miércoles, 28 de marzo de 2012

SUEÑOS Y VISIONES



Los sueños son parte de nuestra vida, todos soñamos. Algunos todas las noches, otros sólo algunas. Muchos los recuerdan, otros los olvidan. Algunos les dan mucha importancia, para otros no importan.    
Así son los sueños. Yo tengo dos sueños que se repiten constantemente y perturban la paz de mi mente, y me gustaría saber si tienen un mensaje.
En la vida también existen visiones, estas son más extrañas y muy pocos son los que quieren hablar de ellas. Yo, repetidamente tengo una visión que perturba mi mente y mi vida, y m encantaría saber su simbolismo.
Estos son mis sueños y mi visión… 

I

El camino de las flores


Voy caminando tranquilamente por un camino a la orilla de un profundo barranco. De pronto un anciano se acerca a mí por el camino y en su mano trae una flor blanca, al estar cerca de mí, el anciano me entrega la flor y me dice:
-Mira como se deshoja la flor del cielo, pero no importa porque sólo una lágrima caerá de tu ojo. Al terminar de hablar el anciano se aleja por el camino del barranco.    
Más adelante me encuentro con una pequeña niña que trae una flor azul. Ella me entrega la flor y me dice:
-Que pronta se va la vida, ayer era un embrión, hoy envejezco, mañana polvo seré.
La niña se va llorando por el camino. Yo sigo caminando, en mi mano sostengo una flor blanca y una azul.
Después de caminar un rato junto al barranco que parece no tener final me encuentro con una mujer que lleva en su mano una flor roja. La mujer me entrega la flor y me dice:
-Si yo pudiera conocerte no te olvidaría jamás, serías mi todo, mas sin embargo, sólo eres mi olvido.      La mujer se aleja de mí por el camino y al alejarse me arroja besos con su mano, pero yo no la conozco.    
Después de mucho caminar aún conservo las tres flores. Pasa el tiempo sin que me encuentre a nadie más, pero después veo que un hombre se acerca a mí por el camino, su rostro y su cuerpo me son muy familiares, como si fuera un espejo y al acercarse más a mí descubro con horror que soy yo mismo.  
El otro yo trae en su mano una flor negra y sus espinas lo han hecho sangrar. El otro yo me entrega la flor y me dice:
-En vano has guardado las flores de color, el tiempo es cruel y las ha convertido en polvo que el viento esparcirá en el camino. En vano has caminado por el camino que no te llevará a ningún lugar. En vano te compadeces por la sangre de mi mano, al entregarte la flor negra, mi sangre se volvió tu sangre y ennegreció tu cielo, tu camino y tu corazón. En vano temiste a la profundidad del barranco, aún así caerás y te consumirás en sus llamas.    
Mi otro yo me mira y me dice:
-Sólo una lágrima caerá de tus ojos y jamás terminé de conocerte. Hoy seré polvo y tu olvido me regalará mil flores de color.
Al terminar de hablar mi otro yo se lanza al fondo del barranco. Con desesperación lo veo caer y grito desesperado. Es entonces cuando despierto sudando de frío…
 
II
Las cavernas del sagrado nombre

En una montaña alta encuentro una caverna y en su entrada un letrero que dice:
“Las cavernas del sagrado nombre; aquel que entre en ellas no podrá salir jamás”.    
La curiosidad me invade y pienso que si entro sólo un poco no pasará nada, doy dos pasos dentro de la caverna, observo que es muy amplia y que contiene impresionantes formaciones rocosas.  Quisiera entrar,  pero recuerdo el anuncio de la entrada y decido regresar. Doy la vuelta para salir de las cavernas y con terror veo que no hay salida, en donde estaba sólo queda una gran roca. La desesperación me invade al sentirme atrapado en las cavernas, pero pienso que en algún lugar de la caverna debe de haber una salida, así que decido buscarla antes que morir encerrado.
Comienzo a caminar por las cavernas, al caminar encuentro formidables bóvedas. Al llegar a cada bóveda leo un letrero que dice su nombre y lo que simboliza.    
“La bóveda del águila y el león”.
Significa el poder del cielo y de la tierra. Al entrar en esta bóveda observo una roca que parece el vuelo de un águila y otra que aparenta ser un fiero león. Para mi gran sorpresa las rocas comienzan a moverse, el águila y el león me miran e intentan atacarme, pero huyo veloz de esa bóveda.    
Sigo buscando la salida de las cavernas del sagrado nombre. Recorro pasillos de estalactitas y estalacnitas, la humedad intensa me sofoca y la escasa luz proveniente de  no sé donde apenas me permite ver mi camino.   
“La bóveda de la gran cascada”. 
Significa la caída de la vida. En esta gran bóveda hay miles de cavernas  pequeñas y  pienso que  una  de  ellas  puede  ser la salida. Hay también una cascada de piedra que repentinamente se transforma en agua pura y cristalina que corre por toda la caverna en forma de río, bebo de sus aguas y calmo un poco mi calor. Al estar más fresco comienzo a buscar la salida en las pequeñas cavernas pero siempre termino en otra caverna.  La bóveda de la gran cascada comienza a inundarse y tengo que abandonarla para no ahogarme.    
Sigo caminando dentro de las cavernas y pronto encuentro otra bóveda, su nombre es:
“La bóveda de la luz”.
Significa la esperanza de salir de la oscuridad. En ésta bóveda hay un hueco  pequeño que llega hasta la superficie de la tierra. Al estar el sol en alto entra la luz e ilumina toda la bóveda, ese pequeño hueco me permite ver por un instante el exterior de la caverna y me llena de esperanza. (Si fuera una mosca podría ser libre).    
Sigo buscando la salida lleno de esperanza, pero no la puedo encontrar, y por más que busco, nunca la encuentro, y despierto llorando de miedo…    


III
La propia muerte

A la distancia, con el sol ocultándose tras las montañas, veía la silueta de un hombre que, tenazmente acomodaba grandes piedras en forma de montículo justo al pie de un enorme árbol. Todo se veía oscuro, entre las sombras y no podía distinguir con claridad la identidad del hombre, ni lo que construía con las piedras, ni tampoco la clase de árbol que estaba junto a él. De pronto, un poderoso rayo descendió del cielo y partió en dos al enorme árbol. El fuego iluminó el rostro del hombre y pude ver que era yo, la construcción de piedras era un sepulcro, y un letrero decía mi nombre. ¡Era mi propio sepulcro! Yo mismo me había sepultado…
Inmediatamente cambiaba la escena…
Un niño escarbaba entre una pila de cráneos, mientras sus ojos derramaban un triste llanto. Yo miraba desde la distancia sin entender lo que aquel pequeño buscaba y sin comprender su terrible dolor. De pronto, en el rostro del niño se dibujaba una gran sonrisa, al parecer había encontrado lo que con tanto afán buscaba. De un brinco se acercó a mí. Sus manos sostenían algo por detrás de su  espalada y  cuando  mostró  lo que  era  noté  que su preciado objeto era mi cráneo. ¡Era mi propia muerte! Yo mismo me había matado.
Estos son mis sueños y mi visión, no los puedo entender, pero si hay alguien que me los pueda explicar le estaré eternamente agradecido.        
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...