Una hormiga construía túneles de gran profundidad, traía alimento diez
veces más pesado que ella a grandes distancias. Trabajaba todo el día sin
descansar ni un momento. La hormiga nunca dejaba de trabajar, pero había algo
que la molestaba mucho, un joven perezoso, que siempre estaba colgado de lo
árboles, se mofaba de ella diciendo:
-Oye,
súper hormiga, ¿a qué hora descansas? ¿cuándo te diviertes? ¿Para qué trabajas
tanto?
Y la
hormiga pacientemente y sin dejar de trabajar le contestaba:
-Cuando
llegue el invierno descansaré y protegida en mi túnel me divertiré. Para eso es
que trabajo sin descanso, para sobrevivir en el cruel invierno.
-¡Bah!
Pierdes el tiempo, -decía el perezoso-, el invierno aún está lejos.
Ese año
el invierno llegó más pronto y crudo que en otros años. Al llegar de nuevo la
primavera la hormiga salió de su túnel dispuesta a trabajar y se encontró,
llena de tristeza, con el cadáver de su amigo el perezoso. El frío y el hambre
lo habían matado.
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