Un día se reunieron en lo alto de una montaña la libertad, la belleza,
el arte y el amor. Platicaban de profundos misterios que pocos comprenden.
-¿Qué
eres libertad? –preguntó la montaña-.
La
libertad contestó:
-Soy
el pensamiento y la voz que no se pueden callar. Soy la mirada que no se puede
cegar. Soy el viento entre los pinos y el sol sobre la tierra. Soy, en una
palabra; “libertad”.
La
belleza dijo:
-Si
la libertad es eso, entonces yo también soy libertad, y algo más.
-¿Qué
eres belleza? –preguntó la montaña-.
La
belleza contestó:
-Soy
la aurora y el ocaso tocados por la mano de Dios. Soy la caída del agua besada
por los labios del cielo. Soy el desierto bajo la mirada de lo eterno. Soy, en
una palabra; “belleza”.
El
arte dijo:
-Si
la libertad y la belleza son eso, entonces yo también soy libertad, belleza y
algo más.
-¿Qué
eres arte? –preguntó la montaña-.
El
arte contestó:
-Soy
la caricia pintada en un bello rostro. Soy un beso escrito en los labios del
corazón. Soy un abrazo esculpido entre dos cuerpos. Soy, en una palabra;
“arte”.
El
amor dijo:
-Si
la libertad, la belleza y el arte son eso, entonces yo también soy libertad,
belleza, arte y algo más.
-¿Qué
eres amor? –preguntó la montaña-.
El
amor contestó:
-Soy
el vivir y el morir antes y después de una mirada. Soy la enseñanza máxima de
la existencia de Dios. Soy, para los que padecen de mí, la enfermedad y la
medicina. Soy, en una palabra; “amor”.
-Todos
tienen razón –dijo la montaña-. La libertad es belleza, arte y amor. La belleza
es amor, arte y libertad. El arte es amor, libertad y belleza. El amor es
libertad, belleza y arte.
-Pero,
¿quién eres tú? –le preguntaron en coro a la montaña-.
La
montaña contestó:
-Soy
la libertad de tocar el cielo. Soy la belleza que nutre a la tierra. Soy el
arte del gran creador. Soy el amor de todo el tiempo, y aún soy más que todo
eso. Soy, en una palabra; “montaña”.
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