquisitamente bella.
-Yo sé a que has venido a este
mundo, -dijo la sirena con voz melodiosa-. Has venido para encontrar el
verdadero significado del amar y del pecar. Has venido para que te ayude a
tomar una decisión.
-Estás en lo correcto preciosa
sirena, a eso he venido. Si fueras tan amable de ayudarme.
-Yo no puedo ayudarte. Para mí el
amor es la caricia del sol naciente, el beso del mar y el amar de un canto.
Para mí el amor es entregarse en cuerpo y alma, sin duda alguna. Eso es el amor
para mí, pero cada quién tiene su definición de amor. Con el pecar pasa lo
mismo, cada quién tiene su idea, para mí el pecar es destruir la tierra, sus
seres y su todo, pecar es romper las leyes de la naturaleza. Eso es lo que
pienso del amar y del pecar, dudo que te ayude en algo, porque la decisión que
tienes que tomar tiene que nacer en tu corazón.
La sirena se fue nadando y ni
siquiera me permitió agradecerle por sus palabras. La duda seguía carcomiendo
mi alma, pero no me rendiría, iría a buscar entendimiento a otros lugares.
En la profundidad de un barranco
encontré formas maravillosas en las rocas y las miraba anonadado cuando de
pronto escuché una voz ronca y misteriosa que brotaba del fondo del acantilado.
-¿Quién eres y por qué profanas mi
barranco?
-Soy un buscador del entendimiento,
-contesté-, quiero entender el amar y el pecar, sólo eso, nunca fue mi
intención profanar tu barranco. ¿Quién eres tú?
-Soy un centauro, mitad hombre,
mitad caballo. No temas, no te haré daño. Déjame explicarte lo poco que sé del
amar y el pecar.
El centauro salió del fondo del
acantilado y se puso frente a mí con su presencia imponente. Con voz de trueno
comenzó a explicarme:
-El amar es el estado supremo del
alma. Es el unir dos espíritus en un solo cuerpo. El amar es el centro del
universo. Si amas, ama con toda tu fuerza, con toda tu voluntad y entrégate por
completo. El pecar, es un acto filosófico tendiente a romper un conjunto de
reglas y normas escritas por los mismos pecadores. Eso es lo poco que sé del
amar y el pecar, espero que te sirva de algo y ahora tengo que pedirte que
abandones mi barranco y prosigas con tu búsqueda.
-Mil gracias por tu ayuda, -le dije
al centauro-.
Abandoné el barranco sintiéndome
vacío y confundido, esas teorías filosóficas del amar y el pecar ya las había
escuchado antes y me parecían vanas, pero no podía darme por vencido,
necesitaba comprender esos conceptos y tomar la decisión correcta, así que
seguiría buscando el entendimiento del amar y el pecar en el místico mundo de
las fantasías.
Ya la noche caía en el mundo místico
de la imaginación cuando encontré una cueva custodiada por dos hombres de
piedra. En la entrada había una vela encendida que me invitó a tomarla y a
entrar a la cueva. Entré con pasos falsos y me aterró la imagen que vi entre la
escasa luz, en toda la caverna había hombres hechos piedra, cientos de hombres
petrificados. Una voz dolorida me sacó del trance de miedo y me dijo:
-No me mires a los ojos jamás, si me
miras te convertirás en piedra como todos estos pobres hombres.
De inmediato agaché la cabeza y
cerré los ojos. Con la voz entrecortada pregunté:
-¿Quién eres? Y ¿Por qué son de
piedra todos los que te miran a los ojos?
-Soy medusa, reina de esta cueva y
sus alrededores. En mí ha caído la maldición de convertir en piedra a todo
aquel varón que vea mi mirada. Soy una mujer triste y solitaria, vacía en todo
sentido. Y tú, valiente caballero, ¿quién eres?
-Soy un hombre desesperado en busca
del entendimiento del amar y del pecar para poder tomar la decisión más
importante de la vida.
-¿Amar y pecar? Conozco poco de eso.
El amor para mí es mirar a los ojos lo amado y después abrazarte a ello sin que
la dureza de la roca te enfríe el corazón. El pecar es olvidar, traicionar y
abandonar lo amado por miedo al que dirán o por miedo a equivocar el camino.
-Eso es cierto, yo te comprendo, -le
dije a Medusa sin levantar la mirada-. Te agradezco por tu atención y prosigo
mi camino en busca del entendimiento antes de que la curiosidad me mate y te
mire a los ojos.
-Ve deprisa en busca de tu amar y tu
pecar, y que la decisión que tomes te sea para siempre bien.
Huí de la caverna pensando en la
tristeza y la soledad de Medusa y de sus hombres de roca.
Pronto llegué a una extraña ciudad
dentro del místico mundo de las fantasías. La ciudad era muy vieja y oscura,
sólo alcanzaba a ver lo que la escasa luz de la luna me permitía. Pronto noté
que en las esquinas superiores de los edificios había muchas criaturas de
piedra.
-Tal vez Medusa estuvo aquí,
-pensé-.
Me apresuré a salir de la ciudad
antes de tener un encuentro inesperado y justo cuando salía, una de las figuras
de piedra comenzó a moverse y se puso frente a mí.
-¿Qué haces en el reino de las
gárgolas? –Dijo enfurecido-.
-Sólo estoy de paso, voy en busca
del entendimiento del amar y del pecar, es fundamental para mi vida futura. No
quiero molestarlos, ya me voy de su ciudad.
-Espera un poco, no te vayas. Sabes,
nosotros las gárgolas somos criaturas de piedra, sin embargo en la oscuridad de
la noche cobramos vida. Tenemos una sociedad armoniosa, llena de ese amar que
tú buscas y sin el pecar que espero no encuentres. Aquí existe ese
entendimiento, pero tú, humano, nunca lo podrás entender.
-Tal vez, -le dije-, sin embargo
seguiré buscando. No me rendiré.
Me alejé de la oscura ciudad de las
gárgolas lleno de rencor contra ellos y al mirar atrás vi que se burlaban de
mí.
-Rían, -grité-, oscuras criaturas de
piedra y noche, esclavas de su roca, ignorantes del verdadero amor y su pecar.
Caminé durante toda la noche y al
siguiente amanecer encontré un templo. Entré al templo lleno de esperanza y
confiado de que allí encontraría el entendimiento buscado.
-Hola, -me dijo una hermosísima
mujer de cabellos de oro, ojos de mar y vestiduras de plata-, soy Afrodita, la
diosa del amor. ¿Qué se te ofrece en este mi templo?
-Busco el significado del amar y del
pecar, -dije seguro de que había llegado al lugar indicado-.
-Éste es el templo del amor y yo soy
su diosa. Puedo ayudarte. Podría decirte mil definiciones del amor y mostrarte
cientos de mensajes de su verdadero significado, pero aún así, no lograrías
comprender su profundidad, porque el amor no se explica con palabras, el amor
se siente en el corazón y en el alma. Voy a hacer que sientas el amor.
Afrodita se acercó a mí, envolvió mi
espalda con sus brazos y me besó con un beso tierno y apasionado.
-Eso es el amar. Del pecar sólo te
puedo decir que es renunciar al amar.
Salí del templo de Afrodita sin
comprender por completo el amar y el pecar. A pesar de que ella era la diosa del
amor, su beso no me supo como los besos de mi amada. La frustración invadió mi
vida, no era posible que en el mismo templo del amor no haya podido encontrar
su significado. Salí del místico mundo de las fantasías con la decepción en las
manos y mi gran duda había crecido más. En mi pensamiento se repetía una y otra
vez la misma frase:
“Si es pecado amar, amaré a este
pecado. Si es pecado amar, amaré a este pecado. Si es pecado amar, amaré a este
pecado... ”
Caminé hacia mi amada pensando:
-No importa lo que los demás digan,
ni los compromisos, eso se puede romper con palabras. Lo realmente importante
es el amor verdadero. No me importa si ese amor es mi condena. Voy a amarla
toda mi vida.
En ese preciso momento escuché una
voz que descendía del cielo entre las nubes y me decía:
-No tengas miedo, amar nunca ha sido
pecado y nunca lo será, ámala con todo tu corazón. El pecar, el único pecado es
no amar. Ese es el secreto del amar y del pecar. Amar para no pecar.
Cuando llegué al lado de mi amada me
preguntó:
-¿Dónde estabas?
-Estaba buscando algo en un mundo
místico, algo que siempre tuve entre mis brazos. Tú eres todo mi amar, y el
pecar junto a ti no existe ni existirá jamás.
Un beso nos unió para siempre. Un
beso de labios, de miradas, de abrazo, de almas. El máximo entendimiento del
amar llegó a mi corazón y me alejó del único pecar.
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