Los tres grandes sabios de la ciencia escuchaban con atención al
aprendiz de sabio, como si este pudiera enseñarles algo que su sabiduría aún no
alcanzaba. Por su parte, el aprendiz de sabio hablaba con toda la propiedad que
su entendimiento le permitía, pero el temor se le notaba en el temblor de la
voz.
El aprendiz de sabio concluyó su
tema y esperó con ansiedad las preguntas de los sabios.
El primer sabio, que era el sabio de
la ciencia de la tierra, preguntó:
-¿Qué es para ti la naturaleza?
El aprendiz respondió con gran
seriedad:
-La naturaleza es la vida que me
rodea y debo respetarla desde su aspecto máximo hasta el mínimo. La naturaleza
soy yo mismo en su más grandiosa expresión.
El segundo sabio, que era el sabio
de la filosofía ancestral, preguntó:
-¿Qué es para ti la vida?
-La vida es la posesión más valiosa
de la vida y vivirla es lo más arriesgado de vivir. Es una experiencia
maravillosa y un soplo de la eternidad.
El tercer sabio, que era el sabio de
la ciencia del bien y del mal, preguntó:
-¿Qué es para ti la divinidad?
-Es el poder más elevado, tan
pequeño que nos aplasta y tan grande que no lo podemos ver. La divinidad es la
mano que nos guía y la luz que nos deja ver.
Los tres sabios le pidieron al
aprendiz de sabio que los dejara solos un
momento para poder
meditar y así deliberar en si era digno de entrar en la
orden de los sabios. Un poco después los sabios le hablaron al aprendiz de
sabio diciendo:
-Tus respuestas fueron
desconcertantes y poco dignas, hemos concluido nuestra deliberación y no te
aceptamos en la orden de los sabios.
El joven aprendiz se indignó de gran
manera y les pidió a los sabios las respuestas correctas.
El primer sabio dijo:
-La naturaleza es una oportunidad
para avanzar y vivir mejor, utilízala en todo momento en tu propio provecho.
El segundo sabio dijo:
-La vida es un lapso doloroso entre
dos infinitos sin vida, vive libremente y disfruta del poco tiempo que
dispones.
El tercer sabio dijo:
-La divinidad es un concepto
invisible e intangible creado para frenar la decadencia de la humanidad.
El joven aprendiz se consternó por
las respuestas recibidas y sin decir una palabra más se alejó de los tres
sabios. El aprendiz comenzó a caminar por el bosque, iba triste, más por la
decepción que sus sabios maestros le habían provocado que por no haber sido
aceptado en la orden de los sabios. Al caminar por el bosque, un árbol enorme
le habló al joven aprendiz.
-¿Por qué vas tan triste y molesto?
-Los grandes sabios me han
decepcionado, su sabiduría no es tan sabia. Figúrate, uno de ellos me dijo que
debo de aprovecharme de la naturaleza.
-Bueno, debes aprovechar la naturaleza
sin destruirla, la naturaleza es vida y se debe respetar.
El joven aprendiz asintió con la
cabeza y continuó caminando por el bosque. Más adelante se encontró con un
aliento de vida. El aliento notó el desanimo en el aprendiz de sabio y
preguntó:
-¿Por qué el desanimo en tu vida?
-Me decepcionaron mis maestros de
sabiduría y eso me ha entristecido mucho. Uno de ellos me dijo que la vida es
un lapso doloroso entre dos infinitos sin vida.
-Tienes razón en decepcionarte, ese
es un concepto muy poco sabio de la vida. La vida es valiosa y se debe
disfrutar sanamente.
-Así lo pienso yo también, -dijo el
joven aprendiz de sabio con semblante de derrota y continuó su camino por el
bosque-.
El sol ya caía detrás de la arboleda
cuando el joven se encontró con un hermoso ángel.
-¿Qué te sucede? –preguntó el
ángel-, te veo melancólico y sé que la vida se te ha frustrado.
-Los sabios que me guiaron en la
vida no son tan sabios. El más sabio de ellos me dijo que la divinidad es un
concepto invisible y creado por el mismo hombre.
-Que torpeza, ese sabio no tiene
nada de sabio. La divinidad existe, es poderosa y maravillosa.
-Te creo y lo sé, pero los sabios
sólo hablan y no demuestran nada.
El ángel se quedó pensando por un
momento y luego dijo:
-Creo que deberías de volver con los
tres sabios y defender tus creencias. No porque ellos sean sabios deben de
tener siempre la razón. Lucha por tus ideales.
-Tienes razón, -dijo el joven
aprendiz-, iré a defender mis creencias.
El joven se fue corriendo y pronto
estuvo nuevamente frente a los tres sabios.
-Ustedes son unos ignorantes, de
sabiduría tienen tan sólo el nombre. El árbol me dio la verdadera sabiduría de
la naturaleza; el aliento de vida el de la vida; el ángel el de la divinidad.
Ellos se conocen a si mismos y son sabios de verdad. Ustedes sólo presumen. Yo
no quiero ser como ustedes, renuncio a la sabiduría, prefiero ser un humilde
ser de la naturaleza, lleno de vida y creyendo en la divinidad.
El mayor de los sabios se puso de
pie y dijo:
-Joven aprendiz de sabio, por fin
has encontrado la verdadera sabiduría, la humildad te ha dado tu galardón, la
libertad de pensamiento te ha llevado al triunfo.
El joven aprendiz de sabio recibió
su galardón de sabio y dejó de ser aprendiz para convertirse en el más grande y
humilde de los sabios.
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