miércoles, 28 de marzo de 2012

SIN UNA RAZÓN




Un día, mi alma despertó y me dijo:
            -No entiendo el porque de este profundo dolor, explícame la razón del sufrimiento que tengo. Dime porque a diario sufro la soledad y la tristeza. No encuentro la verdad de este dolor.
            Yo me quedé pensando en esa razón, hurgué en lo más profundo de mis pensamientos y después le dije a mi alma:
            -La razón de este dolor, es la tragedia que ha envuelto a nuestras existencias; la muerte del ser amado, la sangre derramada sobre el frío de las rocas, las heridas lacerantes de la carne viva que también debió morir. Después, la traición de lo que estúpidamente se creyó la luz salvadora, el vacío que ha quedado, esa es la razón de tu profundo dolor querida alma. Además de las tragedias cotidianas que…
            Mi alma interrumpió bruscamente:
            -No creó que esas sean buenas razones para perderme, es verdad que es doloroso, pero porque no has sido capaz de ver lo bueno que la vida te da, sólo miras lo malo, es hora de que pienses en un renacimiento.
            Mi corazón escuchó la conversación y se aunó a ella:
            -El alma tiene razón, debemos renacer, estoy cansado del dolor, de latir tan lentamente. Lléname de paz y amor, hazme vivir de nuevo.
            -Tienen razón, -dijo mi mente-. Estoy harta de estar siempre turbada y confundida, quiero limpiarme de toda inmundicia y empezar por un nuevo camino una nueva vida, aún estamos a tiempo de salvarnos y encontrar la paz y la felicidad.
            -¿Pero como haremos eso? –Pregunté un tanto incrédulo-.
            Mi espíritu se elevó y con voz de esperanza me dijo:
            -Yo tengo la respuesta a todo esto, déjame ese trabajo a mí. Deja de recordar el dolor de tu alma, deja de pensar en razones sin razón y ya no endurezcas más el corazón. Tan sólo permíteme darle cabida a Dios en nuestra existencia y todo lo demás vendrá a segundo término. Cuando estemos llenos de la paz y el amor del cielo, el alma no sentirá dolor, la mente no estará perturbada y el corazón será blando y limpio, y lo más importante, tu espíritu será eterno. Dame la oportunidad.
            Enmudecí, sabía que tenían razón, entonces descubrí que no existía una sola razón para vivir en la amargura, ni una sola razón.   

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