Que tristes tienes tus ojos. Como la noche que llora en ausencia de
estrellas; como la mirada de aquellos que han perdido la esperanza; como el
azul pálido del mar después de la tormenta; que tristes tienes tus ojos.
Que triste tienes tu rostro. Como el
paso de los años y de los siglos; como las hojas que secas caen de su fuente de
vida; como las sonrisas que se pierden en la oscuridad del olvido; que triste
tienes tu rostro.
Que tristes tienes tus manos. Como
la tierra sin sol y sin agua inútil para sembrar; como la caricia ahogada en el
adiós que nunca se dio; como el velo que cubre el llanto y su profundo dolor;
que tristes tienes tus manos.
Que triste te ves en tu todo. Como
quién ha perdido el tesoro que por siempre buscó; como quién vuelve a la
soledad de su corazón; como un beso y un abrazo frustrados sin amor; que triste
te ves en tu todo.
Pero ya no veré tu tristeza, dejaré
de mirar al espejo. Sólo me preguntaré en silencio:
¿Para qué me diste luz si me habrías
de arrojar a la oscuridad? ¿Para qué me quitaste mis mascaras si habrías de
ponerlas de vuelta? ¿Para que me hiciste sentir amor si me volverías de nuevo
insensible?
Por ti es mi tristeza, sólo por ti.
Pero ya no veré más esa tristeza, porque dejaré de mirar al espejo.
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