jueves, 8 de marzo de 2012

LOS TRES SABIOS



 
Los tres grandes sabios de la ciencia escuchaban con atención al aprendiz de sabio, como si este pudiera enseñarles algo que su sabiduría aún no alcanzaba. Por su parte, el aprendiz de sabio hablaba con toda la propiedad que su entendimiento le permitía, pero el temor se le notaba en el temblor de la voz.
            El aprendiz de sabio concluyó su tema y esperó con ansiedad las preguntas de los sabios.
            El primer sabio, que era el sabio de la ciencia de la tierra, preguntó:
            -¿Qué es para ti la naturaleza?
            El aprendiz respondió con gran seriedad:
            -La naturaleza es la vida que me rodea y debo respetarla desde su aspecto máximo hasta el mínimo. La naturaleza soy yo mismo en su más grandiosa expresión.
            El segundo sabio, que era el sabio de la filosofía ancestral, preguntó:
            -¿Qué es para ti la vida?
            -La vida es la posesión más valiosa de la vida y vivirla es lo más arriesgado de vivir. Es una experiencia maravillosa y un soplo de la eternidad.
            El tercer sabio, que era el sabio de la ciencia del bien y del mal, preguntó:
            -¿Qué es para ti la divinidad?
            -Es el poder más elevado, tan pequeño que nos aplasta y tan grande que no lo podemos ver. La divinidad es la mano que nos guía y la luz que nos deja ver.
            Los tres sabios le pidieron al aprendiz de sabio que los  dejara  solos un  momento  para  poder  meditar  y  así deliberar en si era digno de entrar en la orden de los sabios. Un poco después los sabios le hablaron al aprendiz de sabio diciendo:
            -Tus respuestas fueron desconcertantes y poco dignas, hemos concluido nuestra deliberación y no te aceptamos en la orden de los sabios.
            El joven aprendiz se indignó de gran manera y les pidió a los sabios las respuestas correctas.
            El primer sabio dijo:
            -La naturaleza es una oportunidad para avanzar y vivir mejor, utilízala en todo momento en tu propio provecho.
            El segundo sabio dijo:
            -La vida es un lapso doloroso entre dos infinitos sin vida, vive libremente y disfruta del poco tiempo que dispones.
            El tercer sabio dijo:
            -La divinidad es un concepto invisible e intangible creado para frenar la decadencia de la humanidad.
            El joven aprendiz se consternó por las respuestas recibidas y sin decir una palabra más se alejó de los tres sabios. El aprendiz comenzó a caminar por el bosque, iba triste, más por la decepción que sus sabios maestros le habían provocado que por no haber sido aceptado en la orden de los sabios. Al caminar por el bosque, un árbol enorme le habló al joven aprendiz.
            -¿Por qué vas tan triste y molesto?
            -Los grandes sabios me han decepcionado, su sabiduría no es tan sabia. Figúrate, uno de ellos me dijo que debo de aprovecharme de la naturaleza.
            -Bueno, debes aprovechar la naturaleza sin destruirla, la naturaleza es vida y se debe respetar.
            El joven aprendiz asintió con la cabeza y continuó caminando por el bosque. Más adelante se encontró con un aliento de vida. El aliento notó el desanimo en el aprendiz de sabio y preguntó:
            -¿Por qué el desanimo en tu vida?
            -Me decepcionaron mis maestros de sabiduría y eso me ha entristecido mucho. Uno de ellos me dijo que la vida es un lapso doloroso entre dos infinitos sin vida.
            -Tienes razón en decepcionarte, ese es un concepto muy poco sabio de la vida. La vida es valiosa y se debe disfrutar sanamente.
            -Así lo pienso yo también, -dijo el joven aprendiz de sabio con semblante de derrota y continuó su camino por el bosque-.
            El sol ya caía detrás de la arboleda cuando el joven se encontró con un hermoso ángel.
            -¿Qué te sucede? –preguntó el ángel-, te veo melancólico y sé que la vida se te ha frustrado.
            -Los sabios que me guiaron en la vida no son tan sabios. El más sabio de ellos me dijo que la divinidad es un concepto invisible y creado por el mismo hombre.
            -Que torpeza, ese sabio no tiene nada de sabio. La divinidad existe, es poderosa y maravillosa.
            -Te creo y lo sé, pero los sabios sólo hablan y no demuestran nada.
            El ángel se quedó pensando por un momento y luego dijo:
            -Creo que deberías de volver con los tres sabios y defender tus creencias. No porque ellos sean sabios deben de tener siempre la razón. Lucha por tus ideales.
            -Tienes razón, -dijo el joven aprendiz-, iré a defender mis creencias.
            El joven se fue corriendo y pronto estuvo nuevamente frente a los tres sabios.
            -Ustedes son unos ignorantes, de sabiduría tienen tan sólo el nombre. El árbol me dio la verdadera sabiduría de la naturaleza; el aliento de vida el de la vida; el ángel el de la divinidad. Ellos se conocen a si mismos y son sabios de verdad. Ustedes sólo presumen. Yo no quiero ser como ustedes, renuncio a la sabiduría, prefiero ser un humilde ser de la naturaleza, lleno de vida y creyendo en la divinidad.
            El mayor de los sabios se puso de pie y dijo:
            -Joven aprendiz de sabio, por fin has encontrado la verdadera sabiduría, la humildad te ha dado tu galardón, la libertad de pensamiento te ha llevado al triunfo.
            El joven aprendiz de sabio recibió su galardón de sabio y dejó de ser aprendiz para convertirse en el más grande y humilde de los sabios.

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